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De restauraciones pictóricas, mentales y otros menesteres

Con las redes sociales comandando nuestras vidas, el mundo se ha hecho cada vez más global. Las buenas y las malas noticias se propagan por la red con la rapidez de un rayo. También se han globalizado los malos pensamientos. Mientras unos prueban las opciones para ser menos defectuosos asistiendo a talleres, cursos, siguiendo métodos  y leyendo libros variados, otros descargan sus males a través del hartazgo o la risa.  Porque esos son los caminos que quedan cuando los medios sólo hablan de crisis, bancos malos e inseguridad.

En España, muchos despotrican contra los intentos de gobernar de Mariano Rajoy. En Argentina aceptan resignados las medidas de Cristina y algunos echan de menos los tiempos de Evita y sus descamisados. En Uruguay, país seguro en sus tiempos de Suiza de América, los vecinos se enrejan y blindan sus puertas para evitar la invasión de los amigos de lo ajeno mientras su capital Montevideo transcurre con la misma calma y parsimonia de una aldea gallega. Estados Unidos habla por primera vez de crisis pero sigue marcando la diferencia y así el productor de cine Harvey Weinstein se inmiscuye en la política y sueña con la reelección de Obama.  Mientras suma admiradores en Hollywood, Barack  venera la actuación de Anne Hathaway en Batman. Pero sin duda lo que ha conmovido estos días al mundo, tanto de risa como de llanto, es Cecilia Giménez , una anciana de Borja, localidad de Zaragoza, España,  que intentó emular a Picasso en su reconstrucción del Ecce Homo del pintor Elías García Martínez. Seguramente la señora no pensó que a sus ochenta años iba a ser tan famosa ni que la fama podía causarle tanto malestar. En pocos días de estrellato, ya tiene hasta su propia página en Wikipedia.

El conocimiento de todos estos asuntos en apenas segundos nos permite cerciorarnos  del gran poder del marketing viral en esta primera década del siglo XXI. Basta que una persona haga un Twitt o un post en Facebook o un link en You Tube sobre el asunto de Obama, Cristina o la restauradora del Ecce Homo  para que una información se propague en segundos por el mundo entero. Unos minutos o segundos en la televisión valen más que miles de escritos sobre política, economía, antropología y filosofía.

Basta recordar que una de las razones del gran éxito de la película y posteriormente libro “El Secreto” de Rhonda Byrne fue la gran difusión que se hizo por las redes sociales. En ese filme, aparecían personas de distintas disciplinas opinando sobre el poder de la mente, los beneficios de la creación de pensamientos positivos y la creencia en la fuerza de la voluntad. Mientras el mundo occidental se sorprendía, los devotos de la filosofía hinduista y budista sabían que no había nada de nuevo en esta supuesta  revolución mental que promulgaba el agradecimiento y las buenas conexiones mentales.

Algunos europeos y latinoamericanos, con el aprendizaje de la meditación, ya hacían uso de su eficacia mental antes que personas de gran poder mediático como Oprah Winfrey y Larry King apoyaran esta causa en Estados Unidos. Sin necesidad de remontarse a tiempos milenarios, basta que nos remontemos a la década del cincuenta y ver cómo Fritz Perls construyó los principios de la corriente Gestalt. Junto a su mujer Laura, Perls estableció la importancia de vivir y sentir la realidad, el darse cuenta o tomar conciencia de lo que a uno le pasa (“awareness”) o asumir la realidad personal y no buscar los problemas afuera. O bien podemos ir aún más atrás y pensar en el libro “Emilio“(1762) de Jean-Jacques Rousseau, su tratado filosófico sobre la naturaleza humana, donde plantea al hombre como un ser genuinamente bueno, que luego es corrompido por la sociedad.

