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Las vacaciones y el tiempo para una pausa

El verano parece ser la estación ideal para disfrutar del amor y de la amistad, hacer ese viaje que teníamos postergado, cambiar ese hábito que me ha traído problemas con los otros. También es la etapa ideal para revisar nuestras dudas y certezas y emprender un nuevo camino en caso que sea necesario. Pero sobre todo es el tiempo para hacer eso que no siempre tenemos tiempo. Y para dejar de vivir tan acelerados. El verano y las vacaciones no nos permitirán detener el tiempo pero sí disfrutarlo más, sin agobios ni presiones.

Buen tiempo para el amor

Los expertos señalan que las feromonas humanas, esas sustancias causantes de la atracción entre hombre y mujer, tienen un efecto mayor con los primeros calores. Sucede que con el alargamiento del día, el calor provoca que las personas pasen más tiempo fuera de casa: paseando, haciendo compras, disfrutando la playa o en la piscina. Del mismo modo, las personas parecen más propensas a relacionarse. Además de ser un buen momento para comenzar a ocuparse de uno mismo y dejarse de preocupar por cosas vanas e inútiles, las vacaciones son también un buen momento para mostrarnos más abiertos al contacto con el otro.

Otros dicen que las vacaciones son el desencadenante de rupturas. La rutina y los hábitos de cada uno se ponen en juego aquí. Él puede pensar que las vacaciones son un momento ideal para descansar y alejarse de todo contacto con el exterior. Y ella puede pensar que es el momento perfecto para salir, divertirse, practicar diversos deportes y disfrutar de todas las excursiones que se presenten. En este caso, se hace imprescindible que cada uno respete los gustos del otro sin dejar de ser ellos mismos.

Cuando surge el conflicto ante la diferencia, resulta beneficioso revisar, analizar y discutir sin faltar el respeto. La negociación es básica en el amor. Por tanto, puede que ella prefiera salir de compras por los mercados del pueblo y él prefiera yacer en su tumbona, dormitando o leyendo el periódico. Eso no quiere decir que sean incompatibles. Simplemente que en ese momento les apetece distintas cosas. Respetar los tiempos de cada uno es primordial para lograr una buena relación. En este caso, lo más efectivo sería acordar que ella vaya a sus compras, él permanezca tumbado y luego se encuentren en el chiringuito de una playa cercana.

Tiempo de reencuentro con amigos y familiares

Durante nuestras vacaciones, podemos enfocarnos en proyectos que habíamos dejado pendientes. Una salida a pescar con algún familiar, un fin de semana con amigos, una cena pendiente con compañeros de trabajo. Después de todo, no hay mejor tiempo perdido que el tiempo invertido con nuestros afectos.

Aprovechar las vacaciones para emplear bien el tiempo

Para conocer el verdadero valor del tiempo, debemos disfrutarlo y no sentirlo como algo que se nos evade. Si empleamos mal el tiempo, es natural que nos quejemos de su brevedad. Efectivamente, tenemos un 7 por ciento más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20 por ciento más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar las numerosas opciones que tenemos.
Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo.

El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte. Si antes de partir de vacaciones, solías tener esas agendas colmadas, que te dejaban con agotamiento, puedes comenzar a renunciar y priorizar. Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades.

Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas.

El verano y las vacaciones pueden ser un buen momento para que dejemos de ser tan exigentes con nosotros mismos. Podemos aprender que no pasa nada malo con las cosas que aún no hemos hecho. Debemos tratar de ser eficaces pero estar en paz cuando no hemos podido terminar algo.

Debes tomar conciencia y decidir a qué queremos dedicar nuestro tiempo, poner prioridades, saber decir ‘no’ y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto el último partido del Mundial. La reserva de tiempo para uno mismo es esencial. Podemos aprovechar las vacaciones para crear el hábito de estar solos un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy.

¿Podemos reaprender a vivir en el verano? En cualquier momento del año, podemos decidir que somos los dueños de nuestra vida. Nadie más que nosotros. Ni mi padre, ni mi jefe, ni mi pareja, solamente yo puedo decidir sobre lo que me hace feliz. Para ello, debo ser responsable y elegir sobre lo mejor para mí en cada momento.

Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. El lector, que ha decidido leer este post, ya ha elegido. Se ha dado unos minutos para sí mismo, para observar y reflexionar. Ha sabido encontrar tiempo, mejor dicho, ha aprendido a concedérselo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la persona que se permite un espacio a la reflexión asume una actitud casi heroica. Ha dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena.

El dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, cuando éramos niños y nos bastaba disfrutar de la sensación de los rayos de sol en nuestra piel y el aroma de los bosques de pino.

Carl Honoré, autor de “Elogio de la lentitud”(RBA, 2005) decidió escribir su libro al disfrutar especialmente un cuento de un sólo minuto. Pensó que era una muy buena idea para contentar a un niño. Cuando recapacitó, se asustó y pensó que estamos viviendo un tiempo muy acelerado, lo que él califica la “orgía de la aceleración”. Su libro, basado en el movimiento slow, invita a un disfrute de la lentitud. Sus orígenes están en el movimiento “slow food”(comida lenta), que nace en Italia en oposición a la “fast food”(comida rápida) y promueve volver a saborear la comida y los aromas. Ya son cuarenta y dos países los que la siguen. Inspiradas en el movimiento, surgen en Italia las “ciudades lentas”. Hay treinta y dos localidades comprometidas a reducir el tráfico, evitar alarmas, aumentar zonas verdes y sistemas ecológicos y huir de luces de neón o vallas de publicidad. El movimiento no ha hecho más que empezar.También ha surgido el “slow sex”, que invita a disfrutar del sexo sin prisas, y el “slow schooling”, un sistema escolar menos estresante. Los dejo aquí con un programa que hice en “Hola Barcelona” de BTV, justamente hablando sobre vacaciones y el disfrute del tiempo:

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¿Se le puede tener fobia al amor?

Entrevista para El Mercurio de Chile

¿Se le puede tener fobia al amor?

Sentirse enamorado ya no es algo a lo que todos aspiren. Por distintas razones puede ocurrir que alguien renuncie al sentimiento más profundo que se pueda experimentar. Es una idea que ha rondado la discusión en muchos espacios, pero finalmente la necesidad supera a la opción porque ningún ser humano de carne y hueso puede vivir sin amor.
Viernes 19 de Marzo de 2010
Carola Inostroza

Casi cualquier persona diría que el amor es un sentimiento intrínseco de los seres humanos, pero algunos han llegado a pensar lo contrario. Tanto por complicaciones derivadas de trastornos psicológicos como por opción personal, ellos han dejado de sentir esta emoción. ¿Por qué tan así?

Pese a que la filofobia no es un término avalado oficialmente, recientemente se ha comenzado a usar para identificar el temor o miedo irracional a enamorarse o a vincularse sentimentalmente con otro y que es relacionado con la fobia social, enfermedad ampliamente estudiada.

“Lo que yo he visto sobre la filofobia es que en vez de presentar esta fobia social en un espectro más amplio- esto es, un temor a tener cualquier tipo de encuentro social- se singulariza la posibilidad de tener un encuentro amoroso o una relación sentimental”, aclara Domingo Izquierdo, psicoanalista y psicólogo clínico de la Universidad Andrés Bello.

Hay muchos motivos que generan este trastorno y muchas son las teorías que explican estas conductas. Se dice que estas personas filofóbicas eligen relaciones imposibles donde nunca podrán enamorarse o huyen de quien pueda sentir una atracción importante. Y pueden llegar a expresarlo incluso físicamente con sudación, latidos irregulares, falta de aire y otros síntomas. Ellos actúan de esa forma, según el psicoanálista, debido a que “tuvieron experiencias traumáticas en su infancia o fallas vinculares tempranas importantes, que luego tienden a repetir en nuevos vínculos afectivos”, señala Izquierdo.

Se habla de una alteración que requiere tratamiento tanto con psicoterapia como con medicamentos con ansiolíticos específicos para frenar este temor hacia el amor y hacia el otro, “configurado por muchos elementos psicopatológicos serios que alteran el funcionamiento normal de una persona y generan un detrimento en sus funciones personales”, explica.

No obstante, la falta de amor en muchos no se debe solamente a perturbaciones a nivel psiquiátrico. La distinción es clara entre los que “no se enamoran por tener una fobia de los que tienen un temor al compromiso o tienen dificultad para encontrar pareja y otros que por opción de vida deciden no tener relaciones amorosas”, distingue Izquierdo.

Tal como lo comprobó un estudio realizado por Parship, una agencia online líder en relaciones estables, más de 8 millones de personas son solteras en un país de 40 como es España. Pero tal tendencia no se limita solamente a países europeos. Hablamos de los “singles”, dispersos alrededor del mundo que muestran una “independencia afectiva, un deseo de no estar con alguien porque no hay presión, porque están bien solos y disfrutan con la familia, amigos y viajan o salen con total libertad”, afirma Leticia Brando, psicóloga uruguaya y single coach de Parship.

