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El tiempo que nunca sobra pero siempre falta

Recientemente tuve el placer de impartir varias conferencias a la nueva generación de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay. Además de comenzar a trabajar como docente en algunas asignaturas, previamente se me solicitó que les hablara sobre Gestión del tiempo a los alumnos de Montevideo, Maldonado y Salto.

Sin duda, el tiempo es un tema apasionante desde cualquier perspectiva, ya sea desde la historia, la filosofía, la economía o la mera cronología. Desde muy joven, me declaro una curiosa de todo lo que acontezca en este tiempo, tanto en nuestro tiempo mental como histórico y filosófico. Como madre, me maravillo de los avances de mi pequeño bebé, Nicolás, agradezco que su papá sea tan buen compañero en este tiempo que nos tocó vivir,  admiro cada día más a todas las madres del mundo y como tantas, debo conciliar el tiempo de mi familia con mis consultas de coaching y psicología, mis clases como docente en la Universidad y el armado de Ruta feliz, un programa de televisión de desarrollo personal, que se emitirá en Nuevo Siglo Tv y donde me acompañará Pedro Amador, otro inquieto en indagar el alma humana.

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Por todo esto, considero que no podemos medir el tiempo por el dinero que invirtamos o ganemos.  El tiempo es más valioso que el dinero. Porque es un recurso irrecuperable y limitado. Aunque nos cueste reconocerlo en esta época tan dinámica y cambiante, la pérdida del dinero suele ser relativa porque ocasionalmente surgen las posibilidades de volverlo a recuperar. En cambio, el tiempo se marcha de forma irreversible.

Aquello que pasó sólo podemos evocarlo con la fuerza de la nostalgia y con cierta melancolía por lo que ya no es. Hace unos años, tuve la oportunidad de conversar con Emilio Cuatrecasas, presidente de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, uno de los bufetes de abogados más importantes de España, quien me confesó que lo único que le faltaba en su vida era tiempo. No sólo Cuatrecasas quiere más tiempo. Muchas madres trabajadoras quieren tener más tiempo con sus hijos y evitar una doble jornada en casa y en la oficina. Muchos ejecutivos de multinacionales ansían pasar más tiempo en sus hogares que encima de aviones. Mucha gente se lamenta de todas las veces que ha perdido el tiempo. Otras personas ven la vida como un camino indefectible hacia la vejez y las arrugas y tratan de evitar ese camino a través de las cirugías y el botox. En cambio, los niños y los jóvenes hacen un uso indiscriminado del tiempo, como si la vida fuera interminable.

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En nombre de hacer más cosas en menos tiempo, las horas y los minutos que llenan nuestra vida pueden convertirse en nuestros enemigos. El tiempo se nos escabulle o nos sobra o nos falta. Pero es una de las preocupaciones actuales. El tiempo a envejecer, el miedo a no aprovechar el tiempo, los plazos de entrega de un trabajo o proyecto, las presiones de algunos para llegar a fin de mes.Entre tanto, poblamos nuestro tiempo de una serie de rutinas. La mayoría de hombres y mujeres están acostumbrados a la rutina de ganar dinero y gastarlo. Con los vaivenes económicos, las personas limitan esos hábitos consumistas que se han vivido en los últimos años y recurren a conservar lo más esencial.

De todos modos,  el tiempo sigue siendo oro. En el mundo de la empresa, la eficiencia es fundamental. Nuestra cultura se enorgullece de este tipo de eficiencia multi-tarea. Leemos mientras comemos, miramos la TV mientras estudiamos,  y pensamos en nuestros problemas mientras conducimos.   Lo cierto que el aspecto más común en el manejo del tiempo es que las personas suelen ser reactivas en vez de proactivas. En vez de actuar hacia metas a largo plazo, reaccionan a presiones externas.

Una manera de actuar de forma proactiva es utilizar la tecnología para organizar nuestro tiempo de forma efectiva. Para ello, debemos ser simples y no cargarnos con varias agendas, ni varios cuadernos, ni varios teléfonos. Basta que tengamos un laptop, un cuaderno, una agenda, un celular, eso es una forma de fácil acceso a nuestra información. Si tenemos varios objetos, la información también estará en varios sitios. En cambio, si simplificamos, será sólo un lugar donde vayamos a buscar esos datos. Por supuesto que esto no evita que hagamos las suficientes copias de seguridad de la información.

Otro tema muy usual que nos impide ser efectivos con nuestra agenda es el uso abusivo del mail. A veces una llamada simplifica el asunto y eso evita una cadena de mails por el mismo asunto. La tendencia al mail se debe a que se cree que se molesta si uno se atreve a llamar. Lo cierto que una llamada o una reunión personal muchas veces evita una correspondencia larga, tediosa y repetitiva.

Para saber si estás haciendo un uso efectivo del tiempo, mira tu escritorio. Revisa si tienes papeles, post it, trozos de recortes, varias tarjetas y carpetas sin apilar. Si ese es el aspecto de tu escritorio, comienza por ordenar y de esta manera, comenzarán a ordenarse tus ideas y planificaras con mayor cautela y firmeza. Tras mirar tu escritorio, trata de observarte a ti mismo. ¿Sueles procrastinar, es decir posponer las cosas para después? ¿Cuántas cosas tienes pendientes hace más de seis meses? ¿Cuándo crees que sea el momento de comenzar a hacerlo? Quizá la manera que dejes de procrastinar sea que te marques una lista de cosas para hacer que sea posible, concreta y alcanzable. Enumerar diez cosas pendientes hace que te agobies y sigas sin hacerlo. En cambio, si te marcas hacer primero lo que más te gusta, seguro que llegarás más pronto a hacer eso pendiente que no te agrada tanto.

Para terminar, los dejo con un video muy divertido sobre esto de procrastinar

Sobre la eficacia mental y las emociones que nos causan los políticos

¿Somos emocionalmente eficaces?

“Es una falta de respeto eso que hace usted”, me increpa fríamente una señora con acento alemán y de unos sesenta años en un supermercado de Barcelona. “Señora, ¿qué le molesta que me tome mi tiempo para poner la comida en las bolsas. ¿Ha visto todas las cosas que llevo? No sufro de estrés así que no veo la prisa”, le comento amablemente. “Pero están las personas esperando, debe hacerlo más rápido porque quedamos pendientes de pasar”, me dice elevando la voz. “Señora, he esperado que el cliente anterior ponga sus cosas en las bolsas y no me ha impedido ir guardando mis cosas. Puede usted hacer lo mismo y no esperar que yo termine”, le contesto en un tono firme. “Es una falta de respeto que no se apure y no haga eso de forma rápida”, grita esta vez la señora. “Señora, la que está faltando el respeto es usted al ofenderse porque yo no asumo una actitud de persona estresada y con prisas. No se puede ofender que las personas no tengan sus mismos tiempos. Cada persona escribe, camina y pone la comida en las bolsas al tiempo que considera oportuno para su ritmo corporal”, concluí nuevamente de forma amable.

Ante la ira de la señora, debí apelar a todo mi control emocional para no reaccionar reactivamente y ser un reflejo de su ira y su agresividad. Lamentablemente, día a día, estamos sujetos a este tipo de reacciones de las personas que nos rodean. La intolerancia, el egoísmo y la falta de empatía es un caldo de cultivo del estrés que nos rodea. Pero para dominarlo, debemos reconocer esas emociones que están circulando. 
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Durante la última década y sobre todo gracias a los aportes de Daniel Goleman, autor del libro “Inteligencia emocional”, han aparecido muchas investigaciones científicas sobre la emoción. No sólo por la aparición del escáner cerebral que nos permite ver cómo pensamos, sentimos, imaginamos o soñamos según el momento sino por los aportes de la ciencia certificando la influencia de las emociones positivas en la salud y el bienestar.

En el lenguaje popular, las palabras “sentimientos” y “emociones” se utilizan indistintamente pero no son lo mismo. Los sentimientos son la parte consciente de las emociones. En realidad, las emociones básicas son las que nos vienen por herencia biológica y son universales. Todas las culturas reconocen al miedo, la ira, la tristeza, la alegría, la sorpresa y el asco. Luego aparecen emociones más complejas, que se componen de las emociones básicas pero con influencias culturales. De ahí surgen los celos, la envidia, la vergüenza. Estas emociones son más individuales, ya que unos sienten celos con ira mientras otros lo mezclan con tristeza. El país influye mucho. Por ejemplo, una emoción típicamente española y latinoamericana es la vergüenza ajena o también considerado sentido del ridículo. Esta emoción compleja prácticamente no existe para los ingleses y franceses.

En el último tiempo, muchos políticos españoles han señalado una especie de vergüenza ajena ante cada nueva actuación del gobierno español. Ante el nuevo programa de gobierno dispuesto por el presidente español Mariano Rajoy, este no difiere demasiado del descontento que causaba  José Luis Rodríguez Zapatero. Su predecesor tenía la  intención de aumentar la inversión en innovación y en tecnología, promovía  los lemas “menos ladrillo y más ordenadores” o “menos petróleo y más energías renovables”,  y cuando se aspiraba a ese modelo, era inevitable que surgieran emociones como el “miedo al cambio”. “¿Cómo vamos a hacer si la construcción mueve al país?”, decían los escépticos. “¿Pero qué sucederá con el futuro de tantos arquitectos, constructores y obreros?”, cuestionaban otros. “¿Y las personas que dependen económicamente del oro negro?”, preguntaban otros. Aunque luego también aparecen apoyos que hablan de tiempos dinámicos y sostenibles. Sin duda, cualquier propuesta de acción económica a seguir no está exenta de una reducción de beneficios en otros ámbitos y un inevitable “miedo” ante lo imprevisto. Hoy Rajoy promete un gobierno exento de corrupción ante el descubrimiento de 11 millones de euros en una cuenta en Suiza a nombre del ex tesorero de su partido. Y tan sólo puede soñar que descenderá el desempleo en un país donde la gente lucha cada día para no perder la esperanza.

Por lo demás, en estos tiempos de cambio y crisis, no siempre los empresarios y trabajadores están preparados para la carga psíquica, física y psicológica que implican las novedades. Más allá de enseñarles a regular sus emociones a los trabajadores y empresarios, también sería bueno comenzar con el problema desde la raíz. El autoconocimiento, el autocontrol, la proactividad, la interdependencia, la empatía, el arte de escuchar, resolver conflictos y cooperar con los demás deberían ser habilidades de aprendizaje en las escuelas tanto como el inglés, catalán, Matemáticas. 

Pero mientras las instituciones y los organismos del gobierno se ponen de acuerdo, desde Single Coach actualizo mi curso “Líderes con Inteligencia Emocional” que combina la Gestión del tiempo y técnicas de coaching para perder el miedo a hablar en público. Al mismo tiempo porque creo que el amor es una de las emociones más positivas del ser humano, sigo recomendando mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(*).  Este libro inspiró mi documental sobre amor “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo“, que pone en imágenes este mundo posmoderno de encuentros y desencuentros entre hombres y mujeres.

¿Quieres dar tu opinión sobre este tema? Escribe a info@singlecoach.es

Y los dejo con un vídeo relacionado con las emociones de una conferencia que realicé hace un tiempo en el Fnac L’Illa de Barcelona.

(*)El libro es el producto de una investigación que cuenta con testimonios de hombres y mujeres de Argentina, España, Estados Unidos, México y Uruguay. Puedes comprar el libro en Fnac, Excellence, Bertrand, Catalonia y Jaime s y más librerías de España.  El documental se inspiró en el libro pero su guión es totalmente diferente.

Las vacaciones y el tiempo para una pausa

Mientras Barcelona recibe su invierno con un clima bastante agradable, en Montevideo acontece el verano. Cuando suben las temperaturas, muchas personas se despojan de sus ropas y de muchos prejuicios. El verano parece ser la estación ideal para disfrutar del amor y de la amistad, hacer ese viaje que teníamos postergado, cambiar ese hábito que nos ha traído problemas con los otros. También es la etapa ideal para revisar nuestras dudas y certezas y emprender un nuevo camino en caso que sea necesario. Pero sobre todo es el tiempo para hacer eso que no siempre tenemos tiempo. Y para dejar de vivir tan acelerados. El verano y las vacaciones no nos permitirán detener el tiempo pero sí disfrutarlo más, sin agobios ni presiones.

Buen tiempo para el amor

Los expertos señalan que las feromonas humanas, esas sustancias causantes de la atracción entre hombre y mujer, tienen un efecto mayor con los primeros calores. Con el alargamiento del día, el calor provoca que las personas pasen más tiempo fuera de casa: paseando, haciendo compras, disfrutando la playa o en la piscina. Del mismo modo, las personas parecen más propensas a relacionarse. Además de ser un buen momento para comenzar a ocuparse de uno mismo y dejarse de preocupar por cosas vanas e inútiles, las vacaciones son también un buen momento para mostrarnos más abiertos al contacto con el otro. 
Otros dicen que las vacaciones son el desencadenante de rupturas. La rutina y los hábitos de cada uno se ponen en juego aquí. Él puede pensar que las vacaciones son un momento ideal para descansar y alejarse de todo contacto con el exterior. Y ella puede pensar que es el momento perfecto para salir, divertirse, practicar diversos deportes y disfrutar de todas las excursiones que se presenten. En este caso, se hace imprescindible que cada uno respete los gustos del otro sin dejar de ser ellos mismos.