No es ninguna revelación el poder de nuestro cerebro y sus consecuencias positivas siempre que lo utilicemos de forma eficaz. Si el cerebro es el gran creador de nuestros pensamientos, debemos utilizarlo de forma productiva. Para ello, es vital desechar los pensamientos inútiles, fomentar los pensamientos positivos y eliminar los negativos, que desgastan nuestra energía anímica. Por tanto, el “secreto” de Rhonda Byrne  es más bien algo que hace siglos aplican muchas personas en Occidente, sin necesidad de recurrir a gurúes o a comunidades espirituales ni pensar en un mesías salvador que comunica el mensaje.  Tan sólo recurriendo a la meditación o lo que en coaching llamamos visualización.

Nuestra vida occidental nos aparta de los buenos pensamientos porque  muchas veces estamos más ocupados en pagar facturas, planificar reuniones, definir estrategias de negocio, inventar excusas para evitar algunos encuentros y nos olvidamos que antes que nada, debemos organizar nuestra mente.

Nos importa pensar bien para negociar bien con nuestros clientes, para declarar nuestra verdad sincera a esa persona que nos gusta, para que nuestra pareja entienda esa idea que queremos comunicarle, para actuar adecuadamente con nuestros amigos y colegas y dar ejemplo con nuestras acciones sin necesidad de dar consejos. Al final, la única verdad parece aludir a la frase cliché de siempre: nuestro cerebro puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo. Pero sólo si somos conscientes de su poder, podremos optimizar su funcionamiento. Quizá cuando asumamos la audacia de vivir como queremos, nos atrevamos a restaurar esa obra maestra, que puede ser nuestra vida. 

Indagando apreciativamente sobre las cifras españolas: despierta España de tu siesta

Desde hace un tiempo, me he decidido que este blog tendrá un mirada mía como coach, psicóloga pero no puedo evitar mi mirada como periodista y ser humano ante el mundo que se nos avecina. Desde hace un tiempo, también decido estar entre el lado de acá y el lado de allá, así que me duele especialmente todo lo que acontece en Europa(específicamente me  duele España donde estoy desde 2002) y también iré contando las posibles mejoras en mi América querida(específicamente las cosas que suceden en mi país natal, Uruguay y sus países cercanos como Argentina, Brasil y Chile. En ambos lados, la cuestión parece centrarse en transformar el bosque en dinero y poco interesa disfrutar el verde del follaje y vivir en paz sin tormentos sobre acreedores y crisis bancarias. 

Refiriéndome al lado español, observo que vivimos tiempos convulsos donde la cantidad parece dominar a la calidad. Al día de hoy en España, sabemos que  los países de la zona euro decidieron “prestar” 100.000 millones de euros  a la banca española y se asegura que “el dinero de todos está fuera de peligro”.  Sabemos que son 829 personas las víctimas de ETA, el IRPF sube un promedio de  222 euros por contribuyente, los estudiantes  pagarán un 15 o 20% más en su matrícula universitaria. Hace poco, en Madrid se aprobó la ley de la dinamización comercial: los comercios madrileños tendrán la libertad para abrir las 24 horas del día los 365  días del año.  11.000 euros cobra Kiko Rivera por una sesión de DJ. Los españoles gastan un 17% en restaurantes mientras que el resto de europeos apenas un poco más de 8%. Los mileuristas quejosos han dado paso a los que se conforman con 800 euros. La tasa de parados se acerca a 5 millones. Los días festivos de los españoles llegan a los 34 días, cifra escasa para los franceses que tienen 40 y menos suficiente para los finlandeses que tienen 44 días de vacaciones. ¿Qué pasa en España? ¿Mucha fiesta o mucha siesta?

El director  de Mercadona dijo recientemente que de esta crisis sólo se sale trabajando más y entonces me cuestiono si será verdad esto que es culpa de los españoles el desempleo, la burbuja inmobiliaria, la siesta y la fiesta.  Hace nueve años, en Paris, el propietario del hotel en que me alojaba, me comentaba que Francia y toda la comunidad  europea terminarían estallando socialmente como Argentina porque el ciudadano europeo era cómodo, vago y estaba muy acostumbrado al Estado benefactor y eso no siempre sería viable. Observando el lado de allá, las privatizaciones que se han hecho en Argentina, Chile y Uruguay y se ha intentado diluir el Estado Benefactor, esa tampoco ha sido la solución y así anduvo Cristina Fernández de Kirchner que logró recuperar Repsol YPF y casi logró que los argentinos olvidaran que una vez la privatizaron.

