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Hombres perros, mujeres gatas y reivindicando el realismo

Mientras en España aún se escuchan los ecos del triunfo del PP en las últimas elecciones, para no perder la costumbre estuve pensando en el amor. Pero no en cualquier tipo de amor. Estuve pensando en los amores perros y gatunos.(*)

En el marco de un documental que escribí y produje sobre el amor, titulado “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo”, que fue filmado en Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, aproveché para hablar sobre las diferencias entre perros y gatos con mi amigo, el escritor Francesc Miralles, partidario del amor gatuno. Ciertamente, el perro es más dependiente y necesita que lo saques varias veces a la calle. El gato se muestra independiente, solitario y suele demandar poca atención. Por lo demás, el gato acompaña sin demandar atención. Es diferente el perro que busca que le mimes, le hables, juegues con él y hasta que le digas que le quieres. Pensando en personas, cuando hablamos de un hombre que actúa como un perro, solemos pensar en alguien que engaña, es ruin y actúa con malicia. Cuando se habla de un hombre que es un perro faldero, pensamos en un tonto que acepta sin chistar todo lo que su mujer le dice. Contrariamente a esta expresión, existe la de fiel como un perro. Todo lo aguantarás porque como tu perro, ese hombre te espera, te celebra y te venera. En cambio, si le decimos a una mujer que es como una gata, aludimos a su astucia, sensualidad y flexibilidad. Si pensamos que además en Brasil se le dice gatinha a la chica guapa, entonces da más ganas de maullar que de proferir ladridos.

Al mismo tiempo, pensemos en nuestras relaciones. Si ladramos a nuestra pareja y a nuestros amigos como un perro, si demandamos constantemente cariño y una jornada intensa de atención, a la corta o la larga, el otro se aburre de nosotros. El mundo actual requiere de seres independientes y no dependientes. Nuestros resultados son diferentes si actuamos como un felino. La mujer de Francesc me confesó que ella cree que sus trece años continuados de amor se deben a que ella actúa como una gata: es silenciosa, independiente, deja espacio, no se entromete en su decisiones pero está presente. Pero más allá de cultivar el amor perruno o gatuno, Francesc opina que debemos cortar con la fantasía romántica que instaló “Madame Bovary”, la novela de Gustave Flaubert. En este libro, la heroína está insatisfecha de su matrimonio con un médico mediocre y rechaza su rol de madre. Se evade leyendo novelas románticas y buscando amantes que le prometan una mejor vida. Francesc cree que el secreto del amor estable es dejar de pensar que uno se tiene que quemar por dentro para sentir amor. El realismo o la aceptación del otro como un ser común y silvestre evita dolores de cabeza y desazones del corazón. Tanto se pide al otro de una forma intensa y rápida que las relaciones suele ser tan fugaces como los destellos de la pasión.

Este mismo realismo pero con una perspectiva más despiadada manifestaron algunos hombres argentinos y uruguayos al ser entrevistados para el documental. Los barceloneses suelen separarse o divorciarse cuando su pareja no les hace feliz. Los argentinos y uruguayos prefieren continuar su relación y recurren a amantes estables o esporádicas para volver a arder como Emma Bovary. Ya no hay amor, mucho menos pasión, ni siquiera caricias, ni comunicación ni comprensión pero subsiste el suficiente compañerismo para continuar con su matrimonio y no romper la armonía familiar. La familia triunfa sobre la pareja. En esta sociedad de perros fieles a la institución familiar, más partidarios de las obligaciones que de prodigar afecto, las esposas deberían circular como gatas y buscar nuevos tejados para reposar. Pero muchas no quieren o creen que no pueden.

(*) Columna realizada para la edición de diciembre de 2011 de Bernik Magazine

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De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.

Opciones en el presente y personas desechables

Internet ofrece muchas opciones. En un click, entramos en la tienda Dior y compramos el bolso modelo Pochette. Seguimos navegando y compramos unas vacaciones en Punta del Este. Desde Facebook, recibimos links a artículos de economía, belleza y política. De esa información, seleccionamos qué leemos, recomendamos y desechamos. También lo hacemos con las personas: seleccionamos a quién escuchamos, queremos y descartamos.

Esta facilidad de elegir las opciones que nos da la vida tiene que ver con la selectividad. Tenemos los cinco sentidos que nos permiten percibir el mundo. Cada percepción depende de nuestra biografía, experiencia de vida y teorías que hemos internalizado de nuestra familia, escuela, sociedad y cultura. Al percibir diferente, también seleccionamos de forma diversa. Hay seres muy cuidadosos y otros más propensos a absorber apasionadamente los datos que el mundo les ofrece. De estos últimos es mi amigo Jordi, un arquitecto de treinta y cinco años, que reconoce que no puede estar solo. Termina con una novia y a los dos meses ya conoce otra chica que le endulza la vida, y así en un ciclo interminable. Cuando le preguntas cuál de esas novias ha sido realmente la chica con la que él se ha querido establecer, tener una familia y comenzar un proyecto juntos, él dice que quizá la segunda de sus ocho novias. Cuando se le pregunta si está enamorado de su actual pareja, él dice que no lo suficiente pero reconoce que le resulta cómodo tener una pareja con la que compartir salidas y fines de semana.