Cuando surge el conflicto ante la diferencia, resulta beneficioso revisar, analizar y discutir sin faltar el respeto. La negociación es básica en el amor. Por tanto, puede que ella prefiera salir de compras por los mercados del pueblo y él prefiera yacer en su tumbona, dormitando o leyendo el periódico. Eso no quiere decir que sean incompatibles. Simplemente que en ese momento les apetece distintas cosas. Respetar los tiempos de cada uno es primordial para lograr una buena relación. En este caso, lo más efectivo sería acordar que ella vaya a sus compras, él permanezca tumbado y luego se encuentren en el chiringuito de una playa cercana.

Tiempo de reencuentro con amigos y familiares

Durante nuestras vacaciones, podemos enfocarnos en proyectos que habíamos dejado pendientes. Una salida a pescar con algún familiar, un fin de semana con amigos, una cena pendiente con compañeros de trabajo. Después de todo, no hay mejor tiempo perdido que el tiempo invertido con nuestros afectos.

Aprovechar las vacaciones para emplear bien el tiempo

Para conocer el verdadero valor del tiempo, debemos disfrutarlo y no sentirlo como algo que se nos evade. Si empleamos mal el tiempo, es natural que nos quejemos de su brevedad. Efectivamente, tenemos un 7 por ciento más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20 por ciento más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar las numerosas opciones que tenemos.
Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo.

El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte. Si antes de partir de vacaciones, solías tener esas agendas colmadas, que te dejaban con agotamiento, puedes comenzar a renunciar y priorizar. Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades.

Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas.

El verano y las vacaciones pueden ser un buen momento para que dejemos de ser tan exigentes con nosotros mismos. Podemos aprender que no pasa nada malo con las cosas que aún no hemos hecho. Debemos tratar de ser eficaces pero estar en paz cuando no hemos podido terminar algo.

Debes tomar conciencia y decidir a qué queremos dedicar nuestro tiempo, poner prioridades, saber decir ‘no’ y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto el último partido del Mundial. La reserva de tiempo para uno mismo es esencial. Podemos aprovechar las vacaciones para crear el hábito de estar solos un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy.

¿Podemos reaprender a vivir en el verano? En cualquier momento del año, podemos decidir que somos los dueños de nuestra vida. Nadie más que nosotros. Ni mi padre, ni mi jefe, ni mi pareja, solamente yo puedo decidir sobre lo que me hace feliz. Para ello, debo ser responsable y elegir sobre lo mejor para mí en cada momento.

Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. El lector, que ha decidido leer este post, ya ha elegido. Se ha dado unos minutos para sí mismo, para observar y reflexionar. Ha sabido encontrar tiempo, mejor dicho, ha aprendido a concedérselo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la persona que se permite un espacio a la reflexión asume una actitud casi heroica. Ha dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena.

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El dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, cuando éramos niños y nos bastaba disfrutar de la sensación de los rayos de sol en nuestra piel y el aroma de los bosques de pino.

Los dejo aquí con un programa que hice en “Hola Barcelona” de BTV, justamente hablando sobre vacaciones y el disfrute del tiempo:

 

Mundo contradictorio y desigual

Vivimos tiempos contradictorios. El consumo de bebidas en envase de plástico coincide con el auge de la ecología. La gente más estresada suele ser la misma que practica yoga. Los amantes de los animales suelen tener  problemas de relación con muchas personas. Y algunos que cultivan la generosidad con sus amistades, suelen amurallarse detrás de su egoísmo ante cualquiera que se atreva a detentar su amor.

La desigualdad entre hombres y mujeres es una de las contradicciones más  destacadas. En un mundo donde se nos dice a las mujeres que tenemos el poder, al mismo tiempo se  discute sobre la idoneidad para gobernar de las féminas. Argentina tiene a Cristina Fernández de Kirchner,  Brasil tiene a Dilma Rousseff y Chile tuvo a Michelle Bachelet pero el verdadero poder sigue siendo masculino. Como ejemplos vemos que por el mismo puesto de trabajo, tanto en América como en Europa, las mujeres seguimos ganando un veinte o treinta por ciento menos que el hombre.

Otro hecho que clarifica la fuerza de lo masculino es en el reparto del mal de moda: la ansiedad. Por ejemplo, un hombre preso de su ansiedad ante su expectativa amorosa, suele llamar por teléfono de forma continuada, además de enviar mensaje al celular, mail o bien a través de Facebook. En la sociedad moderna, ya sea en Barcelona como en Montevideo, este hombre ansioso es señalado como un hombre insistente, perseverante, valiente que tras un acecho sutil logrará con su energía y paciencia conquistar a la damisela en cuestión. Contrariamente, la mujer ansiosa ante la expectativa de una cita o bien posible amor, si ella demuestra interés, o llama, o envía señales en forma de llamadas de teléfono, mensajes al móvil, mails, entonces es una mujer pesada, avasallante, demandante y ese avance que realiza no asegura que conquistará al caballero en cuestión. Porque los dos géneros sentimos y tenemos una perspectiva diferente sobre el amor y la pareja.

Para la mujer es natural ese hombre conquistador, que puede que al comienzo no le provoque nada pero luego por su constancia, conquista su corazón. En cambio, el hombre parece preferir la mujer distante, difícil, dulce, refinada, silenciosa pero mejor si al comienzo no expone demasiado lo que siente o quiere. De este estilo de hombres es mi amigo Juan, un ingeniero uruguayo de treinta y seis años.  Juan es un emblema de este mundo contradictorio. Jamás conocí a alguien que fuera tan querido como vapuleado por las mujeres. Tampoco a nadie que sea tan generoso y relajado con sus amigos y familia mientras que no puede evitar un cierto egoísmo y exacerbada exigencia con sus novias de turno. Siendo un hombre adorado por sus amigas, esto no evita que termine enemistado con la mayoría de sus ex novias. El otro día le comentaba que cómo puede ser que logre tanto cariño en algunas mujeres y tanto desprecio en personas que ha compartido cama, ilusiones y proyectos. Y él, gran cultor de la inteligencia racional, con varios doctorados y posgrados, reconoce que la razón más evidente es su carencia de inteligencia emocional. “Soy muy frío, no me gusta expresar lo que siento”, me dijo una vez.  “Si una mujer es muy cariñosa y me besa mucho, siento que invade mi espacio”, me confesó en otra oportunidad.

Ignoro si la mayoría de los hombres que repiten una historia de fracasos amorosos, tienen la misma conciencia de Juan.  Aunque parece ser que todos los que fracasan de forma asidua, muestran un afán perfeccionista y un elevado idealismo. Siempre se espera más de la otra persona. Sería sano y constructivo, que además de ser conscientes de nuestros errores, comencemos a evitar esa contradicción de ser buenos con unos y severos con otros. Si aceptamos los defectos de nuestros amigos y familia, podríamos también aceptar los errores de nuestra pareja. Si aceptamos que nuestros amigos se enfadan, estornudan, se equivocan, se lamentan y son en definitiva muy diferentes a nosotros, también deberíamos aceptar que el otro piense diferente a nosotros. Al final de cuentas, ¿alguien conoce algo más desparejo que una pareja?

Cambio, reconstrucción y volviendo a creer

Pensaba en esa frase de Jean Paul Sartre, esa que dice algo así como que el infierno son los otros, una metáfora de la poca importancia que tenemos que darle a la opinión de los demás en nuestra vida. Muchas veces, los demás intervienen como consejeros en nuestra vida porque les hemos dado el espacio para ello.

Con la gente de nuestra confianza, solemos compartir información que consideramos privada. Cuando las cosas en nuestra vida no suelen salir como esperábamos, los conservadores de nuestra privacidad suelen aconsejar y vaticinar el futuro.  Eso crea miedos, inseguridades y barreras en personas que están atravesando un momento vulnerable. Por eso, ya sea a un cliente de coaching o de psicología como a una persona de mi confianza, siempre trato de separar aquello que me dice de lo que yo digo o hago. Porque así como al cliente no puedo aconsejarle ni decirle qué camino debe tomar, me parece muy atrevido aconsejar a un amigo sobre su futuro, como si tuviera el poder de anticipar los acontecimientos. Sería apresurado de mi parte y estaría sugestionando a alguien antes de tiempo. El famoso “no lo veo”, “tienes que abandonar esa idea porque no saldrá bien”, “la gente no cambia” son sólo creencias que dinamitan el camino. Porque la gente ve más de lo que quiere ver, puede más de que cree y cambia siempre y cuando una situación le incomode. Si no creyera en el cambio, no trabajaría de psicóloga ni de coach. De hecho, en unos días estaré en Madrid impartiendo un seminario de Gestión del cambio, que viene siendo uno de los temas más apasionantes en el mundo de las relaciones personales y empresariales.

Relacionado al cambio, recuerdo que hace unos años, cuando trabajaba de periodista en el diario La República de Uruguay, me encontré con un compañero, que apoyaba causas feministas y solía estar muy pendiente de todos los avances de la mujer en diversos ámbitos. Un día, curiosa ante esta versión uruguaya de John Lennon, le pregunté a qué se debía esa solidaridad con nuestras causas y él me confesó que se debía a un cambio. Él había sido muy machista recalcitrante, un celoso patológico, que no había dejado ni a sol ni a sombra a su ex mujer y un negador de sus cualidades. Un día, ella lo dejó,  lo que lo devastó emocionalmente y para recuperarla, él pensó que el mejor camino era cambiar. Además de escribirle grafitis románticos en algunos muros, este señor comenzó a ponerse en el lugar de su ex mujer. Casi sin darse cuenta, comprenderla a ella le hizo comprender la situación de otras mujeres, que son madres, trabajan, sacan a sus hijos adelante y progresan personal y profesionalmente.

 

Para poder generar ese cambio, debemos mirarnos adentro y arrojar luz a nuestro interior. Para cambiar, no podemos quedarnos aferrados al pasado ni a nuestros errores. Más bien, debemos darle un amplio vistazo a esos hechos pasados que hicimos mal y transformarlos en aprendizajes.  Para cambiar, debemos creer que es posible renacer, volver  a la pureza que teníamos cuando nacimos y eramos bebés indefensos. Para cambiar, debemos reconstruir esas partes que dejamos olvidadas: recobrar la paciencia, la paz, la calma, el amor. Para cambiar, debemos atrevernos a volver a creer en nosotros y en los otros. Aunque esa creencia en los otros, poco tiene que ver con el seguimiento de  las creencias y opiniones de los demás. La ignorancia de seguir a otros es tan nefasta como el ánimo  cerrado, que no comparte, juzga y se compara. El sol brilla desde lejos, no necesita decir “soy el sol que brilla”. Brilla naturalmente como cada uno de nosotros puede brillar con luz propia, sin necesidad de luces de neón. Porque así como no existe un desierto sin un manantial escondido, tampoco existe un corazón sin amor.

Y para rematar, el video de un hombre que supo evolucionar y cambiar, John Lennon y su bella canción “Watching The Wheels”.

© Leticia Brando, 2012. Toda reproducción está permitida siempre que se cite el texto original.

Give peace a chance

En coaching, constantemente se habla de soluciones,  diseño de objetivos, planes de acción y la importancia de trabajar las creencias del cliente para que perciba un mundo mejor. Algunos tipos de coaching como el ontológico tratan también la fase espiritual del individuo y creo que nunca como en estos tiempos para descentrarnos de las posesiones, los egos, los roles y las competencias.

Haciendo ejercicio de la psicología y del coaching, debo escuchar sin prejuicios lo que el cliente me narra.  Debo crear un contexto de confianza y confidencialidad donde el otro realice la apertura y trabaje sus miedos y sus sueños. Diría que un proceso de coaching exitoso se da cuando el cliente logra descubrir quién es, halla sus valores más positivos, que lo conectan con el camino que quiere seguir para concretar sus objetivos. Para este camino, es imprescindible que el cliente se conecte con su parte espiritual, con su ser más íntimo, con todo eso que poco tiene que ver con sus roles y posesiones. Stephen R. Covey habla de ética del carácter, otros hablan de valores, otros hablan de componentes del alma, lo cierto que siempre hay elementos internos que nos permiten funcionar mejor exteriormente. Lamentablemente, lo que está sucediendo es la conexión de la gente de afuera hacia adentro. Hay pocas personas que conectan con sus valores internos y viven en plenitud. La mayoría de personas asocian la felicidad y la dicha a la ausencia de problemas, a la posesión de bienes materiales, al logro de objetivos, a lograr una casa, un coche, una profesión, a tener éxito económico o profesional. Pero si centramos la felicidad en esos aspectos, como tenemos un tiempo por delante, que es cambiante y fluctuante, algún día, pueda que no tenga mi coche, ni mi casa y algún día quizá también deje de ejercer una profesión. ¿Eso significa que dejaré de ser feliz? Si me aferro a lo material y a lo exterior,  la ausencia de esos bienes significará la infelicidad. Pero si me aferro a lo espiritual, todas las crisis y guerras del mundo, no podrán arrebatarme lo que Viktor Frankl llamó la libertad última.

