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Deseo que en 2013 cada uno sea protagonista de su vida

Mientras el año 2012 agoniza, la rutina sigue siendo la previsible. Cenas corporativas, compras de objetos de usar y tirar, esperanza de que el año próximo sea mejor, ánimos ansiosos por llegar a fin de mes y personas que buscan ser valoradas más allá de su sueldo o de su puesto. La ética del mercado dice que tanto ganas, tanto vales. En esa moral, proliferan los deseos y sueños incumplidos que frustran a los más exigentes y motivan a los más ambiciosos. Pero los más crédulos creen que no todo está perdido. Quedan la psicología y la nueva economía como las panaceas para curar los males del capitalismo.

navidad 2011Por supuesto que creo en las bondades de la psicología y la economía para desarrollarnos como seres sociales. Pero mi formación como psicóloga o coach no me hace tener una confianza ciega en ninguna disciplina. La teoría da un marco y una estructura aunque no es suficiente. No basta con las escuelas psicológicas y económicas. Los dogmas no nos salvan de las crisis. Más bien son las personas que emergen de las crisis y si para ello se respaldan en la psicología y en la economía, bienvenido sea. Pero también conozco gente que no ha leído un solo libro de psicología ni de economía y administra su vida y su empresa de una forma admirable.

De todos modos, me gusta reflexionar  sobre la gran ventaja de ser psicóloga en un mundo donde parece que somos los grandes iluminados o los peores del mundo. Si recorremos las librerías de muchos países, veremos que la psicología domina las estanterías de desarrollo personal pero también podemos encontrar mucho de psicología en las novelas policiales de moda o bien hay mucho de psicología en la biografía póstuma de algún célebre. Este 2012 tuve un hijo, terminé de escribir mi primera novela de ficción, mi primer libro de cuentos y nunca había apelado tanto a la psicología para construir cada característica de personalidad de cada uno de los personajes y para cuidar a mi pequeño bebé. Sin duda, la psicología domina el mundo porque los ministros y gobernantes de turno no dejan de apelar a cierto contenido subliminal y psicológico para obtener sus votantes. Aunque la psicología no puede controlarlo todo y así terminamos el año con la masacre de Connecticut  que sin duda, si los psiquiatras y psicólogos hubieran aparecido tanto como las armas en casa de este chico, es posible que hoy no tengamos que llorar tantas muertes absurdas de maestras y niños. Mientras Time elige a Obama como personaje del año, éste le pide a su gobierno propuestas a su gobierno para prevenir actos de este tipo. Quizá la respuesta está en legislar la venta de armas y evitar así que cualquier persona pueda comprar un arma para su defensa personal.

Volviendo a nuestros lados, en 2012  los discursos de los expertos en Liderazgo, siguieron hablando de la felicidad, de disfrutar las pequeñas cosas, de desapegarse de los detalles nimios y entonces una ya no sabe si está escuchando el discurso de alguien que asesora a empresas o alguien que en sus fantasías nocturnas quería ser Sigmund Freud o Carl Jung. Los mismos economistas, seres a los que se recurre continuadamente en esta época de mercados fluctuantes ya no sólo hablan de cifras. Tampoco intentan meramente racionalizar esta crisis de los mercados. La nueva economía también reflexiona sobre estos tiempos ansiosos donde se comparte siempre y cuando se de algo a cambio.

Casi al lado de los psicólogos, coaches y economistas de moda, aparecen algunos místicos que auguran que el  21 de diciembre de 2012 será nuestro encuentro con el fin del mundo. Otros más positivos creen que el mundo recién ha comenzado porque ya no basta con el apogeo del capital y las grandes potencias. Frente a los que hablan de un nuevo modelo económico, algunos coaches y psicólogos creemos fehacientemente en la llegada de un nuevo hombre y una nueva mujer. El nuevo mundo sólo es posible si las personas cambian la acentuación del tener por la del ser.  No me refiero simplemente a movimientos sociales como el 15M o manifestaciones en toda Europa en repudio de los grandes poderes o de grandes injusticias.  Más bien hablo de un tiempo donde proliferen los valores humanos antes que la ansiedad de no llegar a tiempo, el miedo a no llegar a fin de mes y la tristeza de no ser lo que algunos esperaban que sea. Hablo de un contexto donde no haya una tensión entre el deseo y la posibilidad de ser y de hacer.  La aparente independencia y libertad del individuo no evita que sea frágil y vulnerable.

