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Carta abierta a mi hijo Nico

Quedan tres meses y una semana para que llegues según los doctores. Tu madre ya siente el cuerpo abatido porque tu tamaño aumenta, ya estás casi como un recién nacido, pero en miniatura. Por eso, tu mamá se cansa mucho al caminar y apenas puede estar en pie. Todo porque ya tienes el  tamaño de una calabacita amarilla. Según Baby Center, ya estás todo formadito, puedes medir 27,5 centímetros y pesas cerca de medio kilo. Me cuentan que tienes la piel todavía arrugadita pero quedan unas horas para que te vea en cuatro dimensiones. Tu mamá te deseó y te soñó durante mucho tiempo. Se unió con tu padre para crearte y la magia del universo hizo el resto. Antes de saber que eras un varón, muchos hombres se le acercaban y proclamaban sus poderes anticipatorios diciéndole: “tendrás un niño porque estás muy guapa”. Eso te darás cuenta cuando salgas a la luz, la sociedad sigue pensando que el ser mujer viene con complicaciones y hasta se nos convence que sólo el varón mantiene la belleza y la lozanía de la madre. Pero nosotras, aunque tengamos más dificultades para acceder a puestos de poder, para conciliar vida laboral con familiar, para ser aceptadas con nuestra emocionalidad tanto como por nuestra racionalidad, procreamos vida y esto nos emparenta con el gran creador. No debe haber fuerza más mágica y poderosa que la acción de dar vida. Y gracias a ti la estoy practicando.

Cuando conozcas el mundo, verás que tu madre ayuda a muchas personas a estar mejor pero ella sabe que uno sólo se siente mejor cuando está bien rodeada. Aprendió en este tiempo a gestionar sus emociones pero con tu llegada, sus hormonas descontrolaron su perfeccionismo. Cuando se deja llevar por los que la ofenden, no hay coaching y psicología que valgan pero hay sólo un antídoto que la vuelve a su estado de paz: pensar en ti. Cuando salgas, tu mamá te contará que conoció muchos muertos que aún siguen con vida y a muchos vivos que agonizan día a día. También te mostrará que el sol se esconde tras las nubes y te enseñará a chapotear bajo la lluvia. Espera compartir contigo toda la música del mundo que endulzará tus oídos. Cuidará que no te caigas pero cuando lo hagas, te enseñará a levantarte. Te darás cuenta que los ogros no sólo están en los cuentos y los héroes cada tanto aparecen para salvarnos y devolvernos la esperanza. Verás que las brujas a veces también se aparecen en la tierra con una máscara de bondad ficticia y las hadas encarnan diversas formas pero cada tanto, te tocan para que crezcas feliz y sano. Verás hombres con coraje que asumen los desafíos que les presenta la vida y también verás pobres hombrecitos, que cultivan la queja, el miedo y la envidia. Verás madres que tienen hijos como si fueran productos coleccionables y verás otras que viven la maternidad como una vocación. Verás padres que sólo encargan a sus hijos pero  luego no asumen el desafío de verles crecer pero también verás padres que se desviven por darle amor, felicidad y bienestar a sus hijos. Cada tanto te cruzarás con mujeres independientes, seguras y audaces y verás mujeres con baja autoestima y poco amor propio pero mamá te enseñará a respetar a las diferentes tipologías de hombres y de féminas. A veces, la gente nos hiere y sólo tenemos que devolver esa piedra con amor y silencio. No es fácil hacerlo pero poco a poco aprenderás. Tu madre sigue aprendiendo y eso es una de las grandezas de la vida: saber que no sabemos ni podemos controlar todo.

Mamá quiere que seas lo que tú quieras ser pero principalmente le gustaría que seas un hombre que respete a los diferentes, que aprecie a los fuertes, que ayude a los débiles,  que valore la individualidad, que ames a los otros tanto como a ti mismo y espera que te convenzas que la unión hace la fuerza. Conocerás el mundo con mamá y con la gente que te espera y te quiere. Tu mamá ha escrito libros, impartido conferencias, viajado mucho pero no quiere que tengas orgullo de eso, que eso sólo fueron motivos para seguir viviendo. Contigo tu mamá ya no sólo conoce motivos, ahora tiene un sentido para estar en esta Tierra.  Tan sólo quiere que aprendas algunos valores como el respeto que te permitirá no sentirte ofendido del que piensa diferente de ti, la tolerancia que te enseñará a saber que no eres único ni mejor que nadie, la paciencia que te permitirá calmar tu miedo, tu ira y tu rabia, la reciprocidad con el que confirmarás que siempre hay otro que aumenta tu visión del mundo y la cooperación, que te permitirá aprender de los otros.  Pero principalmente conocerás el amor con mamá, que te sueña y te espera con ansia. Ni el coaching, ni la psicología, ni los libros, ni las conferencias, ni las entrevistas, ni los programas de televisión, ni el prestigio profesional,  pueden atraer tanta luz como tu llegada.

