Archivo de la categoría: Psicología

Te agradezco pero no

Mi amiga Ivana tiene una frase que utiliza frecuentemente para quitarse los hombres que la invitan a salir y no son de su interés. Ella suele utilizar la frase “te agradezco pero no”.  Esta sería una forma elegante y amable de dar calabazas además de ejercer  la sinceridad sin tapujos. Pero, ¿qué pasa con esas personas que abusan de la palabra “gracias” y la utilizan como un slogan publicitario?

Desde hace unos años, toda la filosofía de The Secret, la película y libro de Rhonda Byrne que promueven el  pensamiento positivo, trajo tras de sí   una ola de cultores de la buena onda. Quizá este post no sea de agrado de los cultores de El Secreto porque  según Byrne, si critico, culpo o me quejo de algo, no soy agradecida. Pero espero que se tome esto como crítica constructiva porque no dejo ver el lado positivo a El Secreto: abrió el campo del pensamiento positivo a mucha gente. Si tenemos en cuenta que los abogados de Byrne demandan a diestra y siniestra en relación al libro y la película, entonces luego veremos qué es ser agradecido según la autora. Más allá de sus demandas, debemos agradecer a Byrne y su obra porque el número de gente amargada y pesimista no beneficia a nadie. No les hace bien a ellos mismos porque tanta amargura les puede traer úlceras, problemas cardíacos y hasta pueden ser las semillas de la gestación de un cáncer. Tampoco el pesimismo beneficia a los psicólogos y coaches porque  las personas que ven todo negro, en muy pocas oportunidades creen que pueden necesitar de ayuda. Más bien creen que el mundo es cínico, malvado y deben aceptarlo.

Mientras tanto, hay una gran proliferación de propuestas que hablan de pensar bien, actuar mejor y así obtendremos mejores resultados. En estas propuestas, me incluyo porque mi seminario “Pensar bien, actuar mejor. Técnicas de coaching y sistémica para una vida sin estrés” suele tener lista de espera en varios lugares de España. También haré uso de herramientas de coaching que nos ayuden a pensar bien en el próximo taller “Conseguir la felicidad en el amor” que impartiré junto a Pedro Amador.

Mi uso del lenguaje positivo  no evita que reflexione sobre el exceso de hipocresía en su grado de apariciones. Mi deducción surge tras intercambiar un par de mails con algunas personas que trabajan en desarrollo personal. Con ninguna de ellas, pude sentarme a conversar o negociar propuestas pero suelen terminar la comunicación con un gracias por todo. Cuando a esa persona le di algo, ya sea mi tiempo, mi dedicación, mis planes y hasta mi ayuda, entiendo el gracias por todo. Pero cuando apenas intercambié un mail corto y conciso con una pregunta simple, el gracias por todo me resulta exagerado y hasta irónico. Otras personas cuidan más el lenguaje y con un amable saludo dan por terminada la cuestión, sin tirar flores antes de tiempo. Este gracias por todo es una aplicación extrema de la filosofía de El Secreto. Allí se nos dice que seamos agradecidos a la vida pero eso no es nada nuevo porque  ya lo cantaba Violeta Parra y lo promueve la cultura judeo cristiana. El agradecimiento siempre es positivo pero es la consecuencia  de recibir algo a cambio. Si decimos gracias como loros, entonces nadie nos creerá cuando las decimos realmente de corazón.  Un gracias a nuestra pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, padres no es dañino pero un gracias por todo suena irónico cuando no se ha dado nada al otro. Por lo demás, no todas las personas merecen nuestro gracias. Si todas las personas merecen nuestros agradecimientos,  el esfuerzo del otro de dar una buena acción no tendría ningún valor.

Similar a esta actitud es cuando leo en el libro de un amigo que tiene tres páginas de agradecimientos. Sólo pienso que eso es válido si esa lista de personas participó en la investigación o escritura del libro. Pero en más de una ocasión, los agradecimientos  son sólo una caricia en el ego para los que los reciben. El autor dice palabras bonitas que quedan selladas por el papel. Muchas de las personas a las que agradece, hoy no forman parte de su vida, antes tampoco la formaban porque a muchas de estas personas las vio en contadas ocasiones. Entonces surge la reflexión sobre el adorno detrás del gracias. Te digo gracias porque queda bonito, lo imprimo, lo ve todo el mundo que tú eres mi amigo, que te agradezco y luego si te he visto no me acuerdo,  aunque si te conectas al Facebook probablemente te recuerde porque ahí todos nos miran y debemos seguir nuestra amistad buena y sana desde allí. Las redes sociales han permitido  que el mundo esté más conectado pero también han creado círculos de hipocresía donde las personas sólo hablan e intercambian si se hace desde Facebook, Twitter o Linkedin.