Y ya que estoy ahora inmersa en el tema de la indagación apreciativa o el arte de preguntar gracias a Miriam Subirana y su espacio Yesouisi, me pregunto muchas preguntas posibles para hacer ante este panorama incierto.

¿El sol, la playa y el turismo es lo único que funciona en España como piensan algunos? ¿Esta ley que permite a los comercios madrileños abrir durante todo el día todo el año implicará más trabajo? ¿O simplemente será un aumento de la precariedad laboral: más horas e igual sueldo para los mismos empleados?

Si como dice  Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, el dinero se da a España y no a los bancos, ¿entonces puede ese dinero destinarse a los habitantes que no pueden pagar su hipoteca y a los emprendedores que no pueden financiar su proyecto? ¿Con esta inyección de capital, los bancos dejarán de desahuciar a tantas familias como lo hacen cada día?

¿Los españoles deben trabajar como los chinos para salir de la crisis?

¿Qué están haciendo los empresarios para invertir en innovación en tiempos de crisis? ¿Es preferible contratar a veinte operarios en vez de contratar a tres competentes por el mismo salario? ¿Cómo podemos colaborar como coaches y seres humanos para lograr que este mundo sea más sostenible y habitable? ¿Será hora de dejar la siesta y la fiesta y ponerse a trabajar para el cambio como propone Juan Roig, presidente de Mercadona?

Muchas preguntas que requieren agentes de cambio y unas soluciones aquí y ahora. Hace unos años, se hizo el proyecto Despierta Argentina en plena crisis y estallido social donde se pretendía crear una nueva conciencia. Ahora es hora de despertar a España de ese letargo. Ya hemos visto que el dinero llega pero se reparte en los bancos. La gente está cansada y viene resistiendo. El gobierno de turno parece preferir los recortes y las subidas del iva, irpf y de las facturas de luz, agua y gas. La gente puede aceptar todos estos cambios con resignación o comenzar a despertar y crear una nueva revolución social, que proteja a los que tienen menos y no salve únicamente a los que tienen más.

Y para despertar, este “Exit Music(for a film”  de Radiohead que espero que inspire para levantarse y encontrar una salida.

© Leticia Brando, 2012. Toda reproducción está permitida siempre que se cite el texto original.

Reivindicando el derecho a trabajar y a disfrutar

En un mundo donde resuenan las palabras crisis, fin del trabajo, descenso de salarios, recorte de presupuestos y de créditos, llegamos a este primero de mayo de 2012, día emblemático cuyo trasfondo tiene poco para festejar. Me gustaría contarles a las almas de esos mártires de Chicago que la jornada laboral se ha reducido a seis u ocho horas y no decirles que aún hay empresas que proponen jornadas de doce horas para ofrecer salarios que apenas superan los mil euros.

También me gustaría decirles que ahora se permiten las manifestaciones, se censura la represión policial aunque sigue ocurriendo. También les diría que ahora existe el mobbing, el acoso laboral, que implica un maltrato psicológico a los trabajadores y que da tanto trabajo a mis colegas psicólogos en el tratamiento de las víctimas y a abogados y jueces en las demandas posteriores para resarcir el daño. También me gustaría decir que los gerentes saben liderar pero aún debemos intervenir los coaches en muchas empresas para trabajar sus habilidades directivas y su empatía. Me gustaría decirles que la mujer no posterga más su maternidad por su carrera y que el empresario valora que ella sea una parte importante en la creación de la especie. Me gustaría decirles que ya no importa si eres comunista, socialista, capitalista porque en el fondo, todos quieren lo mismo: vivir, salir a trabajar, ganar el pan sin el sudor excesivo de su frente y ser felices. Me gustaría decirles que la medicina y la psicología curan los males del siglo veintiuno pero sólo son antídotos temporales para funcionar un poco mejor. Nos queda el coaching, que tampoco es una panacea pero ha llegado para decirle a la gente que puede ser lo que quiere ser, siempre que se lo proponga y establezca metas y objetivos posibles.

