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¿Conocemos cuál es nuestro propio valor?

¿Cómo generar la mejor versión de nosotros mismos tanto en la familia, con nuestros amigos y en el trabajo? Para no saturarnos con los problemas que nos plantea el día a día, debemos reconocer nuestras cualidades más originales. En otras palabras, debemos tener el valor de valorarnos. Para ello, debemos contradecir la imagen negativa que puede surgir de nosotros mismos y generar una nueva versión de cómo queremos ser y cómo queremos que se desarrollen nuestras relaciones con los demás.

Bondad, confianza, paz, humildad, respeto, flexibilidad, disciplina, serenidad no son meros conceptos abstractos. Se pueden llevar a la práctica. Los valores positivos fomentan buenos pensamientos. Los buenos pensamientos promueven que utilicemos palabras adecuadas para nuestra comunicación con los otros. A su vez, esas palabras permitirán que hagamos y los otros hagan acciones realmente efectivas y productivas. Nadie recuerda qué hemos dicho pero sin embargo, siempre se nos recuerda por nuestras acciones. Los hechos son decisivos. Todo esto fomenta la cooperación, la justicia y la comunicación.

Nuestra posibilidad de éxito en el amor, amistad, trabajo y relaciones en general, depende del reconocimiento que hagamos de nuestro potencial. Nuestro potencial no está en los estudios que tengamos ni en la experiencia sino en la actitud que hemos asumido ante las crisis y obstáculos y del uso que demos a valores como amor, paz, felicidad, bondad, respeto, confianza. Sólo si reconocemos cuáles son nuestras capacidades, podremos lograr nuestros objetivos. Sobre esto tratará el seminario “Diseña la vida que quieres con técnicas de coaching y meditación”, que se celebrará el 20 de noviembre de 2010 en el Fnac de L’Illa. Además de aplicar técnicas propias del coaching, la terapia sistémica y la meditación, el objetivo central es que las personas logren construir una versión alternativa de sí mismos, que los conecte con sus valores más positivos.

En el seminario Diseña la vida que quieres, la idea es reconocer nuestros valores internos para lograr nuestras metas. El coach necesita que el cliente sepa sus cualidades, las valore y las cultive. No hay que temer reconocer las cualidades porque son ellas las que nos permitirán llegar adonde queremos llegar.

El primer paso para valorar nuestro potencial es recordar que en cada parte de nuestro ser, tenemos la cualidad de la pureza. En Occidente, la palabra pureza suele asociarse con movimientos religiosos que promulgan la abstinencia total de placer. Pero en realidad, la pureza es esa cualidad que empleamos en nuestra vida laboral y personal para huir de los ruidos, de las distorsiones en la comunicación y de las tensiones en la oficina. Cuando alguien se está comunicando con nosotros de manera agresiva, poco cortés o con indiferencia, nuestro ser puede reaccionar entrando en ese mundo de ruidos y voces elevadas o bien, puede apartarse y buscar su instante de luz. Del mismo modo, cuando tenemos un plan que parece lleno de obstáculos, como planear una boda o conectar un nuevo equipo tecnológico en nuestra oficina, y nos tardan en hacer las invitaciones o bien los servidores se caen, lo mejor es buscar nuestra pureza, nuestra paz interna, nuestro optimismo y claridad que nos llevarán a encontrar una solución.

Para encontrar rápidamente la pureza y no dejarnos contaminar por los ruidos, gritos, agresiones externas, debemos cultivar el respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás. La falta de respeto quita libertad y bloquea el camino. En cambio si he respetado eso que he querido ser, el respeto volverá a nosotros mismos.

Respetar cosas es tan provechoso como respetar personas. La liberación del ser llega cuando no ridiculizamos la fealdad ni la pobreza y no nos volvemos arrogantes por ser bellos, inteligentes y ricos.

