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Amadores, amados y todo para dar y recibir

Me preguntan constantemente cómo puedo trabajar temas como coach ejecutiva o como facilitadora en Liderazgo, Habilidades directivas, Hablar en público e Inteligencia Emocional en empresas y luego escribir mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. Una coach ejecutiva escribiendo sobre el amor. ¿Para cuándo tu libro sobre liderazgo?, me preguntan muchos. Si encima, me atrevo luego a producir y escribir el guión del documental “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo, filmado en Buenos Aires, Barcelona, Montevideo y México y una visión en imágenes de mi libro, entonces ya me dicen que cómo hago para encima meterme en terrenos audiovisuales. Creo que investigo sobre amor porque es el sentimiento más importante que ha marcado la evolución de la especie. Tampoco creo que haya mucha diferencia en mi trabajo cuando lo hago en empresas o en otros sitios.  Porque en todos los ámbitos de actuación, el amor siempre es el valor y la emoción que más aparece. Ya sea el amor al trabajo, el amor a la marca, el amor a una idea, el amor a alguien. El amor emerge sin casi poder evitarlo. Por eso, estoy muy feliz del próximo evento que impartiré mañana con Pedro Amador en el Sheraton Montevideo.

En relación al amor, creo que mis alumnos o los líderes con los que trabajo también saben la importancia del amor a su equipo para que su empresa sea más productiva. En este caso, tengo una opinión similar a Stephen R. Covey. Cuando Covey habla de liderazgo, suele hacer paralelismos entre su vida familiar y la vida empresarial. En mi caso, encuentro que tanto para liderar una empresa como para una liderar una relación o mi propia vida personal, requiero valores, cualidades genuinas que he traído desde el nacimiento y nadie me puede arrebatar. Puede que traten de usurparme mi puesto en una empresa, mi coche, mi casa pero mis valores, los debo potenciar y trabajar. Entre los valores que puedo recurrir para lograr mis objetivos, el amor aparece como el más positivo porque me conecta con mi pulsión vital. No solamente en el amor que puedo expresar a un ser querido, sino en el amor hacia mí misma, hacia mis compañeros de trabajo, hacia mi familia. El desamor nos amarga y nos enferma. Esto no es una mera frase hecha. Hay estudios científicos que demuestran que las personas más positivas y solidarias con respecto a los demás, tienen menor propensión a contraer enfermedades cardíacas.

Siendo consciente de la importancia del amor, no deja de sorprenderme el testimonio de personas que se lamentan de su soledad. Otros, como algunos escritores, artistas y músicos que celebran su soledad para crear obras magníficas. Otros vivimos con otras personas que contribuyen a nuestra fuerza y equilibrio. El disfrute de compartir con otros no implica que no tengamos crisis y roces con esas personas. Primero porque las necesidades propias no son necesariamente iguales a las de la otra persona. Por otro lado, somos hombres y mujeres pero nuestro género no nos hace ser predecibles para cada ocasión. Ni las mujeres ni los hombres tenemos escritas un manual de instrucciones de cómo debemos tratar al otro. Esto hace que muchas veces se compruebe que ni los hombres son tan básicos ni las mujeres son tan enmarañadas.

Más bien, cada minuto de nuestra vida estamos inventando el mundo. Eso es lo que hacen hombres y mujeres en tiempos hipermodernos: reinventarse frente a las adversidades, cuidarse para ser objeto de deseo del otro pero al mismo tiempo, preservarse del otro, que les puede generar tanta atracción como temor. Parafraseando a Paul Auster, “el mundo está en mi cabeza y mi cuerpo está en el mundo”.  Somos seres físicos, nos podemos tocar pero si no nos pudiéramos pensar, ni imaginar, no reconoceríamos a las personas. Los hombres y mujeres se reconocen a partir de que se piensan. Muchos hombres siguen pensando a una mujer como alguien sensible, que educa, que cuida a los niños y por eso, están perplejos ante esta mujer que muestra autonomía sexual e independencia económica. Por el lado de las mujeres, muchas piensan al hombre como un ser que se enfoca en sus cosas, es práctico y algunas reaccionan incómodas cuando ellos también dicen que no, lloran, se depilan y usan cremas.