La reivindicación del mundo actual es tener derecho a disfrutar. Si nuestros abuelos exprimieron su físico a diario para lograr sus propiedades y coches, ahora los jóvenes de hoy, con licenciatura y algunos másteres se preguntan dónde podrán hacer ejercicio de su derecho a trabajar. Mientras otros más listos emigran hacia tierras con más oportunidades, quedan los que no pierden las esperanzas. Los que se levantan temprano, estudian, salen adelante pese a las adversidades y los emprendedores que no se conforman con las cifras del paro o con los datos del Euribor. Los que sueñan despiertos que otro mundo es posible y crean cada día nuevas acciones para cambiarlo. Los que creen y quieren hacer, esa es la raza de hombres y mujeres que vale la pena homenajear en esta fecha tan especial.

© Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto está permitida siempre y cuando se cite la fuente original.

Cambio, reconstrucción y volviendo a creer

Pensaba en esa frase de Jean Paul Sartre, esa que dice algo así como que el infierno son los otros, una metáfora de la poca importancia que tenemos que darle a la opinión de los demás en nuestra vida. Muchas veces, los demás intervienen como consejeros en nuestra vida porque les hemos dado el espacio para ello.

Con la gente de nuestra confianza, solemos compartir información que consideramos privada. Cuando las cosas en nuestra vida no suelen salir como esperábamos, los conservadores de nuestra privacidad suelen aconsejar y vaticinar el futuro.  Eso crea miedos, inseguridades y barreras en personas que están atravesando un momento vulnerable. Por eso, ya sea a un cliente de coaching o de psicología como a una persona de mi confianza, siempre trato de separar aquello que me dice de lo que yo digo o hago. Porque así como al cliente no puedo aconsejarle ni decirle qué camino debe tomar, me parece muy atrevido aconsejar a un amigo sobre su futuro, como si tuviera el poder de anticipar los acontecimientos. Sería apresurado de mi parte y estaría sugestionando a alguien antes de tiempo. El famoso “no lo veo”, “tienes que abandonar esa idea porque no saldrá bien”, “la gente no cambia” son sólo creencias que dinamitan el camino. Porque la gente ve más de lo que quiere ver, puede más de que cree y cambia siempre y cuando una situación le incomode. Si no creyera en el cambio, no trabajaría de psicóloga ni de coach. De hecho, en unos días estaré en Madrid impartiendo un seminario de Gestión del cambio, que viene siendo uno de los temas más apasionantes en el mundo de las relaciones personales y empresariales.

Relacionado al cambio, recuerdo que hace unos años, cuando trabajaba de periodista en el diario La República de Uruguay, me encontré con un compañero, que apoyaba causas feministas y solía estar muy pendiente de todos los avances de la mujer en diversos ámbitos. Un día, curiosa ante esta versión uruguaya de John Lennon, le pregunté a qué se debía esa solidaridad con nuestras causas y él me confesó que se debía a un cambio. Él había sido muy machista recalcitrante, un celoso patológico, que no había dejado ni a sol ni a sombra a su ex mujer y un negador de sus cualidades. Un día, ella lo dejó,  lo que lo devastó emocionalmente y para recuperarla, él pensó que el mejor camino era cambiar. Además de escribirle grafitis románticos en algunos muros, este señor comenzó a ponerse en el lugar de su ex mujer. Casi sin darse cuenta, comprenderla a ella le hizo comprender la situación de otras mujeres, que son madres, trabajan, sacan a sus hijos adelante y progresan personal y profesionalmente.