Brando quien también es autora de “Las mujeres y hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles” (2009)- que se espera llegué a Chile próximamente -trató de buscar respuestas a este fenómeno que ha hecho desplazar la importancia del amor en la vida de una persona y que ocurre principalmente en ciudades occidentales con un alto número de población.

Los solteros identificados en España, también fueron encontrados en otros países como México, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, los cuales sirvieron a Brando para mostrar que hay solteros porque quieren y por mucho tiempo. Ellos, como nadie, gozan de un individualismo “galopante y creciente” y que es signo de los cambios culturales que actualmente vivimos y de la hipermodernidad que estamos experimentando.

Puede ser miedo, indiferencia o inmadurez pero lo cierto es que hay muchas personas que ya no buscan el amor como antes. Según Brando, ahora impera vivir el día a día muy deprisa “con muchas actividades multiocupación y que reflejan el hedonismo que no deja tiempo para el amor que requiere proyección, futuro y tiempo”, indica, y que es configurado, además, por un avance en las tecnologías de información que “ha acortado el tiempo y el espacio para comunicarse, además de no estar presentes físicamente”, dice.

El amor ha comenzado a perder su sitial aspirado por todos los seres humanos, sin dejar de confundir con “enamoramiento” o atracción sexual “que hace que mucha gente pase esta primera etapa muy de taquicardia, muy de hormigueo en el estómago, pero que no logra conocer a la otra persona en todas sus virtudes y sus defectos”. El amor es un elemento cultural y un asunto muy serio que “requiere de personas maduras, de audacia y valentía para atreverse a conocer al otro”, sentencia Brando.

Este escenario parece augurar un final estrepitoso de aquel sentimiento que nos distingue como seres humanos. Sin embargo, los especialistas ponen paños húmedos a esta tendencia porque efectivamente nadie puede vivir sin amor durante la vida. El abandono del amor es un fenómeno “transitorio y remontable” como afirman Izquierdo y Brando.

La psicóloga uruguaya es optimista frente a estas personas que eligen no tener amor en sus vidas porque “hasta las personas más difíciles buscarán y encontrarán amor aunque suene tradicional”. Brando reconoce que existen factores propios de nuestros tiempos modernos que impiden desarrollar el amor en toda su magnitud pero llama a revalorar esos elementos genuinos que nos mueven a seguir viviendo.

“Es una etapa transitoria, debido a que en el fondo todos quieren terminar sus días con un compañero de ruta porque el hombre es un ser social. Para crear todo lo que tenemos ahora el hombre necesita unirse en cooperación, solidaridad, generosidad y estos valores que son muy positivos tienen al amor como el sentimiento más importante. Es lo que nos da sentido a nuestra vida”, manifiesta Brando.

De la separación a la segunda adolescencia

Primera columna que he realizado para la revista Bernik Magazine, que se edita en Argentina y Uruguay, diciembre de 2009.

Me contaba el otro día mi amiga Margarita de su dificultad de ser feliz siendo feminista, directiva y madre. Estaba cansada de ser una mujer perfecta, guapa, atractiva, una madre abnegada y al mismo tiempo destacarse en su trabajo. Pero su extenuación no provenía de pensar en la crianza y el cuidado de David, su pequeño hijo de seis años. Más bien, su tedio provenía de reconocer que era la madre de su marido. Tras ocho años de matrimonio, se había dado cuenta que no sólo criaba a su niño pequeño sino que principalmente criaba a su marido, un director bancario que disfrutaba de jornadas laborales de apenas seis horas.