Pero principalmente la conexión con el ser nos conduce hacia la paz. Recientemente leo muchas cosas llenas de violencia y agresividad en personas influyentes. Desde el actor Ezequiel Campa, conocido por sus espectáculos de stand up que desde su Twitter lanza frases siniestras donde expresa un deseo de asesinar a un grupo de niños que hacen ruido en su edificio hasta personas del ámbito del desarrollo personal que promueven la paz, el amor, la felicidad y constantemente se comparan con otros colegas, para marcar que ellos están en un escalón superior. Los dos casos me parecen preocupantes. Uno es un actor argentino, seguido por 38.587 seguidores en Twitter que declara su deseo de asesinar, aunque sea en broma, suena un tanto desagradable en estos tiempos donde se hace necesaria la paz y armonía. El otro tipo de ejercicio, de buscar las incongruencias en colegas que hacen lo mismo me parece un aspecto poco pacífico, que cada vez más leo en algunos bloggers influyentes. La comparación con otros. La crítica destructiva a ideas y pensamientos. Cuando el maestro critica a otros maestros, me temo que los alumnos débiles harán lo mismo y se creará un círculo de queja, lamentos y carencias. Creo que estamos para ver diversidad de criterios y no debemos compartir todo pero sí respetar las diferentes visiones del mundo. Cuando un coach o psicólogo se muestra tan rígido en sus creencias, al punto de no aceptar al que piensa diferente, creo que debe rendir unas materias en su dimensión espiritual, que le desinflará su ego y le conectará con su ser. Al final de cuentas, ni la paz, ni el amor ni la felicidad son temas de predicadores sino de practicadores. Porque sigue siendo bonito practicar el amor, dando y recibiendo de gente que nos reconforta el corazón. Porque tras duras batallas, siempre llega una tregua para respirar y sentir paz. Y porque si somos felices dando paz y amor, será casi natural engendrar proyectos que nos conecten con la vida.

Y los dejo con un programa que hice en el espacio de coaching que tuve en “Hola Barcelona”, presentado por la excelente periodista, Olga Valencia.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto está permitida siempre que se cite el texto original.

Amadores, amados y todo para dar y recibir

Me preguntan constantemente cómo puedo trabajar temas como coach ejecutiva o como facilitadora en Liderazgo, Habilidades directivas, Hablar en público e Inteligencia Emocional en empresas y luego escribir mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. Una coach ejecutiva escribiendo sobre el amor. ¿Para cuándo tu libro sobre liderazgo?, me preguntan muchos. Si encima, me atrevo luego a producir y escribir el guión del documental “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo, filmado en Buenos Aires, Barcelona, Montevideo y México y una visión en imágenes de mi libro, entonces ya me dicen que cómo hago para encima meterme en terrenos audiovisuales. Creo que investigo sobre amor porque es el sentimiento más importante que ha marcado la evolución de la especie. Tampoco creo que haya mucha diferencia en mi trabajo cuando lo hago en empresas o en otros sitios.  Porque en todos los ámbitos de actuación, el amor siempre es el valor y la emoción que más aparece. Ya sea el amor al trabajo, el amor a la marca, el amor a una idea, el amor a alguien. El amor emerge sin casi poder evitarlo. Por eso, estoy muy feliz del próximo evento que impartiré mañana con Pedro Amador en el Sheraton Montevideo.

En relación al amor, creo que mis alumnos o los líderes con los que trabajo también saben la importancia del amor a su equipo para que su empresa sea más productiva. En este caso, tengo una opinión similar a Stephen R. Covey. Cuando Covey habla de liderazgo, suele hacer paralelismos entre su vida familiar y la vida empresarial. En mi caso, encuentro que tanto para liderar una empresa como para una liderar una relación o mi propia vida personal, requiero valores, cualidades genuinas que he traído desde el nacimiento y nadie me puede arrebatar. Puede que traten de usurparme mi puesto en una empresa, mi coche, mi casa pero mis valores, los debo potenciar y trabajar. Entre los valores que puedo recurrir para lograr mis objetivos, el amor aparece como el más positivo porque me conecta con mi pulsión vital. No solamente en el amor que puedo expresar a un ser querido, sino en el amor hacia mí misma, hacia mis compañeros de trabajo, hacia mi familia. El desamor nos amarga y nos enferma. Esto no es una mera frase hecha. Hay estudios científicos que demuestran que las personas más positivas y solidarias con respecto a los demás, tienen menor propensión a contraer enfermedades cardíacas.

Siendo consciente de la importancia del amor, no deja de sorprenderme el testimonio de personas que se lamentan de su soledad. Otros, como algunos escritores, artistas y músicos que celebran su soledad para crear obras magníficas. Otros vivimos con otras personas que contribuyen a nuestra fuerza y equilibrio. El disfrute de compartir con otros no implica que no tengamos crisis y roces con esas personas. Primero porque las necesidades propias no son necesariamente iguales a las de la otra persona. Por otro lado, somos hombres y mujeres pero nuestro género no nos hace ser predecibles para cada ocasión. Ni las mujeres ni los hombres tenemos escritas un manual de instrucciones de cómo debemos tratar al otro. Esto hace que muchas veces se compruebe que ni los hombres son tan básicos ni las mujeres son tan enmarañadas.

Más bien, cada minuto de nuestra vida estamos inventando el mundo. Eso es lo que hacen hombres y mujeres en tiempos hipermodernos: reinventarse frente a las adversidades, cuidarse para ser objeto de deseo del otro pero al mismo tiempo, preservarse del otro, que les puede generar tanta atracción como temor. Parafraseando a Paul Auster, “el mundo está en mi cabeza y mi cuerpo está en el mundo”.  Somos seres físicos, nos podemos tocar pero si no nos pudiéramos pensar, ni imaginar, no reconoceríamos a las personas. Los hombres y mujeres se reconocen a partir de que se piensan. Muchos hombres siguen pensando a una mujer como alguien sensible, que educa, que cuida a los niños y por eso, están perplejos ante esta mujer que muestra autonomía sexual e independencia económica. Por el lado de las mujeres, muchas piensan al hombre como un ser que se enfoca en sus cosas, es práctico y algunas reaccionan incómodas cuando ellos también dicen que no, lloran, se depilan y usan cremas.

En realidad, muchas de las personas felices en pareja que fueron entrevistadas en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”, se pensaban e imaginaban sin tantos estereotipos. Tras hablar con mujeres y hombres de Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, parece que la soledad se disfruta tanto como se padece. No solamente no estamos tan felices siendo solteros eternos sino que además nos cuestionamos hasta dónde nos va a llevar tanta autonomía e individualismo. De todos modos, eso no evita el surgimiento de una especie de solteros de oro que ostentan las ventajas de no cambiar pañales ni pagar fortunas en niñeras. Aunque una vez termina esa sensación momentánea tras los romances momentáneos, suele sobrevenir el vacío existencial. Evocando la invitación al evento de Cómo conseguir la felicidad en el amor, no creo que la dama necesite un príncipe que la salve de dragones pero tampoco quiere luchar ella sola contra las fieras. Así como él tampoco quieren ser el único que demuestren fuerza y seguridad.

Sin duda que él quiere compartir fuerzas porque ya se cansó de demostrar tanta potencia en otros tiempos. La fuerza comienza a ser compartida pero las creencias sobre lo que se da y se quita si se tiene amor, suelen ser muy tradicionales. Esto se ve claramente en los primeros roces de una pareja. Ella o él suelen demandar o quejarse de una falta o carencia del otro. Cuando asumimos que la vida tiene gratificaciones y frustraciones, dejamos de sentirnos tristes cuando las personas que elegimos para formar parte de nuestra vida, no muestran una disposición exclusiva en satisfacer nuestras necesidades. Porque justamente de ahí provienen los problemas con la mayoría de las personas: malentendidos en relación a lo que uno cree que da y espera recibir.

No siempre damos y recibimos al mismo tiempo. Ni tampoco damos con la condición de recibir. Esta última opción desinteresada y altruista es utilizada por muchas personas pero no siempre es apreciada. Así como un banco no se puede mantener si sólo presta dinero, tampoco una persona puede continuar sus relaciones si sólo se entrega y da, sin esperar a recibir nada a cambio. Me decía el otro día alguien que en cuestiones de pareja están los amadores y los amados. Esta concepción en la que en una pareja, hay siempre alguien que ama con más intensidad. No comparto esta creencia sobre el amor porque lo que hace es construir una polaridad en una relación, cuando una pareja debería ser un par de seres diferentes, que tengan en común el amor compartido y los proyectos futuros. En ese amor compartido, la idea de que uno ama menos debería ser desterrada porque así marchan muchas parejas, conociéndose y aceptando convivencias donde uno dona su amor y el otro recibe sin preocupaciones. Sin duda que sería ideal que ambos donen su amor sin esperar nada a cambio, tan sólo ver la felicidad en el otro. Pero la mayoría de las personas dan algo buscando algo a cambio. También es cierto que el donante de amor puede perder fuerza si no recibe reciprocidad del otro. De alguna manera, inconscientemente damos amor buscando recibir nuestro eco y reflejo. Pero no damos mostrándonos ciegos de amor y aceptando con sumisión la poca entrega del otro. El amor puede concebirse como un bien de cambio más cuando la falta de dinero trae consigo una escasez de caricias, o cuando la paciencia se transforma en rabia, o cuando la tolerancia da paso a la diferencia.  Pero cuando el amor se concibe como algo infinito que promueve los valores y el compromiso del individuo, ese amor que demos nos volverá. Habrá un momento que el que cree que sólo deberá ser amado, se empachará de energía y comenzará a devolver todo ese amor recibido. Dejará de ser el amado para ser el amador. Entonces habrá valido la pena dar sin pensar tanto en recibir.

Y los dejo con un video del gran Jorge Drexler que resume este sentimiento de transformación en el dar y recibir.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción de este texto es posible si se cita el texto original.

Te agradezco pero no

Mi amiga Ivana tiene una frase que utiliza frecuentemente para quitarse los hombres que la invitan a salir y no son de su interés. Ella suele utilizar la frase “te agradezco pero no”.  Esta sería una forma elegante y amable de dar calabazas además de ejercer  la sinceridad sin tapujos. Pero, ¿qué pasa con esas personas que abusan de la palabra “gracias” y la utilizan como un slogan publicitario?

Desde hace unos años, toda la filosofía de The Secret, la película y libro de Rhonda Byrne que promueven el  pensamiento positivo, trajo tras de sí   una ola de cultores de la buena onda. Quizá este post no sea de agrado de los cultores de El Secreto porque  según Byrne, si critico, culpo o me quejo de algo, no soy agradecida. Pero espero que se tome esto como crítica constructiva porque no dejo ver el lado positivo a El Secreto: abrió el campo del pensamiento positivo a mucha gente. Si tenemos en cuenta que los abogados de Byrne demandan a diestra y siniestra en relación al libro y la película, entonces luego veremos qué es ser agradecido según la autora. Más allá de sus demandas, debemos agradecer a Byrne y su obra porque el número de gente amargada y pesimista no beneficia a nadie. No les hace bien a ellos mismos porque tanta amargura les puede traer úlceras, problemas cardíacos y hasta pueden ser las semillas de la gestación de un cáncer. Tampoco el pesimismo beneficia a los psicólogos y coaches porque  las personas que ven todo negro, en muy pocas oportunidades creen que pueden necesitar de ayuda. Más bien creen que el mundo es cínico, malvado y deben aceptarlo.

Mientras tanto, hay una gran proliferación de propuestas que hablan de pensar bien, actuar mejor y así obtendremos mejores resultados. En estas propuestas, me incluyo porque mi seminario “Pensar bien, actuar mejor. Técnicas de coaching y sistémica para una vida sin estrés” suele tener lista de espera en varios lugares de España. También haré uso de herramientas de coaching que nos ayuden a pensar bien en el próximo taller “Conseguir la felicidad en el amor” que impartiré junto a Pedro Amador.