El respeto implica la cooperación, la aceptación del diferente pero también implica reconocer nuestra particularidad y nuestro espacio propio. Muchas personas han vivido sus vidas siguiendo las expectativas de los demás. El hijo abogado que estudia la carrera por seguir una tradición familiar pero que no respeta sus inquietudes e intereses y al mismo tiempo. Mientras tanto, sigue trabajando siendo un arquitecto frustrado y luego culpa de sus males a una familia opresora y exigente. ¿Pero quién es responsable? ¿Podemos seguir culpando a los otros una vez que somos adultos? Sin duda, la familia ejerce una fuerza descomunal en la personalidad del individuo. Por eso, para nuestro beneficio, es importante crear nuestras propias ideas, creencias, opiniones y crear nuestra propia visión de nosotros mismos. Cada uno es el responsable de sus bienes y sus males. La famosa frase que hoy se repite casi como un cliché nunca ha sido tan cierta: todos somos los creadores de nuestro destino. Así como debemos respetar a los que no dibujan y pintan como nosotros, debemos aprender a dibujar y pintar el mundo que queremos.

Y les dejo con un programa que hice en “Hola Barcelona” donde hablo de todo esto:

©Leticia Brando, 2010

La pureza, el respeto, la disciplina y metas posibles

Si el coaching se refiere a trabajar el presente para ir hacia un futuro prometedor, esto implica necesariamente revisar nuestros valores y creencias para que se cumplan nuestros planes. Sólo si pensamos en las cosas que podemos hacer bien, cuáles son nuestras capacidades, cuáles son las creencias limitantes que tenemos, qué debemos hacer, podremos lograr nuestros objetivos.

Por Leticia Brando(*)

El coaching tiene que ver con una mejora personal. Precisamente cuando una persona que ha vivido los últimos años dedicada a la crianza de sus hijos, en caso que quiera regresar al mundo laboral, el coaching le puede servir para comenzar a clarificar sus valores, lo que para ella era importante. Puede ser el caso de una ama de casa que cambia su vida al reconocer sus cualidades y potencial. Descubre entonces que le gusta la literatura, el trato con el público y las relaciones públicas. Entonces pide un crédito y decide abrir una pequeña librería que le permite autonomía y conciliar la crianza de sus hijos con un trabajo que le gusta.

El primer paso para valorar nuestro potencial es recordar que en cada parte de nuestro ser, tenemos la cualidad de la pureza. En Occidente, la palabra pureza suele asociarse con movimientos religiosos que promulgan la abstinencia total de placer. Pero en realidad, la pureza es esa cualidad que empleamos para huir de los ruidos, de las distorsiones en la comunicación. Cuando alguien se está comunicando con nosotros de manera agresiva, poco cortés o con indiferencia, nuestro ser puede reaccionar entrando en ese mundo de ruidos y voces elevadas o bien, puede apartarse y buscar su instante de luz. Del mismo modo, cuando tenemos un plan que parece lleno de obstáculos, como planear una boda, conectar nuevo equipo tecnológico en nuestra oficina, y nos tardan en hacer las invitaciones o bien los servidores se caen, lo mejor es buscar nuestra pureza, nuestra paz interna, nuestro optimismo y claridad que nos llevarán a encontrar una solución. Esa pureza está muy vinculada a la humildad, que muchos confunden con falsa modestia. El coach necesita que el cliente sepa sus cualidades, las valore y las cultive. No hay que temer reconocer las cualidades porque son ellas las que me permitirán llegar adonde quiero llegar.


El respeto a la diferencia

Para encontrar rápidamente la pureza y no dejarnos contaminar por los ruidos, gritos, agresiones externas, debemos cultivar el respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás. Así como debemos aprender a dibujar y pintar el mundo que queremos, debemos respetar a los que no dibujan y pintan como nosotros.

