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La vida o un placer constante en el cambio

No sabemos casi nada de dónde venimos. De una madre y de un padre pero del origen de la vida, hay diversas teorías. Algunos dicen que somos seres un poco más evolucionados del chimpancé. Otros que somos polvo de estrellas. Sólo sabemos que la vida viene evolucionando sin prisa y sin pausa. Antes de nacer, vamos desarrollando los ojos pero la mirada viene después. Sentimos el desarrollo como un camino inevitable hacia lo desconocido. La placenta nos alberga y aunque no queramos, nacemos y vemos la luz. Lloramos y nos calmamos cuando alguien nos coloca en el pecho materno. Gateamos y exploramos ese mundo que nos ha tocado vivir. Vemos el sol y nos tapamos los ojos cuando su luz es muy intensa. Otras veces, disfrutamos de la calidez de sus rayos mientras creemos ver estrellas fugaces en pleno día. La luna es redonda a veces y pronto nos cercioramos que la tierra no es plana. Nos caemos, lloramos y volvemos a levantarnos. Nos trepamos por árboles o por sillones. Dibujamos en papeles o en paredes blancas que parecen invitar a crear. Somos pequeñas criaturas que ya sabemos que podemos hacer grandes obras de arte en cualquier superficie lisa. Luego vamos al colegio y necesitamos saber que el reloj se ha inventado por algo. Aún no pensamos en agendas apretadas pero desayunamos con prisa porque hay un timbre que señala el inicio de las clases y es el mismo que nos recuerda que también tenemos recreo. Hablamos, leemos, saltamos, jugamos, nos disfrazamos, leemos libros, miramos cine, acariciamos animales, reímos y otra vez creamos mundos imaginarios cuando alguien nos pregunta qué seremos. Seré maestra porque ellas saben de todo un poco. Aunque pensándolo bien, seré DJ porque pasando música, todos se lo pasan bien o mejor corresponsal de guerra para cubrir lo que duele al mundo. No, no, mejor escribiré libros porque así alegro la vida de otros con mi imaginación. Y si mejor sigo pensando porque si me decido a ser algo, quizá dejo de ser pronto.

Algunos dejan a la vida que decida lo que serán y así andan torpes y perdidos. Y otros crecen y deciden con claridad lo que quieren ser. Desde sus primeros años, tienen clara su vocación. Desde niños, imaginan mundos posibles que luego construyen de adultos. Y escogen usar zapatos en la ciudad y descalzarse en la tierra cuantas veces sea necesario. Escogen ser felices no sólo cuando hay risas y diversión. Escogen ser buena gente porque les sale más económico que la rabia, la envidia, la pena y la mala leche. Y son ese tipo de gente que cada tanto recurre a su niño interior, que se permite la risa, el llanto y la risa sin imposiciones de cosas o de terceros. Nuestro niño interno sólo escucha el sonido de nuestro corazón. Y casi sin querer, queremos y nos enamoramos. Pronto aprendemos que en esto del juego del amor, hay que aprender a vivir sin miedos. Tan tranquilos estábamos inmersos en nuestros planes, cómodos ante lo previsible y de golpe nos viene alguien que nos desacomoda y nos alegra el alma. Con algo de ansiedad y temor, aceptamos ese desorden dichoso y todo para volver más tarde a la estructura y a la rutina.
En realidad, buscamos la rutina pero nada más constante que el cambio. A veces, la vida nos regala historias mágicas. Otras veces, sólo vemos fiestas interminables, gente esporádica, que viene y se va y algunos amigos intermitentes. Entonces, puede que reivindiquemos el poder reflexivo de la melancolía, la construcción de un mundo privado que nos aísle cada tanto y nos proteja, que nos haga replegarnos para emerger más fuertes. Creemos que sólo recordando el pasado de glorias, podremos repetir las mismas hazañas en el presente. Otras veces, sentimos que todas las flores se han marchitado en nuestro huerto de felicidad. Los relojes se detienen entonces en las glorias pasadas. Ni nuestros vínculos más cercanos parecen suficientes para solventar la desazón. Pero un día, dejamos de tejer sueños imposibles en nuestra mente, dejamos de regodearnos en nuestro propio dolor y otra vez nos superamos. Cambiamos otra vez y volvemos a creer, a construir, a amar, a vendar las heridas del alma. Y casi no sufrimos los vaivenes de la vida cuando desarrollamos nuestra veta espiritual y nos identificamos con nuestros valores genuinos, esos que trajimos desde que nacemos. Reconocemos que somos amor, poder, sabiduría, generosidad, cooperación, respeto y entonces vienen las crisis y los huracanes del mundo y seguimos erguidos y tan campantes. Cuando trabajamos nuestra fuerza interior y escuchamos a nuestra alma, no sufrimos si alguien nos critica porque aceptamos que no somos perfectos. Tampoco nos inflamos si alguien nos elogia porque sabemos que no necesitamos frases vanas. Cuando potenciamos los valores, reforzamos nuestra autoestima y conectamos con el ser. Las personas que cultivan el ser siempre dicen “quiero” en contraposición a las personas que se centran en el “tener” y sólo dicen “tengo que”. Cuando quiero, seguramente llegue a mi meta porque estoy partiendo de la potencia. En realidad, las personas que dicen “quiero” son las que siempre están bien rodeadas. A veces, sienten que suben una cuesta dura pero tienen cerca a otras personas, que proponen, invitan, se acercan, sonríen, se interesan, preguntan, y no sólo escuchan sino que comparten sus vivencias. En otras palabras, saben cómo unir su tiempo y espacio con otros. Y aquí estamos hoy, 6 de septiembre de 2010, queriendo que el mundo sea mejor, que las personas sean auténticas, que no se enrollen con gente inadecuada, que se quieran para así poder querer más, que sientan porque sino la vida no tiene sentido, que sean activos procesos de su cambio, que tomen las riendas de su vida, que rían siempre que puedan y que no duden en emocionarse y llorar. Y sobre todo que no se queden solos. Que se unan porque sólo en la cooperación tenemos la fuerza. Al final de cuentas, todo depende de nosotros. Cada día, podemos ver aparecer a nuevas personas que nos pintan el mundo con colores nuevos. Afortunadamente, todavía quedan muchos de esos seres que desbordan nuestro pobre lenguaje y nos dejan sin palabras.

