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Padres y madres modernos: los míos, los tuyos y los nuestros

Ante el día del padre en Uruguay, surgen reflexiones en torno a los roles del hombre y de la mujer en la crianza de los hijos y en su concepción del amor. Afortunadamente en este nuevo posicionamiento que los varones están teniendo con respecto a su rol como padres, cada vez más, se atreven a asumir tareas que tradicionalmente eran exclusivas de la mujer. Pero ¿qué sucede cuando esos padres y madres deciden rehacer su vida? En mi experiencia como coach y psicóloga, me he encontrado con muchas mujeres que me confiesan su dificultad de encontrar una nueva pareja por ser madres. ¿Y qué sucede con los hombres? ¿Ellos tienen más posibilidades para volver a encontrar una compañera?

Entre las revoluciones sociales que han acontecido en el último tiempo puede citarse el rol del hombre en su faceta de progenitor. Muchos de estos padres asumen la paternidad de un modo abnegado y responsable, lo que le resta tiempo a la pareja.  En caso de padres separados, muchos padres no aceptan simplemente ver a sus hijos el fin de semana y hasta surgen asociaciones de padres separados que protegen su derecho a ser y a vivir la paternidad. El siglo XXI ha sido testigo de la lucha de muchos hombres reclamando la tenencia de sus hijos. Los hombres viven su paternidad de una forma comprometida y no como meros proveedores y figuras de autoridad para el niño. En caso de divorcio, muchos hombres en común acuerdo con sus ex parejas, asumen la custodia total de sus hijos.

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En tiempos hipermodernos, de los que hablo en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado”,  aparecen muchos hombres separados, solteros, divorciados o viudos, que crían y educan a sus hijos sin la presencia de una pareja femenina en su hogar. Muchos de ellos manifiestan ciertos dilemas. Temen que su nueva pareja no acepte su realidad como padres y al mismo tiempo, que sus hijos no acepten a su pareja. Esa inquietud masculina también tiene su correspondencia en las madres solteras, viudas, separadas, divorciadas que circulan por este mundo globalizado.

Esta preocupación de los padres y madres de conseguir una nueva pareja, viene relacionada con la natural dependencia que tienen los niños a sus padres en los primeros años. Los niños suelen ser síntoma de los padres.  Cuando el niño es pequeño, de sólo ellos depende que su hijo crezca sano y feliz. Hasta los seis años de vida, el niño sólo tiene dos modelos básicos, que admira, respeta, imita. Por ello, es tan importante estos primeros años de vida para ir inculcando los valores básicos.

Los primeros años de vida son una época de grandes cambios, que tienen una influencia que dura toda la vida. Las decisiones que tomen los padres y madres y las acciones que realicen en nombre del niño van a influir en su desarrollo posterior. El niño necesita tanto de su padre como de su madre para su crecimiento. La madre es la nutricia, la protectora inicial, la que le brinda el primer alimento pero el padre es básico en su formación y en el posterior desarrollo de su identidad.

Tanta influencia en la vida de alguien hace que  la llegada a la maternidad y la paternidad es usualmente vivida como un estado de dicha y orgullo. Por lo que cualquier padre o madre soltero, separado o divorciado confesará inmediatamente la presencia de hijos a sus interlocutores.  Esa realidad puede conducir a dos caminos. Uno puede ser evitar enfrentarse a lo desconocido, que es en este caso la existencia de hijos. Lo otro, que suele ser el camino más beneficioso para ambos: reconocer que no será sencillo pero tampoco tiene que ser un obstáculo conocer a alguien que sea padre o madre.

Y los dejo con una de las canciones más bonitas que un padre le pudo haber escrito a un hijo, “Father and son” de Steven Demetre Georgiou o mejor dicho, Cat Stevens o más bien, Yusuf Islam, su actual nombre tras convertirse al Islam.

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Entre el narcisismo y el individualismo imperante

Nunca ha estado más vigente como en estos tiempos el mito griego de Narciso. Ese joven de radiante belleza, que rechazaba tanto a las mujeres como a los hombres. Hay varias leyendas en torno a Narciso pero voy a escoger, la que lo relaciona con Eco, una ninfa enamorada de su belleza. Como tantos seres fascinados por la hermosura de Narciso, Eco es rechazada por él. La desolación de Eco la hace perder su cuerpo, sus huesos se petrifican y sólo su voz permanece intacta. Tras esto, los enamorados rechazados por Narciso suplican a Némesis, la diosa de la justicia, la venganza y la fortuna, que cuando finalmente él logre amar, sienta similar desesperación a la que sienten ellos. El castigo se cumple cuando Narciso, mientras bebe agua durante el transcurso de una cacería, queda fascinado ante la imagen que le da su reflejo, sin darse cuenta que es su propia sombra sin consistencia. Finalmente absorto ante ese amor hacia sí mismo, termina arrojándose a las aguas.