Margarita es una abogada catalana, que además es directora de Recursos Humanos en su empresa. Tras una jornada de diez horas, solía llegar a su casa, organizaba la cena, aseaba y ayudaba en la tarea a su hijo, además de recoger los periódicos, las gafas, las latas de cerveza que su plácido y apático marido dejaba alrededor de toda la casa. El día que Margarita cumplió treinta y ocho años se dio cuenta que ya no le resultaban divertidas las travesuras de su niño grande. Entonces, ni corta ni perezosa, le propuso la separación y acostumbrada como estaba a decidir por sí misma, fue ella misma la que decidió cómo iba a ser el proceso de divorcio. Ella conservaría la casa, la custodia principal de su hijo y compartirían la casa de verano con la condición de no cruzarse los dos al mismo tiempo en el mismo espacio. Luego vinieron unos meses de liberación, Margarita comenzó a disfrutar una segunda adolescencia con salidas con las pocas amigas solteras que le quedaban. Después de años de adultez y excesivas responsabilidades, ahora era Margarita la que se encontraba como una niña. Parece ser que el matrimonio vuelve solemnes a las mujeres y vuelve niños indefensos a algunos hombres. Basta que ellas decidan separarse para recuperar esa infancia perdida. Salidas a bailar, conciertos con amigos, conocer a nuevas personas, clases de patinaje y de salsa son sólo algunas de las cosas que las niñas separadas de treinta, cuarenta y cincuenta años suelen emprender. Distinta es la situación de mi amiga Lorena, secretaria uruguaya que vive con su marido y sus tres hijos en Montevideo. Lorena escucha fascinada las historias de romances interminables de sus amigas solteras y reconoce cierta envidia de disfrutar las novedades que traen las taquicardias emocionales. Con treinta y cuatro años y once años de matrimonio, no imagina cómo sería eso de besar a otro hombre. Más allá de haber tenido una fantasía momentánea donde se imaginó en la piel de una adolescente soltera de treinta y pico, Lorena aprecia su tesoro familiar. Ese sentimiento no difiere demasiado del que expresa ahora Margarita. Tras un período de necesidad imperiosa de conocer, salir con nueva gente, reírse sin motivos, el alma femenina vuelve a añorar la estabilidad. Diez meses de adolescencia intensa y una serie de romances mal resueltos han creado un cierto malestar en el alma romántica de Margarita. No basta con la libertad ni con la posibilidad de ser. Eso no es suficiente. Porque con la libertad sexual y económica, ahora tenemos más estrés, más presiones y algunas hasta piensan que tenemos más infelicidad porque ambicionamos más cosas de las indispensables. Básicamente, el feminismo nos ha hecho creer que podemos y debemos hacer todo. Nuestro poder es tan inmenso que ahí estamos algunas extenuadas por jornadas interminables, culposas por dejar a nuestro hijo mientras vamos al gimnasio o salimos con amigos. El feminismo ha creado condiciones mejores para la vida de muchas mujeres pero también ha traído más presiones. Si puedo ganar lo mismo que el hombre en similar puesto de trabajo, entonces debo demostrar que soy la mejor. Así lo están haciendo muchas mujeres españolas, que postergan su maternidad para proteger su carrera profesional y se imponen una carga horaria que trasciende su resistencia psíquica y física. Así lo hacen secretarias, abogadas, maestras, doctoras en Montevideo o en Buenos Aires. Ninguna quiere dejar de ser la Mujer Maravilla aunque ya saben que Superman no existe.

© Leticia Brando, 2009

Los que no se enamoran


Entrevista en La Vanguardia:
Los que no se enamoran
Cuando llega, el enamoramiento es inevitable, pero su ausencia no implica ser condenados a la infelicidad
En vísperas de San Valentín muchas parejas ya se están preparando para celebrar su fiesta. Pero ¿qué pasa con los que no están enamorados o que nunca se enamoran? Se puede vivir igual de bien. Solos o en pareja

PIERGIORGIO M. SANDRI | 13/02/2010 | Actualizada a las 03:36h | Gente y TV
Si usted ha encontrado a su media naranja, en estos momentos debe (o tal vez debería) de tenerlo más o menos todo a punto para celebrar mañana el día de los enamorados. Pero piénselo: ¿está enamorado de verdad?

Se supone que sí. En nuestra sociedad tenemos la costumbre de identificar el hecho de tener pareja estable con el enamoramiento. Durante siglos las bodas se celebraban simplemente por conveniencia o interés, pero en la época del romanticismo el enamoramiento llegó a ser mitificado y glorificado. En la era moderna, con la llegada de la libertad y de la emancipación, las relaciones pasan a basarse en el sentimiento. Pese a que en algunas culturas todavía se conciba el vivir en pareja como un arreglo y contrato social, en la mayoría de las sociedades desarrolladas se comparte la vida con alguien “porque se le quiere”. “Es en el siglo XX cuando el amor se convierte en la primera reivindicación auténticamente planetaria. Se impone el derecho de cada uno a ser amado y la pareja se convierte en una relación entre dos personas que se hablan, se observan, se juzgan y se aman”, escriben Jacques Attali y Stéphanie Bonvicini en su libro Amours, un ensayo sobre la historia de las relaciones hombres y mujeres.

