Archivo mensual: julio 2010

Forlan,La Roja, la nación, Iker, la biblia y el calefón

Desde Single Coach cierro esta semana un nuevo curso de Líderes con Inteligencia Emocional, y aprovecho para reflexionar sobre el poder de las emociones tras los hechos acontecidos en los últimos días. Uruguay, mi país natal es el cuarto país mejor del mundo tras treinta y cuatro años de no lograr esa hazaña. Diego Forlan, sex symbol sin intención y mito nacional, gana el Balón de oro. Mientras, Cataluña se moviliza para reivindicar por el Estatut y salen niños, padres, madres, abuelas, abuelos, animales de compañía y banderas amarillas y rojas para protestar contra esa resolución antipática del Tribunal Constitucional. Y todo para concluir que siento y luego existo(y sólo si quiero, pienso)…

Queja, amargura, modestia exagerada, nobleza son algunos de los denominadores que suelen endilgarle al ser uruguayo. Mis colegas de psicología podrían definir como baja autoestima esta particularidad ciudadana de evitar la ostentación. Será por esa idiosincrasia que todos los uruguayos reaccionaron sorprendidos y agradecidos al alcanzar el cuarto puesto en el último Mundial de Sudáfrica 2010. ¿Nosotros ganadores? ¿Cómo es eso? Es verdad, tenemos carne como Argentina pero ellos exportan más al mundo. Es verdad, tenemos músicos geniales como Jorge Drexler, Fernando Cabrera, Jaime Roos, Rubén Rada, Hugo Fattoruso, Estela Magnone, Peyote Asesino, Luciano Supervielle. Pero estamos al lado de Brasil. Ellos tuvieron, tienen y tendrán siempre a su santidad Caetano Veloso, a su diosa Maria Bethânia, Gal Costa, Gilberto Gil, la inefable Elis Regina, Vinicius de Moraes. Mitos vivientes y muertos que viven porque los talentosos nunca mueren.

Entonces llega un extranjero, seguro de sí mismo que visita este pequeño país, llamado Uruguay y le recuerda a su habitante que ciertamente, los brasileños crearon la bossa nova y expandieron la samba pero los uruguayos han perfeccionado el candombe y comparten los orígenes del tango junto a los argentinos. ¿Tanto cuesta ver las propias proezas en el ánimo uruguayo? Ciertamente que sí. Por eso, elevo las cejas, abro la boca y se me estira la piel ante la sorpresa de ver a los habitantes de mi pequeño país exponiendo su dicha ante los triunfos de sus futbolistas. Un país, definido como la Suiza de América, con gente de ánimo tranquilo y tímido exponiendo el orgullo de ser. Puestos de fruta decorados para la ocasión. Toda la ciudad decorada con los colores de la celeste. Coches que no cesan de dar bocinazos y vitorean a sus jugadores. Tenían que venir unos chicos sudados, con camiseta celeste y gestos apasionados para devolvernos la ilusión de ser y sin caer en el egocentrismo argentino, parece que todo esto ha subido una pizca la autoestima nacional.

Del lado de acá, observo una España dividida. Los catalanes nacionalistas se muestran reacios al triunfo de España en el Mundial. Finalmente la Roja triunfa. España, campeón del mundo. De la emoción de la sorpresa por la flamante autoestima uruguaya, observo ira, celos, tristeza de los catalanes ante los jugadores que triunfan por la madre patria. Resulta que España es una entelequia. Existe Aragón, Andalucía, Cataluña, Cantabria, Galicia, País Vasco, Islas Canarias, Islas Baleares, Navarra, Extremadura, La Rioja, Valencia pero parece que España unida no existe. Eso pregonan los nacionalistas. Distintas imágenes nos muestran los festejos de los jugadores en Madrid. Un río de gente. Cascadas de muchedumbres se largan a las calles y gritan “viva la Roja”, “Iker, todas somos Sara, bésame a mí también”, “San Iker”, rezan los carteles y el supuesto espejismo de país se erige como una fuerza poderosa. Al fin, España existe. ¿Qué tiene el fútbol que no tienen otros deportes? ¿Qué provoca tanta convocatoria de ánimos? ¿Qué hace que hasta los catalanistas no se pierdan un partido, aunque sea a escondidas y para criticar?
La respuesta está en un valor, una emoción y un sentimiento. Tan sólo el amor logra esto. El amor por el fútbol hace que los jugadores avancen con pasión, coraje y entusiasmo y venzan a sus contrincantes. El amor de la afición motiva a estos ídolos de multitudes que expresan su propio amor a través de abrazos, gestos, goles dedicados como la camiseta de Andrés Iniesta(Dani Jarque siempre con nosotros). Y la emoción por el triunfo hacen que Iker Casillas corte las preguntas de su novia, la periodista Sara Carbonero, la coja y la bese en los labios. “Madre mía”, exclama ella emocionada y con voz temblorosa ruega, “luego seguimos, J”. Justamente le comentaba sobre este expresión emocional a Carles Lamelo, el director del espacio del programa “Noches de radio” de Onda Cero, que comienzo el 28 de julio. Iker rompió el encuadre de la entrevista, quebró las convenciones y expresó el sentimiento. Cuando algunas creían que ese hombre con iniciativa y pasión era un cuento chino de nuestras madres, vemos a Iker, puro arrebato y ternura. El portero dejó la figura, se quitó las vestiduras del personaje y mostró la inteligencia del corazón. Besó a su amada con fuerza y suavidad. Ese hombre es el que algunas mujeres parecen decir a gritos que quieren que vuelva. Y versionando a mi manera al enorme Enrique Santos Discépolo en su célebre Cambalache , no quiero la biblia y el calefón, sólo espero que el siglo veintiuno sea un despliegue de amor insolente, que vivamos revolcados en una pasión merengue o en un romance blaugrana, que la celeste siga intensa con o sin Forlán y que todos juntos estemos manoseados por la fuerza del amor y del honor.

