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Forlan,La Roja, la nación, Iker, la biblia y el calefón

Desde Single Coach cierro esta semana un nuevo curso de Líderes con Inteligencia Emocional, y aprovecho para reflexionar sobre el poder de las emociones tras los hechos acontecidos en los últimos días. Uruguay, mi país natal es el cuarto país mejor del mundo tras treinta y cuatro años de no lograr esa hazaña. Diego Forlan, sex symbol sin intención y mito nacional, gana el Balón de oro. Mientras, Cataluña se moviliza para reivindicar por el Estatut y salen niños, padres, madres, abuelas, abuelos, animales de compañía y banderas amarillas y rojas para protestar contra esa resolución antipática del Tribunal Constitucional. Y todo para concluir que siento y luego existo(y sólo si quiero, pienso)…

Queja, amargura, modestia exagerada, nobleza son algunos de los denominadores que suelen endilgarle al ser uruguayo. Mis colegas de psicología podrían definir como baja autoestima esta particularidad ciudadana de evitar la ostentación. Será por esa idiosincrasia que todos los uruguayos reaccionaron sorprendidos y agradecidos al alcanzar el cuarto puesto en el último Mundial de Sudáfrica 2010. ¿Nosotros ganadores? ¿Cómo es eso? Es verdad, tenemos carne como Argentina pero ellos exportan más al mundo. Es verdad, tenemos músicos geniales como Jorge Drexler, Fernando Cabrera, Jaime Roos, Rubén Rada, Hugo Fattoruso, Estela Magnone, Peyote Asesino, Luciano Supervielle. Pero estamos al lado de Brasil. Ellos tuvieron, tienen y tendrán siempre a su santidad Caetano Veloso, a su diosa Maria Bethânia, Gal Costa, Gilberto Gil, la inefable Elis Regina, Vinicius de Moraes. Mitos vivientes y muertos que viven porque los talentosos nunca mueren.

Entonces llega un extranjero, seguro de sí mismo que visita este pequeño país, llamado Uruguay y le recuerda a su habitante que ciertamente, los brasileños crearon la bossa nova y expandieron la samba pero los uruguayos han perfeccionado el candombe y comparten los orígenes del tango junto a los argentinos. ¿Tanto cuesta ver las propias proezas en el ánimo uruguayo? Ciertamente que sí. Por eso, elevo las cejas, abro la boca y se me estira la piel ante la sorpresa de ver a los habitantes de mi pequeño país exponiendo su dicha ante los triunfos de sus futbolistas. Un país, definido como la Suiza de América, con gente de ánimo tranquilo y tímido exponiendo el orgullo de ser. Puestos de fruta decorados para la ocasión. Toda la ciudad decorada con los colores de la celeste. Coches que no cesan de dar bocinazos y vitorean a sus jugadores. Tenían que venir unos chicos sudados, con camiseta celeste y gestos apasionados para devolvernos la ilusión de ser y sin caer en el egocentrismo argentino, parece que todo esto ha subido una pizca la autoestima nacional.