Muy distinta es la actitud de mi amigo Andreu, un psicólogo de cuarenta años. Sólo sale con alguien si realmente siente atracción, deseo y un sentimiento cercano al amor. Él cree que su tiempo vale oro. En cuanto percibe que no siente ni sentirá amor por la chica que está conociendo, toma distancia y se aleja. Suele ser sincero y comunica con lujo de detalles sus razones para no amar. Durante su última relación, Andreu se encontró con una cuestionadora de su saber y hacer. La chica abandonada, reclamó amistad y consideración y pidió conversar personalmente. Él decidió dejarla por teléfono aunque ambos viven en la misma ciudad. Esta insistencia hizo que Andreu transformara su ser habitualmente paciente y bondadoso.

Acostumbrado a desechar la información que va recibiendo en la bandeja de entrada de su mail, decidió que esta mujer debería ser desechada y olvidada, como uno de esos spam que uno recibe diariamente. No sólo se negó a tomar un café, sino que además terminó convencido que era una obsesiva al estilo Glenn Close en “Atracción fatal”.

Si durante la relación esta chica se había mostrado cálida, comprensiva, empática y cariñosa, ¿qué había sucedido que Andreu ahora la consideraba un ser horroroso? Quizá porque parece que el reloj se detiene cuando sentimos peligro y miedo. Esa paralización hace que nos olvidemos el pasado feliz con una persona que en el momento presente nos está importunando. Cuando nos sentimos atacados por alguien que nos provoca, podemos ser emocionalmente eficaces y contestar con una frase llena de amor y paz. Pero también podemos actuar reactivamente y atacar con más fuerza al contrincante. Andreu suele ser muy hábil en sus relaciones, pero esta vez, sintió que ella sentía demasiado por él y atacó rechazando y repudiando la intención amistosa de ella. Mi amigo actuó como el niño que golpea a los menores en la escuela para proyectar fuerza en sus colegas de clase.

Al final, no es más que la demostración de un rasgo femenino el hecho de buscar explicaciones en asuntos del corazón. La necesidad humana de cerrar los asuntos hablando y hablando. No siempre esa pasión por las palabras dichas es entendida por algunos ánimos masculinos. Confío que Andreu descubra las trampas de la percepción de su cerebro, tome distancia y relativice. Eso es madurar. Eso es recordar y amar lo que vivimos y sentimos.

Podemos desechar mails, links, información, objetos, pero nunca podemos desechar personas, salvo que hablemos de maltratadores y autores de similares bajezas. Las mujeres y los hombres no somos productos desechables. Tenemos alma, voz y voto. A veces nos equivocamos. A veces acertamos. Pero al final de cuenta, como canta la gran Chavela Vargas, siempre volvemos al lugar donde amamos la vida.

(*) Columna escrita por Leticia Brando en la edición Invierno de Bernik Magazine, mayo 2010

La amistad o el arte de compartir la vida

Borja Vilaseca,periodista de El País, director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo y autor de “El principito se pone la corbata” ha sido el disparador para que se me ocurriera escribir esto sobre la amistad que hoy comparto en mi blog. Ahí va:

“Toda la vida he estado bien rodeada. La amistad es una de las formas que adquiere el amor y nos conecta con nuestra pulsión vital. Por lo demás, creo firmemente que un gran amor puede ser además tu mejor amigo.

Nuestros momentos de soledad son muy disfrutables pero cuando compartimos, la dicha puede llegar a ser inmensa. Somos mejores cuando damos y recibimos. Cuando tenemos un amigo al lado, los vaivenes del corazón se vuelven llanos y el intercambio calma la agitación momentánea. Los amigos nos permiten darnos cuenta que la omnipotencia es ineficaz por más que eso quiera decir el individualismo imperante. La necesidad de una palabra amiga en momentos duros nos conecta con nuestra humildad y acrecienta nuestro poder. Cualquier sueño tiene mayores posibilidades cuando se suman más de una mente.

Me considero muy afortunada en el ámbito de las amistades. Conservo aun amigos desde la niñez, la adolescencia y la Universidad. Mi avidez de conocimiento me hizo estudiar tres carreras universitarias: Psicología, Letras y Comunicación y esto no me aisló a centrarme a estudiar sino que acrecentó mis redes sociales. Solía organizar reuniones donde mezclaba a mis amigos de las diferentes facultades y así se creaban ambientes de lo más diversos.