El respeto implica la cooperación, la aceptación del diferente pero también implica reconocer nuestra particularidad y nuestro espacio propio. Muchas personas han vivido sus vidas siguiendo las expectativas de los demás. El hijo abogado, apasionado al dibujo y la arquitectura, que estudia la carrera por seguir una tradición familiar pero que no respeta sus inquietudes e intereses y al mismo tiempo. Mientras tanto, sigue trabajando siendo un arquitecto frustrado y luego culpa de sus males a una familia opresora y exigente. ¿Pero quién es responsable? ¿Podemos seguir culpando a los otros una vez que somos adultos? Sin duda, la familia ejerce una fuerza descomunal en la personalidad del individuo. Por eso, para nuestro beneficio, es importante crear nuestras propias ideas, creencias, opiniones y crear nuestra propia visión de nosotros mismos. Cada uno es el responsable de sus bienes y sus males. Todos somos los creadores de nuestro destino. La falta de respeto quita libertad y bloquea el camino. En cambio si he respetado eso que he querido ser, el respeto volverá a nosotros mismos.

El respeto a las cosas es tan provechoso como respetar personas. La libertad verdadera llega cuando no ridiculizamos la fealdad ni nos volvemos arrogantes por ser bellos, inteligentes o atractivos.

Vinculado con la pureza y el respeto, llega la disciplina que me permitirá llegar a mis metas, a eso que quiero ser y hacer. Pero no siempre los planes que nos trazamos son realistas. Será mejor planear cosas posibles así no nos desmoronamos cuando no salen las cosas como esperábamos. La disciplina es una especie de respeto por la vida que nos permitirá conservar nuestra fortaleza cuando los planes no salen como planeábamos.

Con disciplina, hay seguridad aún en el sufrimiento porque te permite que continúes caminando a través de acciones que te devolverán la alegría.

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(*) Psicóloga, coach, escritora y directora de la consultora de desarrollo personal Single Coach, especializada en Liderazgo, Inteligencia Emocional, Autoestima y Valores.

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Elogio a la impureza

Hace un tiempo, fui a una cena en Barcelona invitada por un amigo y resultó que era un encuentro para debatir sobre catalanidad. Entre los temas que preocupaban a los presentes era el tema de la pureza del catalán, sobre cuántos catalanes puros había en la sociedad, cuánto de pureza había en cada catalán y se felicitaban por aceptar tener un Presidente de la Generalitat de Cataluña que no fuera catalán puro, ya que José Montilla nació en Iznájar, Córdoba, una ciudad de Andalucía.

Los catalanes presentes veían como un símbolo de tolerancia el hecho que aceptaran un presidente que no hubiera nacido en ninguna de las provincias catalanas (Barcelona, Tarragona, Lérida o Girona). Esto podría sonar extraño para un habitante de Nueva York aunque no es más que el reflejo de la fragmentada España. En la capital de Cataluña, se considera a el resto de España son diferentes países con una nacionalidad propia. Por tanto, siempre surge la polémica cuando alguno que no ha nacido allí triunfa por sí mismo. Desde mi rol de outsider, reconozco que como uruguaya, residente en Barcelona, vengo muy mezclada con ingredientes italianos y españoles. Además creo que los verdaderos triunfadores suelen vislumbrar fronteras abiertas. ¿O creen que los zapatos de Manolo Blahnik serían tan conocidos mundialmente si él hubiera permanecido en Canarias? Por el momento, los catalanes se han librado de tener a otro impuro. El ídolo de Carrie Bradshaw, la heroína de “Sex and the city” ha abierto sólo una tienda en la calle Serrano de Madrid. Aunque Blahnik, nacido de padre checo y madre canaria, residente en Londres, no tenga tienda en Barcelona, al menos los catalanes se conforman con una tienda de otro zapatero de guante blanco: Stuart Weitzman. Tanto Blahnik como Weitzman saben que el mundo es diverso y que entiende de mezclas. Sin duda en la diferencia está la riqueza.

Quizá por una afición a la mezcla, veo con buenos ojos a todos los que asumen cierto espíritu cosmopolita y me sorprende escuchar cuando los catalanes se quejan de la gran afluencia de extranjeros en su mercado de la Boquería o cuando ven inundadas sus ramblas y sus paseos marítimos de alemanes, ingleses, extranjeros en general, a los que ellos llaman, a veces cariñosamente y otras despectivamente, “guiris”. Francamente, aún me cuesta imaginar a uruguayos discutiendo sobre la pureza del ser uruguayo. Primero porque nos encanta saber que provenimos de alemanes, italianos, españoles, polacos, franceses y algunos hasta nos lamentamos de no tener indígenas para sentirnos más mezclados. Posiblemente un debate similar realicen los hombres y mujeres en los tiempos que corren. Ni los hombres creen que son cien por ciento masculinos y rudos de película. Ni ellas creen que son cien por ciento femeninas y esposas relegadas al hogar y al cuidado de sus hijos. Ya no quieren ser lo que otros pidieron que sean. Ellas y ellos quieren ser lo que sienten en el momento. En este disfrute del aquí y ahora, los hombres y las mujeres de Barcelona dejan de lado algunas expectativas sociales como la formación de una familia a una determinada edad porque eso quita tiempo para el culto hedonista.

Mezclados o no, he tenido la oportunidad de conocer a muchos escritores, artistas y músicos tanto en Barcelona como en Montevideo. Algunos viven en soledad y hacen obras magníficas. Pero la mayoría de nosotros vivimos con otras personas y muchas veces esas personas contribuyen a nuestra fuerza y equilibrio. Por tanto, permítanme dudar sobre esas personas alegres de su estado de soltería. Una vez termina esa sensación momentánea tras los romances, suele sobrevenir el vacío existencial. Algo de eso, he podido comprobar tras escribir “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado”(**). No solamente no estamos tan felices siendo solteros eternos sino que además nos cuestionamos hasta dónde nos va a llevar tanta autonomía e individualismo. Posiblemente de este espíritu sean más propensas las mujeres que los hombres. Ellas, por su educación sentimental, siguen evitando idealizar el amor pero lo siguen teniendo en el estandarte de los objetos de culto, siguen queriendo querer sin apego pero se extrañan cuando un hombre no las llama, no les paga la cuenta en el restaurante, no les dice cosas bonitas y no les presta la suficiente atención.

Sin duda, cada minuto de nuestra vida estamos inventando el mundo. Eso es lo que hacen hombres y mujeres en nuestros tiempos. Surge una reinvención del ser frente a las adversidades. Hay un cuidado de sí para ser objeto de deseo del otro pero al mismo tiempo, hay una necesidad de preservarse del otro, que puede causar tanta atracción como temor. Aunque los miedos no pueden evitar una realidad. Somos seres físicos, nos gusta tocarnos, escucharnos, sentirnos y si no pudiéramos pensarnos, ni imaginarnos, no nos reconoceríamos. Y los hombres y mujeres se reconocen a partir de que se piensan. Ellos siguen pensando a una mujer como alguien sensible, que educa, que cuida a los niños. Por eso, están perplejos ante esta mujer que muestra autonomía sexual e independencia económica. Ellas piensan al hombre como un ser que se enfoca en sus cosas, es práctico, protector y por eso, algunas reaccionan incómodas cuando ellos también dicen que no, lloran, se depilan y usan cremas. Básicamente el conflicto surge porque ya no parecen quedar hombres cien por ciento puros con características estrictamente masculinas y tampoco hay mujeres que se jacten de contener únicamente rasgos femeninos. Cada uno de los géneros se ha estado observando y se está tomando prestado sus rasgos más peculiares. Durante décadas, hemos sido irradiados por días lumi¬nosos que nos permitía ver al hombre y la mujer de una forma transpa¬rente, sin tapujos y de forma previsible. Tras años de fogonazos que iluminaban una mujer y un hombre con roles claramente identificables, vivimos un crepúsculo donde nada parece claro. Y en esa oscuridad estamos hasta que alguien encienda la luz.

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Puedes comprar el libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(Letras Difusión, 2009) en toda España, Fnac L’Illa, El Corte Inglés, Catalonia, Bertrand, Jaume’s

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