Cómo reducir costes en las pymes sin descuidar la calidad

En la actualidad, los directivos se enfrentan a una gran cantidad de cambios y tendencias sin precedentes. Las exigencias de ser globales, de crecer gastando el menor capital posible, de responder a las crisis y oportunidades de la economía, de crear una fuerza laboral polivalente y sobre todo, se enfrentan a la necesidad de reducir costes.


Cuando se piensa en la reducción de costes en las empresas, la mirada suele estar puesta en la posible reducción de puestos de trabajo. Lo cierto que para la viabilidad de una empresa, la buena gestión de recursos es clave para la continuidad del negocio. En empresas pequeñas y medianas, la reducción cuantitativa es tan evidente como la cualitativa. Porque tras los números, hay personas, familias y proyectos vitales que repercuten en la memoria de la empresa.

Muchas pequeñas empresas familiares, no siempre incluyen en su presupuesto la inclusión de un estudio exhaustivo sobre la reducción de los costes. Esto hace que cuando el presupuesto es superior a las ganancias, la disminución del gasto se hace de forma informal y se programan cambios precipitados como el pasaje de una sociedad tripartita a una sociedad de dos socios, o bien o el despido de una parte del personal, o bien la reestructuración o la eliminación de ciertos proveedores. A veces, estas acciones provocan una irremediable disminución de la calidad. Porque no todas las empresas están dispuestas a pasar por un proceso de auditoría, un informe diagnosis, un plan de objetivos y de acciones, la implementación del plan y el seguimiento de su ejecución. Muchas pymes quieren reducir costes y lo más fácil suele ser subcontratar becarios y prescindir del talento de un puesto senior. Varios puestos de becarios reducen costes pero no aseguran calidad ni la buena gestión para lidiar con los obstáculos que surgen en toda empresa, ya sea microempresa, familiar, mediana o pequeña. No es lo mismo contratar un informático con experiencia en diversos lenguajes de programación que dos becarios que están terminando cursos de ingeniería.

Otras empresas asumen sus problemas de gestión del equipo humano, reconocen estar pasando por una situación conflictiva y recurren a expertos en procesos de auditoría, selección y formación. La acción de nuestra consultora Single Coach en formación a trabajadores y ejecutivos en temas de Liderazgo, Coaching, Inteligencia Emocional y Gestión del tiempo y el estrés suele surgir tras la acción de expertos como por ejemplo, el Gabinete Martínez Comín, especialistas en estudios de clima organizativo, planes de fidelización, polivalencia y outplacement. Este último proceso, que implica la reorientación de un ejecutivo tras ser despedido por una reestructura de su empresa, es vital en el actual mundo empresarial, tan dinámico e inestable. Se debe reorientar positivamente a los ejecutivos que se desvinculan para redefinir su horizonte profesional. Ya hace unos años, en los cursos de management que dirigía Peter Drucker en Estados Unidos, una de las cosas que más llamaba la atención era la creciente presencia de personas con un promedio de 40-45 años que no soñaban con permanecer toda la vida en su empresa actual. La movilidad y las posibilidades de cambio son las grandes constantes del mundo de hoy.

