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Las vacaciones y el tiempo para una pausa

Mientras Barcelona recibe su invierno con un clima bastante agradable, en Montevideo acontece el verano. Cuando suben las temperaturas, muchas personas se despojan de sus ropas y de muchos prejuicios. El verano parece ser la estación ideal para disfrutar del amor y de la amistad, hacer ese viaje que teníamos postergado, cambiar ese hábito que nos ha traído problemas con los otros. También es la etapa ideal para revisar nuestras dudas y certezas y emprender un nuevo camino en caso que sea necesario. Pero sobre todo es el tiempo para hacer eso que no siempre tenemos tiempo. Y para dejar de vivir tan acelerados. El verano y las vacaciones no nos permitirán detener el tiempo pero sí disfrutarlo más, sin agobios ni presiones.

Buen tiempo para el amor

Los expertos señalan que las feromonas humanas, esas sustancias causantes de la atracción entre hombre y mujer, tienen un efecto mayor con los primeros calores. Con el alargamiento del día, el calor provoca que las personas pasen más tiempo fuera de casa: paseando, haciendo compras, disfrutando la playa o en la piscina. Del mismo modo, las personas parecen más propensas a relacionarse. Además de ser un buen momento para comenzar a ocuparse de uno mismo y dejarse de preocupar por cosas vanas e inútiles, las vacaciones son también un buen momento para mostrarnos más abiertos al contacto con el otro. 
Otros dicen que las vacaciones son el desencadenante de rupturas. La rutina y los hábitos de cada uno se ponen en juego aquí. Él puede pensar que las vacaciones son un momento ideal para descansar y alejarse de todo contacto con el exterior. Y ella puede pensar que es el momento perfecto para salir, divertirse, practicar diversos deportes y disfrutar de todas las excursiones que se presenten. En este caso, se hace imprescindible que cada uno respete los gustos del otro sin dejar de ser ellos mismos.

Cuando surge el conflicto ante la diferencia, resulta beneficioso revisar, analizar y discutir sin faltar el respeto. La negociación es básica en el amor. Por tanto, puede que ella prefiera salir de compras por los mercados del pueblo y él prefiera yacer en su tumbona, dormitando o leyendo el periódico. Eso no quiere decir que sean incompatibles. Simplemente que en ese momento les apetece distintas cosas. Respetar los tiempos de cada uno es primordial para lograr una buena relación. En este caso, lo más efectivo sería acordar que ella vaya a sus compras, él permanezca tumbado y luego se encuentren en el chiringuito de una playa cercana.

Tiempo de reencuentro con amigos y familiares

Durante nuestras vacaciones, podemos enfocarnos en proyectos que habíamos dejado pendientes. Una salida a pescar con algún familiar, un fin de semana con amigos, una cena pendiente con compañeros de trabajo. Después de todo, no hay mejor tiempo perdido que el tiempo invertido con nuestros afectos.

Aprovechar las vacaciones para emplear bien el tiempo

Para conocer el verdadero valor del tiempo, debemos disfrutarlo y no sentirlo como algo que se nos evade. Si empleamos mal el tiempo, es natural que nos quejemos de su brevedad. Efectivamente, tenemos un 7 por ciento más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20 por ciento más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar las numerosas opciones que tenemos.
Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo.

El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte. Si antes de partir de vacaciones, solías tener esas agendas colmadas, que te dejaban con agotamiento, puedes comenzar a renunciar y priorizar. Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades.

Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas.

El verano y las vacaciones pueden ser un buen momento para que dejemos de ser tan exigentes con nosotros mismos. Podemos aprender que no pasa nada malo con las cosas que aún no hemos hecho. Debemos tratar de ser eficaces pero estar en paz cuando no hemos podido terminar algo.

Debes tomar conciencia y decidir a qué queremos dedicar nuestro tiempo, poner prioridades, saber decir ‘no’ y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto el último partido del Mundial. La reserva de tiempo para uno mismo es esencial. Podemos aprovechar las vacaciones para crear el hábito de estar solos un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy.

¿Podemos reaprender a vivir en el verano? En cualquier momento del año, podemos decidir que somos los dueños de nuestra vida. Nadie más que nosotros. Ni mi padre, ni mi jefe, ni mi pareja, solamente yo puedo decidir sobre lo que me hace feliz. Para ello, debo ser responsable y elegir sobre lo mejor para mí en cada momento.

Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. El lector, que ha decidido leer este post, ya ha elegido. Se ha dado unos minutos para sí mismo, para observar y reflexionar. Ha sabido encontrar tiempo, mejor dicho, ha aprendido a concedérselo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la persona que se permite un espacio a la reflexión asume una actitud casi heroica. Ha dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena.

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El dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, cuando éramos niños y nos bastaba disfrutar de la sensación de los rayos de sol en nuestra piel y el aroma de los bosques de pino.

Los dejo aquí con un programa que hice en “Hola Barcelona” de BTV, justamente hablando sobre vacaciones y el disfrute del tiempo:

 

Hombres perros, mujeres gatas y reivindicando el realismo

Mientras en España aún se escuchan los ecos del triunfo del PP en las últimas elecciones, para no perder la costumbre estuve pensando en el amor. Pero no en cualquier tipo de amor. Estuve pensando en los amores perros y gatunos.(*)

En el marco de un documental que escribí y produje sobre el amor, titulado “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo”, que fue filmado en Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, aproveché para hablar sobre las diferencias entre perros y gatos con mi amigo, el escritor Francesc Miralles, partidario del amor gatuno. Ciertamente, el perro es más dependiente y necesita que lo saques varias veces a la calle. El gato se muestra independiente, solitario y suele demandar poca atención. Por lo demás, el gato acompaña sin demandar atención. Es diferente el perro que busca que le mimes, le hables, juegues con él y hasta que le digas que le quieres. Pensando en personas, cuando hablamos de un hombre que actúa como un perro, solemos pensar en alguien que engaña, es ruin y actúa con malicia. Cuando se habla de un hombre que es un perro faldero, pensamos en un tonto que acepta sin chistar todo lo que su mujer le dice. Contrariamente a esta expresión, existe la de fiel como un perro. Todo lo aguantarás porque como tu perro, ese hombre te espera, te celebra y te venera. En cambio, si le decimos a una mujer que es como una gata, aludimos a su astucia, sensualidad y flexibilidad. Si pensamos que además en Brasil se le dice gatinha a la chica guapa, entonces da más ganas de maullar que de proferir ladridos.

Al mismo tiempo, pensemos en nuestras relaciones. Si ladramos a nuestra pareja y a nuestros amigos como un perro, si demandamos constantemente cariño y una jornada intensa de atención, a la corta o la larga, el otro se aburre de nosotros. El mundo actual requiere de seres independientes y no dependientes. Nuestros resultados son diferentes si actuamos como un felino. La mujer de Francesc me confesó que ella cree que sus trece años continuados de amor se deben a que ella actúa como una gata: es silenciosa, independiente, deja espacio, no se entromete en su decisiones pero está presente. Pero más allá de cultivar el amor perruno o gatuno, Francesc opina que debemos cortar con la fantasía romántica que instaló “Madame Bovary”, la novela de Gustave Flaubert. En este libro, la heroína está insatisfecha de su matrimonio con un médico mediocre y rechaza su rol de madre. Se evade leyendo novelas románticas y buscando amantes que le prometan una mejor vida. Francesc cree que el secreto del amor estable es dejar de pensar que uno se tiene que quemar por dentro para sentir amor. El realismo o la aceptación del otro como un ser común y silvestre evita dolores de cabeza y desazones del corazón. Tanto se pide al otro de una forma intensa y rápida que las relaciones suele ser tan fugaces como los destellos de la pasión.

Este mismo realismo pero con una perspectiva más despiadada manifestaron algunos hombres argentinos y uruguayos al ser entrevistados para el documental. Los barceloneses suelen separarse o divorciarse cuando su pareja no les hace feliz. Los argentinos y uruguayos prefieren continuar su relación y recurren a amantes estables o esporádicas para volver a arder como Emma Bovary. Ya no hay amor, mucho menos pasión, ni siquiera caricias, ni comunicación ni comprensión pero subsiste el suficiente compañerismo para continuar con su matrimonio y no romper la armonía familiar. La familia triunfa sobre la pareja. En esta sociedad de perros fieles a la institución familiar, más partidarios de las obligaciones que de prodigar afecto, las esposas deberían circular como gatas y buscar nuevos tejados para reposar. Pero muchas no quieren o creen que no pueden.

(*) Columna realizada para la edición de diciembre de 2011 de Bernik Magazine

De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.

Y la felicidad, ¿alguien cree que la puede comprar en las últimas rebajas?

