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Las vacaciones y el tiempo para una pausa

Mientras Barcelona recibe su invierno con un clima bastante agradable, en Montevideo acontece el verano. Cuando suben las temperaturas, muchas personas se despojan de sus ropas y de muchos prejuicios. El verano parece ser la estación ideal para disfrutar del amor y de la amistad, hacer ese viaje que teníamos postergado, cambiar ese hábito que nos ha traído problemas con los otros. También es la etapa ideal para revisar nuestras dudas y certezas y emprender un nuevo camino en caso que sea necesario. Pero sobre todo es el tiempo para hacer eso que no siempre tenemos tiempo. Y para dejar de vivir tan acelerados. El verano y las vacaciones no nos permitirán detener el tiempo pero sí disfrutarlo más, sin agobios ni presiones.

Buen tiempo para el amor

Los expertos señalan que las feromonas humanas, esas sustancias causantes de la atracción entre hombre y mujer, tienen un efecto mayor con los primeros calores. Con el alargamiento del día, el calor provoca que las personas pasen más tiempo fuera de casa: paseando, haciendo compras, disfrutando la playa o en la piscina. Del mismo modo, las personas parecen más propensas a relacionarse. Además de ser un buen momento para comenzar a ocuparse de uno mismo y dejarse de preocupar por cosas vanas e inútiles, las vacaciones son también un buen momento para mostrarnos más abiertos al contacto con el otro. 
Otros dicen que las vacaciones son el desencadenante de rupturas. La rutina y los hábitos de cada uno se ponen en juego aquí. Él puede pensar que las vacaciones son un momento ideal para descansar y alejarse de todo contacto con el exterior. Y ella puede pensar que es el momento perfecto para salir, divertirse, practicar diversos deportes y disfrutar de todas las excursiones que se presenten. En este caso, se hace imprescindible que cada uno respete los gustos del otro sin dejar de ser ellos mismos.

Cuando surge el conflicto ante la diferencia, resulta beneficioso revisar, analizar y discutir sin faltar el respeto. La negociación es básica en el amor. Por tanto, puede que ella prefiera salir de compras por los mercados del pueblo y él prefiera yacer en su tumbona, dormitando o leyendo el periódico. Eso no quiere decir que sean incompatibles. Simplemente que en ese momento les apetece distintas cosas. Respetar los tiempos de cada uno es primordial para lograr una buena relación. En este caso, lo más efectivo sería acordar que ella vaya a sus compras, él permanezca tumbado y luego se encuentren en el chiringuito de una playa cercana.

Tiempo de reencuentro con amigos y familiares

Durante nuestras vacaciones, podemos enfocarnos en proyectos que habíamos dejado pendientes. Una salida a pescar con algún familiar, un fin de semana con amigos, una cena pendiente con compañeros de trabajo. Después de todo, no hay mejor tiempo perdido que el tiempo invertido con nuestros afectos.

Aprovechar las vacaciones para emplear bien el tiempo

Para conocer el verdadero valor del tiempo, debemos disfrutarlo y no sentirlo como algo que se nos evade. Si empleamos mal el tiempo, es natural que nos quejemos de su brevedad. Efectivamente, tenemos un 7 por ciento más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20 por ciento más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar las numerosas opciones que tenemos.
Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo.

El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte. Si antes de partir de vacaciones, solías tener esas agendas colmadas, que te dejaban con agotamiento, puedes comenzar a renunciar y priorizar. Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades.

Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas.

El verano y las vacaciones pueden ser un buen momento para que dejemos de ser tan exigentes con nosotros mismos. Podemos aprender que no pasa nada malo con las cosas que aún no hemos hecho. Debemos tratar de ser eficaces pero estar en paz cuando no hemos podido terminar algo.

Debes tomar conciencia y decidir a qué queremos dedicar nuestro tiempo, poner prioridades, saber decir ‘no’ y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto el último partido del Mundial. La reserva de tiempo para uno mismo es esencial. Podemos aprovechar las vacaciones para crear el hábito de estar solos un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy.

¿Podemos reaprender a vivir en el verano? En cualquier momento del año, podemos decidir que somos los dueños de nuestra vida. Nadie más que nosotros. Ni mi padre, ni mi jefe, ni mi pareja, solamente yo puedo decidir sobre lo que me hace feliz. Para ello, debo ser responsable y elegir sobre lo mejor para mí en cada momento.

Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. El lector, que ha decidido leer este post, ya ha elegido. Se ha dado unos minutos para sí mismo, para observar y reflexionar. Ha sabido encontrar tiempo, mejor dicho, ha aprendido a concedérselo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la persona que se permite un espacio a la reflexión asume una actitud casi heroica. Ha dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena.

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El dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, cuando éramos niños y nos bastaba disfrutar de la sensación de los rayos de sol en nuestra piel y el aroma de los bosques de pino.

Los dejo aquí con un programa que hice en “Hola Barcelona” de BTV, justamente hablando sobre vacaciones y el disfrute del tiempo:

 

Tras tantos días de oscuridad, otra vez el triunfo del amor

Dice Joan Manuel Serrat que nunca es triste la verdad pero lo que no tiene es remedio. En los últimos días, los que tratamos de practicar la paz y el amor en nuestras vidas, fuimos testigos de una verdad horrorosa. Junto al amor, el respeto, la paz, la cooperación, la solidaridad, la unión,  sigue conviviendo el miedo, el dolor, la culpa y el odio. Claramente todos percibimos de forma diferente la realidad pero quizá en la educación escolar, deberíamos agregar una asignatura llamada Tolerancia y así se evitarían el crecimiento de estos seres que creen en una superioridad de razas o de naciones.  Sinceramente, creo que la fuerza del amor siempre es más potente que cualquier anti valor pero eso no parece haber pensado el ultraderechista Anders Behring Breivik, de 32 años, autor confeso de la doble matanza de Noruega.  Disfrazado de policía,  primero colocó un coche bomba cerca de la oficina del gobierno en Oslo y mató a 7 personas. Luego  partió hacia la isla de Utoya donde se organizaba un campamento de jóvenes de la Liga Juvenil del Partido Laborista. Estamos hablando de chicos y chicas de entre 15 a 22 años que se reunían para debatir  temas de igualdad de género, medio ambiente y política internacional.  Lamentablemente logró matar a 68 jóvenes y el resto se salvaron porque fingieron estar muertos, otros trataron de huir, nadando las heladas aguas noruegas hasta la costa más cercana. El asesino ya testificó y no se arrepiente porque como todo psicópata cree estar salvando al mundo de los musulmanes y de los marxistas. Otro pensamiento que sólo fomenta el odio, la ira y la rabia. Mientras este señor testifica y espero sea juzgado, las familias lloran desconsoladas sus muertos.

En Londres, también recibimos la noticia de la muerte ya anunciada de la cantante Amy Winehouse. Con una voz prodigiosa, Amy cantaba mejor que Billie Holiday pero sus vicios eran mayores.  Finalmente ingresó en el club de los 27, ese que forman Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain. Bendecidos por el talento, fueron maldecidos por sus excesos que los llevó a morir con apenas veintisiete años. La vida de Amy como la de sus compañeros de club siempre estuvo sujeta a su adicción a drogas diversas como el crack y la heroína. En sus últimos conciertos ya casi no cantaba, simplemente se tambaleaba y era respaldada por un corista negro, de maravillosa voz y presencia. Por tanto, como ella rezaba en uno de sus temas “Back to black”, Amy seguramente ha regresado a la oscuridad porque ella hace tiempo eligió huir de la luz. Si en el atentado de Noruega, subyace la ira, la rabia y el odio, en la muerte de Amy podríamos decir que se esconde un hastío y nihilismo, que la estaba exponiendo hace años a caminar en la cuerda floja entre la vida y la muerte. Finalmente venció la última.

Afortunadamente, la selección de fútbol de mi pequeño país, Uruguay quiso demostrar que no todo es horror, muerte, odio, miedo y dolor. Conectados a la fuerza de la vida, ganaron la Copa América y sumaron 15 copas a los triunfos del país. Liderados por uno de los mejores coaches del mundo, el maestro Óscar Washington Tabárez,  los Diego Forlan y Lugano,  Luis Suárez, entre otros, nos iluminaron un ratito a todos los que estábamos siguiendo el partido por la televisión o por Internet.

