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¿Se le puede tener fobia al amor?

Entrevista para El Mercurio de Chile

¿Se le puede tener fobia al amor?

Sentirse enamorado ya no es algo a lo que todos aspiren. Por distintas razones puede ocurrir que alguien renuncie al sentimiento más profundo que se pueda experimentar. Es una idea que ha rondado la discusión en muchos espacios, pero finalmente la necesidad supera a la opción porque ningún ser humano de carne y hueso puede vivir sin amor.
Viernes 19 de Marzo de 2010
Carola Inostroza

Casi cualquier persona diría que el amor es un sentimiento intrínseco de los seres humanos, pero algunos han llegado a pensar lo contrario. Tanto por complicaciones derivadas de trastornos psicológicos como por opción personal, ellos han dejado de sentir esta emoción. ¿Por qué tan así?

Pese a que la filofobia no es un término avalado oficialmente, recientemente se ha comenzado a usar para identificar el temor o miedo irracional a enamorarse o a vincularse sentimentalmente con otro y que es relacionado con la fobia social, enfermedad ampliamente estudiada.

“Lo que yo he visto sobre la filofobia es que en vez de presentar esta fobia social en un espectro más amplio- esto es, un temor a tener cualquier tipo de encuentro social- se singulariza la posibilidad de tener un encuentro amoroso o una relación sentimental”, aclara Domingo Izquierdo, psicoanalista y psicólogo clínico de la Universidad Andrés Bello.

Hay muchos motivos que generan este trastorno y muchas son las teorías que explican estas conductas. Se dice que estas personas filofóbicas eligen relaciones imposibles donde nunca podrán enamorarse o huyen de quien pueda sentir una atracción importante. Y pueden llegar a expresarlo incluso físicamente con sudación, latidos irregulares, falta de aire y otros síntomas. Ellos actúan de esa forma, según el psicoanálista, debido a que “tuvieron experiencias traumáticas en su infancia o fallas vinculares tempranas importantes, que luego tienden a repetir en nuevos vínculos afectivos”, señala Izquierdo.

Se habla de una alteración que requiere tratamiento tanto con psicoterapia como con medicamentos con ansiolíticos específicos para frenar este temor hacia el amor y hacia el otro, “configurado por muchos elementos psicopatológicos serios que alteran el funcionamiento normal de una persona y generan un detrimento en sus funciones personales”, explica.

No obstante, la falta de amor en muchos no se debe solamente a perturbaciones a nivel psiquiátrico. La distinción es clara entre los que “no se enamoran por tener una fobia de los que tienen un temor al compromiso o tienen dificultad para encontrar pareja y otros que por opción de vida deciden no tener relaciones amorosas”, distingue Izquierdo.

Tal como lo comprobó un estudio realizado por Parship, una agencia online líder en relaciones estables, más de 8 millones de personas son solteras en un país de 40 como es España. Pero tal tendencia no se limita solamente a países europeos. Hablamos de los “singles”, dispersos alrededor del mundo que muestran una “independencia afectiva, un deseo de no estar con alguien porque no hay presión, porque están bien solos y disfrutan con la familia, amigos y viajan o salen con total libertad”, afirma Leticia Brando, psicóloga uruguaya y single coach de Parship.

Brando quien también es autora de “Las mujeres y hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles” (2009)- que se espera llegué a Chile próximamente -trató de buscar respuestas a este fenómeno que ha hecho desplazar la importancia del amor en la vida de una persona y que ocurre principalmente en ciudades occidentales con un alto número de población.

Los solteros identificados en España, también fueron encontrados en otros países como México, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, los cuales sirvieron a Brando para mostrar que hay solteros porque quieren y por mucho tiempo. Ellos, como nadie, gozan de un individualismo “galopante y creciente” y que es signo de los cambios culturales que actualmente vivimos y de la hipermodernidad que estamos experimentando.

Puede ser miedo, indiferencia o inmadurez pero lo cierto es que hay muchas personas que ya no buscan el amor como antes. Según Brando, ahora impera vivir el día a día muy deprisa “con muchas actividades multiocupación y que reflejan el hedonismo que no deja tiempo para el amor que requiere proyección, futuro y tiempo”, indica, y que es configurado, además, por un avance en las tecnologías de información que “ha acortado el tiempo y el espacio para comunicarse, además de no estar presentes físicamente”, dice.