Sumidos en un mundo materialista que privilegia el tener al ser, los hombres y mujeres han pasado otra vez las fiestas navideñas con una agenda colmada de compras, compromisos, obligaciones y con ciertas expectativas existenciales. Transcurrido este ambiente festivo, ahora llegan las rebajas. Pero los hombres y mujeres siguen ansiando que este año les depare paz, salud, dinero y por supuesto, amor.

Las personas más relajadas se plantean la época pos navideña como un buen momento para la reflexión y para disfrutar de la familia. Entre tantas compras y tanta imposición a ser buenos y caritativos, surgen diversos planteamientos. ¿Es necesario comprometerse a tantas comidas y cenas si no apetece? ¿Ha sido tan terrible la idea de reencontrarse con esa familia tan temida? ¿Y cómo nos situamos ante este nuevo año?

Conozco mucha gente que siempre está disconforme con su vida. Vive agobiada por las cuentas a pagar, o por lo que opinan los otros sobre su vida o por todo lo que aún no han hecho. En realidad, ese tipo de personas suelo observarla más en ciudades como Montevideo, donde la sociedad de control como dirían Michel Foucault o Gilles Deleuze es mucho más evidente. Allí las presiones sociales a tener pareja, una familia y un buen trabajo son las principales causantes de la culpa tan temida. El peso de la familia como núcleo social es tan evidente que no es posible ser sin antes ser observado y juzgado. La mirada es inquisidora, severa, crítica y entonces la persona actúa en función de lo que se espera que sea. En cambio, en ciudades como Barcelona, donde hay una gran confluencia de culturas, donde hay mucha gente que viene y va, las presiones son simplemente para llegar a fin de mes o pagar la hipoteca y los más opulentos en pasar de un Audi a un Mercedes Benz, o los más modestos pensarán en cambiar la bicicleta por una scooter. Pero en la capital de Cataluña no hay tantas imposiciones sociales de cómo debería ser la vida de uno. El individualismo tiene sus ventajas también y una de ellas es que cada uno puede hacer lo que quiere. Cada uno es libre de ser lo que quiere ser y por tanto, cada uno es responsable de sus consecuencias. Ya no se puede culpar a la maestra, a mamá o a papá de los errores propios. El mal no es ajeno pero la vergüenza sí, por supuesto. Esto de avergonzarse al mirar al otro porque se atreve a hacer algo que nunca haría también acontece en Cataluña. Los montevideanos y los catalanes, tan lejos y tan cerca, al fin de cuentas.

Tanto estemos en Barcelona como en Montevideo, lo cierto es que siempre surge el reclamo inocente de pedir al nuevo año que sea mejor que el anterior. Sería mejor evitar las especulaciones y programarse en positivo para el nuevo año. Para ello, nada mejor que reemplazar aquello que parece malo por algo que se proyecta como muy bueno.

Hacia una vida feliz

De esta manera, los empresarios pueden apartar la palabra crisis de su mente y pensar en la cantidad de oportunidades y caminos nuevos que se pueden tomar en 2011. Además tenemos la oportunidad de estar más tiempo con los padres, hermanos, primos, y esos familiares a los que se aprecia pero que no se puede estar mucho tiempo en el resto del año.

Otro reemplazo posible es dejar de lamentarse por no haber recibido un regalo grandioso ni agobiarse por gastos y compras desmedidas a diversas personas. Mejor pensar que es lo que hemos dado o recibido en este último tiempo que no haya sido necesariamente material. Puede ser ese “te quiero” que aún no hemos dicho o ese beso que no hemos aún dado.

Posiblemente el reemplazo esencial que podemos hacer en estas fechas es el de abandonar esa especie de castigo emocional a la que se someten muchos hombres y mujeres: el castigo por lo no conseguido. No siempre es productiva la autocrítica ni la crítica excesiva a los otros. El perfeccionismo y el excesivo detallismo nos impiden disfrutar de las cosas. El goce de la vida supone más amplitud de miras y no está exento de ciertos momentos de tristeza.

Ese proyecto que no se ha alcanzado, esa mudanza que se sigue prometiendo para el año próximo, ese viaje postergado, ese amor no consolidado. Mejor evitar esas preocupaciones tan vinculadas con la culpa. Resulta más sano y más productivo, trazar nuevos objetivos si los anteriores no se han cumplido. En este camino de renovación, de programación de nuevas metas, también vale pensar en nuevos proyectos que sean posibles a corto o mediano plazo. Puede ser la inscripción a clases de guitarra, o de flamenco, o de salsa, o la vuelta a la Universidad a hacer un posgrado, o aprender pintura, o programar nuevas vacaciones con los hijos.