Entonces mi deseo para este 2013 es que cada uno sea protagonista de su vida y sólo asuma papeles secundarios cuando la compañía lo amerite. En realidad, mi deseo es que rompamos esos muros de omnipotencia donde nos protegemos de la crisis, el paro y la soledad. Mi  deseo es que estemos menos solos y aprendamos a rodearnos de la gente necesaria. Entonces si tiramos cosas viejas para limpiar los trastos de nuestra casa, sería bueno que también prescindamos de los prescindibles. No los desechemos porque las personas no somos objetos desechables  pero confiemos sólo en esos pocos o en esos muchos. Demos las gracias a la vida al estilo Violeta Parra de estar un año más en esta tierra generosa. Principalmente debemos agradecer que no estemos solos. Porque como digo siempre, sólo la unión de muchos y la cooperación de varios puede lograr que nuestros sueños se hagan realidad.

Desterrando los problemas de comunicación

 En la era de la información, los grandes problemas surgen por las dificultades de comunicación. La comunicación es el primer paso para relacionarse, contactar con el otro pero además es fundamental para la construcción de la identidad. 

En el campo de la psicología clínica y el coaching, uno de los problemas más frecuentes de consulta son los problemas de comunicación. Detrás de una consulta por conflictos en la pareja, o en el caso de una persona abrumada por problemas de conexión con personas de su entorno laboral, subyacen graves problemas de comunicación

En los tiempos del maestro Sigmund Freud aparecían muchas enfermas de histeria (actualmente denominado trastorno de conversión), considerado el mal de la época. Claro que la represión sexual reinaba en la Viena de fines del siglo XIX y principios del XX . El hecho de comunicar los deseos no siempre era bien visto. Actualmente ese no es el problema, se vive en un mundo donde hay una sobredosis de información, la gente habla abiertamente de sexo y de sus relaciones, en otras  palabras, se habla y se dice todo el tiempo. Pero el tema es cómo se dice. ¿Nos estamos comunicando bien con el otro, con nuestro jefe, con nuestros compañeros de trabajo, con aquel que es objeto de nuestro interés amoroso?

El nivel comunicativo, tiene una importancia crucial en la construcción de la identidad como en el vínculo con el medio social. La identidad se construye según los aprendizajes y diálogos que tenemos con nuestro entorno. Inicialmente surge la comunicación temprana con la madre, ya sea en los primeros cuidados de limpieza y nutrición como con el padre, figura que colabora en la crianza y en la creación de un modelo para el niño. Además los dos progenitores son esenciales para instaurar el lenguaje y los valores determinantes en ese núcleo familiar. Luego llega la etapa escolar donde la maestra contacta al niño con la lectura y la escritura, otro medio esencial de comunicación. Además de su contacto con otras figuras (familiares, amigos), todo esto va generando influencia en el niño, que va forjando su personalidad y su ser en el mundo.

La clave del éxito en cualquier empresa, ya sea el amor, trabajo o familia, depende del modo que se regula el aparato emocional, la subjetividad y los datos objetivos sobre el mundo y eso se logra si se tiene un buen nivel comunicativo. El bagaje adquirido nos permite elaborar nuestros códigos y nuestro modo de funcionar con los otros.

Una buena comunicación no implica meramente una buena retórica, donde se establecen claramente el contenido y los objetivos de ese discurso. También implica una escucha atenta.Escuchar las necesidades y deseos del otro es esencial en la relación de pareja y en cualquier otra relación.

Por ello es tan importante la conexión que una persona tenga con el mundo que le rodea. Si alguien es de su agrado o necesita algo, debe saber comunicar ese sentimiento. Para esto es esencial, primero saber comunicarse con su yo interior, con sí mismo. La comunicación intrapersonal, nuestro diálogo con nosotros mismos, es fundamental.
Students at meeting
Para crear esta comunicación con el otro de un modo fluido, primero debemos saber qué es lo se queremos comunicar. Eso implica autorreflexión y reconocimiento de las fortalezas y flaquezas. Cuanto más correctamente, reconocemos y nos conectamos con nuestros propios sentimientos, más fácilmente sintonizamos con los sentimientos de los demás. Cuanto mejor nos conocemos, más conscientes somos de nuestro estado de ánimo y de los efectos de nuestras conductas.

La incertidumbre acerca del ser y sobre el futuro crea confusión. El reconocimiento de la realidad es el primer camino para amarnos a nosotros mismos, condición esencial para amar a los otros. Si no podemos amarnos y aceptarnos cómo somos, difícilmente aceptemos a los otros y podamos amar de un modo sano al otro.