Mi uso del lenguaje positivo  no evita que reflexione sobre el exceso de hipocresía en su grado de apariciones. Mi deducción surge tras intercambiar un par de mails con algunas personas que trabajan en desarrollo personal. Con ninguna de ellas, pude sentarme a conversar o negociar propuestas pero suelen terminar la comunicación con un gracias por todo. Cuando a esa persona le di algo, ya sea mi tiempo, mi dedicación, mis planes y hasta mi ayuda, entiendo el gracias por todo. Pero cuando apenas intercambié un mail corto y conciso con una pregunta simple, el gracias por todo me resulta exagerado y hasta irónico. Otras personas cuidan más el lenguaje y con un amable saludo dan por terminada la cuestión, sin tirar flores antes de tiempo. Este gracias por todo es una aplicación extrema de la filosofía de El Secreto. Allí se nos dice que seamos agradecidos a la vida pero eso no es nada nuevo porque  ya lo cantaba Violeta Parra y lo promueve la cultura judeo cristiana. El agradecimiento siempre es positivo pero es la consecuencia  de recibir algo a cambio. Si decimos gracias como loros, entonces nadie nos creerá cuando las decimos realmente de corazón.  Un gracias a nuestra pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, padres no es dañino pero un gracias por todo suena irónico cuando no se ha dado nada al otro. Por lo demás, no todas las personas merecen nuestro gracias. Si todas las personas merecen nuestros agradecimientos,  el esfuerzo del otro de dar una buena acción no tendría ningún valor.

Similar a esta actitud es cuando leo en el libro de un amigo que tiene tres páginas de agradecimientos. Sólo pienso que eso es válido si esa lista de personas participó en la investigación o escritura del libro. Pero en más de una ocasión, los agradecimientos  son sólo una caricia en el ego para los que los reciben. El autor dice palabras bonitas que quedan selladas por el papel. Muchas de las personas a las que agradece, hoy no forman parte de su vida, antes tampoco la formaban porque a muchas de estas personas las vio en contadas ocasiones. Entonces surge la reflexión sobre el adorno detrás del gracias. Te digo gracias porque queda bonito, lo imprimo, lo ve todo el mundo que tú eres mi amigo, que te agradezco y luego si te he visto no me acuerdo,  aunque si te conectas al Facebook probablemente te recuerde porque ahí todos nos miran y debemos seguir nuestra amistad buena y sana desde allí. Las redes sociales han permitido  que el mundo esté más conectado pero también han creado círculos de hipocresía donde las personas sólo hablan e intercambian si se hace desde Facebook, Twitter o Linkedin.

Cuando todos merecen una dedicatoria, se corre el riesgo que nadie se sienta merecedor de esos laureles. En cambio, cuando restringimos el campo del gracias a personas que nos han aportado amor, respeto, honestidad, paciencia, escucha, ahí las declaraciones tienen más poder porque están en consonancia a lo que recibimos.

Espero que la gente siga agradeciendo y conectándose con su alma y su corazón. Pero que no olvide que la compasión que sentimos hacia las personas pesimistas, arrogantes o violentas, no implica agradecerles como si fuera una grabadora que tenemos instalada en nuestra lengua. Decir “Gracias” no debería ser una marca de fábrica pero es verdad que un gracias bien dado a alguien del que recibimos tanto, nos acerca a las puertas del cielo.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto es posible siempre que se cite la fuente original.


De la amistad líquida de Paris a la amistad sincera en Santiago de Compostela

Mientras los políticos se debaten para hacer creer a la gente que alguien sacará a España de la crisis, además de la ausencia de liderazgo, crece la era del vacío. Basta ver un programa que emite la MTV española. Se trata de un reality donde Paris Hilton busca a su mejor amiga. En ella, la multimillonaria realiza distintas pruebas para encontrar  a su mejor amiga siguiendo criterios como la vestimenta, el maquillaje, los cambios de look y la rapidez de unas y otras para conspirar y contarle a Paris las posibles traiciones de alguna. El programa expone  la desorientación en la que están inmersas algunas jóvenes de la sociedad estadounidense. Si pensamos que este programa se vende a todo el mundo, entonces se deduce que la superficialidad es algo que cotiza bien en el mercado de las emociones. Afortunadamente el mundo es amplio y contrariando esta visión donde se privilegia el lujo, la ostentación y las rivalidades varias entre mujeres, hay otros caminos.

Algo de eso pude experimentar en las XIC 2011 Jornadas Internacionales de Coaching en Santiago de Compostela. Este año el lema era “Superando límites” y contó con un workshop magistral de Robert Dilts. Durante dos días, Santiago de Compostela recibió a más de doscientas personas, muchos que trabajan y otros que quieren trabajar en coaching. Lo principal del encuentro fue comprobar una vez más que la unión, la comunicación, la cooperación, la generosidad son asuntos mucho más poderosos y que están presentes en esta era del vacío. Realizar un workshop con Robert Dilts y luego irte de tapas con él y su mujer Deborah Bacon Dilts no es algo que ocurra todos los días. Tampoco ocurre todos los días conocer a Pedro Amador, Laura Lozano y Yolanda Rocha. Ellos también demostraron sus valores y unas creencias enriquecedoras. Las jornadas fueron una oportunidad para que muchos coaches nos reencontráramos, nos conectáramos y pensemos posibles proyectos futuros. También aproveché la oportunidad  para entrevistarlos a todos para un documental sobre coaching que estoy ideando con mi amigo Silvio Raij. Además de entrevistar a Robert Dilts y a Deborah Bacon Dilts, que hizo un taller sobre los 5 ritmos de Gabrielle Roth que fue muy movilizante, también dieron su opinión Daniel Álvarez, director de Q Coach, Alicia Aradilla, cultora de la gestión apreciativa, Inma Capo, maestra de PNL, Pedro Amador, creador de Autocoaching,  Hilde Jaspaert, experta en Mind mapping. También a Dani Cerqueiro, director de Galinus, que ha experimentado el coaching y formó parte de una mesa redonda donde cautivó a muchos presentes.

Catedral de Santiago de Compostela, Galicia.

Junto a esta entrega de conocimientos de ellos, me dejé envolver por la carga positiva y energética de Santiago. La ciudad es el destino final de los peregrinos que deciden hacer el camino de Santiago. Su catedral es un monumento histórico magnífico y poderoso, que se comenzó a construir en 1075 y recibe la visita de miles de personas cada año. Es usual el abrazo a la estatua del apóstol y las personas observando los botafumeiros que cuelgan desde los techos altísimos. Si una persona busca consuelo de penas del corazón, puede recurrir a la fe católica para construir esperanza. Pero si la persona es atea y agnóstica y sólo cree en el poder individual, también puede sentirse energizado por el halo espiritual de esta ciudad. Porque la gracia de Santiago no está meramente en los muros de su catedral. Más bien, el encanto está dado por la magia de su gente, que hace que cultiven la solidaridad y la generosidad, no como una obligación ni un deber sino simplemente porque les da la gana. Una anécdota graciosa me ocurrió un día cuando cenaba con mi mentor de sueños en el restaurante Dezaseis. Pregunté si la dorada venía con espinas y la camarera me comenta que sí pero que iba a convencer a los chicos de la cocina para que me la limpiaran. Del dicho al hecho. Regresa con su estilo amable y risueño para decirme que mi pedido había sido concedido. De sólo pensar ese pedido en Barcelona, sería inadmisible porque exceptuando que te esté atendiendo el propietario del restaurante, los camareros contratados ponen poco empeño en atender de forma educada y respetuosa.

En suma, no sé si será la lluvia que cae y canta sin parar o si es su condición de albergue a peregrinos pero el pueblo de Santiago se te mete en el corazón y en el alma. Todo el tiempo, los gallegos están buscando las formas de ayudarte y hacerte pasar el momento más grato posible. En Santiago de Compostela, no vi a nadie expresar incomodidad cuando le preguntas por una calle. Hasta pueden acompañarte hasta tu destino. Tampoco nadie se siente invadido si le dices tus intenciones de quedarte a vivir en su tierra. Al contrario, les brilla la mirada y la sonrisa se les ensancha. Ellos elaboran su pan, cocinan sus patatas, condimentan su pulpo gallego, derrochan hospitalidad en las casas de xantar y sonríen honestamente siempre que te acercas a hablarles. Todo eso en apenas tres días de Jornadas de coaching con gente que cultiva el ser antes que el tener. Contrariamente a Paris Hilton, mis colegas de las Xornadas de Coaching y los habitantes de Santiago no buscan a su mejor amigo porque hace tiempo saben que todo el que se acerca puede ser amigo. También saben que eso no es bueno ni malo. Más bien es maravilloso.

Steve Jobs o el hambre de vida

Hoy leo en la revista Time que el cáncer de páncreas que se llevó la vida de Steve Jobs es uno de los más duros, drásticos y fulminantes. La expectativa de vida suele ser de cinco meses. Pero el fundador de Apple  luchó contra esta terrible enfermedad durante siete años. Seguramente su amor a su mujer Laurene Powell y sus cuatro hijos lo tenía atado a la vida. O quizá su amor a lo que él hacía. O simplemente su amor a la vida le hacían luchar por no irse antes de tiempo. Pero como él bien lo dijo, nuestro tiempo en la Tierra es limitado. Aun así lo seguimos malgastando vinculándonos con gente que no nos conviene,  estando en pareja sin estar enamorados,  negociando con clientes que no nos aportan y pretendiendo vivir cuando en realidad,  estamos en piloto automático.

Cuando una figura tan inspiradora como Steve Jobs se va, nos queda la reflexión sobre lo que dejó. Además de fortuna, una genial estrategia de marketing y una marca, Steve Jobs es recordado porque funcionó como ejemplo de vida. Pero más allá de los miles de millones facturados desde que fundara Apple, me interesa recordar el hombre. El hombre que fue una inspiración para muchos mentores, coaches, psicólogos, facilitadores. Un hombre que habló de valores y para quien tuviera alguna duda, confesó cómo hizo práctica de esos valores en su discurso para los graduados en la Universidad de Stanford en 2005.  Este debe ser uno de los más emocionantes discursos sobre la vida que escuché.

Porque no habla de cómo hizo para amasar su fortuna sino que habla de los valores internos que necesitó para hacerlo. Ciertamente que recuerda que fundó su empresa en un garaje y de golpe tenía cuatro mil empleados y facturaba dos mil millones de dólares. Pero el central de su discurso no es el dinero sino la importancia de disfrutar la vida y encontrar un sentido a todo lo que hacemos.

Todo el día, he estado leyendo diversos artículos sobre su muerte anunciada.  De paso, miro fotos de Steve Jobs con Steve Wozniak, el otro fundador de Apple. Corría el año 1976. Un pequeño Wozniak aparece como Sancho Panza ante el físico quijotesco y altivo de su socio. Jobs emerge alto, tímido, joven y guapo.  Ya de  veinteañero mostraba una expresión de tranquilidad que le acompañaría toda su vida. Esa mirada que habla más que mil palabras. Sin demasiada gesticulación, unos ojos que parecen guiñarte aunque estén simulando seriedad. En sus últimos días, ya no se veía esa mirada. Las últimas fotos lo muestran desmejorado, débil, excesivamente delgado y la premonición de su muerte era más que evidente.

Quizá toda esa complicidad que lograba con el gran público hace que hoy mucha gente no sepa qué decir. Muchos lo admiraban, otros tanto lo envidiaban, incluso su competidor más fuerte,  Bill Gates declaró que lo echará en falta.  Aún recuerdo algunos de sus debates con Gates.  En vez de la discusión sórdida y con ataques personales de la mayoría de políticos, los dos  líderes dieron una muestra de respeto, elegancia y claridad.

Jobs no sólo fue un visionario, el creador de una marca emblemática, un revolucionario que imagino una tipografía innovadora en sus computadoras. El bebé abandonado por sus padres biológicos a una pareja que lo quiso sin condiciones, fue el creador de una marca imitada por muchos. Ya nadie puede prescindir de la liviandad de cargar miles de discos en un aparato de pequeños gramos y más allá que el Ipod y el Iphone tiene sus competidores, también nos presentó el Ipad hace poco, ni que hablar que su manzanita es uno de los emblemas de la innovación.

Muchos líderes y emprendedores que conozco apenas leen, ni oyen, menos escuchan ni aprecian a alguien más allá de la facturación anual. Pero los buenos líderes que conozco,  admiran a Jobs por sus valores, parte de los cuales quedaron resumidos en ese discurso.  Más que admirarlo por su riqueza exterior, lo admiran por su riqueza interior. Durante su discurso en Stanford , relató tres historias: una sobre «conectar los puntos», otra sobre «el amor y la pérdida» y la última sobre «la muerte». Básicamente, él sugiere que permanezcamos hambrientos y alocados, que eso es lo que valdrá la pena en la vida. Tener un motivo para vivir. El sentido. Creo que sobran las palabras y mejor que la persona que no haya escuchado ese discurso, vaya a verlo aquí y también los dejo con una edición preciosa, un resumen de ese discurso en inglés, que vale la pena tanto como su discurso completo en Stanford.