 

Para poder generar ese cambio, debemos mirarnos adentro y arrojar luz a nuestro interior. Para cambiar, no podemos quedarnos aferrados al pasado ni a nuestros errores. Más bien, debemos darle un amplio vistazo a esos hechos pasados que hicimos mal y transformarlos en aprendizajes.  Para cambiar, debemos creer que es posible renacer, volver  a la pureza que teníamos cuando nacimos y eramos bebés indefensos. Para cambiar, debemos reconstruir esas partes que dejamos olvidadas: recobrar la paciencia, la paz, la calma, el amor. Para cambiar, debemos atrevernos a volver a creer en nosotros y en los otros. Aunque esa creencia en los otros, poco tiene que ver con el seguimiento de  las creencias y opiniones de los demás. La ignorancia de seguir a otros es tan nefasta como el ánimo  cerrado, que no comparte, juzga y se compara. El sol brilla desde lejos, no necesita decir “soy el sol que brilla”. Brilla naturalmente como cada uno de nosotros puede brillar con luz propia, sin necesidad de luces de neón. Porque así como no existe un desierto sin un manantial escondido, tampoco existe un corazón sin amor.

Y para rematar, el video de un hombre que supo evolucionar y cambiar, John Lennon y su bella canción “Watching The Wheels”.

© Leticia Brando, 2012. Toda reproducción está permitida siempre que se cite el texto original.

Give peace a chance

En coaching, constantemente se habla de soluciones,  diseño de objetivos, planes de acción y la importancia de trabajar las creencias del cliente para que perciba un mundo mejor. Algunos tipos de coaching como el ontológico tratan también la fase espiritual del individuo y creo que nunca como en estos tiempos para descentrarnos de las posesiones, los egos, los roles y las competencias.

Haciendo ejercicio de la psicología y del coaching, debo escuchar sin prejuicios lo que el cliente me narra.  Debo crear un contexto de confianza y confidencialidad donde el otro realice la apertura y trabaje sus miedos y sus sueños. Diría que un proceso de coaching exitoso se da cuando el cliente logra descubrir quién es, halla sus valores más positivos, que lo conectan con el camino que quiere seguir para concretar sus objetivos. Para este camino, es imprescindible que el cliente se conecte con su parte espiritual, con su ser más íntimo, con todo eso que poco tiene que ver con sus roles y posesiones. Stephen R. Covey habla de ética del carácter, otros hablan de valores, otros hablan de componentes del alma, lo cierto que siempre hay elementos internos que nos permiten funcionar mejor exteriormente. Lamentablemente, lo que está sucediendo es la conexión de la gente de afuera hacia adentro. Hay pocas personas que conectan con sus valores internos y viven en plenitud. La mayoría de personas asocian la felicidad y la dicha a la ausencia de problemas, a la posesión de bienes materiales, al logro de objetivos, a lograr una casa, un coche, una profesión, a tener éxito económico o profesional. Pero si centramos la felicidad en esos aspectos, como tenemos un tiempo por delante, que es cambiante y fluctuante, algún día, pueda que no tenga mi coche, ni mi casa y algún día quizá también deje de ejercer una profesión. ¿Eso significa que dejaré de ser feliz? Si me aferro a lo material y a lo exterior,  la ausencia de esos bienes significará la infelicidad. Pero si me aferro a lo espiritual, todas las crisis y guerras del mundo, no podrán arrebatarme lo que Viktor Frankl llamó la libertad última.