Sin embargo, en la actualidad, aunque la mayoría quiera a su pareja, su corazón no le late cada minuto como cuando era adolescente. Por no hablar de los que están encantados con su soledad o simplemente resignados a ella, sin agobios. Porque nunca han conocido el amor. O porque el amor, simplemente, no entra sus planes. Si usted forma parte de este grupo, entonces tranquilo. No está condenado a la infelicidad ni es una persona incompleta. Y tampoco es un bicho raro, sino miembro de una tribu más numerosa de lo que la gente cree: los que no se enamoran.

Preguntado sobre el tema, el ex presidente de Fiat Gianni Agnelli –dandi, bon vivant, playboy convencido y padre de familia a la vez–, contestó una vez al periodista Indro Montanelli con cierto desprecio que “sólo se enamoran las camareras”. Agnelli creía que dejarse llevar por los sentimentalismos era una fantasía un tanto ingenua. Para él, gobernar las pasiones no sólo era posible, sino recomendable. Al teclear la frase “es posible no enamorarse nunca” en Google aparecen cuatro millones de entradas. La duda, por lo menos, es legítima.

Dicen algunos biólogos que enamorarse es un sano desequilibrio químico, con lo que las personas con el sistema neuroendocrino bien ajustado tarde o temprano experimentan esa sensación. Sería algo inevitable a lo largo de la vida, porque es un fenómeno incontrolable. Según Jean Didier Vincent, neurobiólogo del CNRS de París, el flechazo es un acontecimiento emocional transitorio, seguido de un reconocimiento recíproco. Desde un punto de vista estrictamente biológico, se liberan en ese momento determinadas hormonas, como la dopamina entre muchas otras.

Sin embargo, hay quien asegura estar inmune a esta descarga emotiva. Existen personas que eso del “amor ideal” y del “enamoramiento” no lo llevan muy bien. O que por lo menos no está en sus genes y en su biología. Leticia Brando

Olas de frío polar y corazones helados de esperar


Mientras en el cono sur se disfruta el verano, en Europa observamos abrigados y con cierta preocupación cómo crece la tasa de paro y cierra sus cifras a casi 4 millones de parados(exactamente 3.928.603 son las cifras oficiales a finales de diciembre de 2009). Según fuentes de Eurostat, España está en la cola de los países de la zona Euro y ha bajado su tasa de crecimiento económico. Dos meses antes de cerrar sus puertas el que algunos consideran el peor año de la historia española desde la salida de la dictadura, justamente la nieta del dictador Francisco Franco fue la responsable del dato colorido de unos meses tan grises. Carmen Martínez-Bordiú Franco recibió el premio 2009 a la “mujer menopáusica del año”, otorgado por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia(AEEM) durante el día de la Menopausia.

Por Leticia Brando(*)
A sus 58 años, la conocida como la “nietísima” por la prensa rosa, está casada hace más de tres años con José Campos, empresario, 13 años menor que ella y con él que ella ostenta pasárselo estupendamente en el terreno sexual porque ha confesado ser mejor amante ahora que hace 20 años. Mientras su abuelo, principal cultor de la censura, podría estar removiéndose de las cenizas ante su espontaneidad verbal, la otorgación de ese premio a Martínez-Bordiú ha venido a frivolizar en un tema importante. En realidad, la AEEM
buscaba prevenir para que las mujeres se controlen y recurran a la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), que sigue siendo una gran opción de tratamiento para erradicar los sofocos típicos de esta etapa. Pero como todo en España, parecía más importante polemizar sobre la actividad sexual de Carmen que tiene más atractivo que la propia menopausia.
En realidad, pocos sofocos estamos sintiendo los que vivimos este invierno 2010 en Barcelona o Madrid. También es cierto que estuvimos un poco mal acostumbrados. En vísperas del nuevo año, apenas sentíamos levemente una bajada de temperaturas pero sin ningún dramatismo. Aunque todo tiene su fin y también ese breve invierno otoñal, que nos permitía marchar por la vida en mangas de camisa. Los Reyes Magos han venido acompañados de menos regalos por la crisis y una ola de frío polar en toda España. La nueva década ha comenzado con grados bajo cero en Madrid, nieve suficiente en Ávila para tirarnos de los trineos, mientras que en Soria, se limpian las calles con máquinas para quitar los cúmulos de nieve. De todos modos, la nieve es bienvenida en las estaciones de esquí donde se esperan temperaturas de 10 bajo cero en zonas de montaña y una cota de nieve de hasta 5 centímetros de espesor. Sin contar, el sufrimiento de los comerciantes que pese a rebajar sus precios como se estila en esta época, ven un descenso de los consumidores, que prefieren quedarse encerrados en el calor de sus casas y otros prefieren directamente no gastar. Mientras tanto, el clima produce retrasos o cancelaciones de vuelos en los aeropuertos, cortes en carreteras y corazones helados de esperar el autobús, el sueldo y el encuentro de la media naranja. Porque el frío lo que hace es replegar más a los hombres y mujeres, aparentemente felices por estar solteros, sin compromisos, ni obligaciones familiares. El frío disminuye las posibilidades de diálogo porque la epidemia de gripe está a la vuelta de la esquina. En realidad, lo que provoca el invierno es una inevitable alusión al hogar cálido y acogedor que nos han inculcado el cine, la literatura y la sociedad. En invierno, la llegada al hogar silencioso, helado y vacío acrecienta la melancolía sobre el pasado de glorias amorosas. Aunque en esta sociedad de emociones efímeras, nada es eterno y la nostalgia se vuelve un espejismo cuando en abril arremeten los primeros soles.
(*) Licenciada en psicología, coach y autora del libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(ya editado en España y de próxima edición en la zona del Mercosur)