El poder de las apariencias

Un imagen vale mucho más que mil palabras dice el dicho. Y parece que muchas mujeres y hombres se lo están tomando a rajatabla. Aunque una  estética trabajada no siempre coincide con una adecuada actitud. La incoherencia sigue siendo uno de los defectos de la sociedad actual.

En el mundo de las apariencias, la imagen que se proyecta no siempre está relacionada con la vida que se tiene. Por ello, predominan las personas tan cuidadosas de la apariencia como incoherentes. Recientemente, Dominique Strauss-Khan, el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue acusado de agredir sexualmente a una camarera del hotel Sofitel de Manhattan. Este señor se le considera un economista intachable en cuanto a su lucha contra la crisis. Pero parece que la ética financiera no siempre coincide con la ética personal. La inevitable diferencia entre lo que se ve y lo que se es. También hay  autores de libros de auotayuda, que venden recetas de felicidad pero en su vida privada son personas de ánimo sombrío.

En este predominio de la apariencia, siguiendo las directivas del libro “El método” de Neil Strauss, en Madrid y Barcelona proliferan talleres de seducción que enseñan técnicas para seducir mujeres.  Antes de publicar su exitoso libro, Strauss era un hombre  poco agraciado y carente de confianza en sí mismo en cuanto a su acercamiento a las mujeres. En 2002 fue a un taller de seducción y dos años más tarde, se había acostado con muchas mujeres y pasó a llamarse “Style”.  Con su libro “El método” creó escuela para esos hombres perdidos en cuanto a su estrategia amatoria.

Durante un programa de radio en Onda Cero en Barcelona, me encontré con un controlador aéreo, que me comentó que imparte estos talleres de seducción en Barcelona. Tras su intención de apadrinar a otros en su aprendizaje de nuevos movimientos, incorporación de frases certeras y asesoramiento en la vestimenta y peinado, este hombre “aparentó” ser un maestro en el arte amatorio. La idea central que subyace en este tipo de talleres es que los sentimientos de las mujeres son como las raspaditas, en cuanto rascas, sacas algo: premio(si te besa) o castigo(si te rechaza). Entre las curiosidades que se les aconseja a los alumnos es que finjan interés por la vida de las mujeres como si nosotras fuéramos robots que reaccionamos según la frase utilizada. Hasta se recomienda que intenten llegar a nuestro corazón probando unos trucos de magia o una lectura de manos, o bien conversaciones sobre el tarot. Si los hombres encuentran una chica que les gusta en una discoteca, la clave está en mostrarse indiferente y ser simpático con sus acompañantes. Una vez a solas con la mujer,  la ironía es mucho mejor que las alabanzas, y por eso, en lugar de utilizar el típico “sos muy linda”, mejor decirle “tenés una preciosa dentadura postiza”. Además consideran importante no regalar nada a la mujer antes de haberse acostado con ella.  Y si el intento de beso no llega a buen puerto, mejor no incomodarse. La sugerencia es crear un muro de silencio o se prueba con la simpatía y la vuelta a empezar. Todas estas artimañas para llevar a una mujer a la cama.

Mientras algunos hombres asisten a estos talleres y aprenden a usar estrategias y cultivan imágenes para aparentar un ser atractivo y digno de besar, otras personas dejan de lado las apariencias y se lanzan a vivir. Así lo ha hecho mi amiga Alicia, una creativa publicitaria catalana de treinta y siete años. Tras un divorcio y varias rupturas amorosas, ha comenzado a salir con un amigo que conoce desde los dieciocho años.  Guiada por lo que dictaban las apariencias, Alicia se negaba a prestarle atención a este hombre pensando en el qué dirán sus amigos en común, de los ex respectivos y su entorno afectivo. Cuando dejó de pensar  en la sociedad y se atrevió a sentir, ha descubierto que su amigo es el hombre más compatible que ha conocido en los últimos diez años. Y no sólo esto, ha descubierto que alguien la quiere por lo que ella es y no por lo que aparenta.

(Esta columna apareció en la edición de junio de 2011 de Bernik Magazine)

Tras tantos días de oscuridad, otra vez el triunfo del amor

Dice Joan Manuel Serrat que nunca es triste la verdad pero lo que no tiene es remedio. En los últimos días, los que tratamos de practicar la paz y el amor en nuestras vidas, fuimos testigos de una verdad horrorosa. Junto al amor, el respeto, la paz, la cooperación, la solidaridad, la unión,  sigue conviviendo el miedo, el dolor, la culpa y el odio. Claramente todos percibimos de forma diferente la realidad pero quizá en la educación escolar, deberíamos agregar una asignatura llamada Tolerancia y así se evitarían el crecimiento de estos seres que creen en una superioridad de razas o de naciones.  Sinceramente, creo que la fuerza del amor siempre es más potente que cualquier anti valor pero eso no parece haber pensado el ultraderechista Anders Behring Breivik, de 32 años, autor confeso de la doble matanza de Noruega.  Disfrazado de policía,  primero colocó un coche bomba cerca de la oficina del gobierno en Oslo y mató a 7 personas. Luego  partió hacia la isla de Utoya donde se organizaba un campamento de jóvenes de la Liga Juvenil del Partido Laborista. Estamos hablando de chicos y chicas de entre 15 a 22 años que se reunían para debatir  temas de igualdad de género, medio ambiente y política internacional.  Lamentablemente logró matar a 68 jóvenes y el resto se salvaron porque fingieron estar muertos, otros trataron de huir, nadando las heladas aguas noruegas hasta la costa más cercana. El asesino ya testificó y no se arrepiente porque como todo psicópata cree estar salvando al mundo de los musulmanes y de los marxistas. Otro pensamiento que sólo fomenta el odio, la ira y la rabia. Mientras este señor testifica y espero sea juzgado, las familias lloran desconsoladas sus muertos.

En Londres, también recibimos la noticia de la muerte ya anunciada de la cantante Amy Winehouse. Con una voz prodigiosa, Amy cantaba mejor que Billie Holiday pero sus vicios eran mayores.  Finalmente ingresó en el club de los 27, ese que forman Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain. Bendecidos por el talento, fueron maldecidos por sus excesos que los llevó a morir con apenas veintisiete años. La vida de Amy como la de sus compañeros de club siempre estuvo sujeta a su adicción a drogas diversas como el crack y la heroína. En sus últimos conciertos ya casi no cantaba, simplemente se tambaleaba y era respaldada por un corista negro, de maravillosa voz y presencia. Por tanto, como ella rezaba en uno de sus temas “Back to black”, Amy seguramente ha regresado a la oscuridad porque ella hace tiempo eligió huir de la luz. Si en el atentado de Noruega, subyace la ira, la rabia y el odio, en la muerte de Amy podríamos decir que se esconde un hastío y nihilismo, que la estaba exponiendo hace años a caminar en la cuerda floja entre la vida y la muerte. Finalmente venció la última.

Afortunadamente, la selección de fútbol de mi pequeño país, Uruguay quiso demostrar que no todo es horror, muerte, odio, miedo y dolor. Conectados a la fuerza de la vida, ganaron la Copa América y sumaron 15 copas a los triunfos del país. Liderados por uno de los mejores coaches del mundo, el maestro Óscar Washington Tabárez,  los Diego Forlan y Lugano,  Luis Suárez, entre otros, nos iluminaron un ratito a todos los que estábamos siguiendo el partido por la televisión o por Internet.

Entonces potenciando valores como el amor, la cooperación, la generosidad,  el respeto, lograron alzarse con la copa América, ganando 3 a 0 a la selección paraguaya. Otra vez el país de fiesta y sólo espero que esa fuerza celeste se propague a ese país que un día fue llamado la Suiza de América. También espero que la fuerza del amor combata estos brotes de odio y aprendamos que la diferencia hace la riqueza del universo humano.

Y les dejo con uno de los mejores temas de Amy Winehouse, que espero que al menos ahora descanse en paz.

Facundo Cabral o el arte de vivir por disfrute nomás

 “Si tenés miedo vas a ser un valle de lágrimas, irás de compromiso en compromiso, de matrimonio en matrimonio, de conflicto en conflicto y yo decidí vivir. Desde muy pequeño supe por mi madre, aun en la miseria más absoluta, que cuando uno nace es para vivir y vivir quiere decir seguir tu corazón”.

Facundo Cabral( (La Plata, Argentina, 22 de mayo de 1937  Ciudad de Guatemala9 de julio de 2011)

Tanto desde el coaching como desde la psicología, la meta central se enfoca en  el  logro del cambio y la mejora personal. Para promover el cambio en nuestros clientes, previamente debemos haber vivido. No basta que hayamos nacido, crecido, asistido a la escuela,  aprobado las asignaturas en el liceo y haber concurrido a la Universidad. Necesitamos haber experimentado gran parte de lo que engloba la vida: amor, dolor, ganancias, pérdidas, cambio, alegrías, llantos. Porque la práctica siempre da cosas que no siempre la teoría aporta. Si alguien me está hablando de una pena de amor, mejor haberla sufrido antes para generar empatía.  Si alguien me dice que cerró su empresa por la crisis, mejor haber sufrido alguna vez  alguna dificultad económica para conectar con eso que le aqueja.

En realidad, la cuestión está en enseñarle al cliente a  descifrar las claves para reordenar ese caos permanente que es la vida. Porque nada es ordenado en este universo aunque así lo queramos ver. “Si aceptas que la vida es como es y no como debería, vas a ser muy feliz”, decía Facundo Cabral, tristemente asesinado por unos sicarios el 9 de julio de 2011 en Guatemala. “Uno nace cuando está consciente que está presente, no cuando sale de la madre”, dijo una vez. Y claro que él había vivido. Vivió la pobreza, la lucha por salir de esa condición, la rebeldía juvenil, el amor a Dios y a las mujeres, el exilio, la muerte de sus seres queridos, la superación de un cáncer. “Yo esquivo y vivo con la gente que quiero vivir. Estoy de novio conmigo, por eso tengo tanto amor, sembré mucho amor. Las cosas que te dice la gente, un ciego que se te acerca y te dice que ve cuando te escucha. Una señora que me muestra a su hijo y me dice que le puso mi nombre porque iba camino a abortar y escuchando mi música, dijo ‘Cómo le iba a hacer perder esta fiesta a mi hijo’… esa es la realidad que quiero“, declaró en una de sus últimas entrevistas.

Cabral fue reconocido por su clásico “No soy de aquí, ni soy de allá”. Era muy conocido en el mundo entero pero seguramente es un fenómeno más latinoamericano porque en sus canciones había mucho del arte de la payada, como se le dice en el sur de América a los poemas gauchescos, muy similar al arte de los trovadores.  Muchos otros artistas reconocidos cantaron esta canción pero nadie como él para ponerle voz a esa oda a la felicidad.

Para mí es inevitable relacionarle con el desarrollo personal porque creo que Cabral fue un gran coach o mejor dicho maestro. Mediante la palabra y sus canciones, generaba repreguntas sobre esta existencia que nos había tocado vivir.  La vida es un regalo pero también es  para los valientes. ¿Cuánta gente se está sacrificando por miedo al cambio? ¿Cuánta gente va al trabajo que odia o sigue casada con la pareja que ya no le gusta? Si la gente supiera que aprendemos más de los errores que de los aciertos, quizá se atrevería más a vivir la vida que quieren. Facundo  provocaba constantemente la salida de esa zona de comodidad. 

Facundo siempre cantó a la vida, descifró la humanidad del Diablo, encontró la perfección de Dios y supo reconocer las debilidades del hombre. Uno puede pensar que tras su marcha, nos  queda un mundo con menos poesía y sin casi pensamiento crítico. Apenas nos queda de consuelo sus canciones, sus videos que están circulando por You Tube, sus entrevistas que no tienen desperdicio, la película producida por Ramier Ayala, productor de 1996 Films y dirigida por Imanol Uribe, que espero que algún día salga a la luz. Deberíamos seleccionar gran parte de los vídeos de Cabral para muchas clases que fomentan el cambio, la motivación, la autoestima, el pensamiento positivo y los valores. “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”, cantaba porque él sabía que “lo importante no es el precio sino el valor de las cosas” y que él había elegido la libertad y se negaba “a vivir de esclavo”.

Tanta felicidad la llevó a sus canciones y esa amabilidad la derrochó en sus presentaciones. Seguramente Facundo se fue tranquilo porque  fue un hombre libre que vivió como quiso. Justamente en este mundo tan banal, donde los adolescentes escriben con faltas de ortografía aunque sus padres les paguen los mejores colegios, él que fue analfabeto hasta los catorce años, se dio el lujo de cultivar amistad con Jorge Luis Borges y Carl Sagan. En un mundo donde los jóvenes que terminan el instituto no saben qué camino tomar, él que estuvo en un reformatorio, encontró la luz en su creencia en Dios y fue un protegido de la madre Teresa de Calcuta. En un mundo donde mucha gente sigue casada por obligación, él escogió amar sin concesiones.