En realidad, el mundo es cada vez más plural y cuando nos mezclamos es una forma de aprender de la peculiaridad del otro y ejercitar nuestra tolerancia. Quizá por la ausencia de hermanos varones y por la muerte temprana de mi padre, desde niña cultivo una sana y provechosa amistad con el género masculino. No digo que no he tenido algún dolor de cabeza porque algunos de estos amigos eran conquistadores encubiertos, o mejor dicho personas que tras su intención amistosa, ocultaban un deseo de conquista amatoria. Pero aun estos chicos, luego resultaron ser amigos entrañables. En el fondo, todos en esta vida queremos lo mismo: ser felices y descubrir los beneficios que implican el vínculo con los otros.

En suma, todo el mundo, sin importar raza, cultura, religión, sexo, es susceptible de ser mi amigo. Por ello, cuando critican este apogeo de las redes sociales, en mi caso, estoy encantada de tener más de 700 amigos en Facebook, que están cambiando el mundo. Creo que el mundo 2.0 es la gran revolución social y todos podemos hacer muchas acciones positivas desde estas redes. Las redes sociales aumentan nuestro horizonte de posibilidades en relación a la amistad y hasta los negocios. Pienso también en amigas mías tan queridas que están recuperándose de una dura enfermedad y la existencia de las redes sociales, les permite momentos de distracción y de entretenimiento. Pienso en una persona que no puede salir de su casa por estar convalesciente y que conecta en estas redes con sus amistades del pasado, algunos que viven a varios kilómetros de distancia, personas de su presente cercano y personas susceptibles de ser grandes amigos en el futuro.

Y pienso también un poco en este exhibicionismo que algunos practican escribiendo en el muro de alguien. Muchos lo critican pero en algunas ocasiones, esto puede tener el mismo poder didáctico que un graffiti removedor que sacude conciencias. Ahora no basta con el abrazo que damos en vivo y en directo. También podemos previamente decir las declaraciones más bonitas en segundos y para beneplácito de los voyeurs, estamparlo en el muro de alguien. En el último tiempo, me he reencontrado con gente fantástica, con amigos de mi adolescencia que me cuentan sus dichas y sus pesares. Algunos viven en Londres, Chicago, Miami, Montevideo, Brasil, Buenos Aires, México, Paris. El asunto reciente más bonito que me ha pasado es que opinando en la foto del bebé de un amigo, que vive en Miami, debato con su madre sobre la privacidad de las redes sociales. Tras intercambiar opiniones, me comenta que echa de menos a su hijo, su nuera y su nieto. Finalmente, nos damos cuenta que compartimos similar sensibilidad, no sólo porque las dos tenemos la familia lejos sino que a ambas nos apasiona el arte. Al final, tengo una amiga más en Facebook y una nueva persona para visitar cuando vaya a Montevideo.

Claro que uno no se hace amigo de alguien en segundos. La amistad como el amor requiere tiempo. Aunque siempre hay un comienzo y ahora tenemos más vías para estar más unidos y menos solos. Siendo una forastera en Barcelona, gracias a mi don para hacer amigos, he roto esquemas y prejuicios con respecto a Cataluña, a la que se le suele definir como una comunidad poco integradora. Puedo decir que además de tener amigos de distintos países, mis mejores amigos son catalanes. Ellos me escuchan, me apoyan en mis emprendimientos, me aceptan sin juzgarme, me desean lo mejor, celebran mi originalidad y son ellos unos de los motivos por los que sigo viviendo en esta ciudad”.

¿Se le puede tener fobia al amor?

Entrevista para El Mercurio de Chile

¿Se le puede tener fobia al amor?

Sentirse enamorado ya no es algo a lo que todos aspiren. Por distintas razones puede ocurrir que alguien renuncie al sentimiento más profundo que se pueda experimentar. Es una idea que ha rondado la discusión en muchos espacios, pero finalmente la necesidad supera a la opción porque ningún ser humano de carne y hueso puede vivir sin amor.
Viernes 19 de Marzo de 2010
Carola Inostroza

Casi cualquier persona diría que el amor es un sentimiento intrínseco de los seres humanos, pero algunos han llegado a pensar lo contrario. Tanto por complicaciones derivadas de trastornos psicológicos como por opción personal, ellos han dejado de sentir esta emoción. ¿Por qué tan así?

Pese a que la filofobia no es un término avalado oficialmente, recientemente se ha comenzado a usar para identificar el temor o miedo irracional a enamorarse o a vincularse sentimentalmente con otro y que es relacionado con la fobia social, enfermedad ampliamente estudiada.