El amor a uno mismo poco tiene que ver con el egocentrismo ni con la vanidad. La autoestima es esencial para la construcción de cualquier relación y tiene que ver con la entrega y con la generosidad de tiempo y afecto. Del mismo modo que si uno tiene buenos pensamientos para el mundo exterior, genera buenos pensamientos de los otros sobre uno mismo.

Nos comunicamos más efectivamente con los otros cuando tomamos conciencia de nosotros mismos y de las metas que perseguimos en la vida. Eso allana el camino para el conocimiento del ser que nos es ajeno, pero que es objeto de nuestro interés, ya sea nueva pareja, nuevo jefe, nuevo socio o nuevo cliente.  En la medida que ese ser ajeno conecte con nuestras particularidades y diferencias, podremos construir una relación plena entre dos seres tan distintos como compatibles.

Para saber más sobre Comunicación efectiva

Princesas sin trono en un mundo de dominio masculino

En la política, las altas finanzas, los medios de comunicación, siguen reinando los varones. Pese a ello, las mujeres han ganado espacios y alguna que otra huella dejan en la subjetividad masculina en cuanto a las relaciones de poder. Algunas estrategias masculinas para resistir este progreso femenino que no siempre agrada es tratar de conservar los clásicos feudos de poder. Esto se lo puede ver en esas organizaciones laborales típicamente masculinas, donde las mujeres para poder ocupar los puestos más elevados se encuentran que deben asumir un carácter masculino para triunfar en el mundo de la empresa.

De esta manera, podemos ver mujeres con una postura fría, distante, reservadas. O mujeres empresarias que reaccionan escandalizadas cuando alguna de sus trabajadoras queda embarazada y deben cancelar su etapa productiva.

Fuera del mundo de la empresa, surgen varones que no asumen este avance de las mujeres. En Estados Unidos se produjo este fenómeno de la reacción, donde en algunos sectores conservadores se trató de convencer a las mujeres que vuelvan al hogar y a la crianza de los niños porque les habían sucedido cosas horribles en estos años por los avances de las mujeres, especialmente en la esfera pública.

En este abanico de hombres posibles, aparecen también los hombres solidarios que consideran esencial el crecimiento personal y profesional de la mujer.  Entre las peculiaridades de esos varones, está el de afirmar su deseo a que su mujer trabaje, que vaya al gimnasio y que no dependa de su tarjeta de crédito para comprar sus necesidades.

Pero aún este grupo de varones, que celebra a esta mujer que participa en política y accede a puestos de poder, no está exento de cierto grado de perplejidad. Recuerdo una charla que tuve en una ocasión con la psicoanalista argentina Irene Meler, que me comentaba una anécdota en la que había tomado conciencia de la galantería masculina como una estrategia para superar el incómodo avance de las féminas. Meler consideraba que cuando el hombre se siente desorientado ante la presencia de una mujer en una situación de poder, busca sexualizar el vínculo.  La intención parece ser la de transformar el vínculo que es político, económico, laboral, en un vínculo erótico. Pero en realidad la intención latente es una intención de dominio, es decir: recordar a las mujeres que son en última instancia su tradicional objeto de deseo. “Esto lo vi una vez que tuve que estar en una entrevista con un ministro de una localidad del interior de Argentina, donde recibió a una delegación de mujeres que veníamos en una misión especial. Él nos dijo una galantería, no me acuerdo exactamente, pero fue algo así como qué hermosas mujeres que adornan el despacho, y a mí me resultó claro que él se sentía extraño, desconcertado por tener que dialogar con mujeres que venían a interpelarlo políticamente; entonces sexualizó el vínculo para retomar la tradicional posición de hombre”, recordaba Irene Meler en la entrevista que mantuvimos en el año 2000 para el suplemento “La República de las Mujeres” del periódico La República.

En realidad, el conflicto existente entre varones y mujeres va más allá de inseguridades de unos sobre otros. Las tensiones existen en todo grupo humano: en el contexto familiar, laboral, social, político. El deseo y el amor no evitan la tensión y la lucha por el poder.

La capacidad amorosa tradicional estaba cimentada sobre la negación de este conflicto latente. El mejor camino para superar esta tensión es hacerla consciente. Cuando los dos géneros reconocen la posibilidad de amor, de compañía, de concepción de hijos, de creación de una familia y al mismo tiempo, la posibilidad de competir por el poder público, se aligeran las tensiones. En este marco, algunos hombres aceptan y comparten y en otros casos, resisten.