Pero principalmente la conexión con el ser nos conduce hacia la paz. Recientemente leo muchas cosas llenas de violencia y agresividad en personas influyentes. Desde el actor Ezequiel Campa, conocido por sus espectáculos de stand up que desde su Twitter lanza frases siniestras donde expresa un deseo de asesinar a un grupo de niños que hacen ruido en su edificio hasta personas del ámbito del desarrollo personal que promueven la paz, el amor, la felicidad y constantemente se comparan con otros colegas, para marcar que ellos están en un escalón superior. Los dos casos me parecen preocupantes. Uno es un actor argentino, seguido por 38.587 seguidores en Twitter que declara su deseo de asesinar, aunque sea en broma, suena un tanto desagradable en estos tiempos donde se hace necesaria la paz y armonía. El otro tipo de ejercicio, de buscar las incongruencias en colegas que hacen lo mismo me parece un aspecto poco pacífico, que cada vez más leo en algunos bloggers influyentes. La comparación con otros. La crítica destructiva a ideas y pensamientos. Cuando el maestro critica a otros maestros, me temo que los alumnos débiles harán lo mismo y se creará un círculo de queja, lamentos y carencias. Creo que estamos para ver diversidad de criterios y no debemos compartir todo pero sí respetar las diferentes visiones del mundo. Cuando un coach o psicólogo se muestra tan rígido en sus creencias, al punto de no aceptar al que piensa diferente, creo que debe rendir unas materias en su dimensión espiritual, que le desinflará su ego y le conectará con su ser. Al final de cuentas, ni la paz, ni el amor ni la felicidad son temas de predicadores sino de practicadores. Porque sigue siendo bonito practicar el amor, dando y recibiendo de gente que nos reconforta el corazón. Porque tras duras batallas, siempre llega una tregua para respirar y sentir paz. Y porque si somos felices dando paz y amor, será casi natural engendrar proyectos que nos conecten con la vida.

Y los dejo con un programa que hice en el espacio de coaching que tuve en “Hola Barcelona”, presentado por la excelente periodista, Olga Valencia.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto está permitida siempre que se cite el texto original.

Especial para hombres y mujeres: entre machos y hembras está la cuestión

Llegamos al 2012 y estamos celebrando otro 8 de marzo, otro nuevo Día Internacional de la Mujer trabajadora, día que se presta para todo tipo de mal interpretaciones. Erróneamente se cree que es para celebrar la presencia de la mujer en la tierra. En realidad, el 8 de marzo es una fecha de reivindicaciones por injusticias sufridas en la figura de la mujer. Porque lamentablemente aún en el siglo XXI muchas mujeres  sufren mutilación genital en África, otras son lapidadas en Kabul por adulterio, o son vendidas por sus padres para casarse contra su voluntad o son obligadas a llevar burka porque son un bien más del hombre, o en países occidentales, muchas mujeres siguen ganando un treinta por ciento menos que los hombres por el mismo puesto de trabajo.

Hace unos días, me desperté a la madrugada. Estaba en la cama de mi casa de Montevideo y una mosca de esas insistentes se me aparecía en mi oído derecho zumbándome con insistencia. Pude evitar sus alas revolotear en mi tímpano cuando me cubrí toda la cara con la sábana y continué durmiendo. Lamentablemente muchas mujeres y niños son las principales víctimas en países africanos de la malaria, esa enfermedad que es transmitida por el mosquito del género Anopheles. Como paradojas de la vida, tan sólo las hembras de esta especie son las que se alimentan de sangre para madurar los huevos mientras que los machos no pican y no pueden transmitir las enfermedades porque sólo se alimentan de néctares y jugos vegetales. Pero en el reino humano, las cosas son diferentes. Los machos pican hace tiempo, establecen territorio y deciden por  el destino de muchos hace siglos. En momentos, son capaces de las mejores obras y de ahí podemos evocar a grandes como Leonardo da Vinci, Albert Einstein o Miguel de Cervantes Saavedra  y en otros momentos, los machos de la especie humana quieren recolectar néctar, jugos, pieles, oro, marfil, petróleo y por ello inventan cacerías, búsquedas del tesoro, guerras y tratados.