Nuestra rabia ante los asesinos apenas cesa cuando pensamos en sus enseñanzas. Posiblemente él nos diría que Dios lo quiso así. El rencor era algo que no albergaba su alma. Aunque él sufrió la pobreza, seguramente no ha habido ser más rico en esta vida. Porque esa riqueza de espíritu la tuvo hasta el fin de sus días.  Promovía el desapego y  predicó con el ejemplo. Nunca quiso tener casa ni tarjeta de crédito. Siempre vivió en hoteles. Decía que era un becado de la vida, que le pagaban para ser feliz.

Esta filosofía fue en gran parte influencia de su madre Sara, que fue su gran mentora y le enseñó la fórmula de la felicidad que consiste en escuchar el corazón antes que a la cabeza. “La cabeza es un asistente, el corazón te lleva y aunque los demás piensen que te equivocaste, si te lleva el corazón, hiciste lo correcto”, declaró.  Una vez recordó en una entrevista televisiva que cuando ellos sufrían el frío atroz de Tierra del Fuego, su madre le decía, qué suerte que no tenemos calor. Y cuando estaban con cuarenta grados en Sevilla, le decía qué bueno que no hace frío.De su madre Sara heredó esa sabiduría y ese amor al prójimo que lo hacían tan grande. Este mago de las palabras recibió la declaración más conmovedora de su progenitora antes de morir: “cada vez te pareces más a lo que cantas”. Sara sacó adelante a siete hijos(murieron cuatro de hambre y frío) cuando fue abandonada por su marido. Ella también le dio una gran lección de bondad y humanidad con respecto a su padre. “Un día mi madre, que nunca habló mal de él, me dijo: ‘Vos que caminas tanto te vas a encontrar un día con tu padre, no cometas el error de juzgarlo, recordá el mandamiento ‘Honrarás al padre y la madre’ y recordá que el hombre que tengas adelante fue quien más amo, ama y amara a tu madre, entonces dale un abrazo y las gracias porque por él estás en este mundo”.

Posiblemente de ella haya también haya heredado la coherencia. Él que siempre daba “la cara al enemigo, la espalda al buen comentario” porque decía que “el que acepta un halago empieza a ser dominado”. Por eso, poca importancia le dio a los premios aunque tuvo muchos, entre ellos fue nombrado Mensajero Mundial de la Paz por Unesco en 1996 y hasta fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz. Ni siquiera la muerte de su mujer y de su hija en un accidente aéreo nubló sus creencias. Cuando tuvo dudas y no encontró explicaciones a la tragedia, la madre Teresa lo llevó a Calcuta a curar leprosos y allí aprendió donde podía dirigir todo el amor que le sobraba. No había perdido, había ganado otra vez. Él sabía que nunca perdemos a las personas porque nadie nos pertenece. Y así vivió el resto de su vida, sin ataduras, sin prisiones ficticias ni reales y expresando el amor en todas sus dimensiones.

Para cualquier persona interesada en el desarrollo personal,  recomiendo que busquen grabaciones de Facundo donde se lo ve en todo su esplendor. Siempre con una sonrisa en sus labios. Nunca demostrando que sabe más que el que pregunta, aunque muchas veces le han tocado entrevistadores de lo más tontos y necios. Siempre humilde, escuchando empáticamente al entrevistador. Todas las lecciones de coaching y de psicología positiva están resumidas en su figura. Todo el amor del mundo en él. Todo el amor que ha dejado y como él ya ha dicho, para velar a un cantor, con una milonga alcanza. Pero muchos sabemos que no alcanza con eso. Hoy el mundo de la paz y el amor está de luto.

Los dejo con una participación que tuvo Cabral en el programa de Jesus Quintero hace unos años.

Otra entrevista en La Vanguardia para saber si a la pareja hay que decirle todo

El periodista Jordi Jarque que ya me había entrevistado en febrero de 2011, me volvió a entrevistar para el suplemento Estilos de Vida para saber si a la pareja hay que comunicarle todo.

Secretos en pareja

No explicarlo todo no está reñido con la confianza

ES | 24/06/2011 – 11:08h

En el contrato no escrito de una relación sentimental estable se aconseja alimentar la comunicación y la sinceridad. Pero ¿realmente se cuenta todo? ¿Es necesario?

A veces es mejor tener la boca cerrada en casa Getty images

La Luna no revela la parte oculta, al menos si se mira desde la Tierra. Forma parte de su misterio. Y parece que en una relación de pareja tampoco se desvela todo. También hay partes ocultas. Pero no está tan claro si eso fomenta un saludable misterio en la consolidación de la pareja, o fomenta la desconfianza y la incomunicación. ¿Hay que contarlo todo a la persona que de manera estable forma parte de nuestra vida? ¿Es necesario decirle todo lo que se piensa de ella o compartir todo lo que sucede en el interior de cada uno? Hay respuestas para todos los gustos.

Preguntadas al azar a diez personas, tanto hombres como mujeres, de entre 20 y 70 años, ocho de ellas afirman que nunca hay que contarlo todo, que eso sólo fomentaría discusiones que no llevarían a ningún lugar, o que les gusta sentir que conservan parte de su intimidad, algo así como un espacio inviolable. Las otras dos personas, dos mujeres de 34 años y de 40 años, respectivamente, no conciben una relación de pareja sin poder contarlo todo y que les cuenten todo. “No tengo nada que esconder ni tiempo para esconder nada. Tengo absoluta confianza en mi pareja, así que se lo explico todo. Y no concibo que mi pareja no me contara todo. Para mí sería una señal de desconfianza. Si no quisiera compartirlo todo es que no me quiere realmente”. Uno de los chicos entrevistados, de 20 años, aporta la siguiente reflexión: “¿Si tú mismo no sabes todo de ti, cómo vas a explicarlo todo?”. Después añade que, en cualquier caso, la confianza no aparece el primer día como un milagro. Es un proceso, “y en la medida que vas ganando confianza, te vas abriendo más y compartiendo más intimidades”. Y otra mujer, de 47 años, asegura que prefiere jugar a ser un poco misteriosa con su marido, sorprenderle, que tenga cosas por descubrir. “Si lo sabe todo de ti ya no tendré nada nuevo que ofrecerle y se cansará. No tendrá ningún aliciente. Y no se trata de confianza o desconfianza. Si hubiera desconfianza no podría planteármelo de esta manera”. Las personas mayores que rozan los 70 años son más contundentes en sus respuestas, tanto hombres como mujeres, y afirman que nunca hay que decirlo todo. “Las verdades, sólo las justas y para que sean constructivas. Si no, mejor no decir nada o, en todo caso, mentirijillas piadosas. También forma parte de la complicidad decirle a tu esposa de 68 años que es la mujer más bonita. Ella se anima más y se pone un poco más coqueta y de buen humor. Me gusta hacerla feliz de esta manera”. “Si veo que mi marido la ha fastidiado en algo prefiero no decirle nada y que se dé cuenta él mismo, sino él se siente cuestionado y que ya no puede con todo. Con 70 años mejor reforzarle que hundirle más. Así se siente más seguro y está menos nervioso. Mejor vivir tranquilos. Además, así me mima más, es más atento y se muestra más cariñoso. Mejor no contarle todo lo que veo. Ya me lo decía mi abuela y tiene razón”.

¿Y qué aconsejan los expertos? ¿Hay que contarlo todo? El abanico de respuestas es amplio y aportan sus matices.

El misterio también tiene su papel. Leticia Brando, psicóloga y Single Coach en España y México de Parship GmbH, una agencia on line de búsqueda de pareja estable, presente en varios países de Europa y América, afirma que en una relación de pareja “hay que ser honesto, hay que ser auténtico, pero no significa que el otro sepa todo de ti. La feminidad es un misterio, y eso forma parte del atractivo de la mujer. Hay que saber mantener ese misterio para que el hombre vaya descubriendo siempre algo nuevo”. Por otra parte, hay diferencias entre hombres y mujeres, tal como señala Leticia Brando: “A los hombres les cuesta ser misteriosos”. Y, sin embargo, tienen dificultades en compartir su mundo emocional, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel asegura que los hombres son más cerrados, y Juan Manzanera afirma que en los hombres es más fácil que les dé miedo la fusión. “Enseguida se ahogan, necesitan más espacio. En cambio, las mujeres tienden más a la fusión. En cualquier caso, es importante no negar que cada uno tiene su propia intimidad y fluir entre la fusión y la individualidad”. Ciara Molina explica que, en el día a día, “habrá gente que explique más o menos cosas a la pareja, pero cuando sabemos gestionar nuestras emociones en tanto en cuanto nos afectan y afectan a la persona con la que estamos, muy pocos son los que verdaderamente lo cuentan todo. Aunque la comunicación es imprescindible cuando compartimos sentimentalmente la vida con alguien, el omitir ciertos momentos de esta no quiere decir que se esté engañando a esa persona, sino que es un compendio que necesitamos para protegernos emocionalmente a título individual”.

Se cuente o no se cuente, las mujeres se percatan enseguida de que los hombres les ocultan cosas, asegura Leticia Brando. “Además, con la edad, el poder intuitivo de una mujer se refina y descubren antes lo que ocultan los hombres. En cambio, las mujeres saben ocultar mejor”. ¿Esto es mejor o peor para la estabilidad de una pareja? Esperanza Pérez comenta que en toda relación de pareja hay cosas que no se dicen para que el otro no lo pase mal. Y relata el caso extremo de una paciente que durante un tiempo llevó una doble vida sin conocimiento del marido, pero que eso salvó el matrimonio. “Reconocía que si no fuera por su amante no hubiera mantenido su matrimonio. En cambio, así fue feliz. Curiosamente, el amante le daba estabilidad en la relación con su pareja, a la que, por otra parte, no quería perder y no perdió. El amante también le daba una morbosidad que con el marido no tenía. Estas situaciones son más habituales de lo que se cree”. ¿Dónde está el límite de lo que se cuenta y lo que no?, se pregunta Juan Manzanera. Y él mismo responde: “Saber reír juntos. Ahora mismo estamos en una época que predomina la independencia, sin demasiada fusión. Y preservar tanta autonomía también es negativo. Hay un exceso de individualidad”. También hay personas que sencillamente tienden a comentar pocas cosas de sí mismas, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel habla de personas introvertidas, “hay que entender que no lo expliquen todo, pero poco a poco se van abriendo si en la relación se alimenta la confianza”.

En cualquier caso y, como afirma Janai Colimon, “hay que construir una nueva forma de relacionarnos”. ¿Qué forma? En teoría casi todo el mundo lo sabe. En la práctica queda mucho camino. En eso estamos. “Y nos cuesta tanto porque todavía quedan por descubrir muchas capas de uno mismo”, termina por decir Julia Pretel. Algo así como descubrir la cara oculta de la Luna.

Para leerla completa en La Vanguardia.

Entre el narcisismo y el individualismo imperante

Nunca ha estado más vigente como en estos tiempos el mito griego de Narciso. Ese joven de radiante belleza, que rechazaba tanto a las mujeres como a los hombres. Hay varias leyendas en torno a Narciso pero voy a escoger, la que lo relaciona con Eco, una ninfa enamorada de su belleza. Como tantos seres fascinados por la hermosura de Narciso, Eco es rechazada por él. La desolación de Eco la hace perder su cuerpo, sus huesos se petrifican y sólo su voz permanece intacta. Tras esto, los enamorados rechazados por Narciso suplican a Némesis, la diosa de la justicia, la venganza y la fortuna, que cuando finalmente él logre amar, sienta similar desesperación a la que sienten ellos. El castigo se cumple cuando Narciso, mientras bebe agua durante el transcurso de una cacería, queda fascinado ante la imagen que le da su reflejo, sin darse cuenta que es su propia sombra sin consistencia. Finalmente absorto ante ese amor hacia sí mismo, termina arrojándose a las aguas.

En el mundo hipermoderno que analicé en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”, las personas no buscan su reflejo en idílicos lagos sino más bien en espejos que dominan sus habitaciones, en los escaparates en los que vislumbran su reflejo mientras ojean unos zapatos en una tienda de moda, o bien con enorme descaro en su espejo retrovisor mientras esperan que cambie el semáforo. En un mundo donde todos aspiran a ser jóvenes y bellos, los enemigos son la vejez, los quilos de más y la falta de tersura en la piel. Este narcisismo hipermoderno conduce a un individualismo, centrado en el interés que se dedica cada individuo a sí mismo. Un ejemplo de esto es la serie “Sex and the city” que relata las peripecias de cuatro amigas en Manhattan y es hoy una obra de culto, tras haber finalizado sus episodios hace varios años. Carrie Bradshaw y sus amigas conocen a hombres, se relacionan pero nunca pierden su independencia, sus gastos son para ellas mismas y por ello, compran zapatos de Manolo Blahnik y mejor si las viste Gucci o Prada.