“Lo que yo he visto sobre la filofobia es que en vez de presentar esta fobia social en un espectro más amplio- esto es, un temor a tener cualquier tipo de encuentro social- se singulariza la posibilidad de tener un encuentro amoroso o una relación sentimental”, aclara Domingo Izquierdo, psicoanalista y psicólogo clínico de la Universidad Andrés Bello.

Hay muchos motivos que generan este trastorno y muchas son las teorías que explican estas conductas. Se dice que estas personas filofóbicas eligen relaciones imposibles donde nunca podrán enamorarse o huyen de quien pueda sentir una atracción importante. Y pueden llegar a expresarlo incluso físicamente con sudación, latidos irregulares, falta de aire y otros síntomas. Ellos actúan de esa forma, según el psicoanálista, debido a que “tuvieron experiencias traumáticas en su infancia o fallas vinculares tempranas importantes, que luego tienden a repetir en nuevos vínculos afectivos”, señala Izquierdo.

Se habla de una alteración que requiere tratamiento tanto con psicoterapia como con medicamentos con ansiolíticos específicos para frenar este temor hacia el amor y hacia el otro, “configurado por muchos elementos psicopatológicos serios que alteran el funcionamiento normal de una persona y generan un detrimento en sus funciones personales”, explica.

No obstante, la falta de amor en muchos no se debe solamente a perturbaciones a nivel psiquiátrico. La distinción es clara entre los que “no se enamoran por tener una fobia de los que tienen un temor al compromiso o tienen dificultad para encontrar pareja y otros que por opción de vida deciden no tener relaciones amorosas”, distingue Izquierdo.

Tal como lo comprobó un estudio realizado por Parship, una agencia online líder en relaciones estables, más de 8 millones de personas son solteras en un país de 40 como es España. Pero tal tendencia no se limita solamente a países europeos. Hablamos de los “singles”, dispersos alrededor del mundo que muestran una “independencia afectiva, un deseo de no estar con alguien porque no hay presión, porque están bien solos y disfrutan con la familia, amigos y viajan o salen con total libertad”, afirma Leticia Brando, psicóloga uruguaya y single coach de Parship.

Brando quien también es autora de “Las mujeres y hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles” (2009)- que se espera llegué a Chile próximamente -trató de buscar respuestas a este fenómeno que ha hecho desplazar la importancia del amor en la vida de una persona y que ocurre principalmente en ciudades occidentales con un alto número de población.

Los solteros identificados en España, también fueron encontrados en otros países como México, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, los cuales sirvieron a Brando para mostrar que hay solteros porque quieren y por mucho tiempo. Ellos, como nadie, gozan de un individualismo “galopante y creciente” y que es signo de los cambios culturales que actualmente vivimos y de la hipermodernidad que estamos experimentando.

Puede ser miedo, indiferencia o inmadurez pero lo cierto es que hay muchas personas que ya no buscan el amor como antes. Según Brando, ahora impera vivir el día a día muy deprisa “con muchas actividades multiocupación y que reflejan el hedonismo que no deja tiempo para el amor que requiere proyección, futuro y tiempo”, indica, y que es configurado, además, por un avance en las tecnologías de información que “ha acortado el tiempo y el espacio para comunicarse, además de no estar presentes físicamente”, dice.

El amor ha comenzado a perder su sitial aspirado por todos los seres humanos, sin dejar de confundir con “enamoramiento” o atracción sexual “que hace que mucha gente pase esta primera etapa muy de taquicardia, muy de hormigueo en el estómago, pero que no logra conocer a la otra persona en todas sus virtudes y sus defectos”. El amor es un elemento cultural y un asunto muy serio que “requiere de personas maduras, de audacia y valentía para atreverse a conocer al otro”, sentencia Brando.

Este escenario parece augurar un final estrepitoso de aquel sentimiento que nos distingue como seres humanos. Sin embargo, los especialistas ponen paños húmedos a esta tendencia porque efectivamente nadie puede vivir sin amor durante la vida. El abandono del amor es un fenómeno “transitorio y remontable” como afirman Izquierdo y Brando.

La psicóloga uruguaya es optimista frente a estas personas que eligen no tener amor en sus vidas porque “hasta las personas más difíciles buscarán y encontrarán amor aunque suene tradicional”. Brando reconoce que existen factores propios de nuestros tiempos modernos que impiden desarrollar el amor en toda su magnitud pero llama a revalorar esos elementos genuinos que nos mueven a seguir viviendo.

“Es una etapa transitoria, debido a que en el fondo todos quieren terminar sus días con un compañero de ruta porque el hombre es un ser social. Para crear todo lo que tenemos ahora el hombre necesita unirse en cooperación, solidaridad, generosidad y estos valores que son muy positivos tienen al amor como el sentimiento más importante. Es lo que nos da sentido a nuestra vida”, manifiesta Brando.