©Leticia Brando, 2010
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Las vacaciones y el tiempo para una pausa

El verano parece ser la estación ideal para disfrutar del amor y de la amistad, hacer ese viaje que teníamos postergado, cambiar ese hábito que me ha traído problemas con los otros. También es la etapa ideal para revisar nuestras dudas y certezas y emprender un nuevo camino en caso que sea necesario. Pero sobre todo es el tiempo para hacer eso que no siempre tenemos tiempo. Y para dejar de vivir tan acelerados. El verano y las vacaciones no nos permitirán detener el tiempo pero sí disfrutarlo más, sin agobios ni presiones.

Buen tiempo para el amor

Los expertos señalan que las feromonas humanas, esas sustancias causantes de la atracción entre hombre y mujer, tienen un efecto mayor con los primeros calores. Sucede que con el alargamiento del día, el calor provoca que las personas pasen más tiempo fuera de casa: paseando, haciendo compras, disfrutando la playa o en la piscina. Del mismo modo, las personas parecen más propensas a relacionarse. Además de ser un buen momento para comenzar a ocuparse de uno mismo y dejarse de preocupar por cosas vanas e inútiles, las vacaciones son también un buen momento para mostrarnos más abiertos al contacto con el otro.

Otros dicen que las vacaciones son el desencadenante de rupturas. La rutina y los hábitos de cada uno se ponen en juego aquí. Él puede pensar que las vacaciones son un momento ideal para descansar y alejarse de todo contacto con el exterior. Y ella puede pensar que es el momento perfecto para salir, divertirse, practicar diversos deportes y disfrutar de todas las excursiones que se presenten. En este caso, se hace imprescindible que cada uno respete los gustos del otro sin dejar de ser ellos mismos.

Cuando surge el conflicto ante la diferencia, resulta beneficioso revisar, analizar y discutir sin faltar el respeto. La negociación es básica en el amor. Por tanto, puede que ella prefiera salir de compras por los mercados del pueblo y él prefiera yacer en su tumbona, dormitando o leyendo el periódico. Eso no quiere decir que sean incompatibles. Simplemente que en ese momento les apetece distintas cosas. Respetar los tiempos de cada uno es primordial para lograr una buena relación. En este caso, lo más efectivo sería acordar que ella vaya a sus compras, él permanezca tumbado y luego se encuentren en el chiringuito de una playa cercana.

Tiempo de reencuentro con amigos y familiares

Durante nuestras vacaciones, podemos enfocarnos en proyectos que habíamos dejado pendientes. Una salida a pescar con algún familiar, un fin de semana con amigos, una cena pendiente con compañeros de trabajo. Después de todo, no hay mejor tiempo perdido que el tiempo invertido con nuestros afectos.

Aprovechar las vacaciones para emplear bien el tiempo

Para conocer el verdadero valor del tiempo, debemos disfrutarlo y no sentirlo como algo que se nos evade. Si empleamos mal el tiempo, es natural que nos quejemos de su brevedad. Efectivamente, tenemos un 7 por ciento más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20 por ciento más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar las numerosas opciones que tenemos.
Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo.

El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte. Si antes de partir de vacaciones, solías tener esas agendas colmadas, que te dejaban con agotamiento, puedes comenzar a renunciar y priorizar. Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades.

Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas.

El verano y las vacaciones pueden ser un buen momento para que dejemos de ser tan exigentes con nosotros mismos. Podemos aprender que no pasa nada malo con las cosas que aún no hemos hecho. Debemos tratar de ser eficaces pero estar en paz cuando no hemos podido terminar algo.