El amor ha comenzado a perder su sitial aspirado por todos los seres humanos, sin dejar de confundir con “enamoramiento” o atracción sexual “que hace que mucha gente pase esta primera etapa muy de taquicardia, muy de hormigueo en el estómago, pero que no logra conocer a la otra persona en todas sus virtudes y sus defectos”. El amor es un elemento cultural y un asunto muy serio que “requiere de personas maduras, de audacia y valentía para atreverse a conocer al otro”, sentencia Brando.

Este escenario parece augurar un final estrepitoso de aquel sentimiento que nos distingue como seres humanos. Sin embargo, los especialistas ponen paños húmedos a esta tendencia porque efectivamente nadie puede vivir sin amor durante la vida. El abandono del amor es un fenómeno “transitorio y remontable” como afirman Izquierdo y Brando.

La psicóloga uruguaya es optimista frente a estas personas que eligen no tener amor en sus vidas porque “hasta las personas más difíciles buscarán y encontrarán amor aunque suene tradicional”. Brando reconoce que existen factores propios de nuestros tiempos modernos que impiden desarrollar el amor en toda su magnitud pero llama a revalorar esos elementos genuinos que nos mueven a seguir viviendo.

“Es una etapa transitoria, debido a que en el fondo todos quieren terminar sus días con un compañero de ruta porque el hombre es un ser social. Para crear todo lo que tenemos ahora el hombre necesita unirse en cooperación, solidaridad, generosidad y estos valores que son muy positivos tienen al amor como el sentimiento más importante. Es lo que nos da sentido a nuestra vida”, manifiesta Brando.

De la separación a la segunda adolescencia

Primera columna que he realizado para la revista Bernik Magazine, que se edita en Argentina y Uruguay, diciembre de 2009.

Me contaba el otro día mi amiga Margarita de su dificultad de ser feliz siendo feminista, directiva y madre. Estaba cansada de ser una mujer perfecta, guapa, atractiva, una madre abnegada y al mismo tiempo destacarse en su trabajo. Pero su extenuación no provenía de pensar en la crianza y el cuidado de David, su pequeño hijo de seis años. Más bien, su tedio provenía de reconocer que era la madre de su marido. Tras ocho años de matrimonio, se había dado cuenta que no sólo criaba a su niño pequeño sino que principalmente criaba a su marido, un director bancario que disfrutaba de jornadas laborales de apenas seis horas.


Margarita es una abogada catalana, que además es directora de Recursos Humanos en su empresa. Tras una jornada de diez horas, solía llegar a su casa, organizaba la cena, aseaba y ayudaba en la tarea a su hijo, además de recoger los periódicos, las gafas, las latas de cerveza que su plácido y apático marido dejaba alrededor de toda la casa. El día que Margarita cumplió treinta y ocho años se dio cuenta que ya no le resultaban divertidas las travesuras de su niño grande. Entonces, ni corta ni perezosa, le propuso la separación y acostumbrada como estaba a decidir por sí misma, fue ella misma la que decidió cómo iba a ser el proceso de divorcio. Ella conservaría la casa, la custodia principal de su hijo y compartirían la casa de verano con la condición de no cruzarse los dos al mismo tiempo en el mismo espacio. Luego vinieron unos meses de liberación, Margarita comenzó a disfrutar una segunda adolescencia con salidas con las pocas amigas solteras que le quedaban. Después de años de adultez y excesivas responsabilidades, ahora era Margarita la que se encontraba como una niña. Parece ser que el matrimonio vuelve solemnes a las mujeres y vuelve niños indefensos a algunos hombres. Basta que ellas decidan separarse para recuperar esa infancia perdida. Salidas a bailar, conciertos con amigos, conocer a nuevas personas, clases de patinaje y de salsa son sólo algunas de las cosas que las niñas separadas de treinta, cuarenta y cincuenta años suelen emprender. Distinta es la situación de mi amiga Lorena, secretaria uruguaya que vive con su marido y sus tres hijos en Montevideo. Lorena escucha fascinada las historias de romances interminables de sus amigas solteras y reconoce cierta envidia de disfrutar las novedades que traen las taquicardias emocionales. Con treinta y cuatro años y once años de matrimonio, no imagina cómo sería eso de besar a otro hombre. Más allá de haber tenido una fantasía momentánea donde se imaginó en la piel de una adolescente soltera de treinta y pico, Lorena aprecia su tesoro familiar. Ese sentimiento no difiere demasiado del que expresa ahora Margarita. Tras un período de necesidad imperiosa de conocer, salir con nueva gente, reírse sin motivos, el alma femenina vuelve a añorar la estabilidad. Diez meses de adolescencia intensa y una serie de romances mal resueltos han creado un cierto malestar en el alma romántica de Margarita. No basta con la libertad ni con la posibilidad de ser. Eso no es suficiente. Porque con la libertad sexual y económica, ahora tenemos más estrés, más presiones y algunas hasta piensan que tenemos más infelicidad porque ambicionamos más cosas de las indispensables. Básicamente, el feminismo nos ha hecho creer que podemos y debemos hacer todo. Nuestro poder es tan inmenso que ahí estamos algunas extenuadas por jornadas interminables, culposas por dejar a nuestro hijo mientras vamos al gimnasio o salimos con amigos. El feminismo ha creado condiciones mejores para la vida de muchas mujeres pero también ha traído más presiones. Si puedo ganar lo mismo que el hombre en similar puesto de trabajo, entonces debo demostrar que soy la mejor. Así lo están haciendo muchas mujeres españolas, que postergan su maternidad para proteger su carrera profesional y se imponen una carga horaria que trasciende su resistencia psíquica y física. Así lo hacen secretarias, abogadas, maestras, doctoras en Montevideo o en Buenos Aires. Ninguna quiere dejar de ser la Mujer Maravilla aunque ya saben que Superman no existe.

