Archivo mensual: febrero 2010

Los que no se enamoran


Entrevista en La Vanguardia:
Los que no se enamoran
Cuando llega, el enamoramiento es inevitable, pero su ausencia no implica ser condenados a la infelicidad
En vísperas de San Valentín muchas parejas ya se están preparando para celebrar su fiesta. Pero ¿qué pasa con los que no están enamorados o que nunca se enamoran? Se puede vivir igual de bien. Solos o en pareja

PIERGIORGIO M. SANDRI | 13/02/2010 | Actualizada a las 03:36h | Gente y TV
Si usted ha encontrado a su media naranja, en estos momentos debe (o tal vez debería) de tenerlo más o menos todo a punto para celebrar mañana el día de los enamorados. Pero piénselo: ¿está enamorado de verdad?

Se supone que sí. En nuestra sociedad tenemos la costumbre de identificar el hecho de tener pareja estable con el enamoramiento. Durante siglos las bodas se celebraban simplemente por conveniencia o interés, pero en la época del romanticismo el enamoramiento llegó a ser mitificado y glorificado. En la era moderna, con la llegada de la libertad y de la emancipación, las relaciones pasan a basarse en el sentimiento. Pese a que en algunas culturas todavía se conciba el vivir en pareja como un arreglo y contrato social, en la mayoría de las sociedades desarrolladas se comparte la vida con alguien “porque se le quiere”. “Es en el siglo XX cuando el amor se convierte en la primera reivindicación auténticamente planetaria. Se impone el derecho de cada uno a ser amado y la pareja se convierte en una relación entre dos personas que se hablan, se observan, se juzgan y se aman”, escriben Jacques Attali y Stéphanie Bonvicini en su libro Amours, un ensayo sobre la historia de las relaciones hombres y mujeres.

Sin embargo, en la actualidad, aunque la mayoría quiera a su pareja, su corazón no le late cada minuto como cuando era adolescente. Por no hablar de los que están encantados con su soledad o simplemente resignados a ella, sin agobios. Porque nunca han conocido el amor. O porque el amor, simplemente, no entra sus planes. Si usted forma parte de este grupo, entonces tranquilo. No está condenado a la infelicidad ni es una persona incompleta. Y tampoco es un bicho raro, sino miembro de una tribu más numerosa de lo que la gente cree: los que no se enamoran.

Preguntado sobre el tema, el ex presidente de Fiat Gianni Agnelli –dandi, bon vivant, playboy convencido y padre de familia a la vez–, contestó una vez al periodista Indro Montanelli con cierto desprecio que “sólo se enamoran las camareras”. Agnelli creía que dejarse llevar por los sentimentalismos era una fantasía un tanto ingenua. Para él, gobernar las pasiones no sólo era posible, sino recomendable. Al teclear la frase “es posible no enamorarse nunca” en Google aparecen cuatro millones de entradas. La duda, por lo menos, es legítima.

Dicen algunos biólogos que enamorarse es un sano desequilibrio químico, con lo que las personas con el sistema neuroendocrino bien ajustado tarde o temprano experimentan esa sensación. Sería algo inevitable a lo largo de la vida, porque es un fenómeno incontrolable. Según Jean Didier Vincent, neurobiólogo del CNRS de París, el flechazo es un acontecimiento emocional transitorio, seguido de un reconocimiento recíproco. Desde un punto de vista estrictamente biológico, se liberan en ese momento determinadas hormonas, como la dopamina entre muchas otras.

