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Deseo que en 2013 cada uno sea protagonista de su vida

Mientras el año 2012 agoniza, la rutina sigue siendo la previsible. Cenas corporativas, compras de objetos de usar y tirar, esperanza de que el año próximo sea mejor, ánimos ansiosos por llegar a fin de mes y personas que buscan ser valoradas más allá de su sueldo o de su puesto. La ética del mercado dice que tanto ganas, tanto vales. En esa moral, proliferan los deseos y sueños incumplidos que frustran a los más exigentes y motivan a los más ambiciosos. Pero los más crédulos creen que no todo está perdido. Quedan la psicología y la nueva economía como las panaceas para curar los males del capitalismo.

navidad 2011Por supuesto que creo en las bondades de la psicología y la economía para desarrollarnos como seres sociales. Pero mi formación como psicóloga o coach no me hace tener una confianza ciega en ninguna disciplina. La teoría da un marco y una estructura aunque no es suficiente. No basta con las escuelas psicológicas y económicas. Los dogmas no nos salvan de las crisis. Más bien son las personas que emergen de las crisis y si para ello se respaldan en la psicología y en la economía, bienvenido sea. Pero también conozco gente que no ha leído un solo libro de psicología ni de economía y administra su vida y su empresa de una forma admirable.

De todos modos, me gusta reflexionar  sobre la gran ventaja de ser psicóloga en un mundo donde parece que somos los grandes iluminados o los peores del mundo. Si recorremos las librerías de muchos países, veremos que la psicología domina las estanterías de desarrollo personal pero también podemos encontrar mucho de psicología en las novelas policiales de moda o bien hay mucho de psicología en la biografía póstuma de algún célebre. Este 2012 tuve un hijo, terminé de escribir mi primera novela de ficción, mi primer libro de cuentos y nunca había apelado tanto a la psicología para construir cada característica de personalidad de cada uno de los personajes y para cuidar a mi pequeño bebé. Sin duda, la psicología domina el mundo porque los ministros y gobernantes de turno no dejan de apelar a cierto contenido subliminal y psicológico para obtener sus votantes. Aunque la psicología no puede controlarlo todo y así terminamos el año con la masacre de Connecticut  que sin duda, si los psiquiatras y psicólogos hubieran aparecido tanto como las armas en casa de este chico, es posible que hoy no tengamos que llorar tantas muertes absurdas de maestras y niños. Mientras Time elige a Obama como personaje del año, éste le pide a su gobierno propuestas a su gobierno para prevenir actos de este tipo. Quizá la respuesta está en legislar la venta de armas y evitar así que cualquier persona pueda comprar un arma para su defensa personal.

Volviendo a nuestros lados, en 2012  los discursos de los expertos en Liderazgo, siguieron hablando de la felicidad, de disfrutar las pequeñas cosas, de desapegarse de los detalles nimios y entonces una ya no sabe si está escuchando el discurso de alguien que asesora a empresas o alguien que en sus fantasías nocturnas quería ser Sigmund Freud o Carl Jung. Los mismos economistas, seres a los que se recurre continuadamente en esta época de mercados fluctuantes ya no sólo hablan de cifras. Tampoco intentan meramente racionalizar esta crisis de los mercados. La nueva economía también reflexiona sobre estos tiempos ansiosos donde se comparte siempre y cuando se de algo a cambio.

Casi al lado de los psicólogos, coaches y economistas de moda, aparecen algunos místicos que auguran que el  21 de diciembre de 2012 será nuestro encuentro con el fin del mundo. Otros más positivos creen que el mundo recién ha comenzado porque ya no basta con el apogeo del capital y las grandes potencias. Frente a los que hablan de un nuevo modelo económico, algunos coaches y psicólogos creemos fehacientemente en la llegada de un nuevo hombre y una nueva mujer. El nuevo mundo sólo es posible si las personas cambian la acentuación del tener por la del ser.  No me refiero simplemente a movimientos sociales como el 15M o manifestaciones en toda Europa en repudio de los grandes poderes o de grandes injusticias.  Más bien hablo de un tiempo donde proliferen los valores humanos antes que la ansiedad de no llegar a tiempo, el miedo a no llegar a fin de mes y la tristeza de no ser lo que algunos esperaban que sea. Hablo de un contexto donde no haya una tensión entre el deseo y la posibilidad de ser y de hacer.  La aparente independencia y libertad del individuo no evita que sea frágil y vulnerable.

Entonces mi deseo para este 2013 es que cada uno sea protagonista de su vida y sólo asuma papeles secundarios cuando la compañía lo amerite. En realidad, mi deseo es que rompamos esos muros de omnipotencia donde nos protegemos de la crisis, el paro y la soledad. Mi  deseo es que estemos menos solos y aprendamos a rodearnos de la gente necesaria. Entonces si tiramos cosas viejas para limpiar los trastos de nuestra casa, sería bueno que también prescindamos de los prescindibles. No los desechemos porque las personas no somos objetos desechables  pero confiemos sólo en esos pocos o en esos muchos. Demos las gracias a la vida al estilo Violeta Parra de estar un año más en esta tierra generosa. Principalmente debemos agradecer que no estemos solos. Porque como digo siempre, sólo la unión de muchos y la cooperación de varios puede lograr que nuestros sueños se hagan realidad.

Especial para hombres y mujeres: entre machos y hembras está la cuestión

Llegamos al 2012 y estamos celebrando otro 8 de marzo, otro nuevo Día Internacional de la Mujer trabajadora, día que se presta para todo tipo de mal interpretaciones. Erróneamente se cree que es para celebrar la presencia de la mujer en la tierra. En realidad, el 8 de marzo es una fecha de reivindicaciones por injusticias sufridas en la figura de la mujer. Porque lamentablemente aún en el siglo XXI muchas mujeres  sufren mutilación genital en África, otras son lapidadas en Kabul por adulterio, o son vendidas por sus padres para casarse contra su voluntad o son obligadas a llevar burka porque son un bien más del hombre, o en países occidentales, muchas mujeres siguen ganando un treinta por ciento menos que los hombres por el mismo puesto de trabajo.

Hace unos días, me desperté a la madrugada. Estaba en la cama de mi casa de Montevideo y una mosca de esas insistentes se me aparecía en mi oído derecho zumbándome con insistencia. Pude evitar sus alas revolotear en mi tímpano cuando me cubrí toda la cara con la sábana y continué durmiendo. Lamentablemente muchas mujeres y niños son las principales víctimas en países africanos de la malaria, esa enfermedad que es transmitida por el mosquito del género Anopheles. Como paradojas de la vida, tan sólo las hembras de esta especie son las que se alimentan de sangre para madurar los huevos mientras que los machos no pican y no pueden transmitir las enfermedades porque sólo se alimentan de néctares y jugos vegetales. Pero en el reino humano, las cosas son diferentes. Los machos pican hace tiempo, establecen territorio y deciden por  el destino de muchos hace siglos. En momentos, son capaces de las mejores obras y de ahí podemos evocar a grandes como Leonardo da Vinci, Albert Einstein o Miguel de Cervantes Saavedra  y en otros momentos, los machos de la especie humana quieren recolectar néctar, jugos, pieles, oro, marfil, petróleo y por ello inventan cacerías, búsquedas del tesoro, guerras y tratados.

Observando rezagadas, siempre han estado las hembras que aprendieron de tanto ver y hoy hay presidentes mujeres que detentan el poder y demuestran que se puede liderar en femenino sin dejar de usar falda ni dejar de maquillarse. De ese estilo es Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina,  Dilma Rousseff, presidenta de Brasil y Laura Chinchilla, presidenta  en Costa Rica. Ya Michelle Bachelet dejó su cargo hace un tiempo como presidenta de Chile en 2010 y hoy es la directora ejecutiva de ONU Mujeres y sigue haciendo de las suyas en pro de los derechos de las mujeres en el mundo.

Claro que surgen los comentarios suspicaces de ellos que piensan que Laura Chinchilla no lo tiene tan difícil gobernar un país pequeño como Costa Rica sin ejército. Más allá de las sospechas sobre el liderazgo femenino, la mujer viene avanzando terreno pero aún su presión es mayor. La capacidad de relajación no parece posible. No sólo porque el hombre político parece que se le permite las arrugas, los kilos de más y las canas pero ellas tienen que estar impecables como si recién hayan salido de la peluquería. Algo similar resulta con sus decisiones socioeconómicas, que van a ser observadas con lupa por el propio país que las votó.

De todos modos, con tantas presidentas mujeres en América, podríamos decir que los tiempos han cambiado. En cambio, otros países como Afganistán se mantienen en la cápsula del tiempo. Recientemente terminé de leer “Mil soles espléndidos” de Khaled Hosseini, escritor afgano radicado en Estados Unidos desde 1980 y que ha creado su propia Fundación para ayudar al pueblo afgano. Quedé muy conmovida por la historia de Mariam y Laila, dos mujeres afganas que deben superar el miedo y los maltratos de un marido opresor, que las trata como una propiedad más de su casa, las maltrata casi diariamente y las obliga a llevar burka cuando están en el exterior. Pensé entonces que esa novela surge de hechos reales que suceden aún en Kabul. La mujer como una propiedad del marido, que es vendida por los padres cuando apenas es adolescente. Pensé también la fortuna que tenemos en Occidente por decidir con quién nos vamos a casar y cuándo nos  vamos a separar si un hombre no nos hace feliz, ni hablar si es un hombre que nos maltrata psicológica o físicamente. Pero lamentablemente, también en países avanzados como Estados Unidos, España, Argentina, Chile, Uruguay, muchas mujeres ilustradas, que tienen acceso a la salud y a la Universidad, son maltratadas y se niegan a dejar su hogar porque sienten que su verdugo es también su esposo y les cuesta salir de ese círculo vicioso. Si alguna mujer que lee este post y ha sufrido casi diariamente de indiferencia, silencio excesivo y malos modos de su pareja, órdenes de que se calle la boca, debe saber que eso es maltrato psicológico. No temas abandonar ese maltratador porque por fortuna,  hay una cantidad de hombres dispuestos a querer a la mujer de forma sana y constructiva. Si la que lee este post es una mujer que sufre de maltrato físico, recurre a tus números de ayuda en tu país porque nadie es más importante que tú y nadie que te quiere, ejerce la violencia contra ti. No es el mismo destino que las mujeres de Kabul porque ellas no siempre tienen una legislación que las respalde. Pero el infierno que viven esas mujeres no difiere demasiado del que deben vivir algunas mujeres que sufren maltrato en su hogar en el mundo occidental. Si eres hombre y estás leyendo este artículo, gracias por acompañarnos en este camino de dar vida a nuevos seres, de acompañarnos en este cambio de roles, de no temer llorar cuando algo te conmueve, tampoco olvidarte de contenernos ni de abrazarnos cuando estamos débiles, ni de dejar de enorgullecerte con cada logro nuestro. Gracias, macho de la especie, por enseñarnos que no siempre la multi tarea es buena cosa y que a veces es mejor focalizarse en una cosa cada vez y principalmente gracias por atreverte a compartir con nosotras.  Como ya dijo Boutros Ghali, ex secretario Gral de la ONU, “la humanidad posee dos alas: una es la mujer, la otra el hombre. Hasta que las alas no estén igualmente desarrolladas, la humanidad no podrá volar. Necesitamos una nueva humanidad. Necesitamos volar”.

© Leticia Brando, 2012 Toda reproducción de este post está permitida siempre que se cite la fuente original.

Amadores, amados y todo para dar y recibir

Me preguntan constantemente cómo puedo trabajar temas como coach ejecutiva o como facilitadora en Liderazgo, Habilidades directivas, Hablar en público e Inteligencia Emocional en empresas y luego escribir mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. Una coach ejecutiva escribiendo sobre el amor. ¿Para cuándo tu libro sobre liderazgo?, me preguntan muchos. Si encima, me atrevo luego a producir y escribir el guión del documental “Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo, filmado en Buenos Aires, Barcelona, Montevideo y México y una visión en imágenes de mi libro, entonces ya me dicen que cómo hago para encima meterme en terrenos audiovisuales. Creo que investigo sobre amor porque es el sentimiento más importante que ha marcado la evolución de la especie. Tampoco creo que haya mucha diferencia en mi trabajo cuando lo hago en empresas o en otros sitios.  Porque en todos los ámbitos de actuación, el amor siempre es el valor y la emoción que más aparece. Ya sea el amor al trabajo, el amor a la marca, el amor a una idea, el amor a alguien. El amor emerge sin casi poder evitarlo. Por eso, estoy muy feliz del próximo evento que impartiré mañana con Pedro Amador en el Sheraton Montevideo.

En relación al amor, creo que mis alumnos o los líderes con los que trabajo también saben la importancia del amor a su equipo para que su empresa sea más productiva. En este caso, tengo una opinión similar a Stephen R. Covey. Cuando Covey habla de liderazgo, suele hacer paralelismos entre su vida familiar y la vida empresarial. En mi caso, encuentro que tanto para liderar una empresa como para una liderar una relación o mi propia vida personal, requiero valores, cualidades genuinas que he traído desde el nacimiento y nadie me puede arrebatar. Puede que traten de usurparme mi puesto en una empresa, mi coche, mi casa pero mis valores, los debo potenciar y trabajar. Entre los valores que puedo recurrir para lograr mis objetivos, el amor aparece como el más positivo porque me conecta con mi pulsión vital. No solamente en el amor que puedo expresar a un ser querido, sino en el amor hacia mí misma, hacia mis compañeros de trabajo, hacia mi familia. El desamor nos amarga y nos enferma. Esto no es una mera frase hecha. Hay estudios científicos que demuestran que las personas más positivas y solidarias con respecto a los demás, tienen menor propensión a contraer enfermedades cardíacas.

Siendo consciente de la importancia del amor, no deja de sorprenderme el testimonio de personas que se lamentan de su soledad. Otros, como algunos escritores, artistas y músicos que celebran su soledad para crear obras magníficas. Otros vivimos con otras personas que contribuyen a nuestra fuerza y equilibrio. El disfrute de compartir con otros no implica que no tengamos crisis y roces con esas personas. Primero porque las necesidades propias no son necesariamente iguales a las de la otra persona. Por otro lado, somos hombres y mujeres pero nuestro género no nos hace ser predecibles para cada ocasión. Ni las mujeres ni los hombres tenemos escritas un manual de instrucciones de cómo debemos tratar al otro. Esto hace que muchas veces se compruebe que ni los hombres son tan básicos ni las mujeres son tan enmarañadas.

Más bien, cada minuto de nuestra vida estamos inventando el mundo. Eso es lo que hacen hombres y mujeres en tiempos hipermodernos: reinventarse frente a las adversidades, cuidarse para ser objeto de deseo del otro pero al mismo tiempo, preservarse del otro, que les puede generar tanta atracción como temor. Parafraseando a Paul Auster, “el mundo está en mi cabeza y mi cuerpo está en el mundo”.  Somos seres físicos, nos podemos tocar pero si no nos pudiéramos pensar, ni imaginar, no reconoceríamos a las personas. Los hombres y mujeres se reconocen a partir de que se piensan. Muchos hombres siguen pensando a una mujer como alguien sensible, que educa, que cuida a los niños y por eso, están perplejos ante esta mujer que muestra autonomía sexual e independencia económica. Por el lado de las mujeres, muchas piensan al hombre como un ser que se enfoca en sus cosas, es práctico y algunas reaccionan incómodas cuando ellos también dicen que no, lloran, se depilan y usan cremas.

En realidad, muchas de las personas felices en pareja que fueron entrevistadas en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”, se pensaban e imaginaban sin tantos estereotipos. Tras hablar con mujeres y hombres de Barcelona, Buenos Aires, Montevideo y México, parece que la soledad se disfruta tanto como se padece. No solamente no estamos tan felices siendo solteros eternos sino que además nos cuestionamos hasta dónde nos va a llevar tanta autonomía e individualismo. De todos modos, eso no evita el surgimiento de una especie de solteros de oro que ostentan las ventajas de no cambiar pañales ni pagar fortunas en niñeras. Aunque una vez termina esa sensación momentánea tras los romances momentáneos, suele sobrevenir el vacío existencial. Evocando la invitación al evento de Cómo conseguir la felicidad en el amor, no creo que la dama necesite un príncipe que la salve de dragones pero tampoco quiere luchar ella sola contra las fieras. Así como él tampoco quieren ser el único que demuestren fuerza y seguridad.

Sin duda que él quiere compartir fuerzas porque ya se cansó de demostrar tanta potencia en otros tiempos. La fuerza comienza a ser compartida pero las creencias sobre lo que se da y se quita si se tiene amor, suelen ser muy tradicionales. Esto se ve claramente en los primeros roces de una pareja. Ella o él suelen demandar o quejarse de una falta o carencia del otro. Cuando asumimos que la vida tiene gratificaciones y frustraciones, dejamos de sentirnos tristes cuando las personas que elegimos para formar parte de nuestra vida, no muestran una disposición exclusiva en satisfacer nuestras necesidades. Porque justamente de ahí provienen los problemas con la mayoría de las personas: malentendidos en relación a lo que uno cree que da y espera recibir.

No siempre damos y recibimos al mismo tiempo. Ni tampoco damos con la condición de recibir. Esta última opción desinteresada y altruista es utilizada por muchas personas pero no siempre es apreciada. Así como un banco no se puede mantener si sólo presta dinero, tampoco una persona puede continuar sus relaciones si sólo se entrega y da, sin esperar a recibir nada a cambio. Me decía el otro día alguien que en cuestiones de pareja están los amadores y los amados. Esta concepción en la que en una pareja, hay siempre alguien que ama con más intensidad. No comparto esta creencia sobre el amor porque lo que hace es construir una polaridad en una relación, cuando una pareja debería ser un par de seres diferentes, que tengan en común el amor compartido y los proyectos futuros. En ese amor compartido, la idea de que uno ama menos debería ser desterrada porque así marchan muchas parejas, conociéndose y aceptando convivencias donde uno dona su amor y el otro recibe sin preocupaciones. Sin duda que sería ideal que ambos donen su amor sin esperar nada a cambio, tan sólo ver la felicidad en el otro. Pero la mayoría de las personas dan algo buscando algo a cambio. También es cierto que el donante de amor puede perder fuerza si no recibe reciprocidad del otro. De alguna manera, inconscientemente damos amor buscando recibir nuestro eco y reflejo. Pero no damos mostrándonos ciegos de amor y aceptando con sumisión la poca entrega del otro. El amor puede concebirse como un bien de cambio más cuando la falta de dinero trae consigo una escasez de caricias, o cuando la paciencia se transforma en rabia, o cuando la tolerancia da paso a la diferencia.  Pero cuando el amor se concibe como algo infinito que promueve los valores y el compromiso del individuo, ese amor que demos nos volverá. Habrá un momento que el que cree que sólo deberá ser amado, se empachará de energía y comenzará a devolver todo ese amor recibido. Dejará de ser el amado para ser el amador. Entonces habrá valido la pena dar sin pensar tanto en recibir.

Y los dejo con un video del gran Jorge Drexler que resume este sentimiento de transformación en el dar y recibir.

©Leticia Brando, 2012. Toda reproducción de este texto es posible si se cita el texto original.

De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.

Afrontando los cambios

Hace un tiempo, participé en una mesa redonda sobre el cambio en el programa “Hola Barcelona” de BTV. En ese programa, tuve mi propio espacio de coaching en 2008 y 2009, que fue una grata experiencia que pasé con la excelente periodista Olga Valencia.   El programa llegaba a su fin en abril de 2009 tras 4 años y era un buen momento para reflexionar sobre la crisis y el cambio. En realidad, cada día de nuestra vida estamos cambiando.

Desde que nacemos, vamos a la escuela, decidimos estudiar idiomas o comenzar natación, ballet, gimnasia, tenis. Todas son opciones que nos implican apelar a nuestra flexibilidad. En la actualidad, la rigidez nos quita juventud y nos oxida. Debemos lustrar nuestra mente adaptándonos a lo única constante: la evolución. Esto implica aprender cada día. Nacer, crecer, casarse, tener hijos, formar una familia o decidirse dedicar la vida a los demás, todo implica movimiento y una transformación. Ya lo dice Jorge Drexler en “Todo se transforma”: “Cada uno da lo que recibe/y luego recibe lo que da,/nada es más simple,/no hay otra norma:/nada se pierde,/todo se transforma”.

Podéis ver el vídeo del programa aquí, que me acompañaban la escritora Eva Bach, especialista en Asertividad y el filólogo Alfonso Levy.

Cómo afrontar la crisis

Mira programas de TV y conferencias de Leticia Brando

¿Se le puede tener fobia al amor?

Entrevista para El Mercurio de Chile

¿Se le puede tener fobia al amor?

Sentirse enamorado ya no es algo a lo que todos aspiren. Por distintas razones puede ocurrir que alguien renuncie al sentimiento más profundo que se pueda experimentar. Es una idea que ha rondado la discusión en muchos espacios, pero finalmente la necesidad supera a la opción porque ningún ser humano de carne y hueso puede vivir sin amor.
Viernes 19 de Marzo de 2010
Carola Inostroza

Casi cualquier persona diría que el amor es un sentimiento intrínseco de los seres humanos, pero algunos han llegado a pensar lo contrario. Tanto por complicaciones derivadas de trastornos psicológicos como por opción personal, ellos han dejado de sentir esta emoción. ¿Por qué tan así?

Pese a que la filofobia no es un término avalado oficialmente, recientemente se ha comenzado a usar para identificar el temor o miedo irracional a enamorarse o a vincularse sentimentalmente con otro y que es relacionado con la fobia social, enfermedad ampliamente estudiada.

“Lo que yo he visto sobre la filofobia es que en vez de presentar esta fobia social en un espectro más amplio- esto es, un temor a tener cualquier tipo de encuentro social- se singulariza la posibilidad de tener un encuentro amoroso o una relación sentimental”, aclara Domingo Izquierdo, psicoanalista y psicólogo clínico de la Universidad Andrés Bello.

Hay muchos motivos que generan este trastorno y muchas son las teorías que explican estas conductas. Se dice que estas personas filofóbicas eligen relaciones imposibles donde nunca podrán enamorarse o huyen de quien pueda sentir una atracción importante. Y pueden llegar a expresarlo incluso físicamente con sudación, latidos irregulares, falta de aire y otros síntomas. Ellos actúan de esa forma, según el psicoanálista, debido a que “tuvieron experiencias traumáticas en su infancia o fallas vinculares tempranas importantes, que luego tienden a repetir en nuevos vínculos afectivos”, señala Izquierdo.

Se habla de una alteración que requiere tratamiento tanto con psicoterapia como con medicamentos con ansiolíticos específicos para frenar este temor hacia el amor y hacia el otro, “configurado por muchos elementos psicopatológicos serios que alteran el funcionamiento normal de una persona y generan un detrimento en sus funciones personales”, explica.

No obstante, la falta de amor en muchos no se debe solamente a perturbaciones a nivel psiquiátrico. La distinción es clara entre los que “no se enamoran por tener una fobia de los que tienen un temor al compromiso o tienen dificultad para encontrar pareja y otros que por opción de vida deciden no tener relaciones amorosas”, distingue Izquierdo.

Tal como lo comprobó un estudio realizado por Parship, una agencia online líder en relaciones estables, más de 8 millones de personas son solteras en un país de 40 como es España. Pero tal tendencia no se limita solamente a países europeos. Hablamos de los “singles”, dispersos alrededor del mundo que muestran una “independencia afectiva, un deseo de no estar con alguien porque no hay presión, porque están bien solos y disfrutan con la familia, amigos y viajan o salen con total libertad”, afirma Leticia Brando, psicóloga uruguaya y single coach de Parship.

Brando quien también es autora de “Las mujeres y hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles” (2009)- que se espera llegué a Chile próximamente -trató de buscar respuestas a este fenómeno que ha hecho desplazar la importancia del amor en la vida de una persona y que ocurre principalmente en ciudades occidentales con un alto número de población.

Los solteros identificados en España, también fueron encontrados en otros países como México, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, los cuales sirvieron a Brando para mostrar que hay solteros porque quieren y por mucho tiempo. Ellos, como nadie, gozan de un individualismo “galopante y creciente” y que es signo de los cambios culturales que actualmente vivimos y de la hipermodernidad que estamos experimentando.

Puede ser miedo, indiferencia o inmadurez pero lo cierto es que hay muchas personas que ya no buscan el amor como antes. Según Brando, ahora impera vivir el día a día muy deprisa “con muchas actividades multiocupación y que reflejan el hedonismo que no deja tiempo para el amor que requiere proyección, futuro y tiempo”, indica, y que es configurado, además, por un avance en las tecnologías de información que “ha acortado el tiempo y el espacio para comunicarse, además de no estar presentes físicamente”, dice.

El amor ha comenzado a perder su sitial aspirado por todos los seres humanos, sin dejar de confundir con “enamoramiento” o atracción sexual “que hace que mucha gente pase esta primera etapa muy de taquicardia, muy de hormigueo en el estómago, pero que no logra conocer a la otra persona en todas sus virtudes y sus defectos”. El amor es un elemento cultural y un asunto muy serio que “requiere de personas maduras, de audacia y valentía para atreverse a conocer al otro”, sentencia Brando.

Este escenario parece augurar un final estrepitoso de aquel sentimiento que nos distingue como seres humanos. Sin embargo, los especialistas ponen paños húmedos a esta tendencia porque efectivamente nadie puede vivir sin amor durante la vida. El abandono del amor es un fenómeno “transitorio y remontable” como afirman Izquierdo y Brando.

La psicóloga uruguaya es optimista frente a estas personas que eligen no tener amor en sus vidas porque “hasta las personas más difíciles buscarán y encontrarán amor aunque suene tradicional”. Brando reconoce que existen factores propios de nuestros tiempos modernos que impiden desarrollar el amor en toda su magnitud pero llama a revalorar esos elementos genuinos que nos mueven a seguir viviendo.

“Es una etapa transitoria, debido a que en el fondo todos quieren terminar sus días con un compañero de ruta porque el hombre es un ser social. Para crear todo lo que tenemos ahora el hombre necesita unirse en cooperación, solidaridad, generosidad y estos valores que son muy positivos tienen al amor como el sentimiento más importante. Es lo que nos da sentido a nuestra vida”, manifiesta Brando.