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Cuando hablamos de sexo, ¿de qué genero estamos hablando?

La pasada noche del 12 al 13 de agosto de 2009, tuve el privilegio de ser invitada al programa de radio “Quédate conmigo”, emitido por Onda Cero y dirigido por la periodista Mayte Ametlla. La excusa para estar ahí era hablar acerca de las similitudes y diferencias entre los hombres y las mujeres. Y emulando casi al gran Paco Umbral pero sin expresarlo de forma tan vehemente, quedó claro en la tertulia que la intención central de estar en ese programa era hablar de mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. En esa obra analizo el desencuentro entre géneros, tomando para ello de modelo a hombres y mujeres de Argentina, España, Estados Unidos, México y Uruguay.

Como contrapartida, Ametlla decidió invitar a Alfons Martos, periodista cuya principal función(y conste que no he dicho intención) fue la de interrumpir cada una de mis intervenciones mientras intentaba convencer a todos los oyentes que todo lo sabía sobre el hombre y todo lo creía intuir sobre las mujeres. Mientras tanto, el arte y profesionalidad de la directora del programa lograron que pudiera continuar con mis ideas y opiniones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, ya sea desde mi experiencia como psicóloga y coach como por las cosas que he descubierto tras recopilar varios testimonios de ellos y ellas para mi libro. Siendo una persona que trata de aplicar lo que enseña, el fin del debate culminó con risas y bromas entre mi supuesto oponente y mi persona. Pero esto no es ningún mérito porque desde hace muchos años, trabajo en el arte del logro de la armonía entre contrarios.

Aunque así como reconozco mi poder de construir puentes de unión antes que murallas chinas, también reconozco que en el mundo radial, la sintonía en la comunicación es más bien aparente porque siempre sobrevienen distorsiones. En realidad, resulta casi natural que lleguen malentendidos, interpretaciones erróneas y expectativas frustradas de decir más de lo que se dijo. Principalmente, los principales creadores de la distorsión comunicativa suelen ser los mismos oyentes, cuyos paradigmas, mapas mentales, creencias y generalizaciones les impide entender completamente el nivel “real” de lo que se intentó decir.

También están los oyentes que creen haber oído todo perfectamente y aún así encuentran cosas a mejorar. De este estilo de oyente, resultó don Fernando Sánchez-Rubio García, que me escribió un respetuoso, valiente e ilustrado mail, señalando un “error” de mi parte al referirme al término “género” en lugar de decir “sexo” masculino o femenino. Sin querer compartir todas las objeciones que me endilgaba este oyente, discutía mi justificación de referirme a “género” para señalar la construcción cultural que se hace del ser hombre y ser mujer. Don Sánchez-Rubio García pensaba que no había ninguna definición en nuestro diccionario de la Real Academia Española(RAE) para definir género en cuanto a lo perteneciente al hombre o mujer según mi explicación. Para justificar sus argumentos, el oyente indagó en las distintas definiciones de la palabra “Género” según la RAE y encontró las siguientes:

1.Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

2. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas. Ejemplo: Ese género de bromas no me gusta.

3. En el comercio, mercancía.

4. Tela o tejido. Géneros de algodón, de hilo, de seda.

5. En las artes, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según rasgos comunes de forma y de contenido.

6. En biología, taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

7. En gramática, clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.

8. En gramática, cada una de estas formas.

9. En gramática, forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases.

Y tras enumerarlas, el oyente se quejaba que en ninguna de las acepciones mencionadas, cabía la posibilidad alguna de encuadrar “género” para referirse a hombres y mujeres.