Del lado de acá, observo una España dividida. Los catalanes nacionalistas se muestran reacios al triunfo de España en el Mundial. Finalmente la Roja triunfa. España, campeón del mundo. De la emoción de la sorpresa por la flamante autoestima uruguaya, observo ira, celos, tristeza de los catalanes ante los jugadores que triunfan por la madre patria. Resulta que España es una entelequia. Existe Aragón, Andalucía, Cataluña, Cantabria, Galicia, País Vasco, Islas Canarias, Islas Baleares, Navarra, Extremadura, La Rioja, Valencia pero parece que España unida no existe. Eso pregonan los nacionalistas. Distintas imágenes nos muestran los festejos de los jugadores en Madrid. Un río de gente. Cascadas de muchedumbres se largan a las calles y gritan “viva la Roja”, “Iker, todas somos Sara, bésame a mí también”, “San Iker”, rezan los carteles y el supuesto espejismo de país se erige como una fuerza poderosa. Al fin, España existe. ¿Qué tiene el fútbol que no tienen otros deportes? ¿Qué provoca tanta convocatoria de ánimos? ¿Qué hace que hasta los catalanistas no se pierdan un partido, aunque sea a escondidas y para criticar?
La respuesta está en un valor, una emoción y un sentimiento. Tan sólo el amor logra esto. El amor por el fútbol hace que los jugadores avancen con pasión, coraje y entusiasmo y venzan a sus contrincantes. El amor de la afición motiva a estos ídolos de multitudes que expresan su propio amor a través de abrazos, gestos, goles dedicados como la camiseta de Andrés Iniesta(Dani Jarque siempre con nosotros). Y la emoción por el triunfo hacen que Iker Casillas corte las preguntas de su novia, la periodista Sara Carbonero, la coja y la bese en los labios. “Madre mía”, exclama ella emocionada y con voz temblorosa ruega, “luego seguimos, J”. Justamente le comentaba sobre este expresión emocional a Carles Lamelo, el director del espacio del programa “Noches de radio” de Onda Cero, que comienzo el 28 de julio. Iker rompió el encuadre de la entrevista, quebró las convenciones y expresó el sentimiento. Cuando algunas creían que ese hombre con iniciativa y pasión era un cuento chino de nuestras madres, vemos a Iker, puro arrebato y ternura. El portero dejó la figura, se quitó las vestiduras del personaje y mostró la inteligencia del corazón. Besó a su amada con fuerza y suavidad. Ese hombre es el que algunas mujeres parecen decir a gritos que quieren que vuelva. Y versionando a mi manera al enorme Enrique Santos Discépolo en su célebre Cambalache , no quiero la biblia y el calefón, sólo espero que el siglo veintiuno sea un despliegue de amor insolente, que vivamos revolcados en una pasión merengue o en un romance blaugrana, que la celeste siga intensa con o sin Forlán y que todos juntos estemos manoseados por la fuerza del amor y del honor.

©Leticia Brando, 2010
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Amando la trama tendida por Drexler o el día que el Auditori se transformó en el cielo

Concierto de Jorge Drexler: 10 de junio de 2010. Auditori
La intención era presentar su último disco “Amar la trama” pero reforzando su peculiaridad, el cantautor terminó evocando viejos éxitos y volviendo a conectar visceralmente con su audiencia.