© Leticia Brando, 2009

Olas de frío polar y corazones helados de esperar


Mientras en el cono sur se disfruta el verano, en Europa observamos abrigados y con cierta preocupación cómo crece la tasa de paro y cierra sus cifras a casi 4 millones de parados(exactamente 3.928.603 son las cifras oficiales a finales de diciembre de 2009). Según fuentes de Eurostat, España está en la cola de los países de la zona Euro y ha bajado su tasa de crecimiento económico. Dos meses antes de cerrar sus puertas el que algunos consideran el peor año de la historia española desde la salida de la dictadura, justamente la nieta del dictador Francisco Franco fue la responsable del dato colorido de unos meses tan grises. Carmen Martínez-Bordiú Franco recibió el premio 2009 a la “mujer menopáusica del año”, otorgado por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia(AEEM) durante el día de la Menopausia.

Por Leticia Brando(*)
A sus 58 años, la conocida como la “nietísima” por la prensa rosa, está casada hace más de tres años con José Campos, empresario, 13 años menor que ella y con él que ella ostenta pasárselo estupendamente en el terreno sexual porque ha confesado ser mejor amante ahora que hace 20 años. Mientras su abuelo, principal cultor de la censura, podría estar removiéndose de las cenizas ante su espontaneidad verbal, la otorgación de ese premio a Martínez-Bordiú ha venido a frivolizar en un tema importante. En realidad, la AEEM
buscaba prevenir para que las mujeres se controlen y recurran a la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), que sigue siendo una gran opción de tratamiento para erradicar los sofocos típicos de esta etapa. Pero como todo en España, parecía más importante polemizar sobre la actividad sexual de Carmen que tiene más atractivo que la propia menopausia.
En realidad, pocos sofocos estamos sintiendo los que vivimos este invierno 2010 en Barcelona o Madrid. También es cierto que estuvimos un poco mal acostumbrados. En vísperas del nuevo año, apenas sentíamos levemente una bajada de temperaturas pero sin ningún dramatismo. Aunque todo tiene su fin y también ese breve invierno otoñal, que nos permitía marchar por la vida en mangas de camisa. Los Reyes Magos han venido acompañados de menos regalos por la crisis y una ola de frío polar en toda España. La nueva década ha comenzado con grados bajo cero en Madrid, nieve suficiente en Ávila para tirarnos de los trineos, mientras que en Soria, se limpian las calles con máquinas para quitar los cúmulos de nieve. De todos modos, la nieve es bienvenida en las estaciones de esquí donde se esperan temperaturas de 10 bajo cero en zonas de montaña y una cota de nieve de hasta 5 centímetros de espesor. Sin contar, el sufrimiento de los comerciantes que pese a rebajar sus precios como se estila en esta época, ven un descenso de los consumidores, que prefieren quedarse encerrados en el calor de sus casas y otros prefieren directamente no gastar. Mientras tanto, el clima produce retrasos o cancelaciones de vuelos en los aeropuertos, cortes en carreteras y corazones helados de esperar el autobús, el sueldo y el encuentro de la media naranja. Porque el frío lo que hace es replegar más a los hombres y mujeres, aparentemente felices por estar solteros, sin compromisos, ni obligaciones familiares. El frío disminuye las posibilidades de diálogo porque la epidemia de gripe está a la vuelta de la esquina. En realidad, lo que provoca el invierno es una inevitable alusión al hogar cálido y acogedor que nos han inculcado el cine, la literatura y la sociedad. En invierno, la llegada al hogar silencioso, helado y vacío acrecienta la melancolía sobre el pasado de glorias amorosas. Aunque en esta sociedad de emociones efímeras, nada es eterno y la nostalgia se vuelve un espejismo cuando en abril arremeten los primeros soles.
(*) Licenciada en psicología, coach y autora del libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(ya editado en España y de próxima edición en la zona del Mercosur)