Sencillamente, comenzando con estos reemplazos: de la presión familiar al disfrute de la familia, del gran dinero gastado en presentes sin significado a regalos significativos y de la sensación de fracaso a la motivación ante nuevos proyectos, comenzaremos a caminar hacia una vida feliz. La felicidad no es la carencia de sufrimiento ni significa una opulencia de riqueza y belleza. Las personas que obtienen la felicidad, lo hacen porque antes han aprendido a superar los aspectos negativos en su vida. Aceptar los miedos, los obstáculos, las debilidades y las fortalezas nos van acercando a nuestro ser feliz.

Por tanto, es importante detectar aquello que nos genera bienestar. Si anhelamos imposibles, es probable que estemos alejados de nuestro bienestar emocional y nos sintamos frustrados. Pero si reconocemos que nuestro bienestar puede estar más unido a compartir con nuestro núcleo afectivo, padres, hermanos, hijos, amigos o en soñar y dibujar nuevos emprendimientos, eso nos acercará más a una vida más plena.

© Leticia Brando, 2011 Toda reproducción debe citar el texto original

Puedes leerlo también en Single Coach

Uruguayos en Barcelona:entre el ser cosmopolita y la nostalgia de la aldea

Les dejo con una entrevista que hice para una de las ediciones de Bernik Magazine, revista uruguaya, dirigida por Susana Bernik y con la que colaboro aportando una columna sobre mujeres y hombres(El ángel viste de Prada) y algunos reportajes que envío desde Barcelona. Para leer la revista, deben comprarla en los quioscos de Montevideo. Pero si quieren un caramelo para ver cómo es el resto, en la web de la revista, se pueden leer unos pocos artículos. Aquí pueden leer el reportaje sobre uruguayos en Barcelona.

Algunos huyendo de la crisis. Otros por pura aventura. Los más veteranos huyendo de la dictadura. Algunos por experimentar el olor del mar Mediterráneo en plena ciudad. Lo cierto que Barcelona es uno de los sitios españoles en los que muchos uruguayos emigraron. Tras unos años de opulencia, ahora también resuenan palabras como paro, crisis y economía sumergida. Mientras algunos planean la vuelta, otros se quedan pese a la melancolía inevitable por los seres queridos que quedan en el país

A orillas del mar Mediterráneo, la ciudad asoma. Luego de los Juegos Olímpicos de 1992, Barcelona viene cambiando a pasos agigantados. Tras muchos años de espaldas al mar, hoy ostenta uno de los paseos marítimos más atractivos del mundo. En su interior, se rodea de construcciones modernistas del mítico Antoni Gaudí como La Pedrera, Casa Batlló y Sagrada Familia. Estos emblemas de la arquitectura mundial suelen ser frecuentes objetivos de flashes de turistas japoneses y de otras nacionalidades. Parece cansada de ver circular tantos extranjeros en su Plaza Cataluña. Tampoco oculta que ha perdido el orgullo a sus Ramblas, especies de paseos donde pululan comercios de aves, flores y espectáculos de artistas callejeros. Consciente de sus curvas, la ciudad ostenta su montaña Montjuic, su monte Tibidabo y su cercanía a los Pirineos. Siguiendo su inconformismo a seguir líneas rectas, tiene su calle Diagonal que atraviesa todos los barrios. Mientras resuena la palabra crisis, su Paseo de Gracia sigue dando honor a su nombre con sus vidrieras fastuosas de marcas como Carolina Herrera, Giorgio Armani, Chanel, Gucci, Louis Vuitton, entre otras.

Martin Cagno, arquitecto de 38 años se sintió atraído precisamente por la arquitectura y la belleza de la ciudad cuando llegó en 2004. “De Uruguay me fui en 2002 con una beca Fullbright para hacer un Máster en Diseño Arquitectónico y Tecnologías Emergentes en la Universidad de Illinois en Chicago. Luego me surgió otra beca en la Fundación Bauhaus, en las afueras de Berlín, Alemania. Diez meses después, estaba manejando irme a Londres o Barcelona. Me salió una oferta en el estudio de Ricardo Bofill de Barcelona en junio de 2004”.
El orgullo de Martin es haber participado en el proyecto ejecutivo y la dirección de obra del hotel Vela. “El hotel ha sido un éxito, tiene una imagen muy potente. Es como una vela en el borde del mar. Ya se ha convertido ícono de la ciudad. Es un hotel de cinco estrellas y tiene una situación privilegiada, tiene vistas al mar desde todos sus ángulos.”