Cuando todos merecen una dedicatoria, se corre el riesgo que nadie se sienta merecedor de esos laureles. En cambio, cuando restringimos el campo del gracias a personas que nos han aportado amor, respeto, honestidad, paciencia, escucha, ahí las declaraciones tienen más poder porque están en consonancia a lo que recibimos.

Espero que la gente siga agradeciendo y conectándose con su alma y su corazón. Pero que no olvide que la compasión que sentimos hacia las personas pesimistas, arrogantes o violentas, no implica agradecerles como si fuera una grabadora que tenemos instalada en nuestra lengua. Decir “Gracias” no debería ser una marca de fábrica pero es verdad que un gracias bien dado a alguien del que recibimos tanto, nos acerca a las puertas del cielo.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto es posible siempre que se cite la fuente original.


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862 Valencia y el auge del voluntariado social

La inteligencia artificial frente al pensamiento limitado. La comida chatarra frente al vegetarianismo. El ahorro frente al consumo desmedido. La eternidad de lo escrito frente a la fugacidad de la imagen. Niños ensimismados ante su PlayStation frente a niños que devoran los clásicos de la literatura.  Posiblemente, estas contradicciones, tan familiares al vértigo cotidiano, hicieron que Dave Eggers y Nínive Calegari fundaran 826 Valencia en 2002.  Con sede en San Francisco, esta organización sin fines de lucro fomenta el voluntariado social al mismo tiempo que permite que niños desde los seis a los dieciocho años puedan lanzar sus propias publicaciones literarias y comics.


Vivimos en un mundo donde todo se rige por la tecnociencia y la economía de mercado. Un universo donde se dice más de lo que se hace mientras se lee tanto como se escribe. No hay menos lectores ni menos escritores en el siglo XXI. Contrariamente al pensamiento de algunos apocalípticos, las nuevas tecnologías requieren una mayor disposición a  la lectura. Desde hace un tiempo, el libro, las revistas y el periódico han agregado otros artefactos para la transmisión del género literario. Ahora la gran red de redes es la vedette indiscutida en este show de lectores, ávidos de voyerismo y de escritores, deseosos de exhibirse. Con el consabido manejo del marketing que tiene el país del Norte, el escritor Dave Eggers y la educadora Nínive Calegari buscaron una alternativa solidaria para combatir la procrastinación internauta.

El cometido de Eggers y Caligari ha trascendido la enseñanza de técnicas de escritura a niños de seis a dieciocho años. Además, este centro de San Francisco ha generado todo un movimiento cultural, que ha concentrado tutores voluntarios, dispuestos a ofrecer su tiempo para promover las habilidades de incipientes escritores. Conscientes que los maestros de San Francisco estaban abrumados por el crecimiento del número de alumnos en sus aulas y la imposibilidad de transmitir información de calidad, fundan esta organización sin fines de lucro, que cada mes recluta nuevos tutores y mentores voluntarios. Tras el mito del sueño americano, que todo lo puede y todo lo compra, también surgen contra-movimientos que apelan a la unión y la solidaridad, construyendo los cimientos del nuevo voluntariado social. Si el tiempo es un bien escaso en este nuevo mundo, los educadores de 826 Valencia destinan parte de sus horas libres para impartir clases a estos niños.

Mientras Calegari se ha centrado en la faceta didáctica de la organización, Dave Eggers ha sido la imagen y principal promotor del proyecto en los medios y la opinión pública. Eggers es una figura prominente en la escena literaria de su país. Escritor bestseller con su primer libro A Heartbreaking Work of Staggering Genius. Su segunda novela  Ahora sabréis ha sido publicada hace unos años. Finalista del premio Pulitzer, Eggers fundó además  McSweeney’s,  un proyecto formado por una web, una editorial y la revista The Believer, cuya editora es su mujer, la también escritora, Vendela Vida.  Si a esto sumamos, su activismo en derechos humanos, su creencia en los beneficios del  trabajo comunitario, no quedan dudas que ha sido uno de los contrincantes más severos que ha tenido George W. Bush durante su mandato. Cuando el gobierno de Bush Jr. pretendió recortar los fondos a AmeriCorps, organismo que financia los principales programas de voluntariado de Estados Unidos, Eggers no dudó en manifestar su libertad de expresión en el país más democrático del mundo. “Hay que señalar que los cien millones de dólares que podrían salvar a AmeriCorps es inferior a una décima parte de lo que gastamos en Irak cada semana”, escribió en una de sus columnas en McSweeney’s.