Debes tomar conciencia y decidir a qué queremos dedicar nuestro tiempo, poner prioridades, saber decir ‘no’ y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto el último partido del Mundial. La reserva de tiempo para uno mismo es esencial. Podemos aprovechar las vacaciones para crear el hábito de estar solos un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy.

¿Podemos reaprender a vivir en el verano? En cualquier momento del año, podemos decidir que somos los dueños de nuestra vida. Nadie más que nosotros. Ni mi padre, ni mi jefe, ni mi pareja, solamente yo puedo decidir sobre lo que me hace feliz. Para ello, debo ser responsable y elegir sobre lo mejor para mí en cada momento.

Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. El lector, que ha decidido leer este post, ya ha elegido. Se ha dado unos minutos para sí mismo, para observar y reflexionar. Ha sabido encontrar tiempo, mejor dicho, ha aprendido a concedérselo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la persona que se permite un espacio a la reflexión asume una actitud casi heroica. Ha dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena.

El dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, cuando éramos niños y nos bastaba disfrutar de la sensación de los rayos de sol en nuestra piel y el aroma de los bosques de pino.

Carl Honoré, autor de “Elogio de la lentitud”(RBA, 2005) decidió escribir su libro al disfrutar especialmente un cuento de un sólo minuto. Pensó que era una muy buena idea para contentar a un niño. Cuando recapacitó, se asustó y pensó que estamos viviendo un tiempo muy acelerado, lo que él califica la “orgía de la aceleración”. Su libro, basado en el movimiento slow, invita a un disfrute de la lentitud. Sus orígenes están en el movimiento “slow food”(comida lenta), que nace en Italia en oposición a la “fast food”(comida rápida) y promueve volver a saborear la comida y los aromas. Ya son cuarenta y dos países los que la siguen. Inspiradas en el movimiento, surgen en Italia las “ciudades lentas”. Hay treinta y dos localidades comprometidas a reducir el tráfico, evitar alarmas, aumentar zonas verdes y sistemas ecológicos y huir de luces de neón o vallas de publicidad. El movimiento no ha hecho más que empezar.También ha surgido el “slow sex”, que invita a disfrutar del sexo sin prisas, y el “slow schooling”, un sistema escolar menos estresante. Los dejo aquí con un programa que hice en “Hola Barcelona” de BTV, justamente hablando sobre vacaciones y el disfrute del tiempo:

Los valores para superar la crisis

La idea de esta conferencia surge un poco provocada por la situación que estamos viviendo. Una situación donde al mismo tiempo que se nos habla de éxito, perfección, esfuerzo, inmediatez, también se nos habla de crisis, paro, fin del trabajo. Algunas de las palabras que describen los tiempos que corren. En los tiempos actuales, hay muchas exigencias de crecimiento y conquista permanente y eso hace que algunos colapsen cuando no logran alcanzar los objetivos ansiados.

Pero más que nunca, ante la crisis financiera y global, de la que todo el mundo habla, se hace necesario que hagamos uso de nuestra inteligencia emocional y de valores como el respeto, la disciplina, la bondad, la paz y la paciencia para enfrentar los obstáculos que se avecinan.

Desde Single Coach, estoy muy acostumbrada a trabajar como coach y formadora con líderes, empresarios, trabajadores que suelen hacerme planteamientos en relación a su trabajo, su implicación en el mismo, sus expectativas, pero en esta conferencia amplié un poco el abanico para ir más allá de la crisis en el terreno laboral. Si pensamos que como seres humanos, lo único constante es el cambio, podremos con facilidad asumir de un modo más efectivo las turbulencias que vengan con la crisis.

Por todo esto, en este encuentro no pretendí actuar de gurú ni prometí rituales o explicaciones complicadas, porque todos somos alumnos o profesores los unos de los otros. Como dice Ken O’ Donnell, a medida que vamos aprendiendo, pasamos a enseñar mediante el propio ejemplo.

Por otro lado, el tema de valores es un tema apasionante para mí porque es de mi interés desde que egresé de la Universidad como psicóloga, cuando era muy joven ya trascendía mi formación psicoanalítica, sistémica para trabajar los valores con niños, maestras y directores de instituciones educativas. Más tarde, me interesó el tema de Valores en las organizaciones y es así que escribí un curso específico sobre eso. Afortunadamente, algunas empresas que fomentan los valores en sus trabajadores, han comenzado a trabajar con ese programa, en el cual la gran vedette es el Curso de Confianza en las organizaciones.

Sólo nuestra flexibilidad, nuestra capacidad para adaptarnos a lo nuevo y el modo que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, nos permitirán salir airosos de las crisis.

Aquí el comienzo de la conferencia que realicé el 8 de junio de 2010 en CINC, Barcelona: