Archivo de la etiqueta: machismo

El poder de las apariencias

Un imagen vale mucho más que mil palabras dice el dicho. Y parece que muchas mujeres y hombres se lo están tomando a rajatabla. Aunque una  estética trabajada no siempre coincide con una adecuada actitud. La incoherencia sigue siendo uno de los defectos de la sociedad actual.

En el mundo de las apariencias, la imagen que se proyecta no siempre está relacionada con la vida que se tiene. Por ello, predominan las personas tan cuidadosas de la apariencia como incoherentes. Recientemente, Dominique Strauss-Khan, el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue acusado de agredir sexualmente a una camarera del hotel Sofitel de Manhattan. Este señor se le considera un economista intachable en cuanto a su lucha contra la crisis. Pero parece que la ética financiera no siempre coincide con la ética personal. La inevitable diferencia entre lo que se ve y lo que se es. También hay  autores de libros de auotayuda, que venden recetas de felicidad pero en su vida privada son personas de ánimo sombrío.

En este predominio de la apariencia, siguiendo las directivas del libro “El método” de Neil Strauss, en Madrid y Barcelona proliferan talleres de seducción que enseñan técnicas para seducir mujeres.  Antes de publicar su exitoso libro, Strauss era un hombre  poco agraciado y carente de confianza en sí mismo en cuanto a su acercamiento a las mujeres. En 2002 fue a un taller de seducción y dos años más tarde, se había acostado con muchas mujeres y pasó a llamarse “Style”.  Con su libro “El método” creó escuela para esos hombres perdidos en cuanto a su estrategia amatoria.

Durante un programa de radio en Onda Cero en Barcelona, me encontré con un controlador aéreo, que me comentó que imparte estos talleres de seducción en Barcelona. Tras su intención de apadrinar a otros en su aprendizaje de nuevos movimientos, incorporación de frases certeras y asesoramiento en la vestimenta y peinado, este hombre “aparentó” ser un maestro en el arte amatorio. La idea central que subyace en este tipo de talleres es que los sentimientos de las mujeres son como las raspaditas, en cuanto rascas, sacas algo: premio(si te besa) o castigo(si te rechaza). Entre las curiosidades que se les aconseja a los alumnos es que finjan interés por la vida de las mujeres como si nosotras fuéramos robots que reaccionamos según la frase utilizada. Hasta se recomienda que intenten llegar a nuestro corazón probando unos trucos de magia o una lectura de manos, o bien conversaciones sobre el tarot. Si los hombres encuentran una chica que les gusta en una discoteca, la clave está en mostrarse indiferente y ser simpático con sus acompañantes. Una vez a solas con la mujer,  la ironía es mucho mejor que las alabanzas, y por eso, en lugar de utilizar el típico “sos muy linda”, mejor decirle “tenés una preciosa dentadura postiza”. Además consideran importante no regalar nada a la mujer antes de haberse acostado con ella.  Y si el intento de beso no llega a buen puerto, mejor no incomodarse. La sugerencia es crear un muro de silencio o se prueba con la simpatía y la vuelta a empezar. Todas estas artimañas para llevar a una mujer a la cama.

Mientras algunos hombres asisten a estos talleres y aprenden a usar estrategias y cultivan imágenes para aparentar un ser atractivo y digno de besar, otras personas dejan de lado las apariencias y se lanzan a vivir. Así lo ha hecho mi amiga Alicia, una creativa publicitaria catalana de treinta y siete años. Tras un divorcio y varias rupturas amorosas, ha comenzado a salir con un amigo que conoce desde los dieciocho años.  Guiada por lo que dictaban las apariencias, Alicia se negaba a prestarle atención a este hombre pensando en el qué dirán sus amigos en común, de los ex respectivos y su entorno afectivo. Cuando dejó de pensar  en la sociedad y se atrevió a sentir, ha descubierto que su amigo es el hombre más compatible que ha conocido en los últimos diez años. Y no sólo esto, ha descubierto que alguien la quiere por lo que ella es y no por lo que aparenta.

(Esta columna apareció en la edición de junio de 2011 de Bernik Magazine)

Cuando hablamos de sexo, ¿de qué genero estamos hablando?

La pasada noche del 12 al 13 de agosto de 2009, tuve el privilegio de ser invitada al programa de radio “Quédate conmigo”, emitido por Onda Cero y dirigido por la periodista Mayte Ametlla. La excusa para estar ahí era hablar acerca de las similitudes y diferencias entre los hombres y las mujeres. Y emulando casi al gran Paco Umbral pero sin expresarlo de forma tan vehemente, quedó claro en la tertulia que la intención central de estar en ese programa era hablar de mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. En esa obra analizo el desencuentro entre géneros, tomando para ello de modelo a hombres y mujeres de Argentina, España, Estados Unidos, México y Uruguay.

Como contrapartida, Ametlla decidió invitar a Alfons Martos, periodista cuya principal función(y conste que no he dicho intención) fue la de interrumpir cada una de mis intervenciones mientras intentaba convencer a todos los oyentes que todo lo sabía sobre el hombre y todo lo creía intuir sobre las mujeres. Mientras tanto, el arte y profesionalidad de la directora del programa lograron que pudiera continuar con mis ideas y opiniones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, ya sea desde mi experiencia como psicóloga y coach como por las cosas que he descubierto tras recopilar varios testimonios de ellos y ellas para mi libro. Siendo una persona que trata de aplicar lo que enseña, el fin del debate culminó con risas y bromas entre mi supuesto oponente y mi persona. Pero esto no es ningún mérito porque desde hace muchos años, trabajo en el arte del logro de la armonía entre contrarios.

Aunque así como reconozco mi poder de construir puentes de unión antes que murallas chinas, también reconozco que en el mundo radial, la sintonía en la comunicación es más bien aparente porque siempre sobrevienen distorsiones. En realidad, resulta casi natural que lleguen malentendidos, interpretaciones erróneas y expectativas frustradas de decir más de lo que se dijo. Principalmente, los principales creadores de la distorsión comunicativa suelen ser los mismos oyentes, cuyos paradigmas, mapas mentales, creencias y generalizaciones les impide entender completamente el nivel “real” de lo que se intentó decir.

También están los oyentes que creen haber oído todo perfectamente y aún así encuentran cosas a mejorar. De este estilo de oyente, resultó don Fernando Sánchez-Rubio García, que me escribió un respetuoso, valiente e ilustrado mail, señalando un “error” de mi parte al referirme al término “género” en lugar de decir “sexo” masculino o femenino. Sin querer compartir todas las objeciones que me endilgaba este oyente, discutía mi justificación de referirme a “género” para señalar la construcción cultural que se hace del ser hombre y ser mujer. Don Sánchez-Rubio García pensaba que no había ninguna definición en nuestro diccionario de la Real Academia Española(RAE) para definir género en cuanto a lo perteneciente al hombre o mujer según mi explicación. Para justificar sus argumentos, el oyente indagó en las distintas definiciones de la palabra “Género” según la RAE y encontró las siguientes:

1.Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

2. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas. Ejemplo: Ese género de bromas no me gusta.

3. En el comercio, mercancía.

4. Tela o tejido. Géneros de algodón, de hilo, de seda.

5. En las artes, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según rasgos comunes de forma y de contenido.

6. En biología, taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

7. En gramática, clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.

8. En gramática, cada una de estas formas.

9. En gramática, forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases.

Y tras enumerarlas, el oyente se quejaba que en ninguna de las acepciones mencionadas, cabía la posibilidad alguna de encuadrar “género” para referirse a hombres y mujeres.

Afortunadamente, don Sánchez-Rubio García no se conformó únicamente con indagar en la RAE y me citó una recomendación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), con fecha del 14 de Septiembre de 2005:

Se precisa que los términos “género” y “sexo” designan realidades distintas, pues el primero se refiere a la “categoría gramatical de las palabras” y el segundo hace alusión a la “condición de los seres vivos por la que se distingue el macho de la hembra”. En castellano, una cosa es “sexo” y otra es “género”. “sexo”, para los hispanohablantes, tienen las personas, los animales y algunas plantas, mientras que “género” sólo lo tienen las palabras, y no todas. De modo que podemos decir que una persona es de “sexo” masculino o femenino, pero no que es de uno u otro “género”. Asimismo, podemos decir que un sustantivo es de “género masculino o femenino”, pero no de uno u otro “sexo”. El “sexo” es una categoría biológica, el “género” una categoría  gramatical. (…) En consecuencia, se recuerda que el “género” se refiere a las palabras y el “sexo” a las personas, animales y plantas, por lo cual es incorrecto utilizar estos términos indistintamente.