Observando rezagadas, siempre han estado las hembras que aprendieron de tanto ver y hoy hay presidentes mujeres que detentan el poder y demuestran que se puede liderar en femenino sin dejar de usar falda ni dejar de maquillarse. De ese estilo es Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina,  Dilma Rousseff, presidenta de Brasil y Laura Chinchilla, presidenta  en Costa Rica. Ya Michelle Bachelet dejó su cargo hace un tiempo como presidenta de Chile en 2010 y hoy es la directora ejecutiva de ONU Mujeres y sigue haciendo de las suyas en pro de los derechos de las mujeres en el mundo.

Claro que surgen los comentarios suspicaces de ellos que piensan que Laura Chinchilla no lo tiene tan difícil gobernar un país pequeño como Costa Rica sin ejército. Más allá de las sospechas sobre el liderazgo femenino, la mujer viene avanzando terreno pero aún su presión es mayor. La capacidad de relajación no parece posible. No sólo porque el hombre político parece que se le permite las arrugas, los kilos de más y las canas pero ellas tienen que estar impecables como si recién hayan salido de la peluquería. Algo similar resulta con sus decisiones socioeconómicas, que van a ser observadas con lupa por el propio país que las votó.

De todos modos, con tantas presidentas mujeres en América, podríamos decir que los tiempos han cambiado. En cambio, otros países como Afganistán se mantienen en la cápsula del tiempo. Recientemente terminé de leer “Mil soles espléndidos” de Khaled Hosseini, escritor afgano radicado en Estados Unidos desde 1980 y que ha creado su propia Fundación para ayudar al pueblo afgano. Quedé muy conmovida por la historia de Mariam y Laila, dos mujeres afganas que deben superar el miedo y los maltratos de un marido opresor, que las trata como una propiedad más de su casa, las maltrata casi diariamente y las obliga a llevar burka cuando están en el exterior. Pensé entonces que esa novela surge de hechos reales que suceden aún en Kabul. La mujer como una propiedad del marido, que es vendida por los padres cuando apenas es adolescente. Pensé también la fortuna que tenemos en Occidente por decidir con quién nos vamos a casar y cuándo nos  vamos a separar si un hombre no nos hace feliz, ni hablar si es un hombre que nos maltrata psicológica o físicamente. Pero lamentablemente, también en países avanzados como Estados Unidos, España, Argentina, Chile, Uruguay, muchas mujeres ilustradas, que tienen acceso a la salud y a la Universidad, son maltratadas y se niegan a dejar su hogar porque sienten que su verdugo es también su esposo y les cuesta salir de ese círculo vicioso. Si alguna mujer que lee este post y ha sufrido casi diariamente de indiferencia, silencio excesivo y malos modos de su pareja, órdenes de que se calle la boca, debe saber que eso es maltrato psicológico. No temas abandonar ese maltratador porque por fortuna,  hay una cantidad de hombres dispuestos a querer a la mujer de forma sana y constructiva. Si la que lee este post es una mujer que sufre de maltrato físico, recurre a tus números de ayuda en tu país porque nadie es más importante que tú y nadie que te quiere, ejerce la violencia contra ti. No es el mismo destino que las mujeres de Kabul porque ellas no siempre tienen una legislación que las respalde. Pero el infierno que viven esas mujeres no difiere demasiado del que deben vivir algunas mujeres que sufren maltrato en su hogar en el mundo occidental. Si eres hombre y estás leyendo este artículo, gracias por acompañarnos en este camino de dar vida a nuevos seres, de acompañarnos en este cambio de roles, de no temer llorar cuando algo te conmueve, tampoco olvidarte de contenernos ni de abrazarnos cuando estamos débiles, ni de dejar de enorgullecerte con cada logro nuestro. Gracias, macho de la especie, por enseñarnos que no siempre la multi tarea es buena cosa y que a veces es mejor focalizarse en una cosa cada vez y principalmente gracias por atreverte a compartir con nosotras.  Como ya dijo Boutros Ghali, ex secretario Gral de la ONU, “la humanidad posee dos alas: una es la mujer, la otra el hombre. Hasta que las alas no estén igualmente desarrolladas, la humanidad no podrá volar. Necesitamos una nueva humanidad. Necesitamos volar”.