Pero Eggers también es un hombre de acción y la teoría la expresa más concretamente en sus libros y artículos. En la práctica, anda muy inmerso en este universo de contradicciones. Por tanto, Eggers no ha dudado de buscar por sí mismo las ayudas y los financiamientos cuando así lo han requerido sus emprendimientos editoriales aunque no ha descuidado la libertad creativa. Posiblemente, ese ser libre e independiente lo ha llevado a creer fervientemente en la fuerza de la solidaridad, la cooperación y el voluntariado para que los estudiantes mejoren su formación y estén preparados para el competitivo mercado laboral.

En las noches y durante los fines de semana, el centro 826 Valencia propone una gran variedad de talleres de escritura gratuitos para escolares y estudiantes de Instituto. En esas clases, los niños y adolescentes aprenden a escribir ficción, no ficción además de aprender ilustración, diseño, maquetación y el arte del debate. Impartidos por escritores, editores de revistas, maestros y directores de cine, 826 Valencia es la cara amable y bonita que combate la mediocridad del sistema educativo americano, tan reverenciado a nivel universitario pero tan vapuleado a nivel escolar. Posiblemente, conscientes de la precariedad de la formación en esos primeros años,  Eggers y Calegari buscaron cubrir diversas áreas que los programas educativos oficiales no suelen incluir.

La variedad de programas gratuitos que ofrece 826 Valencia se desarrollan a lo largo del año escolar y también en los meses de verano, lo cual incluye asistencia por parte de tutores especializados, trabajos de campo, talleres de diversos temas y publicación del trabajo de los estudiantes.

Además del progreso de 826 Valencia en San Francisco, en los últimos años Eggers ha reclutado voluntarios para operar programas similares en Boston, Chicago, Los Ángeles, Nueva York, Michigan y Seattle. Esta propagación del programa de Eggers y Calegari viene a contrariar también el ánimo de los cultores del egoísmo e individualismo. En este túnel en el cual nos hemos metido, no sólo hay números, parece que también hay letras y seres ilustrados, que nos marcan el camino.

(C) Leticia Brando, 2011. Toda reproducción del texto puede ser realizada siempre que se cite el texto original.

 

Tras tantos días de oscuridad, otra vez el triunfo del amor

Dice Joan Manuel Serrat que nunca es triste la verdad pero lo que no tiene es remedio. En los últimos días, los que tratamos de practicar la paz y el amor en nuestras vidas, fuimos testigos de una verdad horrorosa. Junto al amor, el respeto, la paz, la cooperación, la solidaridad, la unión,  sigue conviviendo el miedo, el dolor, la culpa y el odio. Claramente todos percibimos de forma diferente la realidad pero quizá en la educación escolar, deberíamos agregar una asignatura llamada Tolerancia y así se evitarían el crecimiento de estos seres que creen en una superioridad de razas o de naciones.  Sinceramente, creo que la fuerza del amor siempre es más potente que cualquier anti valor pero eso no parece haber pensado el ultraderechista Anders Behring Breivik, de 32 años, autor confeso de la doble matanza de Noruega.  Disfrazado de policía,  primero colocó un coche bomba cerca de la oficina del gobierno en Oslo y mató a 7 personas. Luego  partió hacia la isla de Utoya donde se organizaba un campamento de jóvenes de la Liga Juvenil del Partido Laborista. Estamos hablando de chicos y chicas de entre 15 a 22 años que se reunían para debatir  temas de igualdad de género, medio ambiente y política internacional.  Lamentablemente logró matar a 68 jóvenes y el resto se salvaron porque fingieron estar muertos, otros trataron de huir, nadando las heladas aguas noruegas hasta la costa más cercana. El asesino ya testificó y no se arrepiente porque como todo psicópata cree estar salvando al mundo de los musulmanes y de los marxistas. Otro pensamiento que sólo fomenta el odio, la ira y la rabia. Mientras este señor testifica y espero sea juzgado, las familias lloran desconsoladas sus muertos.

En Londres, también recibimos la noticia de la muerte ya anunciada de la cantante Amy Winehouse. Con una voz prodigiosa, Amy cantaba mejor que Billie Holiday pero sus vicios eran mayores.  Finalmente ingresó en el club de los 27, ese que forman Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain. Bendecidos por el talento, fueron maldecidos por sus excesos que los llevó a morir con apenas veintisiete años. La vida de Amy como la de sus compañeros de club siempre estuvo sujeta a su adicción a drogas diversas como el crack y la heroína. En sus últimos conciertos ya casi no cantaba, simplemente se tambaleaba y era respaldada por un corista negro, de maravillosa voz y presencia. Por tanto, como ella rezaba en uno de sus temas “Back to black”, Amy seguramente ha regresado a la oscuridad porque ella hace tiempo eligió huir de la luz. Si en el atentado de Noruega, subyace la ira, la rabia y el odio, en la muerte de Amy podríamos decir que se esconde un hastío y nihilismo, que la estaba exponiendo hace años a caminar en la cuerda floja entre la vida y la muerte. Finalmente venció la última.

Afortunadamente, la selección de fútbol de mi pequeño país, Uruguay quiso demostrar que no todo es horror, muerte, odio, miedo y dolor. Conectados a la fuerza de la vida, ganaron la Copa América y sumaron 15 copas a los triunfos del país. Liderados por uno de los mejores coaches del mundo, el maestro Óscar Washington Tabárez,  los Diego Forlan y Lugano,  Luis Suárez, entre otros, nos iluminaron un ratito a todos los que estábamos siguiendo el partido por la televisión o por Internet.

Entonces potenciando valores como el amor, la cooperación, la generosidad,  el respeto, lograron alzarse con la copa América, ganando 3 a 0 a la selección paraguaya. Otra vez el país de fiesta y sólo espero que esa fuerza celeste se propague a ese país que un día fue llamado la Suiza de América. También espero que la fuerza del amor combata estos brotes de odio y aprendamos que la diferencia hace la riqueza del universo humano.

Y les dejo con uno de los mejores temas de Amy Winehouse, que espero que al menos ahora descanse en paz.

Otra entrevista en La Vanguardia para saber si a la pareja hay que decirle todo

El periodista Jordi Jarque que ya me había entrevistado en febrero de 2011, me volvió a entrevistar para el suplemento Estilos de Vida para saber si a la pareja hay que comunicarle todo.

Secretos en pareja

No explicarlo todo no está reñido con la confianza

ES | 24/06/2011 – 11:08h

En el contrato no escrito de una relación sentimental estable se aconseja alimentar la comunicación y la sinceridad. Pero ¿realmente se cuenta todo? ¿Es necesario?

A veces es mejor tener la boca cerrada en casa Getty images

La Luna no revela la parte oculta, al menos si se mira desde la Tierra. Forma parte de su misterio. Y parece que en una relación de pareja tampoco se desvela todo. También hay partes ocultas. Pero no está tan claro si eso fomenta un saludable misterio en la consolidación de la pareja, o fomenta la desconfianza y la incomunicación. ¿Hay que contarlo todo a la persona que de manera estable forma parte de nuestra vida? ¿Es necesario decirle todo lo que se piensa de ella o compartir todo lo que sucede en el interior de cada uno? Hay respuestas para todos los gustos.