Además de emerger como figuras visibles en puestos de poder o en profesiones que en otros tiempos eran exclusivamente de ámbito masculino, la mujer viene demostrando una flamante autonomía en sus decisiones en el terreno emocional en cuanto a la pareja e hijos.  La libertad de disponer sobre su sexualidad y de tomar decisiones sobre su derecho a elegir cuando ser madre son unas de las grandes reivindicaciones femeninas de los últimos tiempos.

En este contexto, surgen relaciones de poder entre los dos géneros. Mientras ellos parecen estar en una etapa de transición en los nuevos roles, donde las mujeres con poder provocan cierto miedo.  Más que poder, la mujer ha conquistado cierto prestigio intelectual, una cierta capacidad de pensar y un reconocimiento profesional. Efectivamente, todavía las mujeres de la generación de los años cuarenta y cincuenta tienden a disimular o a pedir un poco de disculpa en caso de detentar un cierto poder porque parece surgir el fantasma de la “pérdida de la feminidad”.

En el siglo pasado, las mujeres más tradicionales y convencionales podían ostentar eso que se llamaba el poder de los afectos. La mujer se está encontrando con un poder simbólico, el poder de apropiarse de las palabras, el poder de enunciar qué quiere, qué siente, qué desea y de formar parte de un colectivo más amplio que puede sostener y acordar con ella y encontrar afinidad de varones y mujeres. Hasta ahora los enunciados principales estaban hechos por los varones, o por mujeres herederas de la palabra masculina.

Posiblemente en España, el progreso de la mujer se haya dado de forma más visible y brillante que en otros países de Europa donde los cambios se han dado de forma paulatina, tras varios años de luchas de muchos organismos de derechos humanos. Tras la salida de la dictadura en 1975, España comienza a salir del ostracismo cultural y social en el que se encontraba y se da una proliferación de movimientos culturales, el surgimiento del destape, la libertad de prensa y una evidente sublevación de la mujer de sus roles tradicionales. Esto también ocurre en países de América, como Argentina, Chile y Uruguay.

Mientras treintañeras argentinas, españolas y uruguayas  postergan la pareja y la maternidad,  los hombres van cambiando de piel. Algunos muestran cierta resistencia a la asunción de esos cambios. Todo cambio implica un duelo y un proceso inevitable. Y los avances no impiden estereotipos arraigados y ciertas contradicciones. Por tanto, queda aún mucho camino por andar para lograr la tan mencionada equidad e igualdad de oportunidades.

¿Los emprendedores en Uruguay están vivos?

La adaptación al entorno ha sido una de las grandes conquistas del ser humano. Desde el hombre de las cavernas en adelante, nuestra condición de seres sociales nos ha hecho modificar nuestro hábitat, gustos, trabajo y hasta crear impulsos para cambiar las negruras de nuestro carácter. En suma, la sociabilidad, que suele ir acompañada de la cooperación, ha permitido ventajas evolutivas importantes. Para el emprendedor, ser sociable y cooperar con otros son dos condiciones esenciales para dinamizar y ampliar sus redes de contactos y posibles clientes. Desde mi faceta de emprendedora en Barcelona, he visto las ventajas de los eventos de networking: conocerse y hacerse conocer para lograr más clientes. De esta idea surge un nuevo emprendimiento llamado MVD Cenas y Networking, que inauguré el pasado 10 de octubre en la capital de Uruguay.