El glamour de la ciudad también atrajo Alejandra Redin, arquitecta de 38 años y madre de Eugenia de 5 meses. Llegó en 2002 y a los diez días tenía trabajo. “Tuve la suerte de contar con documento comunitario. Pero no puedo decir que me costó. Ahora dejé de trabajar. Trabajaba para una consultora inmobiliaria. Estoy en cambio de vida, más dedicada a mi hija, y seguramente volviendo a Uruguay en breve”.

LA MEZCLA DE CULTURAS
Algunos llegan con su familia. Otros vinieron solos pero en todos los que emprendieron este camino de cambio, emerge un espíritu de aventura y una necesidad de conocer otras culturas. Considerada la ciudad más europea de España, aquí conviven muchos extranjeros de diversos países: alemanes, argentinos, ingleses, irlandeses, franceses, italianos, portugueses, polacos, venezolanos y uruguayos, que vienen a quedarse. Justamente esta mezcla cultural parece ser un factor seductor de la ciudad condal para los uruguayos. “Trabajo en un estudio que es muy internacional. Te diría que de quince compañeros con los que trabajo diariamente, sólo uno es catalán. Trabajo con un chino, belga, italiano, alemán, es bastante particular. Tuve la experiencia de trabajar con muchos catalanes en la obra del hotel Vela y la experiencia fue buena”, comenta Martín Cagno.
“Mucha de la gente que me he rodeado aquí no son catalanes. He conocido gente de todos lados. Eso lo voy a echar de menos. Es una ciudad cosmopolita. De los catalanes en sí, creo que no voy a echar de menos nada. Aunque agradezco la experiencia vivida. La cabeza de los catalanes me gusta pero el modo de ser de la gente es cerrado. En Uruguay, tenemos facilidad de relacionarnos pero somos cerrados en cuanto a que hay una mentalidad más de pueblo, más retrógrada. Ya sé que a veces voy a tener que escuchar discursos y comentarios, que luego de vivir tanto tiempo en Europa, te pueden chocar. Es parte de lo que uno tiene que aceptar al volver y hacer omm”, agrega Alejandra Redin, reflexionando sobre su regreso.
Otros no tienen miras en volver como Pablo Despeyroux, guitarrista de música antigua y arreglista, propietario de su propio estudio en Barcelona. Es considerado como un músico muy virtuoso en la ejecución de la vihuela, la guitarra barroca y la guitarra española. Despeyroux, hijo de un cantante de ópera y una profesora de literatura que debieron exiliarse cuando él tenía 14 años, regresó a los 25 años al país. Pero lo hizo durante nueve meses con la intención de formarse en música. “Volví en 1989 a estudiar con dos grandísimos maestros de guitarra, Abel Carlevaro y Eduardo Fernández. En Barcelona, estudié en el Conservatorio Superior Municipal (CSMMB), aunque principalmente me examiné por libre. Estudié armonía con Lluis Vergés, instrumentación con Gabriel Brncic, música antigua con Luis Gásser. No se me ocurre nada que no tenga Barcelona. Lo que echo de menos es en negativo: menos gente en la playa, menos tráfico, menos polución. Extraño los panchos de la Pasiva, pero cuando estoy en Uruguay, extraño el jamón”.

En cambio, Fernando Santullo reconoce que tiene más éxito en Uruguay que en España, pero aún así decide quedarse. Llegó en 2001 para realizar un Máster y se quedó. No vino solo. Lo acompañaba su pareja en ese momento y su hija, Agustina, que hoy tiene once años. Sociólogo de profesión, alternó durante muchos años su trabajo en la prensa escrita con las composiciones y las actuaciones musicales. “Desde hace un par de años me dedico en exclusiva a la música. En mi caso, no es demasiado relevante dónde estoy. Mi disco se editó en Argentina y Uruguay y allí es donde toco con más frecuencia. Pero mi contrato como letrista es con Universal Latin, que funciona en toda América Latina y España. Creo que Barcelona es una vitrina interesante para los músicos, con o sin crisis. Pero también creo que es un lugar que está orientado hacia lo que llega de otros lados, que no presta demasiada atención a lo que ocurre aquí. A menos que seas amigo de alguien o hijo de alguien. O que estés dentro de algún círculo cercano a festivales o salas. En eso se parece bastante a Uruguay. A los periodistas en general les recomendaría que se dedicaran a otra cosa ya que el oficio se ha puesto muy bravo económicamente. Y a los sociólogos, no se me ocurre nada para decirles aunque no creo que eso les preocupe en lo más mínimo”, ironiza Fernando.