Preguntadas al azar a diez personas, tanto hombres como mujeres, de entre 20 y 70 años, ocho de ellas afirman que nunca hay que contarlo todo, que eso sólo fomentaría discusiones que no llevarían a ningún lugar, o que les gusta sentir que conservan parte de su intimidad, algo así como un espacio inviolable. Las otras dos personas, dos mujeres de 34 años y de 40 años, respectivamente, no conciben una relación de pareja sin poder contarlo todo y que les cuenten todo. “No tengo nada que esconder ni tiempo para esconder nada. Tengo absoluta confianza en mi pareja, así que se lo explico todo. Y no concibo que mi pareja no me contara todo. Para mí sería una señal de desconfianza. Si no quisiera compartirlo todo es que no me quiere realmente”. Uno de los chicos entrevistados, de 20 años, aporta la siguiente reflexión: “¿Si tú mismo no sabes todo de ti, cómo vas a explicarlo todo?”. Después añade que, en cualquier caso, la confianza no aparece el primer día como un milagro. Es un proceso, “y en la medida que vas ganando confianza, te vas abriendo más y compartiendo más intimidades”. Y otra mujer, de 47 años, asegura que prefiere jugar a ser un poco misteriosa con su marido, sorprenderle, que tenga cosas por descubrir. “Si lo sabe todo de ti ya no tendré nada nuevo que ofrecerle y se cansará. No tendrá ningún aliciente. Y no se trata de confianza o desconfianza. Si hubiera desconfianza no podría planteármelo de esta manera”. Las personas mayores que rozan los 70 años son más contundentes en sus respuestas, tanto hombres como mujeres, y afirman que nunca hay que decirlo todo. “Las verdades, sólo las justas y para que sean constructivas. Si no, mejor no decir nada o, en todo caso, mentirijillas piadosas. También forma parte de la complicidad decirle a tu esposa de 68 años que es la mujer más bonita. Ella se anima más y se pone un poco más coqueta y de buen humor. Me gusta hacerla feliz de esta manera”. “Si veo que mi marido la ha fastidiado en algo prefiero no decirle nada y que se dé cuenta él mismo, sino él se siente cuestionado y que ya no puede con todo. Con 70 años mejor reforzarle que hundirle más. Así se siente más seguro y está menos nervioso. Mejor vivir tranquilos. Además, así me mima más, es más atento y se muestra más cariñoso. Mejor no contarle todo lo que veo. Ya me lo decía mi abuela y tiene razón”.

¿Y qué aconsejan los expertos? ¿Hay que contarlo todo? El abanico de respuestas es amplio y aportan sus matices.

El misterio también tiene su papel. Leticia Brando, psicóloga y Single Coach en España y México de Parship GmbH, una agencia on line de búsqueda de pareja estable, presente en varios países de Europa y América, afirma que en una relación de pareja “hay que ser honesto, hay que ser auténtico, pero no significa que el otro sepa todo de ti. La feminidad es un misterio, y eso forma parte del atractivo de la mujer. Hay que saber mantener ese misterio para que el hombre vaya descubriendo siempre algo nuevo”. Por otra parte, hay diferencias entre hombres y mujeres, tal como señala Leticia Brando: “A los hombres les cuesta ser misteriosos”. Y, sin embargo, tienen dificultades en compartir su mundo emocional, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel asegura que los hombres son más cerrados, y Juan Manzanera afirma que en los hombres es más fácil que les dé miedo la fusión. “Enseguida se ahogan, necesitan más espacio. En cambio, las mujeres tienden más a la fusión. En cualquier caso, es importante no negar que cada uno tiene su propia intimidad y fluir entre la fusión y la individualidad”. Ciara Molina explica que, en el día a día, “habrá gente que explique más o menos cosas a la pareja, pero cuando sabemos gestionar nuestras emociones en tanto en cuanto nos afectan y afectan a la persona con la que estamos, muy pocos son los que verdaderamente lo cuentan todo. Aunque la comunicación es imprescindible cuando compartimos sentimentalmente la vida con alguien, el omitir ciertos momentos de esta no quiere decir que se esté engañando a esa persona, sino que es un compendio que necesitamos para protegernos emocionalmente a título individual”.

Se cuente o no se cuente, las mujeres se percatan enseguida de que los hombres les ocultan cosas, asegura Leticia Brando. “Además, con la edad, el poder intuitivo de una mujer se refina y descubren antes lo que ocultan los hombres. En cambio, las mujeres saben ocultar mejor”. ¿Esto es mejor o peor para la estabilidad de una pareja? Esperanza Pérez comenta que en toda relación de pareja hay cosas que no se dicen para que el otro no lo pase mal. Y relata el caso extremo de una paciente que durante un tiempo llevó una doble vida sin conocimiento del marido, pero que eso salvó el matrimonio. “Reconocía que si no fuera por su amante no hubiera mantenido su matrimonio. En cambio, así fue feliz. Curiosamente, el amante le daba estabilidad en la relación con su pareja, a la que, por otra parte, no quería perder y no perdió. El amante también le daba una morbosidad que con el marido no tenía. Estas situaciones son más habituales de lo que se cree”. ¿Dónde está el límite de lo que se cuenta y lo que no?, se pregunta Juan Manzanera. Y él mismo responde: “Saber reír juntos. Ahora mismo estamos en una época que predomina la independencia, sin demasiada fusión. Y preservar tanta autonomía también es negativo. Hay un exceso de individualidad”. También hay personas que sencillamente tienden a comentar pocas cosas de sí mismas, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel habla de personas introvertidas, “hay que entender que no lo expliquen todo, pero poco a poco se van abriendo si en la relación se alimenta la confianza”.