Entonces potenciando valores como el amor, la cooperación, la generosidad,  el respeto, lograron alzarse con la copa América, ganando 3 a 0 a la selección paraguaya. Otra vez el país de fiesta y sólo espero que esa fuerza celeste se propague a ese país que un día fue llamado la Suiza de América. También espero que la fuerza del amor combata estos brotes de odio y aprendamos que la diferencia hace la riqueza del universo humano.

Y les dejo con uno de los mejores temas de Amy Winehouse, que espero que al menos ahora descanse en paz.

De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.

La sana locura de vivir para crear

Disfrutando unos días en Montevideo, comí hoy con la periodista Maria Noel Alvarez y Susana Bernik, diseñadora de modas uruguaya y directora de Bernik Magazine, revista para la que escribo una columna titulada “El ángel viste de Prada” y donde hablo de las aventuras y desventuras amorosas de hombres y mujeres tanto en Barcelona como en Montevideo. Esa columna surgió de algunos de los temas que analicé en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”. Susana es un ejemplo para mí de una mujer con mente joven y creativa. Proveniente del mundo de la moda, donde triunfó en Argentina y Uruguay como diseñadora de modas, en 2009 fundó su propia revista. Haciendo caso omiso a los críticos y criticones que no entendían que una creadora de la indumentaria se metiera en terrenos periodísticos, Susana armó su equipo e inició la aventura de Bernik Magazine. No escuchó a los que consideraban que estaba loca por emprender una revista en Uruguay. En realidad, todo emprendimiento surge de una visión. Muchas veces esa visión es vista como loca, imposible, un sueño irreal pero lo importante es lograr que esa idea pase a la acción y encontrar la estrategia. Este comportamiento visionario, imaginativo, irracional, poco comprendido por los cuerdos suele ser el empleado por los grandes líderes o las personas que encuentran su razón de ser y de hacer. Este estado de locura sana a veces se transmite en la vida real y es así que hay personas que transmiten esa misma visión colorida, positiva, enérgica en el resto de sus relaciones. De esta clase de gente es Susana Bernik que derrocha creatividad y siempre está dispuesta a escuchar nuevas ideas. Son esos seres que tienen visión de emprender un negocio, crear una nueva marca y también tienen la perspectiva de compartir esa visión con otros. Para compartir, basta que tengamos generosidad y empatía para sintonizar con los otros. Cuánta gente hay en este mundo que carece de visión para ser feliz, sólo se ve triste, sumido en un círculo de preocupaciones, incapaz de valorar a las personas que le dan su tiempo y su energía. Cuántos líderes hay que sólo ven defectos en sus trabajadores y les cuesta apreciar los avances. Cuántas personas hay que deciden vivir en las tinieblas y cuando llega alguien con luz, sienten la tibieza pero por cobardía se resguardan en sus cuevas de temores. De esto se trata precisamente emprender y vivir: desterrar los miedos y atreverse a compartir con otros más allá de las diferencias.

Un ejemplo de tolerancia y de aceptación de esta diferencia que todos tenemos son las redes sociales. Ante los cientos de amigos que podemos hacernos cada día en Facebook, podemos ver la diferencia de sentires y las distintas perspectivas de asumir el juego de vivir. Tendremos amigos que cada día ponen una frase de Osho en su estado, otros que prefieren exhibir su cotidianidad, otros que promocionan sus productos y otros que simplemente son factibles de conocer algún día para cultivar una amistad o compartir una idea. Pero en cada caso, aprendemos que hay distintos mundos posibles en la mente de cada uno.

Los avances tecnológicos están transformando la manera con que las personas se relacionan interna y externamente. En realidad, así como sucede en las empresas, también en la vida de cada uno, la energía intelectual y la imaginación son las que crean nuestras posibilidades en este mundo tan dinámico. La imaginación es esencial también en la vida de una empresa. Según Tom Peters, la organización exitosa del futuro, tendrá la capacidad para administrar la imaginación de las personas. Esa imaginación es lo que creará el valor de mercado en una corporación. Para subsistir en esta era, Peters piensa que toda empresa debe estar dispuesta a cambiar. Sólo podrán prosperar aquellas con verdadera pasión por el aprendizaje y por la adaptación. Muchas organizaciones están estancadas, desorientadas y tienden a ser monótonas, ya que carecen de la habilidad para adaptarse a los cambios requeridos. El comercio se está manejando a un ritmo sumamente acelerado. Si una empresa no está preparada para cambiar, debe conformarse con quedarse rezagada.