Al igual que Jorge Drexler, vengo de un país con nombre de río, donde la gente dice buenos días y nunca se olvida de decir gracias. Un país con sólo 3 millones de habitantes, con una Universidad pública, gratuita y obligatoria, con una salud privada incluida en la nómina y con un cielo que mezcla la grisura con el celeste intenso. Quizá por culpa del cielo, a veces estamos animados y otros días, solemos estar nostálgicos de nuestras glorias pasadas. Un país donde los hombres cortejan y las mujeres deciden. Un país donde la gente prefiere dar y recibir antes que usar y tirar. Un país donde la familia es más importante que el individuo. Un país donde se aplican los valores y no te preguntan cuánto vales. Un país donde la melancolía de sus habitantes contrasta con el egocentrismo argentino y el optimismo brasileño. Ellos son nuestros vecinos mayores que a veces nos quieren y otras veces nos desprecian, tratándonos como la metrópoli trata a las aldeas pequeñas, con cierta indiferencia salvo cuando tienen que venir a playas como Punta del Este y Cabo Polonio o buscan el glamour de Colonia de Sacramento y ahí se acuerdan que existimos. Y así va creciendo el uruguayo, al lado de dos hermanos grandes, creyendo que se debe ser buena gente pero que nunca uno es lo suficientemente grande para decirlo. Pero Drexler es enorme y tanto o más que muchos artistas argentinos, brasileños, españoles, catalanes, franceses, cubanos. El hijo de un forastero y de una estrella del alba, casi como el gran Caetano sigue susurrando canciones que hablan de la vida y el amor. Canta y acaricia su guitarra y salen murmullos de poesía y logra que el ánimo adusto de los catalanes se vuelva cálido y demostrativo. En realidad, hay algo de filosófico y existencial en sus letras cotidianas, con juegos de palabras a lo Julio Cortázar. Por otro lado, este pasajero, que confiesa estar aquí de paso, también es generoso y permite el lucimiento de sus músicos y será porque sabe de la fuerza del instante, apoyado en esa potente banda, el artista logra momentos memorables. Así vemos en un momento a sus saxofonistas y trompetista tocando sus instrumentos desde uno de los palcos del Auditori, o se da el lujo de presentar a sus virtuosos músicos con el mismo respeto que lo hace Keith Jarrett o Chick Corea, por orden de lucimiento y demostrando que el todo es mucho más que las partes. En realidad, el sonido de Drexler ahora viene más limpio y despojado, menos electrónico, vuelve su guitarra a brillar, no sólo cuando hace una versión memorable de “Guitarra y vos” sino en la mayoría de los temas. Salvo en Disneylandia, donde aparece la voz en off de su hijo Pablo, el resto de los temas muestra muchos toques de jazz y mucho ensayo en el estudio. Tan gigantes como el cantautor, su banda crea sonidos atmosféricos y son parte esencial de la felicidad que nos deja y la sensación de vacío que tenemos los apasionados de su música cuando se baja el telón. La banda que lo acompaña está integrada por Borja Barrueta(batería), Sebastián Merlín, Matías Cella(bajo, guitarras acústicas), Roc Albero(trompeta), Santiago Cañada, Carlos Campón y Fabrizio Scarafile(saxo tenor).

No puedo dejar de comentar la fuerza y el arte de su telonera, la Shica(que él define como una de las sorpresas de la noche, y nos pregunta al público, “la vieron, es impresionante”). Justamente con la Shica que terminé a los abrazos al final del concierto de Drexler porque se quedó conmovida cuando elogié su brillante actuación. Qué decirles, esta chica es una mezcla entre bailaora, rebelde de la copla, chica de café concert y virtuosa cantante. La Shica canta y se te eriza la piel. Su versión de la Bien Paga fue mágica. Baila y te vienen ganas de coger los tacones de salón y salir a taconear por las aceras. Es garra, pasión, energía celestial y gracia terrenal. Y entonces tenía que venir Jorge luego y debía superar a esa telonera gigante. Pero claro que cuando ya estás en el Olimpo, no cuesta tanto dar lugar a otros grandes. No existe la mezquindad ni el ego y el artista se vuelve generoso.