Tanto Pablo Despeyroux que ha vivido más tiempo en Barcelona que en su ciudad natal como Martín, Alejandra y Fernando que también vivió casi diez años en México durante su infancia, se sienten uruguayos. Pero la diferencia de haber tomado vuelo y probar otras tierras, los hace sentir diferentes allá donde vayan. “Uno no es consciente lo que le va a pasar una vez que decide dejar su país. Una vez que lo dejaste, estás en una situación que no sos ni de acá ni de allá”, concluye Alejanda Redin.

UNO SIEMPRE PIENSA EN LA VUELTA CUANDO TIENE HIJOS”
Martin Cagno. Arquitecto de 38 años, casado hace cinco años con Virginia Torres y padre de Martina(3) y Joaquín(2) y espera el tercero.
“Llegué en 2004 y enseguida tenía trabajo en el estudio de Ricardo Bofill. Pensaba que estaría en Barcelona por un tiempo y luego sería otra ciudad. A los dos meses de estar aquí, mi hermana me dice que inauguraba una tienda de unas diseñadoras uruguayas en el Borne, Quiroga& Quiroga. Ahí conocí a Virginia y después de un año y medio, estábamos casados. A partir de ahí, nos afincamos aquí y tuve que abandonar la idea de moverme tanto. Desde que hemos tenido hijos, nuestra vida ha cambiado mucho y hace que pienses que el lugar ideal es tu propio país. Ahora la situación es muy mala. Mi situación es una excepción. Cuando están las crisis, la construcción es lo primero que se para y probablemente lo último que se reactiva. Por suerte, el estudio donde yo trabajo es internacional y tiene pocas obras en España salvo la remodelación del aeropuerto de Barcelona. Tiene dos proyectos muy importantes en Rusia: grandes urbanizaciones de viviendas sociales en Moscú, donde yo estoy trabajando ahora”.

“LOS CATALANES SON GENTE DE FIAR Y SERIA”
Pablo Despeyroux, 46 años, guitarrista de música antigua y arreglista. Una hija de 18 años.
“No creo que la integración sea especialmente dificultosa para un uruguayo en España y menos en Barcelona, que es una ciudad muy cosmopolita donde te encuentras gente de todas partes. Tal vez el catalán, de entrada no es una persona muy simpática o espontánea. Pero no por una cuestión de discriminación hacia los foráneos, sino por carácter. Por contrapartida, suele ser gente fiable en el trabajo y seria. También divertida, yo tengo amigos catalanes y toco con muchos músicos catalanes con los que me siento muy a gusto. Mi novia es italiana, pero tenemos previsto quedarnos en Cataluña y además instalarnos en un pueblo fuera del bullicio de la ciudad. La cultura del uruguayo medio, creo que es muy similar a la del español medio, lo que pasa que en Uruguay se lee un poco más y tal vez haya un poco más de cultura literaria. Pero si nos centramos en la música, la sociedad uruguaya es muy inculta. Aquí, tengo amigos uruguayos, argentinos, catalanes, mexicanos, españoles y toco con músicos de todas partes”.

“EN MI CASO, ES MÁS SIMPLE TOCAR EN EL RÍO DE LA PLATA”
Fernando Santullo, 42 años. Vive en pareja y tiene una hija de 11 años. Fue líder del Peyote Asesino y en 2009 salió “Bajofondo presenta Santullo”, que cosechó excelentes críticas en Uruguay.
“Primero formé Peyote, luego Kato, con quienes vine a Barcelona. Y después comencé mi colaboración con Bajofondo, aporté dos canciones para su último disco “Mar dulce” y luego saqué mi disco con ellos. Tengo manager en España y estoy en cambios en Argentina y Uruguay. En mi caso, es mucho más simple tocar en el Río de la Plata. Ahora compongo canciones para distintos proyectos y para un nuevo disco mío. Me ayudó bastante haber estado nominado al Grammy Latino hace un par de años con el tema “El mareo” que cantó Gustavo Cerati junto a Bajofondo. También hago cosas más raras, como ser el rap coach del último disco del Cuarteto de Nos. Estoy intentando editar mi disco “Bajofondo presenta Santullo” por aquí y también quiero comenzar a tocar con regularidad. Y la idea es seguir promocionándolo en Argentina y Uruguay, que son los digamos “mercados” naturales para mi música. Por otro lado hice un par de canciones para el disco solista de Juan Campodónico, productor de Jorge Drexler, el Cuarteto y Bajofondo y productor junto a Gustavo Santaolalla, de mi disco. Y estoy en estos días componiendo para el futuro nuevo disco de Bajofondo”.