Afortunadamente, don Sánchez-Rubio García no se conformó únicamente con indagar en la RAE y me citó una recomendación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), con fecha del 14 de Septiembre de 2005:

Se precisa que los términos “género” y “sexo” designan realidades distintas, pues el primero se refiere a la “categoría gramatical de las palabras” y el segundo hace alusión a la “condición de los seres vivos por la que se distingue el macho de la hembra”. En castellano, una cosa es “sexo” y otra es “género”. “sexo”, para los hispanohablantes, tienen las personas, los animales y algunas plantas, mientras que “género” sólo lo tienen las palabras, y no todas. De modo que podemos decir que una persona es de “sexo” masculino o femenino, pero no que es de uno u otro “género”. Asimismo, podemos decir que un sustantivo es de “género masculino o femenino”, pero no de uno u otro “sexo”. El “sexo” es una categoría biológica, el “género” una categoría  gramatical. (…) En consecuencia, se recuerda que el “género” se refiere a las palabras y el “sexo” a las personas, animales y plantas, por lo cual es incorrecto utilizar estos términos indistintamente.

Sencillamente, mientras leía ese mail, aumentaba mi fascinación por el tema del lenguaje y todo lo que provoca en el accionar de los seres humanos. Don Sánchez-Rubio García siguió con sus objeciones, citando luego al académico dominicano Fabio J. Guzmán Ariza, quien ha señalado que “el uso incorrecto de “género” se originó por calco semántico del inglés “gender”, vocablo que en ese idioma sí se entiende como sinónimo de “sexo” (“sex”), o que como apunta el Diccionario panhispánico de dudas, ha adquirido un sentido técnico específico, resultado del movimiento feminista, que alude a diferencias entre el hombre y la mujer de índole social, económica, política, laboral, etc.”

Tras el brillante mail de don Sánchez-Rubio García, deduzco sin ninguna comprobación estadística pero sí con mucha inocencia generalizadora que para beneplácito de Mayte Ametlla, sus oyentes suelen tener un nivel socio educativo y cultural alto. Pero más allá de dejarme llevar por el peso de las fuentes de la RAE y de otros sitios, seguiré utilizando el término género en mi lenguaje. Esto no evita que concuerde en gran parte con los comentarios que manifestó el oyente con respecto a “sexo” y “género”. Pero vuelvo a subrayar que “género” se refiere a la construcción cultural que hacemos de lo que implica ser hombre y ser mujer. No aparece explicado claramente en el diccionario de la Real Academia Española porque para ello, deberíamos consultar un diccionario antropológico o sociológico que entienden de lo que hablo. No siempre la lengua camina al mismo paso que la sociedad y las ciencias sociales. Trato de ser más clara y precisa: puedo ser mujer  porque así lo ha marcado mi biología y mis caracteres sexuales pero puede que no sienta todas las condiciones culturales y sociales de lo que implica ser mujer de acuerdo a mi sociedad y cultura(género).

Y no es meramente un término utilizado por influencia de Estados Unidos(“gender”) sino porque así se utiliza en el ámbito de la psicología, la sociología y la antropología. Ciertamente, no siempre el lenguaje de psicólogos, sociólogos y antropólogos coincide con el léxico de la Real Academia Española. De todos modos,  también se han introducido términos del lenguaje popular en la RAE y  con estos hechos, albergo la esperanza que también se incluyan definiciones más claras de términos de uso académico, utilizadas por expertos en ciencias sociales. Por lo demás, si hubiera tenido tiempo para enumerar los términos de referencia psicológica que no se incluyen en la RAE, don Sánchez-Rubio García hubiera quedado espantado. Un ejemplo pueden ser palabras como “completud”, “otredad”(que ya está incluida”), “externalización” y tantos más que ahora mismo no recuerdo.

Por lo demás, el gran Miguel de Cervantes Saavedra hizo su contribución a la RAE tras publicar su obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Ahora no recuerdo el número de palabras que se han agregado a nuestro léxico castellano/español tras el éxito del fantasioso Alonso Quijano. También se han agregado palabras de uso popular al léxico definido por la RAE. Seguramente, haya que hacer un apartado especial sobre “género” para que no haya más diferencias entre el lenguaje de los académicos de la lengua y los expertos de las ciencias sociales. De todos modos, en las definiciones que  don Sánchez-Rubio García trae sobre género, hay dos que definen lo que le estoy tratando de explicar:

Género:

1.Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

6. En biología, taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

Quizá con un poco más de tiempo, se puede proponer a la RAE que incluya definiciones más pLazing on a sunny afternoonrecisas que se relacionen con el lenguaje expresado por feministas, antropólogos, psicólogos, sociólogos y gente de a pie.  Después de todo, esta no es la primera vez que la Real Academia marcha a paso diferencial con el sentir y vivir de tantos hombres y mujeres.