Por eso, cuando se plantea un plan de reducción de costes, se debe actuar sobre los aspectos clave de la compañía: la plantilla, costes de estructura, organización, consumibles, servicios externos. De esta forma se detectarán los puntos fuertes y débiles de la empresa, y así se verán las áreas a mejorar y se detectarán los gastos que se pueden evitar, que pueden significar la eliminación de un coche de empresa, o la modificación de viajes a Madrid-Barcelona por medio del AVE sin necesidad de recurrir al puente aéreo, o establecer menos noches de hotel en viajes de negocios.

En conclusión, la reducción de los gastos de una empresa no implica necesariamente hacer un recorte de personal, sino se trata de estudiar minuciosamente la estructura organizativa e implementar un sistema que nos permita quitar los gastos superfluos, reducir el tiempo de ocio de las máquinas o de la oficina, mejorar los equipos informáticos, fomentar la flexibilidad laboral. Algunos de estos aspectos pueden repercutir al comienzo en el salario pero más adelante pueden acarrear una mejor calidad de vida y una manera de conciliar vida personal con laboral.

Puedes leer el artículo en la sección Novedades de Single Coach

(**) Este artículo se publicó en la revista Top Franquicias del mes de mayo de 2008

Los valores para superar la crisis

La idea de esta conferencia surge un poco provocada por la situación que estamos viviendo. Una situación donde al mismo tiempo que se nos habla de éxito, perfección, esfuerzo, inmediatez, también se nos habla de crisis, paro, fin del trabajo. Algunas de las palabras que describen los tiempos que corren. En los tiempos actuales, hay muchas exigencias de crecimiento y conquista permanente y eso hace que algunos colapsen cuando no logran alcanzar los objetivos ansiados.

Pero más que nunca, ante la crisis financiera y global, de la que todo el mundo habla, se hace necesario que hagamos uso de nuestra inteligencia emocional y de valores como el respeto, la disciplina, la bondad, la paz y la paciencia para enfrentar los obstáculos que se avecinan.

Desde Single Coach, estoy muy acostumbrada a trabajar como coach y formadora con líderes, empresarios, trabajadores que suelen hacerme planteamientos en relación a su trabajo, su implicación en el mismo, sus expectativas, pero en esta conferencia amplié un poco el abanico para ir más allá de la crisis en el terreno laboral. Si pensamos que como seres humanos, lo único constante es el cambio, podremos con facilidad asumir de un modo más efectivo las turbulencias que vengan con la crisis.

Por todo esto, en este encuentro no pretendí actuar de gurú ni prometí rituales o explicaciones complicadas, porque todos somos alumnos o profesores los unos de los otros. Como dice Ken O’ Donnell, a medida que vamos aprendiendo, pasamos a enseñar mediante el propio ejemplo.

Por otro lado, el tema de valores es un tema apasionante para mí porque es de mi interés desde que egresé de la Universidad como psicóloga, cuando era muy joven ya trascendía mi formación psicoanalítica, sistémica para trabajar los valores con niños, maestras y directores de instituciones educativas. Más tarde, me interesó el tema de Valores en las organizaciones y es así que escribí un curso específico sobre eso. Afortunadamente, algunas empresas que fomentan los valores en sus trabajadores, han comenzado a trabajar con ese programa, en el cual la gran vedette es el Curso de Confianza en las organizaciones.

Sólo nuestra flexibilidad, nuestra capacidad para adaptarnos a lo nuevo y el modo que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, nos permitirán salir airosos de las crisis.

Aquí el comienzo de la conferencia que realicé el 8 de junio de 2010 en CINC, Barcelona:

Afrontando los cambios

Hace un tiempo, participé en una mesa redonda sobre el cambio en el programa “Hola Barcelona” de BTV. En ese programa, tuve mi propio espacio de coaching en 2008 y 2009, que fue una grata experiencia que pasé con la excelente periodista Olga Valencia.   El programa llegaba a su fin en abril de 2009 tras 4 años y era un buen momento para reflexionar sobre la crisis y el cambio. En realidad, cada día de nuestra vida estamos cambiando.

Desde que nacemos, vamos a la escuela, decidimos estudiar idiomas o comenzar natación, ballet, gimnasia, tenis. Todas son opciones que nos implican apelar a nuestra flexibilidad. En la actualidad, la rigidez nos quita juventud y nos oxida. Debemos lustrar nuestra mente adaptándonos a lo única constante: la evolución. Esto implica aprender cada día. Nacer, crecer, casarse, tener hijos, formar una familia o decidirse dedicar la vida a los demás, todo implica movimiento y una transformación. Ya lo dice Jorge Drexler en “Todo se transforma”: “Cada uno da lo que recibe/y luego recibe lo que da,/nada es más simple,/no hay otra norma:/nada se pierde,/todo se transforma”.

Podéis ver el vídeo del programa aquí, que me acompañaban la escritora Eva Bach, especialista en Asertividad y el filólogo Alfonso Levy.