“ENTIENDO LA OBLIGACIÓN DE HABLAR EN CATALÁN PERO NO LA COMPARTO”
Alejandra Redin, arquitecta de 38 años. Una hija de 5 meses. Llegó en 2002 a Barcelona y en el ínterin, vivió de 2004 a 2007 en Milán. Tras tres años trabajando como Project manager para una consultora inmobiliaria, planea regresar en diciembre de 2010 a Uruguay.
“Entiendo que ellos cuiden su idioma, una lengua que fue prohibida durante mucho tiempo en la dictadura. Pero creo que no se dan cuenta, que lo que están haciendo es cerrarse al mundo. ¿Por qué muchas empresas internacionales van a Madrid y no van a Barcelona? Porque tienen menos trabas. Al final, lo único que están haciendo es justamente con esta cosa del catalán, es cerrarse al mundo. A los niños les enseñan primero a hablar en catalán cuando el castellano es la segunda lengua más hablada en el mundo. Creo que la forma de ser del catalán es más cerrada, como que cuesta llegarles, esta falta de expresividad, ya sea para lo bueno como para lo malo, esa falta de demostración es lo que hace que en Italia me sintiera más en casa”.

También podéis leerla en la edición online de Bernik Magazine

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Los valores para superar la crisis

La idea de esta conferencia surge un poco provocada por la situación que estamos viviendo. Una situación donde al mismo tiempo que se nos habla de éxito, perfección, esfuerzo, inmediatez, también se nos habla de crisis, paro, fin del trabajo. Algunas de las palabras que describen los tiempos que corren. En los tiempos actuales, hay muchas exigencias de crecimiento y conquista permanente y eso hace que algunos colapsen cuando no logran alcanzar los objetivos ansiados.

Pero más que nunca, ante la crisis financiera y global, de la que todo el mundo habla, se hace necesario que hagamos uso de nuestra inteligencia emocional y de valores como el respeto, la disciplina, la bondad, la paz y la paciencia para enfrentar los obstáculos que se avecinan.

Desde Single Coach, estoy muy acostumbrada a trabajar como coach y formadora con líderes, empresarios, trabajadores que suelen hacerme planteamientos en relación a su trabajo, su implicación en el mismo, sus expectativas, pero en esta conferencia amplié un poco el abanico para ir más allá de la crisis en el terreno laboral. Si pensamos que como seres humanos, lo único constante es el cambio, podremos con facilidad asumir de un modo más efectivo las turbulencias que vengan con la crisis.

Por todo esto, en este encuentro no pretendí actuar de gurú ni prometí rituales o explicaciones complicadas, porque todos somos alumnos o profesores los unos de los otros. Como dice Ken O’ Donnell, a medida que vamos aprendiendo, pasamos a enseñar mediante el propio ejemplo.

Por otro lado, el tema de valores es un tema apasionante para mí porque es de mi interés desde que egresé de la Universidad como psicóloga, cuando era muy joven ya trascendía mi formación psicoanalítica, sistémica para trabajar los valores con niños, maestras y directores de instituciones educativas. Más tarde, me interesó el tema de Valores en las organizaciones y es así que escribí un curso específico sobre eso. Afortunadamente, algunas empresas que fomentan los valores en sus trabajadores, han comenzado a trabajar con ese programa, en el cual la gran vedette es el Curso de Confianza en las organizaciones.

Sólo nuestra flexibilidad, nuestra capacidad para adaptarnos a lo nuevo y el modo que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, nos permitirán salir airosos de las crisis.

Aquí el comienzo de la conferencia que realicé el 8 de junio de 2010 en CINC, Barcelona:

La amistad o el arte de compartir la vida

Borja Vilaseca,periodista de El País, director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo y autor de “El principito se pone la corbata” ha sido el disparador para que se me ocurriera escribir esto sobre la amistad que hoy comparto en mi blog. Ahí va:

“Toda la vida he estado bien rodeada. La amistad es una de las formas que adquiere el amor y nos conecta con nuestra pulsión vital. Por lo demás, creo firmemente que un gran amor puede ser además tu mejor amigo.