Un año: 12 meses y 12 razones para seguir

En los umbrales de 2010, aprendimos que 2009 fue un año de:

1. De creatividad y precisamente este valor se acentúa más en tiempos de crisis.

2.De unión porque los problemas del mercado provocaron las reuniones y asociaciones de coaches, consultores, empresarios, políticos para superar los obstáculos y promover nuevos negocios.

3. De optimismo porque los hombres y mujeres que creen en el cambio son muchos más que los pesimistas.

4. De innovación y juventud más allá de la cronología. Porque nos sorprendió encontrar empresarios con mente innovadora, puros de espíritu y que valoran y escuchan a sus trabajadores.

5. De conocimiento personal porque toda crisis siempre es una oportunidad de cambio. La reflexión, la autocrítica constructiva, el reconocimiento de nuestras potencialidades y debilidades aporta los primeros datos para la conciencia de nuestra realidad, camino esencial para el logro de la felicidad.

6. De respeto. Sabemos que no sólo respetamos a nuestros clientes, sus marcas. Principalmente respetamos a sus personas porque es tan provechoso como respetar las cosas. Esto nos ha permitido seguir valorando a las personas por su ser y no por su tener.

7. De renovación. Por eso, hemos duplicado nuestra oferta de cursos, preparamos nuevos libros de ensayo y de ficción, actualizamos los contenidos de nuestra web y seguimos promoviendo estudios sobre inteligencia emocional, liderazgo, amor, Internet y los hábitos sociales.

8. De confianza en el mundo 2.0. Nos hemos sorprendido de la gente fascinante, interesante, generosa y talentosa que hemos conocido desde las redes sociales como Facebook, Twitter y Linkedin.

9. De promoción de la autoestima. Porque sabemos que el ego no tiene nada que ver con el amor propio, creemos en la combinación del coaching, meditación y la terapia sistémica como método de cambio y también creemos en la ilusión como valor que nos mantiene vivos. Hoy todos sabemos que primero debemos querernos a nosotros mismos antes de querer a alguien.

10. De la buena comunicación con nuestros clientes desde nuestros artículos en la sección Novedades. Nosotros también hemos pasado un año de sonrisas y de agradecimientos de nuestros clientes y alumnos que nos agradecen haber aprendido a controlar sus emociones y nos reconocen que ahora se sienten mejores líderes.

11. De literatura. El libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(Letras Difusión, 2009) es un ensayo que indaga en las relaciones descartables en un mundo vertiginoso y dinámico. Durante abril, mayo y septiembre realizamos tres presentaciones del libro y queremos agradecer la presencia de Olga València, René Lönngren y Mayte Ametlla en cada presentación respectiva.

12. De difusión de los valores de nuestra consultora a través de las entrevistas y espacios en radio, televisión, prensa escrita. Gracias a los periodistas como Gaspar Hernández que desde Catalunya Radio o la contraportada de El Periódico nos hicieron más visibles. Gracias a Olga València por ofrecernos ese espacio de coaching en su programa “Hola Barcelona” de BTV durante 2008 y parte de 2009 y gracias Mayte Ametlla y el programa “La Ciutat” de Onda Cero, donde realizamos un espacio de psicología.

Deseamos un feliz año nuevo a todos los que asumen el desafío de crecer, aprender y ser mejores personas.

Nos vemos en 2010 en España y en el mundo
Leticia Brando