No es un fenómeno nuevo. Desde el mundo helenístico y romano, las grandes ciudades llevan a individuos cada vez más aislados y más dependientes de sí mismos. Salvo que sean una forma de expresión del individualismo, el individuo asiste a manifestaciones antiglobalización o de protección del planeta, siempre y cuando le permitan expresar su ser original. Nada de ser parte de una masa irracional. Soy sólo una parte de ese todo pero mi parte vale más que el todo. Me debo a la cultura, a la familia, a la empresa, a la sociedad, a la humanidad pero más que nada me debo a mí mismo. El individuo hipermoderno es su propio objeto de conocimiento y de ahí el auge de la literatura de autoayuda. Al mismo tiempo, es objeto y sujeto, por lo que también busca transformarse, evolucionar, mejorar, reciclarse. En este contexto, convive el individualismo centrado en el cuidado de sí, en el cultivo del cuerpo en los gimnasios, en la necesidad de pasar horas chateando frente al ordenador y con escaso tiempo para tomar un café con un amigo. También convive el individualista que se aleja del mundanal ruido practicando yoga y meditación en un retiro lejos de la ciudad y ese ostracismo durará el tiempo que se retorne a la ciudad al ciclo interminable. De hecho, en nuestra sociedad, vivir rodeados no implica vivir acompañados.

Aunque el ser individualista no es como en otras épocas, aquel ermitaño que se recluía a pensar en la montaña y alejarse del mundanal ruido. El individualismo del siglo XXI no surge ante una contemplación serena. Más bien, las mujeres y los hombres del nuevo milenio viven absortos en sus emprendimientos, su trabajo, su rutina diaria. Solamente entran en sí en el choque con la realidad, en la experiencia de la frustración, fracaso o derrota. El infortunio, un accidente, la muerte de un ser querido, una separación arrancan al ser humano de su plácido egocentrismo. Percibir los problemas lleva naturalmente a reflexionar sobre la identidad, el objetivo en la vida y el significado de la propia existencia.

En tiempos hipermodernos, donde proliferan los movimientos antisistema con las reuniones del G8, el ser humano encuentra, reconoce, asume y examina sus problemas e intenta dar una respuesta que pueda iluminar su problemática. Ante una ruptura, un rechazo, una separación, en el mundo de sobredosis de estímulos, el individualista optará por olvidar lo más pronto posible, ya sea desplazando su objeto anterior de amor y proyectando el sentimiento perdido en un nuevo objeto.
Y para el final, quizá la mejor canción que resuma estos tiempos sea Lost Cause de Beck, :


© Leticia Brando, 2011, Toda reproducción total y parcial es posible siempre que se cite el texto original.

Ser felices: el poder de elegir y ser libres

El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta, como un estado de bienestar ideal. Para algunos, la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.

¿Dónde buscar la felicidad? ¿En acontecimientos externos y materiales o en nuestras propias disposiciones internas?

Desde un punto de vista psicológico, se suele estudiar el bienestar subjetivo de cada individuo y sus consecuencias en su familia, pareja, amigos y trabajo. El abordaje de la felicidad suele ser propiedad de la filosofía pero nunca como en esta época moderna, hemos estado tan necesitados de filosofía, que alimente el alma y espíritu.

Desde las nuevas terapias alternativas, algunas corrientes psicológicas como Gestalt y los seguidores de Oriente, se nos pide que nos centremos en el presente y dejemos de lado el pasado. El interés se centra en el aquí y ahora.

Por el otro lado, desde los principios del coaching ontológico, se resalta la importancia de las metas, de los planes a futuro, mientras que el presente y el pasado son tiempos secundarios.

En el psicoanálisis se hace necesario ahondar en el pasado para descubrir las causas de los síntomas del presente.

En la práctica, sabemos que para que algo salga bien, debemos centrarnos en nuestros proyectos actuales y no lamentarnos de lo que no hicimos en el pasado. Pero recurrir al pasado, a los errores cometidos, nos sirve para perfeccionar nuestra accionar actual. Por otra parte, los planes de futuro nos crean esperanza, ilusión, uno de los motores más potentes para tener una vida optimista. De esta manera, se hace esencial aprender de las experiencias pasadas para cambiar y evolucionar.

La condición de ser felices viene asociada con una autoestima sólida, que permanece y no fluctúa. Gracias a esta autoestima, sabremos la importancia de rememorar con agrado nuestra historia, sin arrepentimientos y la ilusión de proyectarnos en el futuro.

AUTOCONOCIMIENTO PARA ELEGIR
Cuesta creer que es posible ser feliz tan sólo con el viaje al interior hacia uno mismo. Parece una frase cliché que repite un sector minoritario. Pese a la tristeza, el crecimiento de la depresión, el crecimiento del individualismo, la deshumanización de la sociedad en este auge de la robótica, los seres humanos se han formado para estar contentos y felices.

La felicidad es lo opuesto a tristeza, depresión, ansiedad, estrés, los grandes males del siglo. Es importante pensar de forma positiva aunque las circunstancias sean adversas. Cuando la persona está deprimida, su percepción es que todo es demasiado malo o demasiado difícil y esto le hace perder objetividad.

La felicidad es un concepto con profundos significados. No solamente los alegres son felices. No necesariamente debemos dejar de ser felices porque en nuestra vida se cruzan otras emociones como el dolor ante la pérdida de un ser querido, o la incomodidad de no conseguir los objetivos deseados en un trabajo, o la impotencia frente a la falta de compromiso de otras personas en un proyecto común que se debe liderar.

La vida no está exenta de obstáculos y no por ello, debemos reaccionar negativamente. Pensemos que nuestra vida es una gran película, donde somos los actores principales, nos relacionamos con algunos otros protagonistas, actores secundarios, que aportan algo al guión pero no son esenciales y los obstáculos, problemas, discusiones, rupturas, pérdidas serían como cuando se descompone algún aspecto técnico en el medio del rodaje del film. Los desperfectos técnicos no deben evitar que la película siga rodándose, son solamente detalles que debo solucionar y mientras lo hago, continúo tratando de vivir mi personaje de forma creíble y honesta.

Si supero los desperfectos técnicos, si dejo que sean sólo detalles sin importancia, tendré mi película, lograré mi objetivo. Además del aprecio a uno mismo, a sentirnos capaces de dar y recibir amor, otro asunto esencial en el logro de la felicidad es nuestro derecho a elegir. Si no podemos tener capacidad de elección, estamos como prisioneros en un mundo sin libertad. Elegir el curso de nuestra vida nos acerca a ser felices y libres. Elegimos a quien amar, en qué trabajar, qué decir y en qué invertir nuestro tiempo. Y ante el obstáculo, elegimos superarlo y no sentirlo como una desgracia.

EL PODER INTERNO DE LA RESILIENCIA

Relacionado con esto, está el tema de la resiliencia, la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas graves. La resiliencia es una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que experimentaron una situación traumática, han conseguido superarla y seguir desenvolviéndose y viviendo en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. La resiliencia resulta ser un ajuste saludable a la adversidad. En algunos casos, puede ser la capacidad de superar una ruptura en el amor, la capacidad de cambiar de país, volver a empezar tras diez años sin trabajar en el caso de una ama de casa, transformar un despido en una experiencia enriquecedora como la creación de un nuevo proyecto laboral, o en un alto ejecutivo puede ser el riesgo de salir de su zona de comodidad, dejando la empresa donde ha trabajado toda su vida.

Por más obstáculos que tengamos si sentimos motivación, reaccionaremos positivamente para concretar nuestros fines. La motivación es la actividad dirigida a algo y en su búsqueda, las personas experimentan sentimientos positivos profundos.

Para proyectarnos de forma positiva al futuro, el optimismo es una condición esencial. El optimismo puede definirse como una disposición de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

Las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosos y a tener mejor estado de salud física. Las personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza suelen obtener resultados positivos en el futuro y creen en su propia capacidad para alcanzar metas. Estas personas tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes.

Por mi experiencia de vida y la comprobación de algunos casos científicos, he comprobado casos de enfermos de cáncer terminales, a los que se les pronostica una expectativa de vida de apenas 6 meses, en los casos de los enfermos optimistas, los que hicieron uso de su energía positiva, ven alargado su tiempo vital, contrario a todos los pronósticos.

Si en vez de tratar de ver que podemos superar una enfermedad, una crisis económica, o de pareja, nos tornamos pesimistas, difícilmente veamos la luz. Todo radica en el enfoque que se vean las cosas, en el poder de elección y de decisión de cada persona. Si nos empeñamos en ver inconvenientes y problemas, nos volveremos desanimados y apáticos. Si miramos la vida del lado optimista, encontraremos soluciones, ventajas y posibilidades.

(*)Licenciada en psicología y single coach, consultora en desarrollo personal

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©2011. Leticia Brando. Todos los derechos reservados. Cualquier reproducción de este texto sólo será permitido si se cita la fuente original.

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De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.

Y la felicidad, ¿alguien cree que la puede comprar en las últimas rebajas?

Sumidos en un mundo materialista que privilegia el tener al ser, los hombres y mujeres han pasado otra vez las fiestas navideñas con una agenda colmada de compras, compromisos, obligaciones y con ciertas expectativas existenciales. Transcurrido este ambiente festivo, ahora llegan las rebajas. Pero los hombres y mujeres siguen ansiando que este año les depare paz, salud, dinero y por supuesto, amor.

Las personas más relajadas se plantean la época pos navideña como un buen momento para la reflexión y para disfrutar de la familia. Entre tantas compras y tanta imposición a ser buenos y caritativos, surgen diversos planteamientos. ¿Es necesario comprometerse a tantas comidas y cenas si no apetece? ¿Ha sido tan terrible la idea de reencontrarse con esa familia tan temida? ¿Y cómo nos situamos ante este nuevo año?

Conozco mucha gente que siempre está disconforme con su vida. Vive agobiada por las cuentas a pagar, o por lo que opinan los otros sobre su vida o por todo lo que aún no han hecho. En realidad, ese tipo de personas suelo observarla más en ciudades como Montevideo, donde la sociedad de control como dirían Michel Foucault o Gilles Deleuze es mucho más evidente. Allí las presiones sociales a tener pareja, una familia y un buen trabajo son las principales causantes de la culpa tan temida. El peso de la familia como núcleo social es tan evidente que no es posible ser sin antes ser observado y juzgado. La mirada es inquisidora, severa, crítica y entonces la persona actúa en función de lo que se espera que sea. En cambio, en ciudades como Barcelona, donde hay una gran confluencia de culturas, donde hay mucha gente que viene y va, las presiones son simplemente para llegar a fin de mes o pagar la hipoteca y los más opulentos en pasar de un Audi a un Mercedes Benz, o los más modestos pensarán en cambiar la bicicleta por una scooter. Pero en la capital de Cataluña no hay tantas imposiciones sociales de cómo debería ser la vida de uno. El individualismo tiene sus ventajas también y una de ellas es que cada uno puede hacer lo que quiere. Cada uno es libre de ser lo que quiere ser y por tanto, cada uno es responsable de sus consecuencias. Ya no se puede culpar a la maestra, a mamá o a papá de los errores propios. El mal no es ajeno pero la vergüenza sí, por supuesto. Esto de avergonzarse al mirar al otro porque se atreve a hacer algo que nunca haría también acontece en Cataluña. Los montevideanos y los catalanes, tan lejos y tan cerca, al fin de cuentas.

Tanto estemos en Barcelona como en Montevideo, lo cierto es que siempre surge el reclamo inocente de pedir al nuevo año que sea mejor que el anterior. Sería mejor evitar las especulaciones y programarse en positivo para el nuevo año. Para ello, nada mejor que reemplazar aquello que parece malo por algo que se proyecta como muy bueno.

Hacia una vida feliz

De esta manera, los empresarios pueden apartar la palabra crisis de su mente y pensar en la cantidad de oportunidades y caminos nuevos que se pueden tomar en 2011. Además tenemos la oportunidad de estar más tiempo con los padres, hermanos, primos, y esos familiares a los que se aprecia pero que no se puede estar mucho tiempo en el resto del año.

Otro reemplazo posible es dejar de lamentarse por no haber recibido un regalo grandioso ni agobiarse por gastos y compras desmedidas a diversas personas. Mejor pensar que es lo que hemos dado o recibido en este último tiempo que no haya sido necesariamente material. Puede ser ese “te quiero” que aún no hemos dicho o ese beso que no hemos aún dado.

Posiblemente el reemplazo esencial que podemos hacer en estas fechas es el de abandonar esa especie de castigo emocional a la que se someten muchos hombres y mujeres: el castigo por lo no conseguido. No siempre es productiva la autocrítica ni la crítica excesiva a los otros. El perfeccionismo y el excesivo detallismo nos impiden disfrutar de las cosas. El goce de la vida supone más amplitud de miras y no está exento de ciertos momentos de tristeza.