Un año: 12 meses y 12 razones para seguir

En los umbrales de 2010, aprendimos que 2009 fue un año de:

1. De creatividad y precisamente este valor se acentúa más en tiempos de crisis.

2.De unión porque los problemas del mercado provocaron las reuniones y asociaciones de coaches, consultores, empresarios, políticos para superar los obstáculos y promover nuevos negocios.

3. De optimismo porque los hombres y mujeres que creen en el cambio son muchos más que los pesimistas.

4. De innovación y juventud más allá de la cronología. Porque nos sorprendió encontrar empresarios con mente innovadora, puros de espíritu y que valoran y escuchan a sus trabajadores.

5. De conocimiento personal porque toda crisis siempre es una oportunidad de cambio. La reflexión, la autocrítica constructiva, el reconocimiento de nuestras potencialidades y debilidades aporta los primeros datos para la conciencia de nuestra realidad, camino esencial para el logro de la felicidad.

6. De respeto. Sabemos que no sólo respetamos a nuestros clientes, sus marcas. Principalmente respetamos a sus personas porque es tan provechoso como respetar las cosas. Esto nos ha permitido seguir valorando a las personas por su ser y no por su tener.

7. De renovación. Por eso, hemos duplicado nuestra oferta de cursos, preparamos nuevos libros de ensayo y de ficción, actualizamos los contenidos de nuestra web y seguimos promoviendo estudios sobre inteligencia emocional, liderazgo, amor, Internet y los hábitos sociales.

8. De confianza en el mundo 2.0. Nos hemos sorprendido de la gente fascinante, interesante, generosa y talentosa que hemos conocido desde las redes sociales como Facebook, Twitter y Linkedin.

9. De promoción de la autoestima. Porque sabemos que el ego no tiene nada que ver con el amor propio, creemos en la combinación del coaching, meditación y la terapia sistémica como método de cambio y también creemos en la ilusión como valor que nos mantiene vivos. Hoy todos sabemos que primero debemos querernos a nosotros mismos antes de querer a alguien.

10. De la buena comunicación con nuestros clientes desde nuestros artículos en la sección Novedades. Nosotros también hemos pasado un año de sonrisas y de agradecimientos de nuestros clientes y alumnos que nos agradecen haber aprendido a controlar sus emociones y nos reconocen que ahora se sienten mejores líderes.

11. De literatura. El libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(Letras Difusión, 2009) es un ensayo que indaga en las relaciones descartables en un mundo vertiginoso y dinámico. Durante abril, mayo y septiembre realizamos tres presentaciones del libro y queremos agradecer la presencia de Olga València, René Lönngren y Mayte Ametlla en cada presentación respectiva.

12. De difusión de los valores de nuestra consultora a través de las entrevistas y espacios en radio, televisión, prensa escrita. Gracias a los periodistas como Gaspar Hernández que desde Catalunya Radio o la contraportada de El Periódico nos hicieron más visibles. Gracias a Olga València por ofrecernos ese espacio de coaching en su programa “Hola Barcelona” de BTV durante 2008 y parte de 2009 y gracias Mayte Ametlla y el programa “La Ciutat” de Onda Cero, donde realizamos un espacio de psicología.

Deseamos un feliz año nuevo a todos los que asumen el desafío de crecer, aprender y ser mejores personas.

Nos vemos en 2010 en España y en el mundo
Leticia Brando

Pasada la Navidad y el fin de año, camino al bienestar

Preparándonos a los brindis navideños y de fin de año, volvemos a pedir nuevamente salud, dinero y amor. Y la felicidad, ¿se puede comprar esta navidad?

Sumidos en un mundo materialista que privilegia el tener al ser, los hombres y mujeres llegan a las fiestas navideñas con una agenda colmada de compras, compromisos, obligaciones y con ciertas expectativas ante el amor. Cuando los tiempos son duros, el derecho a soñar es legitimo y posible. Por tanto, se acrecientan los ruegos a Papá Noel para que traiga paz, salud, dinero y amor. Mientras tanto, la Navidad suele ser la ocasión ideal para reflexionar sobre el tiempo emocional.