También las personas debemos administrar nuestra imaginación y creatividad. A veces, queremos sentirnos cercanos como un cuadro de pop art y buscamos llegar a todos, porque necesitamos el mundo para compartir. Otras veces, nos basta con ser un cuadro de arte abstracto, comprendidos por pocos y donde no siempre el interior puede ser visto con claridad. Imaginamos, creamos, sentimos, vivimos y amamos lo que somos y hacemos. Cuando lo hacemos, no cuesta nada el atrevimiento de cambiar de rumbo. Renovamos la pisada cuando el sendero por el que veníamos, comienza a ser espinoso. Y comenzamos a compartir visión con personas que nos respetan, nos consideran, se comunican de forma transparente y que nos quieren más allá de nuestras locuras y corduras.

©Leticia Brando, 2010. Todos los derechos reservados. Cualquier reproducción de este texto sólo será permitido si se cita la fuente original.

¿Conocemos cuál es nuestro propio valor?

¿Cómo generar la mejor versión de nosotros mismos tanto en la familia, con nuestros amigos y en el trabajo? Para no saturarnos con los problemas que nos plantea el día a día, debemos reconocer nuestras cualidades más originales. En otras palabras, debemos tener el valor de valorarnos. Para ello, debemos contradecir la imagen negativa que puede surgir de nosotros mismos y generar una nueva versión de cómo queremos ser y cómo queremos que se desarrollen nuestras relaciones con los demás.

Bondad, confianza, paz, humildad, respeto, flexibilidad, disciplina, serenidad no son meros conceptos abstractos. Se pueden llevar a la práctica. Los valores positivos fomentan buenos pensamientos. Los buenos pensamientos promueven que utilicemos palabras adecuadas para nuestra comunicación con los otros. A su vez, esas palabras permitirán que hagamos y los otros hagan acciones realmente efectivas y productivas. Nadie recuerda qué hemos dicho pero sin embargo, siempre se nos recuerda por nuestras acciones. Los hechos son decisivos. Todo esto fomenta la cooperación, la justicia y la comunicación.

Nuestra posibilidad de éxito en el amor, amistad, trabajo y relaciones en general, depende del reconocimiento que hagamos de nuestro potencial. Nuestro potencial no está en los estudios que tengamos ni en la experiencia sino en la actitud que hemos asumido ante las crisis y obstáculos y del uso que demos a valores como amor, paz, felicidad, bondad, respeto, confianza. Sólo si reconocemos cuáles son nuestras capacidades, podremos lograr nuestros objetivos. Sobre esto tratará el seminario “Diseña la vida que quieres con técnicas de coaching y meditación”, que se celebrará el 20 de noviembre de 2010 en el Fnac de L’Illa. Además de aplicar técnicas propias del coaching, la terapia sistémica y la meditación, el objetivo central es que las personas logren construir una versión alternativa de sí mismos, que los conecte con sus valores más positivos.

En el seminario Diseña la vida que quieres, la idea es reconocer nuestros valores internos para lograr nuestras metas. El coach necesita que el cliente sepa sus cualidades, las valore y las cultive. No hay que temer reconocer las cualidades porque son ellas las que nos permitirán llegar adonde queremos llegar.

El primer paso para valorar nuestro potencial es recordar que en cada parte de nuestro ser, tenemos la cualidad de la pureza. En Occidente, la palabra pureza suele asociarse con movimientos religiosos que promulgan la abstinencia total de placer. Pero en realidad, la pureza es esa cualidad que empleamos en nuestra vida laboral y personal para huir de los ruidos, de las distorsiones en la comunicación y de las tensiones en la oficina. Cuando alguien se está comunicando con nosotros de manera agresiva, poco cortés o con indiferencia, nuestro ser puede reaccionar entrando en ese mundo de ruidos y voces elevadas o bien, puede apartarse y buscar su instante de luz. Del mismo modo, cuando tenemos un plan que parece lleno de obstáculos, como planear una boda o conectar un nuevo equipo tecnológico en nuestra oficina, y nos tardan en hacer las invitaciones o bien los servidores se caen, lo mejor es buscar nuestra pureza, nuestra paz interna, nuestro optimismo y claridad que nos llevarán a encontrar una solución.