En cualquier caso y, como afirma Janai Colimon, “hay que construir una nueva forma de relacionarnos”. ¿Qué forma? En teoría casi todo el mundo lo sabe. En la práctica queda mucho camino. En eso estamos. “Y nos cuesta tanto porque todavía quedan por descubrir muchas capas de uno mismo”, termina por decir Julia Pretel. Algo así como descubrir la cara oculta de la Luna.

Para leerla completa en La Vanguardia.

Ser felices: el poder de elegir y ser libres

El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta, como un estado de bienestar ideal. Para algunos, la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.

¿Dónde buscar la felicidad? ¿En acontecimientos externos y materiales o en nuestras propias disposiciones internas?

Desde un punto de vista psicológico, se suele estudiar el bienestar subjetivo de cada individuo y sus consecuencias en su familia, pareja, amigos y trabajo. El abordaje de la felicidad suele ser propiedad de la filosofía pero nunca como en esta época moderna, hemos estado tan necesitados de filosofía, que alimente el alma y espíritu.

Desde las nuevas terapias alternativas, algunas corrientes psicológicas como Gestalt y los seguidores de Oriente, se nos pide que nos centremos en el presente y dejemos de lado el pasado. El interés se centra en el aquí y ahora.

Por el otro lado, desde los principios del coaching ontológico, se resalta la importancia de las metas, de los planes a futuro, mientras que el presente y el pasado son tiempos secundarios.

En el psicoanálisis se hace necesario ahondar en el pasado para descubrir las causas de los síntomas del presente.

En la práctica, sabemos que para que algo salga bien, debemos centrarnos en nuestros proyectos actuales y no lamentarnos de lo que no hicimos en el pasado. Pero recurrir al pasado, a los errores cometidos, nos sirve para perfeccionar nuestra accionar actual. Por otra parte, los planes de futuro nos crean esperanza, ilusión, uno de los motores más potentes para tener una vida optimista. De esta manera, se hace esencial aprender de las experiencias pasadas para cambiar y evolucionar.

La condición de ser felices viene asociada con una autoestima sólida, que permanece y no fluctúa. Gracias a esta autoestima, sabremos la importancia de rememorar con agrado nuestra historia, sin arrepentimientos y la ilusión de proyectarnos en el futuro.

AUTOCONOCIMIENTO PARA ELEGIR
Cuesta creer que es posible ser feliz tan sólo con el viaje al interior hacia uno mismo. Parece una frase cliché que repite un sector minoritario. Pese a la tristeza, el crecimiento de la depresión, el crecimiento del individualismo, la deshumanización de la sociedad en este auge de la robótica, los seres humanos se han formado para estar contentos y felices.

La felicidad es lo opuesto a tristeza, depresión, ansiedad, estrés, los grandes males del siglo. Es importante pensar de forma positiva aunque las circunstancias sean adversas. Cuando la persona está deprimida, su percepción es que todo es demasiado malo o demasiado difícil y esto le hace perder objetividad.

La felicidad es un concepto con profundos significados. No solamente los alegres son felices. No necesariamente debemos dejar de ser felices porque en nuestra vida se cruzan otras emociones como el dolor ante la pérdida de un ser querido, o la incomodidad de no conseguir los objetivos deseados en un trabajo, o la impotencia frente a la falta de compromiso de otras personas en un proyecto común que se debe liderar.

La vida no está exenta de obstáculos y no por ello, debemos reaccionar negativamente. Pensemos que nuestra vida es una gran película, donde somos los actores principales, nos relacionamos con algunos otros protagonistas, actores secundarios, que aportan algo al guión pero no son esenciales y los obstáculos, problemas, discusiones, rupturas, pérdidas serían como cuando se descompone algún aspecto técnico en el medio del rodaje del film. Los desperfectos técnicos no deben evitar que la película siga rodándose, son solamente detalles que debo solucionar y mientras lo hago, continúo tratando de vivir mi personaje de forma creíble y honesta.