Sencillamente, mientras leía ese mail, aumentaba mi fascinación por el tema del lenguaje y todo lo que provoca en el accionar de los seres humanos. Don Sánchez-Rubio García siguió con sus objeciones, citando luego al académico dominicano Fabio J. Guzmán Ariza, quien ha señalado que “el uso incorrecto de “género” se originó por calco semántico del inglés “gender”, vocablo que en ese idioma sí se entiende como sinónimo de “sexo” (“sex”), o que como apunta el Diccionario panhispánico de dudas, ha adquirido un sentido técnico específico, resultado del movimiento feminista, que alude a diferencias entre el hombre y la mujer de índole social, económica, política, laboral, etc.”

Tras el brillante mail de don Sánchez-Rubio García, deduzco sin ninguna comprobación estadística pero sí con mucha inocencia generalizadora que para beneplácito de Mayte Ametlla, sus oyentes suelen tener un nivel socio educativo y cultural alto. Pero más allá de dejarme llevar por el peso de las fuentes de la RAE y de otros sitios, seguiré utilizando el término género en mi lenguaje. Esto no evita que concuerde en gran parte con los comentarios que manifestó el oyente con respecto a “sexo” y “género”. Pero vuelvo a subrayar que “género” se refiere a la construcción cultural que hacemos de lo que implica ser hombre y ser mujer. No aparece explicado claramente en el diccionario de la Real Academia Española porque para ello, deberíamos consultar un diccionario antropológico o sociológico que entienden de lo que hablo. No siempre la lengua camina al mismo paso que la sociedad y las ciencias sociales. Trato de ser más clara y precisa: puedo ser mujer  porque así lo ha marcado mi biología y mis caracteres sexuales pero puede que no sienta todas las condiciones culturales y sociales de lo que implica ser mujer de acuerdo a mi sociedad y cultura(género).

Y no es meramente un término utilizado por influencia de Estados Unidos(“gender”) sino porque así se utiliza en el ámbito de la psicología, la sociología y la antropología. Ciertamente, no siempre el lenguaje de psicólogos, sociólogos y antropólogos coincide con el léxico de la Real Academia Española. De todos modos,  también se han introducido términos del lenguaje popular en la RAE y  con estos hechos, albergo la esperanza que también se incluyan definiciones más claras de términos de uso académico, utilizadas por expertos en ciencias sociales. Por lo demás, si hubiera tenido tiempo para enumerar los términos de referencia psicológica que no se incluyen en la RAE, don Sánchez-Rubio García hubiera quedado espantado. Un ejemplo pueden ser palabras como “completud”, “otredad”(que ya está incluida”), “externalización” y tantos más que ahora mismo no recuerdo.

Por lo demás, el gran Miguel de Cervantes Saavedra hizo su contribución a la RAE tras publicar su obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Ahora no recuerdo el número de palabras que se han agregado a nuestro léxico castellano/español tras el éxito del fantasioso Alonso Quijano. También se han agregado palabras de uso popular al léxico definido por la RAE. Seguramente, haya que hacer un apartado especial sobre “género” para que no haya más diferencias entre el lenguaje de los académicos de la lengua y los expertos de las ciencias sociales. De todos modos, en las definiciones que  don Sánchez-Rubio García trae sobre género, hay dos que definen lo que le estoy tratando de explicar:

Género:

1.Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

6. En biología, taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

Quizá con un poco más de tiempo, se puede proponer a la RAE que incluya definiciones más pLazing on a sunny afternoonrecisas que se relacionen con el lenguaje expresado por feministas, antropólogos, psicólogos, sociólogos y gente de a pie.  Después de todo, esta no es la primera vez que la Real Academia marcha a paso diferencial con el sentir y vivir de tantos hombres y mujeres.