© Leticia Brando, 2012 Toda reproducción de este post está permitida siempre que se cite la fuente original.

Hombres perros, mujeres gatas y reivindicando el realismo

Mientras en España aún se escuchan los ecos del triunfo del PP en las últimas elecciones, para no perder la costumbre estuve pensando en el amor. Pero no en cualquier tipo de amor. Estuve pensando en los amores perros y gatunos.(*)

En el marco de un documental que escribí y produje sobre el amor, titulado “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo”, que fue filmado en Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, aproveché para hablar sobre las diferencias entre perros y gatos con mi amigo, el escritor Francesc Miralles, partidario del amor gatuno. Ciertamente, el perro es más dependiente y necesita que lo saques varias veces a la calle. El gato se muestra independiente, solitario y suele demandar poca atención. Por lo demás, el gato acompaña sin demandar atención. Es diferente el perro que busca que le mimes, le hables, juegues con él y hasta que le digas que le quieres. Pensando en personas, cuando hablamos de un hombre que actúa como un perro, solemos pensar en alguien que engaña, es ruin y actúa con malicia. Cuando se habla de un hombre que es un perro faldero, pensamos en un tonto que acepta sin chistar todo lo que su mujer le dice. Contrariamente a esta expresión, existe la de fiel como un perro. Todo lo aguantarás porque como tu perro, ese hombre te espera, te celebra y te venera. En cambio, si le decimos a una mujer que es como una gata, aludimos a su astucia, sensualidad y flexibilidad. Si pensamos que además en Brasil se le dice gatinha a la chica guapa, entonces da más ganas de maullar que de proferir ladridos.

Al mismo tiempo, pensemos en nuestras relaciones. Si ladramos a nuestra pareja y a nuestros amigos como un perro, si demandamos constantemente cariño y una jornada intensa de atención, a la corta o la larga, el otro se aburre de nosotros. El mundo actual requiere de seres independientes y no dependientes. Nuestros resultados son diferentes si actuamos como un felino. La mujer de Francesc me confesó que ella cree que sus trece años continuados de amor se deben a que ella actúa como una gata: es silenciosa, independiente, deja espacio, no se entromete en su decisiones pero está presente. Pero más allá de cultivar el amor perruno o gatuno, Francesc opina que debemos cortar con la fantasía romántica que instaló “Madame Bovary”, la novela de Gustave Flaubert. En este libro, la heroína está insatisfecha de su matrimonio con un médico mediocre y rechaza su rol de madre. Se evade leyendo novelas románticas y buscando amantes que le prometan una mejor vida. Francesc cree que el secreto del amor estable es dejar de pensar que uno se tiene que quemar por dentro para sentir amor. El realismo o la aceptación del otro como un ser común y silvestre evita dolores de cabeza y desazones del corazón. Tanto se pide al otro de una forma intensa y rápida que las relaciones suele ser tan fugaces como los destellos de la pasión.

Este mismo realismo pero con una perspectiva más despiadada manifestaron algunos hombres argentinos y uruguayos al ser entrevistados para el documental. Los barceloneses suelen separarse o divorciarse cuando su pareja no les hace feliz. Los argentinos y uruguayos prefieren continuar su relación y recurren a amantes estables o esporádicas para volver a arder como Emma Bovary. Ya no hay amor, mucho menos pasión, ni siquiera caricias, ni comunicación ni comprensión pero subsiste el suficiente compañerismo para continuar con su matrimonio y no romper la armonía familiar. La familia triunfa sobre la pareja. En esta sociedad de perros fieles a la institución familiar, más partidarios de las obligaciones que de prodigar afecto, las esposas deberían circular como gatas y buscar nuevos tejados para reposar. Pero muchas no quieren o creen que no pueden.

(*) Columna realizada para la edición de diciembre de 2011 de Bernik Magazine