Si supero los desperfectos técnicos, si dejo que sean sólo detalles sin importancia, tendré mi película, lograré mi objetivo. Además del aprecio a uno mismo, a sentirnos capaces de dar y recibir amor, otro asunto esencial en el logro de la felicidad es nuestro derecho a elegir. Si no podemos tener capacidad de elección, estamos como prisioneros en un mundo sin libertad. Elegir el curso de nuestra vida nos acerca a ser felices y libres. Elegimos a quien amar, en qué trabajar, qué decir y en qué invertir nuestro tiempo. Y ante el obstáculo, elegimos superarlo y no sentirlo como una desgracia.

EL PODER INTERNO DE LA RESILIENCIA

Relacionado con esto, está el tema de la resiliencia, la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas graves. La resiliencia es una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que experimentaron una situación traumática, han conseguido superarla y seguir desenvolviéndose y viviendo en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. La resiliencia resulta ser un ajuste saludable a la adversidad. En algunos casos, puede ser la capacidad de superar una ruptura en el amor, la capacidad de cambiar de país, volver a empezar tras diez años sin trabajar en el caso de una ama de casa, transformar un despido en una experiencia enriquecedora como la creación de un nuevo proyecto laboral, o en un alto ejecutivo puede ser el riesgo de salir de su zona de comodidad, dejando la empresa donde ha trabajado toda su vida.

Por más obstáculos que tengamos si sentimos motivación, reaccionaremos positivamente para concretar nuestros fines. La motivación es la actividad dirigida a algo y en su búsqueda, las personas experimentan sentimientos positivos profundos.

Para proyectarnos de forma positiva al futuro, el optimismo es una condición esencial. El optimismo puede definirse como una disposición de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

Las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosos y a tener mejor estado de salud física. Las personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza suelen obtener resultados positivos en el futuro y creen en su propia capacidad para alcanzar metas. Estas personas tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes.

Por mi experiencia de vida y la comprobación de algunos casos científicos, he comprobado casos de enfermos de cáncer terminales, a los que se les pronostica una expectativa de vida de apenas 6 meses, en los casos de los enfermos optimistas, los que hicieron uso de su energía positiva, ven alargado su tiempo vital, contrario a todos los pronósticos.

Si en vez de tratar de ver que podemos superar una enfermedad, una crisis económica, o de pareja, nos tornamos pesimistas, difícilmente veamos la luz. Todo radica en el enfoque que se vean las cosas, en el poder de elección y de decisión de cada persona. Si nos empeñamos en ver inconvenientes y problemas, nos volveremos desanimados y apáticos. Si miramos la vida del lado optimista, encontraremos soluciones, ventajas y posibilidades.

(*)Licenciada en psicología y single coach, consultora en desarrollo personal

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©2011. Leticia Brando. Todos los derechos reservados. Cualquier reproducción de este texto sólo será permitido si se cita la fuente original.

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Y la felicidad, ¿alguien cree que la puede comprar en las últimas rebajas?

Sumidos en un mundo materialista que privilegia el tener al ser, los hombres y mujeres han pasado otra vez las fiestas navideñas con una agenda colmada de compras, compromisos, obligaciones y con ciertas expectativas existenciales. Transcurrido este ambiente festivo, ahora llegan las rebajas. Pero los hombres y mujeres siguen ansiando que este año les depare paz, salud, dinero y por supuesto, amor.

Las personas más relajadas se plantean la época pos navideña como un buen momento para la reflexión y para disfrutar de la familia. Entre tantas compras y tanta imposición a ser buenos y caritativos, surgen diversos planteamientos. ¿Es necesario comprometerse a tantas comidas y cenas si no apetece? ¿Ha sido tan terrible la idea de reencontrarse con esa familia tan temida? ¿Y cómo nos situamos ante este nuevo año?