Nuestros momentos de soledad son muy disfrutables pero cuando compartimos, la dicha puede llegar a ser inmensa. Somos mejores cuando damos y recibimos. Cuando tenemos un amigo al lado, los vaivenes del corazón se vuelven llanos y el intercambio calma la agitación momentánea. Los amigos nos permiten darnos cuenta que la omnipotencia es ineficaz por más que eso quiera decir el individualismo imperante. La necesidad de una palabra amiga en momentos duros nos conecta con nuestra humildad y acrecienta nuestro poder. Cualquier sueño tiene mayores posibilidades cuando se suman más de una mente.

Me considero muy afortunada en el ámbito de las amistades. Conservo aun amigos desde la niñez, la adolescencia y la Universidad. Mi avidez de conocimiento me hizo estudiar tres carreras universitarias: Psicología, Letras y Comunicación y esto no me aisló a centrarme a estudiar sino que acrecentó mis redes sociales. Solía organizar reuniones donde mezclaba a mis amigos de las diferentes facultades y así se creaban ambientes de lo más diversos.

En realidad, el mundo es cada vez más plural y cuando nos mezclamos es una forma de aprender de la peculiaridad del otro y ejercitar nuestra tolerancia. Quizá por la ausencia de hermanos varones y por la muerte temprana de mi padre, desde niña cultivo una sana y provechosa amistad con el género masculino. No digo que no he tenido algún dolor de cabeza porque algunos de estos amigos eran conquistadores encubiertos, o mejor dicho personas que tras su intención amistosa, ocultaban un deseo de conquista amatoria. Pero aun estos chicos, luego resultaron ser amigos entrañables. En el fondo, todos en esta vida queremos lo mismo: ser felices y descubrir los beneficios que implican el vínculo con los otros.

En suma, todo el mundo, sin importar raza, cultura, religión, sexo, es susceptible de ser mi amigo. Por ello, cuando critican este apogeo de las redes sociales, en mi caso, estoy encantada de tener más de 700 amigos en Facebook, que están cambiando el mundo. Creo que el mundo 2.0 es la gran revolución social y todos podemos hacer muchas acciones positivas desde estas redes. Las redes sociales aumentan nuestro horizonte de posibilidades en relación a la amistad y hasta los negocios. Pienso también en amigas mías tan queridas que están recuperándose de una dura enfermedad y la existencia de las redes sociales, les permite momentos de distracción y de entretenimiento. Pienso en una persona que no puede salir de su casa por estar convalesciente y que conecta en estas redes con sus amistades del pasado, algunos que viven a varios kilómetros de distancia, personas de su presente cercano y personas susceptibles de ser grandes amigos en el futuro.

Y pienso también un poco en este exhibicionismo que algunos practican escribiendo en el muro de alguien. Muchos lo critican pero en algunas ocasiones, esto puede tener el mismo poder didáctico que un graffiti removedor que sacude conciencias. Ahora no basta con el abrazo que damos en vivo y en directo. También podemos previamente decir las declaraciones más bonitas en segundos y para beneplácito de los voyeurs, estamparlo en el muro de alguien. En el último tiempo, me he reencontrado con gente fantástica, con amigos de mi adolescencia que me cuentan sus dichas y sus pesares. Algunos viven en Londres, Chicago, Miami, Montevideo, Brasil, Buenos Aires, México, Paris. El asunto reciente más bonito que me ha pasado es que opinando en la foto del bebé de un amigo, que vive en Miami, debato con su madre sobre la privacidad de las redes sociales. Tras intercambiar opiniones, me comenta que echa de menos a su hijo, su nuera y su nieto. Finalmente, nos damos cuenta que compartimos similar sensibilidad, no sólo porque las dos tenemos la familia lejos sino que a ambas nos apasiona el arte. Al final, tengo una amiga más en Facebook y una nueva persona para visitar cuando vaya a Montevideo.

Claro que uno no se hace amigo de alguien en segundos. La amistad como el amor requiere tiempo. Aunque siempre hay un comienzo y ahora tenemos más vías para estar más unidos y menos solos. Siendo una forastera en Barcelona, gracias a mi don para hacer amigos, he roto esquemas y prejuicios con respecto a Cataluña, a la que se le suele definir como una comunidad poco integradora. Puedo decir que además de tener amigos de distintos países, mis mejores amigos son catalanes. Ellos me escuchan, me apoyan en mis emprendimientos, me aceptan sin juzgarme, me desean lo mejor, celebran mi originalidad y son ellos unos de los motivos por los que sigo viviendo en esta ciudad”.