Las personas más relajadas se plantean esta época como un buen momento para la reflexión y para disfrutar de la familia. Las compras de los regalos se alternan con los compromisos de fin de año y las cenas laborales. Entre tantas compras y tanta imposición a ser buenos y caritativos, surgen diversos planteamientos. ¿Es necesario comprometerse a tantas comidas y cenas si no apetece? ¿Qué es lo que verdaderamente se busca esta Navidad? ¿Cuesta la idea de reencontrarse con esa familia tan temida?

Sería mejor evitar las especulaciones sobre la Nochevieja y el Fin de año y programarse en positivo para el nuevo año. Para ello, nada mejor que reemplazar aquello que parece malo por algo que se proyecta como muy bueno.

Hacia una Navidad feliz

En estas fechas, llegan los reencuentros familiares y las supuestas presiones que esto conlleva. Contrariamente a pensar que esto supondrá discusiones y preguntas incómodas, sería bueno pensar que esta es una oportunidad para estar más tiempo con los padres, hermanos, primos, y esos familiares a los que se aprecia pero que no se puede estar mucho tiempo en el resto del año.

Otro reemplazo posible es dejar de esperar un regalo grandioso ni agobiarse por gastos y compras desmedidas a diversas personas. Mejor pensar que es lo que nos gustaría recibir esta Navidad y estos Reyes, pero que no sea necesariamente material. Puede ser ese “te quiero” que aún no hemos dicho o ese beso que no hemos aún dado.

Posiblemente el reemplazo esencial que podemos hacer en estas fechas es el de abandonar esa especie de castigo emocional a la que se someten muchos hombres y mujeres: el castigo por lo no conseguido. No siempre es productiva la autocrítica ni la crítica excesiva a los otros. El perfeccionismo y el excesivo detallismo nos impiden disfrutar de las cosas. El goce de la vida supone más amplitud de miras y no está exento de ciertos momentos de tristeza.

Ese proyecto que no se ha alcanzado, esa mudanza que se sigue prometiendo para el año próximo, ese viaje postergado, ese amor no consolidado. Mejor evitar esas preocupaciones tan vinculadas con la culpa. Resulta más sano y más productivo, trazar nuevos objetivos si los anteriores no se han cumplido. En este camino de renovación, de programación de nuevas metas, también vale pensar en nuevos proyectos que sean posibles a corto o mediano plazo. Puede ser la inscripción a clases de guitarra, o de flamenco, o de salsa, o la vuelta a la Universidad a hacer un posgrado o un Máster, o aprender pintura, o programar nuevas vacaciones con los hijos.

Sencillamente, comenzando con estos reemplazos: de la presión familiar al disfrute de la familia, del gran dinero gastado en presentes sin significado a regalos significativos y de la sensación de fracaso a la motivación ante nuevos proyectos, comenzaremos a caminar hacia una navidad feliz. La felicidad no es la carencia de sufrimiento ni significa una opulencia de riqueza y belleza. Las personas que obtienen la felicidad, lo hacen porque antes han aprendido a superar los aspectos negativos en su vida. Aceptar los miedos, los obstáculos, las debilidades y las fortalezas nos van acercando a nuestro ser feliz.

Por tanto, esta Navidad puede ser una buena época para detectar aquello que nos genera bienestar. Si anhelamos imposibles, es probable que estemos alejados de nuestro bienestar emocional y nos sintamos frustrados. Pero si reconocemos que nuestro bienestar puede estar más unido a compartir con nuestro núcleo afectivo, padres, hermanos, hijos, amigos o en soñar y dibujar nuevos emprendimientos, eso nos acercará más a una vida más plena.

(*) Coach, licenciada en psicología y directora de Single Coach

Sobre la eficacia mental

¿Somos emocionalmente eficaces?