Cuando se aterriza en Montevideo, se dice que ha crecido la economía, que hay un bajo nivel de desempleo(5,5%), que tiene la tasa más alta de penetración de Internet y la banda ancha en América Latina,  que las exportaciones se triplicaron en los pasados años. Pese a estas mejoras en la economía, sigue siendo el país donde  se sigue aspirando a ser funcionario público o empleado bancario. La gente estudia carreras sin la intención de crear imperios sino con la intención de ser contratado de forma fija y estable. Cuando comenzó la crisis en España y subía la tasa de paro, no cesaron de aparecer eventos donde se buscaba la salvación en la figura de los emprendedores. Se decía que sólo los emprendedores iban a sacar a España de la crisis. En cambio, en Uruguay la salida del trabajo estable sigue siendo la máxima aspiración y pese al surgimiento de algunas asociaciones de jóvenes empresarios y organizaciones como Endeavor, el emprendedor parece ser un ser en extinción. Combatiendo esta idea, he creado MVD Cenas y Networking, un evento que se hace el segundo martes y último viernes de cada mes, que pretende nuclear a empresarios, profesionales y gente que quiera conocer gente. Con el pretexto de concurrir a un brindis, luego escuchar la charla de una figura inspiradora y una posterior cena, se trata de ampliar las redes de contacto. Sólo una cosa ha llamado la atención de este evento. Muchas veces las personas que asistieron a los dos eventos que ya se realizaron el 10 y 26 de octubre respectivamente, muestran una cierta timidez para promocionar sus servicios.  Parece ser que hablar de lo que venden o en lo que trabajan sea un asunto para otros momentos. O quizá sea parte de ese ostracismo y opacidad uruguaya donde el simple hecho de destacarse cause cierta alergia. Lo cierto es que para ser un país pujante, floreciente, no basta con la proliferación de multinacionales, bancos y empresas de importación. Para que este país salga adelante, se necesita gente que crea que puede más allá de un jefe. Más allá de las buenas intenciones, se requiere buenas ideas y ejecutar políticas claras para promover las nuevas empresas. Desde el coaching, propongo dar clases de valores y de cultura emprendedora en las escuelas para promover niños que crezcan con confianza en el país y que crean que pueden más allá de la oferta que encuentren en el Gallito Luis. También que se promuevan valores esenciales para emprender como la honestidad, el respeto, la cooperación, la tolerancia y la voluntad. Se sigue esperando mucho del Estado y más bien hay que fomentar los grupos de personas que se unan para generar mejoras y los cambios pertinentes. Hasta ahora, el emprendedor sigue siendo una figura nebulosa en un horizonte que se promociona como estable y claro. Pero sabemos que la estabilidad sólo se solventa si las posibilidades de negocio son variadas y no dependen sólo de bancos y empresas multinacionales.

Mejorando el trabajo en equipo y la comunicación con la confianza

Los dejo con un artículo que escribí para el Observatorio Europeo de Coaching en el marco de las próximas Jornadas de Coaching en Santiago Compostela.

Aunque muchas personas sigan creyendo que el coaching es una disciplina nueva, podríamos decir que es un asunto milenario ya que encuentra sus raíces en el arte de la mayéutica de Sócrates y en los diálogos de Platón. En ese dialogo con el cliente, es esperable que el coach sepa preguntar y se muestre carente de prejuicios y de opiniones que contaminen la ruta y el plan de acción del cliente.  Quizá por ignorancia de las bases del coaching o por una mala difusión o ejercicio de la disciplina, muchas empresas siguen contratando a coaches para que les den consejos y soluciones sobre lo que deben hacer. Pero esa no es la tarea del coach, ya que no es un consejero ni un consultor. Tan sólo es un guía que acompaña en los procesos de cambio, en la mejora del liderazgo, en el fomento de las habilidades comunicativas y en la gestión del trabajo en equipo, por citar algunos ámbitos de actuación.

Pensando que el 11 y 12 de octubre de 2012 se celebrarán las  IV XornadasInternacionais de Coaching con el lema “Construyendo nuestra mejor versión”, considero que este es el momento para que todos los coaches tratemos de dar nuestra mejor versión para el mundo que se avecina. El abandono del ego y la omnipotencia es imprescindible para versionarnos de forma correcta. Sólo dejando el ego y el falso orgullo, podremos colaborar para crear equipos eficaces, promover liderazgos resonantes y la retroalimentación del cliente. En relación a nuestra mejor versión, quiero referirme a dos temas que trabajo mucho en el último tiempo. Uno es el trabajo en equipo y otro se refiere a las habilidades comunicativas para hablar en público.

En referencia al primer tema, quizá debamos comenzar distinguiendo entre grupo y equipo. En el grupo, hay intereses comunes mientras que en el equipo suele haber objetivos comunes y globales. Por lo tanto, en los equipos efectivos hay claridad de metas,  un líder que sabe dirigir y motivar y ante los problemas, las soluciones suelen darse de forma rápida. Cuando el equipo es inefectivo, hay ausencia de objetivos y metas poco claras y muchas veces se fomenta la competencia en vez de la cooperación. Entonces las primeras preguntas que se le hace a un líder que reconoce inefectividad en su equipo son: ¿qué necesitas cambiar y qué vas a hacer para lograrlo? ¿cuáles son los puntos fuertes y débiles de los miembros del equipo? ¿cómo son las reuniones? ¿cómo son las conversaciones que tienes con tu equipo?