Sin embargo, hay quien asegura estar inmune a esta descarga emotiva. Existen personas que eso del “amor ideal” y del “enamoramiento” no lo llevan muy bien. O que por lo menos no está en sus genes y en su biología. Leticia Brando

Eet de Regina Spektor

Regina Spector, una delicia de voz y de canción:

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to feel the beat

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

You spent half of your life trying to fall behind
You’re using your headphones to drown out your mind
It was so easy, and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet
Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

Someone’s deciding whether or not to steal
He opens the window just to feel the chill
He hears that outside a small boy just starting to cry
‘Cause it’s his turn but his brother won’t let him try

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet

It was so easy and the words so sweet
You can’t remember, you try to feel the beat

Olas de frío polar y corazones helados de esperar


Mientras en el cono sur se disfruta el verano, en Europa observamos abrigados y con cierta preocupación cómo crece la tasa de paro y cierra sus cifras a casi 4 millones de parados(exactamente 3.928.603 son las cifras oficiales a finales de diciembre de 2009). Según fuentes de Eurostat, España está en la cola de los países de la zona Euro y ha bajado su tasa de crecimiento económico. Dos meses antes de cerrar sus puertas el que algunos consideran el peor año de la historia española desde la salida de la dictadura, justamente la nieta del dictador Francisco Franco fue la responsable del dato colorido de unos meses tan grises. Carmen Martínez-Bordiú Franco recibió el premio 2009 a la “mujer menopáusica del año”, otorgado por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia(AEEM) durante el día de la Menopausia.

Por Leticia Brando(*)
A sus 58 años, la conocida como la “nietísima” por la prensa rosa, está casada hace más de tres años con José Campos, empresario, 13 años menor que ella y con él que ella ostenta pasárselo estupendamente en el terreno sexual porque ha confesado ser mejor amante ahora que hace 20 años. Mientras su abuelo, principal cultor de la censura, podría estar removiéndose de las cenizas ante su espontaneidad verbal, la otorgación de ese premio a Martínez-Bordiú ha venido a frivolizar en un tema importante. En realidad, la AEEM
buscaba prevenir para que las mujeres se controlen y recurran a la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), que sigue siendo una gran opción de tratamiento para erradicar los sofocos típicos de esta etapa. Pero como todo en España, parecía más importante polemizar sobre la actividad sexual de Carmen que tiene más atractivo que la propia menopausia.
En realidad, pocos sofocos estamos sintiendo los que vivimos este invierno 2010 en Barcelona o Madrid. También es cierto que estuvimos un poco mal acostumbrados. En vísperas del nuevo año, apenas sentíamos levemente una bajada de temperaturas pero sin ningún dramatismo. Aunque todo tiene su fin y también ese breve invierno otoñal, que nos permitía marchar por la vida en mangas de camisa. Los Reyes Magos han venido acompañados de menos regalos por la crisis y una ola de frío polar en toda España. La nueva década ha comenzado con grados bajo cero en Madrid, nieve suficiente en Ávila para tirarnos de los trineos, mientras que en Soria, se limpian las calles con máquinas para quitar los cúmulos de nieve. De todos modos, la nieve es bienvenida en las estaciones de esquí donde se esperan temperaturas de 10 bajo cero en zonas de montaña y una cota de nieve de hasta 5 centímetros de espesor. Sin contar, el sufrimiento de los comerciantes que pese a rebajar sus precios como se estila en esta época, ven un descenso de los consumidores, que prefieren quedarse encerrados en el calor de sus casas y otros prefieren directamente no gastar. Mientras tanto, el clima produce retrasos o cancelaciones de vuelos en los aeropuertos, cortes en carreteras y corazones helados de esperar el autobús, el sueldo y el encuentro de la media naranja. Porque el frío lo que hace es replegar más a los hombres y mujeres, aparentemente felices por estar solteros, sin compromisos, ni obligaciones familiares. El frío disminuye las posibilidades de diálogo porque la epidemia de gripe está a la vuelta de la esquina. En realidad, lo que provoca el invierno es una inevitable alusión al hogar cálido y acogedor que nos han inculcado el cine, la literatura y la sociedad. En invierno, la llegada al hogar silencioso, helado y vacío acrecienta la melancolía sobre el pasado de glorias amorosas. Aunque en esta sociedad de emociones efímeras, nada es eterno y la nostalgia se vuelve un espejismo cuando en abril arremeten los primeros soles.
(*) Licenciada en psicología, coach y autora del libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(ya editado en España y de próxima edición en la zona del Mercosur)