Ese proyecto que no se ha alcanzado, esa mudanza que se sigue prometiendo para el año próximo, ese viaje postergado, ese amor no consolidado. Mejor evitar esas preocupaciones tan vinculadas con la culpa. Resulta más sano y más productivo, trazar nuevos objetivos si los anteriores no se han cumplido. En este camino de renovación, de programación de nuevas metas, también vale pensar en nuevos proyectos que sean posibles a corto o mediano plazo. Puede ser la inscripción a clases de guitarra, o de flamenco, o de salsa, o la vuelta a la Universidad a hacer un posgrado, o aprender pintura, o programar nuevas vacaciones con los hijos.

Sencillamente, comenzando con estos reemplazos: de la presión familiar al disfrute de la familia, del gran dinero gastado en presentes sin significado a regalos significativos y de la sensación de fracaso a la motivación ante nuevos proyectos, comenzaremos a caminar hacia una vida feliz. La felicidad no es la carencia de sufrimiento ni significa una opulencia de riqueza y belleza. Las personas que obtienen la felicidad, lo hacen porque antes han aprendido a superar los aspectos negativos en su vida. Aceptar los miedos, los obstáculos, las debilidades y las fortalezas nos van acercando a nuestro ser feliz.

Por tanto, es importante detectar aquello que nos genera bienestar. Si anhelamos imposibles, es probable que estemos alejados de nuestro bienestar emocional y nos sintamos frustrados. Pero si reconocemos que nuestro bienestar puede estar más unido a compartir con nuestro núcleo afectivo, padres, hermanos, hijos, amigos o en soñar y dibujar nuevos emprendimientos, eso nos acercará más a una vida más plena.

© Leticia Brando, 2011 Toda reproducción debe citar el texto original

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La sana locura de vivir para crear

Disfrutando unos días en Montevideo, comí hoy con la periodista Maria Noel Alvarez y Susana Bernik, diseñadora de modas uruguaya y directora de Bernik Magazine, revista para la que escribo una columna titulada “El ángel viste de Prada” y donde hablo de las aventuras y desventuras amorosas de hombres y mujeres tanto en Barcelona como en Montevideo. Esa columna surgió de algunos de los temas que analicé en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. Susana es un ejemplo para mí de una mujer con mente joven y creativa. Proveniente del mundo de la moda, donde triunfó en Argentina y Uruguay como diseñadora de modas, en 2009 fundó su propia revista. Haciendo caso omiso a los críticos y criticones que no entendían que una creadora de la indumentaria se metiera en terrenos periodísticos, Susana armó su equipo e inició la aventura de Bernik Magazine. No escuchó a los que consideraban que estaba loca por emprender una revista en Uruguay. En realidad, todo emprendimiento surge de una visión. Muchas veces esa visión es vista como loca, imposible, un sueño irreal pero lo importante es lograr que esa idea pase a la acción y encontrar la estrategia. Este comportamiento visionario, imaginativo, irracional, poco comprendido por los cuerdos suele ser el empleado por los grandes líderes o las personas que encuentran su razón de ser y de hacer. Este estado de locura sana a veces se transmite en la vida real y es así que hay personas que transmiten esa misma visión colorida, positiva, enérgica en el resto de sus relaciones. De esta clase de gente es Susana Bernik que derrocha creatividad y siempre está dispuesta a escuchar nuevas ideas. Son esos seres que tienen visión de emprender un negocio, crear una nueva marca y también tienen la perspectiva de compartir esa visión con otros. Para compartir, basta que tengamos generosidad y empatía para sintonizar con los otros. Cuánta gente hay en este mundo que carece de visión para ser feliz, sólo se ve triste, sumido en un círculo de preocupaciones, incapaz de valorar a las personas que le dan su tiempo y su energía. Cuántos líderes hay que sólo ven defectos en sus trabajadores y les cuesta apreciar los avances. Cuántas personas hay que deciden vivir en las tinieblas y cuando llega alguien con luz, sienten la tibieza pero por cobardía se resguardan en sus cuevas de temores. De esto se trata precisamente emprender y vivir: desterrar los miedos y atreverse a compartir con otros más allá de las diferencias.

Un ejemplo de tolerancia y de aceptación de esta diferencia que todos tenemos son las redes sociales. Ante los cientos de amigos que podemos hacernos cada día en Facebook, podemos ver la diferencia de sentires y las distintas perspectivas de asumir el juego de vivir. Tendremos amigos que cada día ponen una frase de Osho en su estado, otros que prefieren exhibir su cotidianidad, otros que promocionan sus productos y otros que simplemente son factibles de conocer algún día para cultivar una amistad o compartir una idea. Pero en cada caso, aprendemos que hay distintos mundos posibles en la mente de cada uno.

Los avances tecnológicos están transformando la manera con que las personas se relacionan interna y externamente. En realidad, así como sucede en las empresas, también en la vida de cada uno, la energía intelectual y la imaginación son las que crean nuestras posibilidades en este mundo tan dinámico. La imaginación es esencial también en la vida de una empresa. Según Tom Peters, la organización exitosa del futuro, tendrá la capacidad para administrar la imaginación de las personas. Esa imaginación es lo que creará el valor de mercado en una corporación. Para subsistir en esta era, Peters piensa que toda empresa debe estar dispuesta a cambiar. Sólo podrán prosperar aquellas con verdadera pasión por el aprendizaje y por la adaptación. Muchas organizaciones están estancadas, desorientadas y tienden a ser monótonas, ya que carecen de la habilidad para adaptarse a los cambios requeridos. El comercio se está manejando a un ritmo sumamente acelerado. Si una empresa no está preparada para cambiar, debe conformarse con quedarse rezagada.

También las personas debemos administrar nuestra imaginación y creatividad. A veces, queremos sentirnos cercanos como un cuadro de pop art y buscamos llegar a todos, porque necesitamos el mundo para compartir. Otras veces, nos basta con ser un cuadro de arte abstracto, comprendidos por pocos y donde no siempre el interior puede ser visto con claridad. Imaginamos, creamos, sentimos, vivimos y amamos lo que somos y hacemos. Cuando lo hacemos, no cuesta nada el atrevimiento de cambiar de rumbo. Renovamos la pisada cuando el sendero por el que veníamos, comienza a ser espinoso. Y comenzamos a compartir visión con personas que nos respetan, nos consideran, se comunican de forma transparente y que nos quieren más allá de nuestras locuras y corduras.

©Leticia Brando, 2010. Todos los derechos reservados. Cualquier reproducción de este texto sólo será permitido si se cita la fuente original.

La vida o un placer constante en el cambio

No sabemos casi nada de dónde venimos. De una madre y de un padre pero del origen de la vida, hay diversas teorías. Algunos dicen que somos seres un poco más evolucionados del chimpancé. Otros que somos polvo de estrellas. Sólo sabemos que la vida viene evolucionando sin prisa y sin pausa. Antes de nacer, vamos desarrollando los ojos pero la mirada viene después. Sentimos el desarrollo como un camino inevitable hacia lo desconocido. La placenta nos alberga y aunque no queramos, nacemos y vemos la luz. Lloramos y nos calmamos cuando alguien nos coloca en el pecho materno. Gateamos y exploramos ese mundo que nos ha tocado vivir. Vemos el sol y nos tapamos los ojos cuando su luz es muy intensa. Otras veces, disfrutamos de la calidez de sus rayos mientras creemos ver estrellas fugaces en pleno día. La luna es redonda a veces y pronto nos cercioramos que la tierra no es plana. Nos caemos, lloramos y volvemos a levantarnos. Nos trepamos por árboles o por sillones. Dibujamos en papeles o en paredes blancas que parecen invitar a crear. Somos pequeñas criaturas que ya sabemos que podemos hacer grandes obras de arte en cualquier superficie lisa. Luego vamos al colegio y necesitamos saber que el reloj se ha inventado por algo. Aún no pensamos en agendas apretadas pero desayunamos con prisa porque hay un timbre que señala el inicio de las clases y es el mismo que nos recuerda que también tenemos recreo. Hablamos, leemos, saltamos, jugamos, nos disfrazamos, leemos libros, miramos cine, acariciamos animales, reímos y otra vez creamos mundos imaginarios cuando alguien nos pregunta qué seremos. Seré maestra porque ellas saben de todo un poco. Aunque pensándolo bien, seré DJ porque pasando música, todos se lo pasan bien o mejor corresponsal de guerra para cubrir lo que duele al mundo. No, no, mejor escribiré libros porque así alegro la vida de otros con mi imaginación. Y si mejor sigo pensando porque si me decido a ser algo, quizá dejo de ser pronto.

Algunos dejan a la vida que decida lo que serán y así andan torpes y perdidos. Y otros crecen y deciden con claridad lo que quieren ser. Desde sus primeros años, tienen clara su vocación. Desde niños, imaginan mundos posibles que luego construyen de adultos. Y escogen usar zapatos en la ciudad y descalzarse en la tierra cuantas veces sea necesario. Escogen ser felices no sólo cuando hay risas y diversión. Escogen ser buena gente porque les sale más económico que la rabia, la envidia, la pena y la mala leche. Y son ese tipo de gente que cada tanto recurre a su niño interior, que se permite la risa, el llanto y la risa sin imposiciones de cosas o de terceros. Nuestro niño interno sólo escucha el sonido de nuestro corazón. Y casi sin querer, queremos y nos enamoramos. Pronto aprendemos que en esto del juego del amor, hay que aprender a vivir sin miedos. Tan tranquilos estábamos inmersos en nuestros planes, cómodos ante lo previsible y de golpe nos viene alguien que nos desacomoda y nos alegra el alma. Con algo de ansiedad y temor, aceptamos ese desorden dichoso y todo para volver más tarde a la estructura y a la rutina.
En realidad, buscamos la rutina pero nada más constante que el cambio. A veces, la vida nos regala historias mágicas. Otras veces, sólo vemos fiestas interminables, gente esporádica, que viene y se va y algunos amigos intermitentes. Entonces, puede que reivindiquemos el poder reflexivo de la melancolía, la construcción de un mundo privado que nos aísle cada tanto y nos proteja, que nos haga replegarnos para emerger más fuertes. Creemos que sólo recordando el pasado de glorias, podremos repetir las mismas hazañas en el presente. Otras veces, sentimos que todas las flores se han marchitado en nuestro huerto de felicidad. Los relojes se detienen entonces en las glorias pasadas. Ni nuestros vínculos más cercanos parecen suficientes para solventar la desazón. Pero un día, dejamos de tejer sueños imposibles en nuestra mente, dejamos de regodearnos en nuestro propio dolor y otra vez nos superamos. Cambiamos otra vez y volvemos a creer, a construir, a amar, a vendar las heridas del alma. Y casi no sufrimos los vaivenes de la vida cuando desarrollamos nuestra veta espiritual y nos identificamos con nuestros valores genuinos, esos que trajimos desde que nacemos. Reconocemos que somos amor, poder, sabiduría, generosidad, cooperación, respeto y entonces vienen las crisis y los huracanes del mundo y seguimos erguidos y tan campantes. Cuando trabajamos nuestra fuerza interior y escuchamos a nuestra alma, no sufrimos si alguien nos critica porque aceptamos que no somos perfectos. Tampoco nos inflamos si alguien nos elogia porque sabemos que no necesitamos frases vanas. Cuando potenciamos los valores, reforzamos nuestra autoestima y conectamos con el ser. Las personas que cultivan el ser siempre dicen “quiero” en contraposición a las personas que se centran en el “tener” y sólo dicen “tengo que”. Cuando quiero, seguramente llegue a mi meta porque estoy partiendo de la potencia. En realidad, las personas que dicen “quiero” son las que siempre están bien rodeadas. A veces, sienten que suben una cuesta dura pero tienen cerca a otras personas, que proponen, invitan, se acercan, sonríen, se interesan, preguntan, y no sólo escuchan sino que comparten sus vivencias. En otras palabras, saben cómo unir su tiempo y espacio con otros. Y aquí estamos hoy, 6 de septiembre de 2010, queriendo que el mundo sea mejor, que las personas sean auténticas, que no se enrollen con gente inadecuada, que se quieran para así poder querer más, que sientan porque sino la vida no tiene sentido, que sean activos procesos de su cambio, que tomen las riendas de su vida, que rían siempre que puedan y que no duden en emocionarse y llorar. Y sobre todo que no se queden solos. Que se unan porque sólo en la cooperación tenemos la fuerza. Al final de cuentas, todo depende de nosotros. Cada día, podemos ver aparecer a nuevas personas que nos pintan el mundo con colores nuevos. Afortunadamente, todavía quedan muchos de esos seres que desbordan nuestro pobre lenguaje y nos dejan sin palabras.