Más allá de las respuestas que surjan, es usual que la confianza aparezca como un requisito esencial para mejorar el trabajo en equipo. La confianza es un valor que se puede relacionar con la identidad, con el quién eres pero también se vincula con la capacidad de producir resultados. Cuando los equipos están motivados, suelen tener un líder creíble y convincente.

El líder genera confianza cuando transmite y comunica de una forma clara, respetuosa y transparente. Y todas estas características también las necesitamos cuando hablamos en público. Contrariamente a creer que hablamos bien en público cuando somos graciosos, elevamos e impostamos la voz al estilo predicador norteamericano y utilizamos una presentación novedosa, nada de eso tiene que ver con las habilidades que podemos potenciar mediante el coaching. Tras varios años dando cursos a empresarios y profesionales donde imparto técnicas de coaching y  PNL para hablar en público, aprendí que el mejor orador no es el que tiene la mejor voz, ni el mejor físico, ni el mejor powerpoint, ni el que cuenta las mejores anécdotas. El mejor orador suele ser el que demuestra verdadero interés en el público que tiene presente. Recuerdo que hace unos años conocí a un autor de libros de desarrollo personal, considerado uno de los conferenciantes más cotizados de España. Ciertamente, este señor tiene una voz bonita, su dicción es buena, maneja los tonos y tiene un rostro atractivo. Invitada por un colega, tuve la oportunidad de verlo en acción durante su presencia en una conferencia en Barcelona. El tan venerado conferenciante llegó media hora tarde, luego tuvo su móvil encendido durante toda la disertación y contestaba mensajes mientras hablaban los otros dos panelistas. Pero mi sorpresa fue mayor cuando hizo preguntas al público y rápidamente las respondía, denotando un desinterés sobre lo que sus espectadores podían devolverle. Sin ánimo de juzgarlo, pensé que había tenido un mal día pero luego me sirvió esa exposición para darme cuenta que la destreza para hablar en público poco tiene que ver con una voz bonita y un discurso elaborado. Como bien lo estableció el profesor Albert Mehrabian de la Universidad de California, el impacto y la credibilidad de una presentación se derivan del lenguaje corporal del comunicador(55%), seguido de su tono de voz(38%) y luego de sus palabras(7%).

Con este énfasis en el lenguaje corporal, muchos coaches que hablan en público suelen actuar sus conferencias como si estuvieran en un gran teatro.  Sin duda, cada vez que hablamos en público, hacemos una interpretación pero no somos actores. Esa es la confusión que tienen muchos oradores: creer que están en un teatro. La sala de conferencias o auditorio no es un lugar para actuar personajes sino para interpretar de la mejor manera eso que digo. Podemos tener una bonita voz y un discurso ampuloso y elaborado pero si el oyente es consciente que el orador no lo siente, ni lo escribió ni lo cree, entonces será una conferencia técnicamente correcta pero vacía en cuanto a la transmisión de la verdad. Porque ni la perfección ni los discursos extensos nos hacen ser creíbles como oradores.

Por tanto, las palabras tienen un peso muy ligero en la fuerza total de una conferencia o exposición. Aun así, podemos encontrar oradores que elaboran discursos extensísimos con citas a diversos autores, a sus libros, teorías sobre la vida y casi no contactan con su público, que es el que en definitiva está escuchando su mensaje y el principal destinatario. Para comunicar de forma efectiva, debo emitir mi mensaje pensando en el receptor y ese es el primer paso para sintonizar con mi público y lograr que mi discurso no se lo lleve el viento. Esta sintonía sólo es posible si trabajo la confianza en mí mismo y el control emocional, que implica reconocer mis emociones y dirigirlas de forma efectiva.  Un orador honesto, que confía en lo que dice y demuestra interés en su auditorio conecta por la verdad y promueve el aprendizaje, tan necesario en estos tiempos vertiginosos.

Y para finalizar comparto una conferencia sobre confianza que di hace unos meses en Barcelona:

De restauraciones pictóricas, mentales y otros menesteres

Con las redes sociales comandando nuestras vidas, el mundo se ha hecho cada vez más global. Las buenas y las malas noticias se propagan por la red con la rapidez de un rayo. También se han globalizado los malos pensamientos. Mientras unos prueban las opciones para ser menos defectuosos asistiendo a talleres, cursos, siguiendo métodos  y leyendo libros variados, otros descargan sus males a través del hartazgo o la risa.  Porque esos son los caminos que quedan cuando los medios sólo hablan de crisis, bancos malos e inseguridad.