En realidad, muchas de las personas felices en pareja que fueron entrevistadas en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”, se pensaban e imaginaban sin tantos estereotipos. Tras hablar con mujeres y hombres de Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, parece que la soledad se disfruta tanto como se padece. No solamente no estamos tan felices siendo solteros eternos sino que además nos cuestionamos hasta dónde nos va a llevar tanta autonomía e individualismo. De todos modos, eso no evita el surgimiento de una especie de solteros de oro que ostentan las ventajas de no cambiar pañales ni pagar fortunas en niñeras. Aunque una vez termina esa sensación momentánea tras los romances momentáneos, suele sobrevenir el vacío existencial. Evocando la invitación al evento de Cómo conseguir la felicidad en el amor, no creo que la dama necesite un príncipe que la salve de dragones pero tampoco quiere luchar ella sola contra las fieras. Así como él tampoco quieren ser el único que demuestren fuerza y seguridad.

Sin duda que él quiere compartir fuerzas porque ya se cansó de demostrar tanta potencia en otros tiempos. La fuerza comienza a ser compartida pero las creencias sobre lo que se da y se quita si se tiene amor, suelen ser muy tradicionales. Esto se ve claramente en los primeros roces de una pareja. Ella o él suelen demandar o quejarse de una falta o carencia del otro. Cuando asumimos que la vida tiene gratificaciones y frustraciones, dejamos de sentirnos tristes cuando las personas que elegimos para formar parte de nuestra vida, no muestran una disposición exclusiva en satisfacer nuestras necesidades. Porque justamente de ahí provienen los problemas con la mayoría de las personas: malentendidos en relación a lo que uno cree que da y espera recibir.

No siempre damos y recibimos al mismo tiempo. Ni tampoco damos con la condición de recibir. Esta última opción desinteresada y altruista es utilizada por muchas personas pero no siempre es apreciada. Así como un banco no se puede mantener si sólo presta dinero, tampoco una persona puede continuar sus relaciones si sólo se entrega y da, sin esperar a recibir nada a cambio. Me decía el otro día alguien que en cuestiones de pareja están los amadores y los amados. Esta concepción en la que en una pareja, hay siempre alguien que ama con más intensidad. No comparto esta creencia sobre el amor porque lo que hace es construir una polaridad en una relación, cuando una pareja debería ser un par de seres diferentes, que tengan en común el amor compartido y los proyectos futuros. En ese amor compartido, la idea de que uno ama menos debería ser desterrada porque así marchan muchas parejas, conociéndose y aceptando convivencias donde uno dona su amor y el otro recibe sin preocupaciones. Sin duda que sería ideal que ambos donen su amor sin esperar nada a cambio, tan sólo ver la felicidad en el otro. Pero la mayoría de las personas dan algo buscando algo a cambio. También es cierto que el donante de amor puede perder fuerza si no recibe reciprocidad del otro. De alguna manera, inconscientemente damos amor buscando recibir nuestro eco y reflejo. Pero no damos mostrándonos ciegos de amor y aceptando con sumisión la poca entrega del otro. El amor puede concebirse como un bien de cambio más cuando la falta de dinero trae consigo una escasez de caricias, o cuando la paciencia se transforma en rabia, o cuando la tolerancia da paso a la diferencia.  Pero cuando el amor se concibe como algo infinito que promueve los valores y el compromiso del individuo, ese amor que demos nos volverá. Habrá un momento que el que cree que sólo deberá ser amado, se empachará de energía y comenzará a devolver todo ese amor recibido. Dejará de ser el amado para ser el amador. Entonces habrá valido la pena dar sin pensar tanto en recibir.

Y los dejo con un video del gran Jorge Drexler que resume este sentimiento de transformación en el dar y recibir.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción de este texto es posible si se cita el texto original.

Te agradezco pero no

Mi amiga Ivana tiene una frase que utiliza frecuentemente para quitarse los hombres que la invitan a salir y no son de su interés. Ella suele utilizar la frase “te agradezco pero no”.  Esta sería una forma elegante y amable de dar calabazas además de ejercer  la sinceridad sin tapujos. Pero, ¿qué pasa con esas personas que abusan de la palabra “gracias” y la utilizan como un slogan publicitario?