Por un momento, Drexler logra hechizar a su auditorio y parece que ha tirado polvos mágicos que te hacen gritar “Gigante”, “Enorme”, “Cásate conmigo”, “Qué afortunada es Leonor”, “Cada día estás mejor”. Y entonces aparece la susodicha. Leonor Watling, actriz y cantante de Marlango y también pareja del cantautor y madre de su segundo hijo, Luca. Un rato antes, su pequeño hijo se escapó de las manos de mamá o la niñera y apareció desde la puerta de salida de los músicos riendo y dando honor a su nombre. Discretamente los que lo vimos(solamente los que estábamos sentados en la platea lateral izquierda), observamos la risa y cara de travesura del pequeño ser. Pronto algún adulto quitó de nuestra vista a la criatura que inspiró la tierna canción “Noctiluca”, perteneciente al último disco “Amar la trama”. Además de expresar el poder de las noctilucas o luciérnagas de mar como señales de su segunda paternidad, escribió la milonga “Toque de queda” para la voz grave de su Leonor. La chica más envidiada del Auditori aparece entonces delgadísima, enfundada en unos pantalones negros y camiseta y comparten dúo. El artista reconoce cierta emoción por compartir música y amor al mismo tiempo. Entonces ya hacía rato que Drexler nos tenía hechizados porque siempre conmueve alguien que habla con la inteligencia del corazón, ya estamos presos en sus redes, hombres y mujeres le gritamos que no tenemos prisa y que esto no puede tener un final. Los catalanes ya están prácticamente derretidos. Ni que hablar de los que somos de Sudamérica. Las comparaciones son odiosas pero a esta altura, el público se vuelve un todo casi perfecto. Nos transformamos en su séquito y sólo queremos sentir su música, meditar sus letras y escuchar sus anécdotas. Ya sé que sueno como groupie ciega de amor por el artista de mis sueños pero me acompañó alguien de un país frío que jamás había escuchado a Drexler y se quedó cautivado por su charme, su conexión con el público y principalmente porque canta y conecta con el público desde el corazón.
Y casi el final con un candombe junto a La Candombera, con Leonor Watling que reaparece y se pone a tocar la marimba con el resto de músicos y Drexler con la cara de agradecido y extasiado y seguramente él que sabe que siempre das lo que recibes y luego recibes lo que das, regresará transformado en estos días a Madrid mientras nosotros seguiremos tarareando sus canciones por unos días y creeremos que tiene algo de encantador esto de ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase y todo finalmente para amar la trama, más que el desenlace.

© Leticia Brando, 2010

Eet de Regina Spektor

Regina Spector, una delicia de voz y de canción:

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to feel the beat

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

You spent half of your life trying to fall behind
You’re using your headphones to drown out your mind
It was so easy, and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet
Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

Someone’s deciding whether or not to steal
He opens the window just to feel the chill
He hears that outside a small boy just starting to cry
‘Cause it’s his turn but his brother won’t let him try

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet

It was so easy and the words so sweet
You can’t remember, you try to feel the beat

Guess, I’m doing fine

“Guess, I’m doing fine
There’s a blue bird at my window
I can´t hear the songs he sings
All the jewels in heaven
They don´t look the same to me
I just wade the tides that turned
Till I learn to leave the past behind
It´s only lies that I’m living
It´s only tears that I’m crying
It´s only you that I’m losing
Guess I’m doing fine
All the battlements are empty
And the moon is laying low
Yellow roses in the graveyard
Got no time to watch them grow
Now I bade a friend farewell
I can do whatever pleases me
It´s only lies that I’m living
It´s only tears that I’m crying
It´s only you that I’m losing
Guess I’m doing fine
Press my face up to the window
To see how warm it is inside
See the things that I’ve been missing
Missing all this time

Beck: vocals, acoustic guitar, synth, harmonica, background vocals

Me gusta este video de Beck, que pertenece a su álbum “Sea change”. Es una canción de desamor, donde el artista reconoce las lágrimas perdidas, las mentiras vividas y la marcha inevitable de la amada. Pero pese a eso, con ironía, canta: “guess, I’m doing fine”.Me gusta la melancolía del artista arrojando su guitarra como una metáfora de arrojar las penas. Luego la recupera y la arrastra como un juguete. Así mientras camina en un parque y parece hundirse en el abismo de los recuerdos. En la actualidad, no hay casi originalidad en los videos musicales. Todos muestran al artista, sea chica o chico, bailando, en fiestas, rodeado de personas que ríen, seducen y bailan. Cuando aparecen vídeos de este tipo sin casi ornamento, las imágenes resultan más placenteras porque es algo que no estamos acostumbrados a mirar. La MTV, VH1 con esos videos plásticamente perfectos pero sin casi ideas originales de videos, exceptuando algunos artistas. Entre ellos, pese a que no forman parte de mis grupos favoritos, me agrada mucho el video de la canción “Hold me tight” de Marlango. Allí Leonor Watling se luce y las imágenes del grupo en el campo son realmente bonitas.