En España, muchos despotrican contra los intentos de gobernar de Mariano Rajoy. En Argentina aceptan resignados las medidas de Cristina y algunos echan de menos los tiempos de Evita y sus descamisados. En Uruguay, país seguro en sus tiempos de Suiza de América, los vecinos se enrejan y blindan sus puertas para evitar la invasión de los amigos de lo ajeno mientras su capital Montevideo transcurre con la misma calma y parsimonia de una aldea gallega. Estados Unidos habla por primera vez de crisis pero sigue marcando la diferencia y así el productor de cine Harvey Weinstein se inmiscuye en la política y sueña con la reelección de Obama.  Mientras suma admiradores en Hollywood, Barack  venera la actuación de Anne Hathaway en Batman. Pero sin duda lo que ha conmovido estos días al mundo, tanto de risa como de llanto, es Cecilia Giménez , una anciana de Borja, localidad de Zaragoza, España,  que intentó emular a Picasso en su reconstrucción del Ecce Homo del pintor Elías García Martínez. Seguramente la señora no pensó que a sus ochenta años iba a ser tan famosa ni que la fama podía causarle tanto malestar. En pocos días de estrellato, ya tiene hasta su propia página en Wikipedia.

El conocimiento de todos estos asuntos en apenas segundos nos permite cerciorarnos  del gran poder del marketing viral en esta primera década del siglo XXI. Basta que una persona haga un Twitt o un post en Facebook o un link en You Tube sobre el asunto de Obama, Cristina o la restauradora del Ecce Homo  para que una información se propague en segundos por el mundo entero. Unos minutos o segundos en la televisión valen más que miles de escritos sobre política, economía, antropología y filosofía.

Basta recordar que una de las razones del gran éxito de la película y posteriormente libro “El Secreto” de Rhonda Byrne fue la gran difusión que se hizo por las redes sociales. En ese filme, aparecían personas de distintas disciplinas opinando sobre el poder de la mente, los beneficios de la creación de pensamientos positivos y la creencia en la fuerza de la voluntad. Mientras el mundo occidental se sorprendía, los devotos de la filosofía hinduista y budista sabían que no había nada de nuevo en esta supuesta  revolución mental que promulgaba el agradecimiento y las buenas conexiones mentales.

Algunos europeos y latinoamericanos, con el aprendizaje de la meditación, ya hacían uso de su eficacia mental antes que personas de gran poder mediático como Oprah Winfrey y Larry King apoyaran esta causa en Estados Unidos. Sin necesidad de remontarse a tiempos milenarios, basta que nos remontemos a la década del cincuenta y ver cómo Fritz Perls construyó los principios de la corriente Gestalt. Junto a su mujer Laura, Perls estableció la importancia de vivir y sentir la realidad, el darse cuenta o tomar conciencia de lo que a uno le pasa (“awareness”) o asumir la realidad personal y no buscar los problemas afuera. O bien podemos ir aún más atrás y pensar en el libro “Emilio“(1762) de Jean-Jacques Rousseau, su tratado filosófico sobre la naturaleza humana, donde plantea al hombre como un ser genuinamente bueno, que luego es corrompido por la sociedad.

No es ninguna revelación el poder de nuestro cerebro y sus consecuencias positivas siempre que lo utilicemos de forma eficaz. Si el cerebro es el gran creador de nuestros pensamientos, debemos utilizarlo de forma productiva. Para ello, es vital desechar los pensamientos inútiles, fomentar los pensamientos positivos y eliminar los negativos, que desgastan nuestra energía anímica. Por tanto, el “secreto” de Rhonda Byrne  es más bien algo que hace siglos aplican muchas personas en Occidente, sin necesidad de recurrir a gurúes o a comunidades espirituales ni pensar en un mesías salvador que comunica el mensaje.  Tan sólo recurriendo a la meditación o lo que en coaching llamamos visualización.

Nuestra vida occidental nos aparta de los buenos pensamientos porque  muchas veces estamos más ocupados en pagar facturas, planificar reuniones, definir estrategias de negocio, inventar excusas para evitar algunos encuentros y nos olvidamos que antes que nada, debemos organizar nuestra mente.

