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Mundo contradictorio y desigual

Vivimos tiempos contradictorios. El consumo de bebidas en envase de plástico coincide con el auge de la ecología. La gente más estresada suele ser la misma que practica yoga. Los amantes de los animales suelen tener  problemas de relación con muchas personas. Y algunos que cultivan la generosidad con sus amistades, suelen amurallarse detrás de su egoísmo ante cualquiera que se atreva a detentar su amor.

La desigualdad entre hombres y mujeres es una de las contradicciones más  destacadas. En un mundo donde se nos dice a las mujeres que tenemos el poder, al mismo tiempo se  discute sobre la idoneidad para gobernar de las féminas. Argentina tiene a Cristina Fernández de Kirchner,  Brasil tiene a Dilma Rousseff y Chile tuvo a Michelle Bachelet pero el verdadero poder sigue siendo masculino. Como ejemplos vemos que por el mismo puesto de trabajo, tanto en América como en Europa, las mujeres seguimos ganando un veinte o treinta por ciento menos que el hombre.

Otro hecho que clarifica la fuerza de lo masculino es en el reparto del mal de moda: la ansiedad. Por ejemplo, un hombre preso de su ansiedad ante su expectativa amorosa, suele llamar por teléfono de forma continuada, además de enviar mensaje al celular, mail o bien a través de Facebook. En la sociedad moderna, ya sea en Barcelona como en Montevideo, este hombre ansioso es señalado como un hombre insistente, perseverante, valiente que tras un acecho sutil logrará con su energía y paciencia conquistar a la damisela en cuestión. Contrariamente, la mujer ansiosa ante la expectativa de una cita o bien posible amor, si ella demuestra interés, o llama, o envía señales en forma de llamadas de teléfono, mensajes al móvil, mails, entonces es una mujer pesada, avasallante, demandante y ese avance que realiza no asegura que conquistará al caballero en cuestión. Porque los dos géneros sentimos y tenemos una perspectiva diferente sobre el amor y la pareja.

Para la mujer es natural ese hombre conquistador, que puede que al comienzo no le provoque nada pero luego por su constancia, conquista su corazón. En cambio, el hombre parece preferir la mujer distante, difícil, dulce, refinada, silenciosa pero mejor si al comienzo no expone demasiado lo que siente o quiere. De este estilo de hombres es mi amigo Juan, un ingeniero uruguayo de treinta y seis años.  Juan es un emblema de este mundo contradictorio. Jamás conocí a alguien que fuera tan querido como vapuleado por las mujeres. Tampoco a nadie que sea tan generoso y relajado con sus amigos y familia mientras que no puede evitar un cierto egoísmo y exacerbada exigencia con sus novias de turno. Siendo un hombre adorado por sus amigas, esto no evita que termine enemistado con la mayoría de sus ex novias. El otro día le comentaba que cómo puede ser que logre tanto cariño en algunas mujeres y tanto desprecio en personas que ha compartido cama, ilusiones y proyectos. Y él, gran cultor de la inteligencia racional, con varios doctorados y posgrados, reconoce que la razón más evidente es su carencia de inteligencia emocional. “Soy muy frío, no me gusta expresar lo que siento”, me dijo una vez.  “Si una mujer es muy cariñosa y me besa mucho, siento que invade mi espacio”, me confesó en otra oportunidad.

Ignoro si la mayoría de los hombres que repiten una historia de fracasos amorosos, tienen la misma conciencia de Juan.  Aunque parece ser que todos los que fracasan de forma asidua, muestran un afán perfeccionista y un elevado idealismo. Siempre se espera más de la otra persona. Sería sano y constructivo, que además de ser conscientes de nuestros errores, comencemos a evitar esa contradicción de ser buenos con unos y severos con otros. Si aceptamos los defectos de nuestros amigos y familia, podríamos también aceptar los errores de nuestra pareja. Si aceptamos que nuestros amigos se enfadan, estornudan, se equivocan, se lamentan y son en definitiva muy diferentes a nosotros, también deberíamos aceptar que el otro piense diferente a nosotros. Al final de cuentas, ¿alguien conoce algo más desparejo que una pareja?