“Es una falta de respeto eso que hace usted”, me increpa fríamente una señora con acento alemán y de unos sesenta años en el supermercado. “Señora, ¿qué le molesta que me tome mi tiempo para poner la comida en las bolsas. ¿Ha visto todas las cosas que llevo? No sufro de estrés así que no veo la prisa”, le comento amablemente. “Pero están las personas esperando, debe hacerlo más rápido porque quedamos pendientes de pasar”, me dice elevando la voz. “Señora, he esperado que el cliente anterior ponga sus cosas en las bolsas y no me ha impedido ir guardando mis cosas. Puede usted hacer lo mismo y no esperar que yo termine”, le contesto en un tono firme. “Es una falta de respeto que no se apure y no haga eso de forma rápida”, grita esta vez la señora. “Señora, la que está faltando el respeto es usted al ofenderse porque yo no asumo una actitud de persona estresada y con prisas. No se puede ofender que las personas no tengan sus mismos tiempos. Cada persona escribe, camina y pone la comida en las bolsas al tiempo que considera oportuno para su ritmo corporal”, concluí nuevamente de forma amable.

Ante la ira de la señora, debí apelar a todo mi control emocional para no reaccionar reactivamente y ser un reflejo de su ira y su agresividad. Lamentablemente, día a día, estamos sujetos a este tipo de reacciones de las personas que nos rodean. La intolerancia, el egoísmo y la falta de empatía es un caldo de cultivo del estrés que nos rodea. Pero para dominarlo, debemos reconocer esas emociones que están circulando.

Durante la última década y sobre todo gracias a los aportes de Daniel Goleman, autor del libro “Inteligencia emocional”, han aparecido muchas investigaciones científicas sobre la emoción. No sólo por la aparición del escáner cerebral que nos permite ver cómo pensamos, sentimos, imaginamos o soñamos según el momento sino por los aportes de la ciencia certificando la influencia de las emociones positivas en la salud y el bienestar.

En el lenguaje popular, las palabras “sentimientos” y “emociones” se utilizan indistintamente pero no son lo mismo. Los sentimientos son la parte consciente de las emociones. En realidad, las emociones básicas son las que nos vienen por herencia biológica y son universales. Todas las culturas reconocen al miedo, la ira, la tristeza, la alegría, la sorpresa y el asco. Luego aparecen emociones más complejas, que se componen de las emociones básicas pero con influencias culturales. De ahí surgen los celos, la envidia, la vergüenza. Estas emociones son más individuales, ya que unos sienten celos con ira mientras otros lo mezclan con tristeza. El país influye mucho. Por ejemplo, una emoción típicamente española y latinoamericana es la vergüenza ajena o también considerado sentido del ridículo. Esta emoción compleja prácticamente no existe para los ingleses y franceses.

En el último tiempo, muchos políticos españoles han señalado una especie de vergüenza ajena ante cada nueva actuación del gobierno español. Ante el nuevo programa de gobierno dispuesto por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que incluye su intención de aumentar la inversión en innovación y en tecnología, promover los lemas “menos ladrillo y más ordenadores” o “menos petróleo y más energías renovables”, surgen emociones como el “miedo al cambio”. “¿Cómo lo vamos a hacer si la construcción mueve al país?”, dicen los escépticos. “¿Pero qué sucederá con el futuro de tantos arquitectos, constructores y obreros?”, cuestionan otros. “¿Y las personas que dependen económicamente del oro negro?”, preguntan otros. Aunque luego también aparecen apoyos que hablan de tiempos dinámicos y sostenibles. Sin duda, cualquier propuesta de acción económica a seguir no está exenta de una reducción de beneficios en otros ámbitos y un inevitable “miedo” ante lo imprevisto. Por lo demás, en estos tiempos de cambio y crisis, no siempre los empresarios y trabajadores están preparados para la carga psíquica, física y psicológica que implican esas novedades. Más allá de enseñarles a regular sus emociones a los trabajadores y empresarios, también sería bueno comenzar con el problema desde la raíz. El autoconocimiento, el autocontrol, la proactividad, la interdependencia, la empatía, el arte de escuchar, resolver conflictos y cooperar con los demás deberían ser habilidades de aprendizaje en las escuelas tanto como el inglés, catalán, Matemáticas.

Pero mientras las instituciones y los organismos del gobierno se ponen de acuerdo, desde Single Coach renovamos nuestro curso de “Inteligencia Emocional” que combina la Gestión del tiempo y técnicas de coaching para perder el miedo a hablar en público. Al mismo tiempo porque creemos que el amor es una de las emociones más positivas del ser humano, seguimos presentando el libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(**).

¿Quieres dar tu opinión sobre este tema? Escribe a info@singlecoach.es

(**)El libro es el producto de una investigación que cuenta con testimonios de hombres y mujeres de Argentina, España, Estados Unidos, México y Uruguay. Puedes comprar el libro en Fnac, Excellence, Bertrand, Catalonia y Jaime s y más librerías de España.

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