Para encontrar rápidamente la pureza y no dejarnos contaminar por los ruidos, gritos, agresiones externas, debemos cultivar el respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás. La falta de respeto quita libertad y bloquea el camino. En cambio si he respetado eso que he querido ser, el respeto volverá a nosotros mismos.

Respetar cosas es tan provechoso como respetar personas. La liberación del ser llega cuando no ridiculizamos la fealdad ni la pobreza y no nos volvemos arrogantes por ser bellos, inteligentes y ricos.

El respeto implica la cooperación, la aceptación del diferente pero también implica reconocer nuestra particularidad y nuestro espacio propio. Muchas personas han vivido sus vidas siguiendo las expectativas de los demás. El hijo abogado que estudia la carrera por seguir una tradición familiar pero que no respeta sus inquietudes e intereses y al mismo tiempo. Mientras tanto, sigue trabajando siendo un arquitecto frustrado y luego culpa de sus males a una familia opresora y exigente. ¿Pero quién es responsable? ¿Podemos seguir culpando a los otros una vez que somos adultos? Sin duda, la familia ejerce una fuerza descomunal en la personalidad del individuo. Por eso, para nuestro beneficio, es importante crear nuestras propias ideas, creencias, opiniones y crear nuestra propia visión de nosotros mismos. Cada uno es el responsable de sus bienes y sus males. La famosa frase que hoy se repite casi como un cliché nunca ha sido tan cierta: todos somos los creadores de nuestro destino. Así como debemos respetar a los que no dibujan y pintan como nosotros, debemos aprender a dibujar y pintar el mundo que queremos.

Y les dejo con un programa que hice en “Hola Barcelona” donde hablo de todo esto:

©Leticia Brando, 2010

Los valores para superar la crisis

La idea de esta conferencia surge un poco provocada por la situación que estamos viviendo. Una situación donde al mismo tiempo que se nos habla de éxito, perfección, esfuerzo, inmediatez, también se nos habla de crisis, paro, fin del trabajo. Algunas de las palabras que describen los tiempos que corren. En los tiempos actuales, hay muchas exigencias de crecimiento y conquista permanente y eso hace que algunos colapsen cuando no logran alcanzar los objetivos ansiados.

Pero más que nunca, ante la crisis financiera y global, de la que todo el mundo habla, se hace necesario que hagamos uso de nuestra inteligencia emocional y de valores como el respeto, la disciplina, la bondad, la paz y la paciencia para enfrentar los obstáculos que se avecinan.

Desde Single Coach, estoy muy acostumbrada a trabajar como coach y formadora con líderes, empresarios, trabajadores que suelen hacerme planteamientos en relación a su trabajo, su implicación en el mismo, sus expectativas, pero en esta conferencia amplié un poco el abanico para ir más allá de la crisis en el terreno laboral. Si pensamos que como seres humanos, lo único constante es el cambio, podremos con facilidad asumir de un modo más efectivo las turbulencias que vengan con la crisis.

Por todo esto, en este encuentro no pretendí actuar de gurú ni prometí rituales o explicaciones complicadas, porque todos somos alumnos o profesores los unos de los otros. Como dice Ken O’ Donnell, a medida que vamos aprendiendo, pasamos a enseñar mediante el propio ejemplo.

Por otro lado, el tema de valores es un tema apasionante para mí porque es de mi interés desde que egresé de la Universidad como psicóloga, cuando era muy joven ya trascendía mi formación psicoanalítica, sistémica para trabajar los valores con niños, maestras y directores de instituciones educativas. Más tarde, me interesó el tema de Valores en las organizaciones y es así que escribí un curso específico sobre eso. Afortunadamente, algunas empresas que fomentan los valores en sus trabajadores, han comenzado a trabajar con ese programa, en el cual la gran vedette es el Curso de Confianza en las organizaciones.

Sólo nuestra flexibilidad, nuestra capacidad para adaptarnos a lo nuevo y el modo que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, nos permitirán salir airosos de las crisis.

Aquí el comienzo de la conferencia que realicé el 8 de junio de 2010 en CINC, Barcelona:

Hablando sobre crisis

Leticia Brando habla sobre la crisis, 15/10/2008 from Leticia Brando on Vimeo.