Desde hace unos años, toda la filosofía de The Secret, la película y libro de Rhonda Byrne que promueven el  pensamiento positivo, trajo tras de sí   una ola de cultores de la buena onda. Quizá este post no sea de agrado de los cultores de El Secreto porque  según Byrne, si critico, culpo o me quejo de algo, no soy agradecida. Pero espero que se tome esto como crítica constructiva porque no dejo ver el lado positivo a El Secreto: abrió el campo del pensamiento positivo a mucha gente. Si tenemos en cuenta que los abogados de Byrne demandan a diestra y siniestra en relación al libro y la película, entonces luego veremos qué es ser agradecido según la autora. Más allá de sus demandas, debemos agradecer a Byrne y su obra porque el número de gente amargada y pesimista no beneficia a nadie. No les hace bien a ellos mismos porque tanta amargura les puede traer úlceras, problemas cardíacos y hasta pueden ser las semillas de la gestación de un cáncer. Tampoco el pesimismo beneficia a los psicólogos y coaches porque  las personas que ven todo negro, en muy pocas oportunidades creen que pueden necesitar de ayuda. Más bien creen que el mundo es cínico, malvado y deben aceptarlo.

Mientras tanto, hay una gran proliferación de propuestas que hablan de pensar bien, actuar mejor y así obtendremos mejores resultados. En estas propuestas, me incluyo porque mi seminario “Pensar bien, actuar mejor. Técnicas de coaching y sistémica para una vida sin estrés” suele tener lista de espera en varios lugares de España. También haré uso de herramientas de coaching que nos ayuden a pensar bien en el próximo taller “Conseguir la felicidad en el amor” que impartiré junto a Pedro Amador.

Mi uso del lenguaje positivo  no evita que reflexione sobre el exceso de hipocresía en su grado de apariciones. Mi deducción surge tras intercambiar un par de mails con algunas personas que trabajan en desarrollo personal. Con ninguna de ellas, pude sentarme a conversar o negociar propuestas pero suelen terminar la comunicación con un gracias por todo. Cuando a esa persona le di algo, ya sea mi tiempo, mi dedicación, mis planes y hasta mi ayuda, entiendo el gracias por todo. Pero cuando apenas intercambié un mail corto y conciso con una pregunta simple, el gracias por todo me resulta exagerado y hasta irónico. Otras personas cuidan más el lenguaje y con un amable saludo dan por terminada la cuestión, sin tirar flores antes de tiempo. Este gracias por todo es una aplicación extrema de la filosofía de El Secreto. Allí se nos dice que seamos agradecidos a la vida pero eso no es nada nuevo porque  ya lo cantaba Violeta Parra y lo promueve la cultura judeo cristiana. El agradecimiento siempre es positivo pero es la consecuencia  de recibir algo a cambio. Si decimos gracias como loros, entonces nadie nos creerá cuando las decimos realmente de corazón.  Un gracias a nuestra pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, padres no es dañino pero un gracias por todo suena irónico cuando no se ha dado nada al otro. Por lo demás, no todas las personas merecen nuestro gracias. Si todas las personas merecen nuestros agradecimientos,  el esfuerzo del otro de dar una buena acción no tendría ningún valor.

Similar a esta actitud es cuando leo en el libro de un amigo que tiene tres páginas de agradecimientos. Sólo pienso que eso es válido si esa lista de personas participó en la investigación o escritura del libro. Pero en más de una ocasión, los agradecimientos  son sólo una caricia en el ego para los que los reciben. El autor dice palabras bonitas que quedan selladas por el papel. Muchas de las personas a las que agradece, hoy no forman parte de su vida, antes tampoco la formaban porque a muchas de estas personas las vio en contadas ocasiones. Entonces surge la reflexión sobre el adorno detrás del gracias. Te digo gracias porque queda bonito, lo imprimo, lo ve todo el mundo que tú eres mi amigo, que te agradezco y luego si te he visto no me acuerdo,  aunque si te conectas al Facebook probablemente te recuerde porque ahí todos nos miran y debemos seguir nuestra amistad buena y sana desde allí. Las redes sociales han permitido  que el mundo esté más conectado pero también han creado círculos de hipocresía donde las personas sólo hablan e intercambian si se hace desde Facebook, Twitter o Linkedin.

Cuando todos merecen una dedicatoria, se corre el riesgo que nadie se sienta merecedor de esos laureles. En cambio, cuando restringimos el campo del gracias a personas que nos han aportado amor, respeto, honestidad, paciencia, escucha, ahí las declaraciones tienen más poder porque están en consonancia a lo que recibimos.

Espero que la gente siga agradeciendo y conectándose con su alma y su corazón. Pero que no olvide que la compasión que sentimos hacia las personas pesimistas, arrogantes o violentas, no implica agradecerles como si fuera una grabadora que tenemos instalada en nuestra lengua. Decir “Gracias” no debería ser una marca de fábrica pero es verdad que un gracias bien dado a alguien del que recibimos tanto, nos acerca a las puertas del cielo.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción del texto es posible siempre que se cite la fuente original.