Conozco mucha gente que siempre está disconforme con su vida. Vive agobiada por las cuentas a pagar, o por lo que opinan los otros sobre su vida o por todo lo que aún no han hecho. En realidad, ese tipo de personas suelo observarla más en ciudades como Montevideo, donde la sociedad de control como dirían Michel Foucault o Gilles Deleuze es mucho más evidente. Allí las presiones sociales a tener pareja, una familia y un buen trabajo son las principales causantes de la culpa tan temida. El peso de la familia como núcleo social es tan evidente que no es posible ser sin antes ser observado y juzgado. La mirada es inquisidora, severa, crítica y entonces la persona actúa en función de lo que se espera que sea. En cambio, en ciudades como Barcelona, donde hay una gran confluencia de culturas, donde hay mucha gente que viene y va, las presiones son simplemente para llegar a fin de mes o pagar la hipoteca y los más opulentos en pasar de un Audi a un Mercedes Benz, o los más modestos pensarán en cambiar la bicicleta por una scooter. Pero en la capital de Cataluña no hay tantas imposiciones sociales de cómo debería ser la vida de uno. El individualismo tiene sus ventajas también y una de ellas es que cada uno puede hacer lo que quiere. Cada uno es libre de ser lo que quiere ser y por tanto, cada uno es responsable de sus consecuencias. Ya no se puede culpar a la maestra, a mamá o a papá de los errores propios. El mal no es ajeno pero la vergüenza sí, por supuesto. Esto de avergonzarse al mirar al otro porque se atreve a hacer algo que nunca haría también acontece en Cataluña. Los montevideanos y los catalanes, tan lejos y tan cerca, al fin de cuentas.

Tanto estemos en Barcelona como en Montevideo, lo cierto es que siempre surge el reclamo inocente de pedir al nuevo año que sea mejor que el anterior. Sería mejor evitar las especulaciones y programarse en positivo para el nuevo año. Para ello, nada mejor que reemplazar aquello que parece malo por algo que se proyecta como muy bueno.

Hacia una vida feliz

De esta manera, los empresarios pueden apartar la palabra crisis de su mente y pensar en la cantidad de oportunidades y caminos nuevos que se pueden tomar en 2011. Además tenemos la oportunidad de estar más tiempo con los padres, hermanos, primos, y esos familiares a los que se aprecia pero que no se puede estar mucho tiempo en el resto del año.

Otro reemplazo posible es dejar de lamentarse por no haber recibido un regalo grandioso ni agobiarse por gastos y compras desmedidas a diversas personas. Mejor pensar que es lo que hemos dado o recibido en este último tiempo que no haya sido necesariamente material. Puede ser ese “te quiero” que aún no hemos dicho o ese beso que no hemos aún dado.

Posiblemente el reemplazo esencial que podemos hacer en estas fechas es el de abandonar esa especie de castigo emocional a la que se someten muchos hombres y mujeres: el castigo por lo no conseguido. No siempre es productiva la autocrítica ni la crítica excesiva a los otros. El perfeccionismo y el excesivo detallismo nos impiden disfrutar de las cosas. El goce de la vida supone más amplitud de miras y no está exento de ciertos momentos de tristeza.

Ese proyecto que no se ha alcanzado, esa mudanza que se sigue prometiendo para el año próximo, ese viaje postergado, ese amor no consolidado. Mejor evitar esas preocupaciones tan vinculadas con la culpa. Resulta más sano y más productivo, trazar nuevos objetivos si los anteriores no se han cumplido. En este camino de renovación, de programación de nuevas metas, también vale pensar en nuevos proyectos que sean posibles a corto o mediano plazo. Puede ser la inscripción a clases de guitarra, o de flamenco, o de salsa, o la vuelta a la Universidad a hacer un posgrado, o aprender pintura, o programar nuevas vacaciones con los hijos.

Sencillamente, comenzando con estos reemplazos: de la presión familiar al disfrute de la familia, del gran dinero gastado en presentes sin significado a regalos significativos y de la sensación de fracaso a la motivación ante nuevos proyectos, comenzaremos a caminar hacia una vida feliz. La felicidad no es la carencia de sufrimiento ni significa una opulencia de riqueza y belleza. Las personas que obtienen la felicidad, lo hacen porque antes han aprendido a superar los aspectos negativos en su vida. Aceptar los miedos, los obstáculos, las debilidades y las fortalezas nos van acercando a nuestro ser feliz.

Por tanto, es importante detectar aquello que nos genera bienestar. Si anhelamos imposibles, es probable que estemos alejados de nuestro bienestar emocional y nos sintamos frustrados. Pero si reconocemos que nuestro bienestar puede estar más unido a compartir con nuestro núcleo afectivo, padres, hermanos, hijos, amigos o en soñar y dibujar nuevos emprendimientos, eso nos acercará más a una vida más plena.

© Leticia Brando, 2011 Toda reproducción debe citar el texto original

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