El arte de aceptar el no y los desafíos del liderazgo femenino

Ayer me sucedió algo muy curioso. Envíe una información sobre la nueva edición del curso Coaching y PNL para Hablar en público con eficacia y al poco tiempo recibo un mensaje (con tono amable, por cierto) de alguien que había recibido el correo y lo encontraba dañino para su corazón. Seguramente porque al poner en el mensaje que era de alta importancia, algunos ordenadores tienen sonidos prohibidos para cardíacos.  Esto me hizo reflexionar sobre el vértigo que nos ha tocado vivir. No es la primera vez que defino de esta manera a nuestros tiempos. Pero parece que con la combinación de crisis y paro, algunas personas acrecientan su reactividad. No sólo emergen los nervios cuando llega un email. También es la ansiedad y el fastidio que provoca una negativa de colaboración o de publicidad. Hace unos meses, observé la reactividad de una directiva española cuando me negué a publicitar en un canal de televisión que ella inauguraba. A pesar que le desee la mejor de las suertes en su emprendimiento y hasta le prometí difusión desde mis canales: newsletter, mailings y mis redes sociales(Facebook, Twitter y Linkedin), debo intuir que no le agradó mi verdad. Traté de ser sincera para que no perdiera el tiempo tratando de venderle a alguien que no le iba a comprar. Entonces  le comenté que en mi caso, dado que constantemente soy invitada a colaborar en muchos medios de varios países y principalmente de España, no necesitaba pagar para tener un espacio en un canal de emprendedoras femeninas.  Mi sinceridad provocó su reactividad y esta empresaria pidió darse de baja de mi newsletter. En otras palabras, cerró nuestros canales de comunicación porque también dejó de invitarme a sus eventos. Frente a este tipo de liderazgo femenino, contrario a todo lo que promulgo como coach, psicóloga y oradora, me quedo perpleja.

Las mujeres líderes deben combatir muchos obstáculos en estos tiempos pero principalmente deben aprender a canalizar sus emociones hacia una dirección positiva. Porque así nos evitamos comentarios maliciosos sobre nuestros descontroles y nuestro ciclo menstrual.  No significa dejar de sentir sino simplemente moderar las emociones de una forma respetuosa y madura. Por otro lado, en estos días, dos colegas  reaccionaron reactivamente tomando decisiones siguiendo rumorologías y sin contrastar datos. Otro ejemplo de liderazgo ineficaz porque el buen líder toma decisiones en base a la experiencia y no en comentarios de terceros. Y ya no estoy hablando como psicóloga, coach ni periodista ni escritora. Estoy hablando como ser humano. Al final de cuentas, la persona siempre trasciende cualquier rol. Afortunadamente, quedan aún líderes que cultivan la inteligencia emocional, el respeto, la escucha empática y se vuelven creativos en contextos difíciles. Me gustaría ver a más mujeres ejerciendo esas cualidades.  Por el momento, me conformo con la generosidad y el entusiasmo de algunas líderes mujeres como Ana María Llopis, Marta Carballo, Lara Oliveras y Alicia Castillo Holley. No quiero crearles presión por ser ejemplos de mujeres pero son por el momento, unas pocas que veo que avanzan a paso firme, compartiendo y equilibrando la razón con la emoción.

Recuerdo el programa que hice hace un par de años, una mesa redonda sobre Liderazgo y precisamente hablaba sobre la humildad, tan necesaria para liderar y reconocer que no sabemos todo. Pueden verlo aquí:

Y para quitarle hierro al asunto, vamos a evocar algunos lugares donde se equilibran los géneros y es como siempre en este asunto del amor, que parece que no hay líderes ni sumisos.  Lo dicho, los dejo con un anuncio delicioso(la nueva fragancia de Trésor Midnight Rose, el que protagonizan el actor franco-germano  Cyril Descours y la franco-británica Emma Watson, que demuestra que creció luego de Harry Potter.