Nos importa pensar bien para negociar bien con nuestros clientes, para declarar nuestra verdad sincera a esa persona que nos gusta, para que nuestra pareja entienda esa idea que queremos comunicarle, para actuar adecuadamente con nuestros amigos y colegas y dar ejemplo con nuestras acciones sin necesidad de dar consejos. Al final, la única verdad parece aludir a la frase cliché de siempre: nuestro cerebro puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo. Pero sólo si somos conscientes de su poder, podremos optimizar su funcionamiento. Quizá cuando asumamos la audacia de vivir como queremos, nos atrevamos a restaurar esa obra maestra, que puede ser nuestra vida. 

Mundo contradictorio y desigual

Vivimos tiempos contradictorios. El consumo de bebidas en envase de plástico coincide con el auge de la ecología. La gente más estresada suele ser la misma que practica yoga. Los amantes de los animales suelen tener  problemas de relación con muchas personas. Y algunos que cultivan la generosidad con sus amistades, suelen amurallarse detrás de su egoísmo ante cualquiera que se atreva a detentar su amor.

La desigualdad entre hombres y mujeres es una de las contradicciones más  destacadas. En un mundo donde se nos dice a las mujeres que tenemos el poder, al mismo tiempo se  discute sobre la idoneidad para gobernar de las féminas. Argentina tiene a Cristina Fernández de Kirchner,  Brasil tiene a Dilma Rousseff y Chile tuvo a Michelle Bachelet pero el verdadero poder sigue siendo masculino. Como ejemplos vemos que por el mismo puesto de trabajo, tanto en América como en Europa, las mujeres seguimos ganando un veinte o treinta por ciento menos que el hombre.

Otro hecho que clarifica la fuerza de lo masculino es en el reparto del mal de moda: la ansiedad. Por ejemplo, un hombre preso de su ansiedad ante su expectativa amorosa, suele llamar por teléfono de forma continuada, además de enviar mensaje al celular, mail o bien a través de Facebook. En la sociedad moderna, ya sea en Barcelona como en Montevideo, este hombre ansioso es señalado como un hombre insistente, perseverante, valiente que tras un acecho sutil logrará con su energía y paciencia conquistar a la damisela en cuestión. Contrariamente, la mujer ansiosa ante la expectativa de una cita o bien posible amor, si ella demuestra interés, o llama, o envía señales en forma de llamadas de teléfono, mensajes al móvil, mails, entonces es una mujer pesada, avasallante, demandante y ese avance que realiza no asegura que conquistará al caballero en cuestión. Porque los dos géneros sentimos y tenemos una perspectiva diferente sobre el amor y la pareja.

Para la mujer es natural ese hombre conquistador, que puede que al comienzo no le provoque nada pero luego por su constancia, conquista su corazón. En cambio, el hombre parece preferir la mujer distante, difícil, dulce, refinada, silenciosa pero mejor si al comienzo no expone demasiado lo que siente o quiere. De este estilo de hombres es mi amigo Juan, un ingeniero uruguayo de treinta y seis años.  Juan es un emblema de este mundo contradictorio. Jamás conocí a alguien que fuera tan querido como vapuleado por las mujeres. Tampoco a nadie que sea tan generoso y relajado con sus amigos y familia mientras que no puede evitar un cierto egoísmo y exacerbada exigencia con sus novias de turno. Siendo un hombre adorado por sus amigas, esto no evita que termine enemistado con la mayoría de sus ex novias. El otro día le comentaba que cómo puede ser que logre tanto cariño en algunas mujeres y tanto desprecio en personas que ha compartido cama, ilusiones y proyectos. Y él, gran cultor de la inteligencia racional, con varios doctorados y posgrados, reconoce que la razón más evidente es su carencia de inteligencia emocional. “Soy muy frío, no me gusta expresar lo que siento”, me dijo una vez.  “Si una mujer es muy cariñosa y me besa mucho, siento que invade mi espacio”, me confesó en otra oportunidad.

Ignoro si la mayoría de los hombres que repiten una historia de fracasos amorosos, tienen la misma conciencia de Juan.  Aunque parece ser que todos los que fracasan de forma asidua, muestran un afán perfeccionista y un elevado idealismo. Siempre se espera más de la otra persona. Sería sano y constructivo, que además de ser conscientes de nuestros errores, comencemos a evitar esa contradicción de ser buenos con unos y severos con otros. Si aceptamos los defectos de nuestros amigos y familia, podríamos también aceptar los errores de nuestra pareja. Si aceptamos que nuestros amigos se enfadan, estornudan, se equivocan, se lamentan y son en definitiva muy diferentes a nosotros, también deberíamos aceptar que el otro piense diferente a nosotros. Al final de cuentas, ¿alguien conoce algo más desparejo que una pareja?