En el mundo hipermoderno que analicé en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”, las personas no buscan su reflejo en idílicos lagos sino más bien en espejos que dominan sus habitaciones, en los escaparates en los que vislumbran su reflejo mientras ojean unos zapatos en una tienda de moda, o bien con enorme descaro en su espejo retrovisor mientras esperan que cambie el semáforo. En un mundo donde todos aspiran a ser jóvenes y bellos, los enemigos son la vejez, los quilos de más y la falta de tersura en la piel. Este narcisismo hipermoderno conduce a un individualismo, centrado en el interés que se dedica cada individuo a sí mismo. Un ejemplo de esto es la serie “Sex and the city” que relata las peripecias de cuatro amigas en Manhattan y es hoy una obra de culto, tras haber finalizado sus episodios hace varios años. Carrie Bradshaw y sus amigas conocen a hombres, se relacionan pero nunca pierden su independencia, sus gastos son para ellas mismas y por ello, compran zapatos de Manolo Blahnik y mejor si las viste Gucci o Prada.

No es un fenómeno nuevo. Desde el mundo helenístico y romano, las grandes ciudades llevan a individuos cada vez más aislados y más dependientes de sí mismos. Salvo que sean una forma de expresión del individualismo, el individuo asiste a manifestaciones antiglobalización o de protección del planeta, siempre y cuando le permitan expresar su ser original. Nada de ser parte de una masa irracional. Soy sólo una parte de ese todo pero mi parte vale más que el todo. Me debo a la cultura, a la familia, a la empresa, a la sociedad, a la humanidad pero más que nada me debo a mí mismo. El individuo hipermoderno es su propio objeto de conocimiento y de ahí el auge de la literatura de autoayuda. Al mismo tiempo, es objeto y sujeto, por lo que también busca transformarse, evolucionar, mejorar, reciclarse. En este contexto, convive el individualismo centrado en el cuidado de sí, en el cultivo del cuerpo en los gimnasios, en la necesidad de pasar horas chateando frente al ordenador y con escaso tiempo para tomar un café con un amigo. También convive el individualista que se aleja del mundanal ruido practicando yoga y meditación en un retiro lejos de la ciudad y ese ostracismo durará el tiempo que se retorne a la ciudad al ciclo interminable. De hecho, en nuestra sociedad, vivir rodeados no implica vivir acompañados.

Aunque el ser individualista no es como en otras épocas, aquel ermitaño que se recluía a pensar en la montaña y alejarse del mundanal ruido. El individualismo del siglo XXI no surge ante una contemplación serena. Más bien, las mujeres y los hombres del nuevo milenio viven absortos en sus emprendimientos, su trabajo, su rutina diaria. Solamente entran en sí en el choque con la realidad, en la experiencia de la frustración, fracaso o derrota. El infortunio, un accidente, la muerte de un ser querido, una separación arrancan al ser humano de su plácido egocentrismo. Percibir los problemas lleva naturalmente a reflexionar sobre la identidad, el objetivo en la vida y el significado de la propia existencia.

En tiempos hipermodernos, donde proliferan los movimientos antisistema con las reuniones del G8, el ser humano encuentra, reconoce, asume y examina sus problemas e intenta dar una respuesta que pueda iluminar su problemática. Ante una ruptura, un rechazo, una separación, en el mundo de sobredosis de estímulos, el individualista optará por olvidar lo más pronto posible, ya sea desplazando su objeto anterior de amor y proyectando el sentimiento perdido en un nuevo objeto.
Y para el final, quizá la mejor canción que resuma estos tiempos sea Lost Cause de Beck, :


© Leticia Brando, 2011, Toda reproducción total y parcial es posible siempre que se cite el texto original.

Olas de frío polar y corazones helados de esperar


Mientras en el cono sur se disfruta el verano, en Europa observamos abrigados y con cierta preocupación cómo crece la tasa de paro y cierra sus cifras a casi 4 millones de parados(exactamente 3.928.603 son las cifras oficiales a finales de diciembre de 2009). Según fuentes de Eurostat, España está en la cola de los países de la zona Euro y ha bajado su tasa de crecimiento económico. Dos meses antes de cerrar sus puertas el que algunos consideran el peor año de la historia española desde la salida de la dictadura, justamente la nieta del dictador Francisco Franco fue la responsable del dato colorido de unos meses tan grises. Carmen Martínez-Bordiú Franco recibió el premio 2009 a la “mujer menopáusica del año”, otorgado por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia(AEEM) durante el día de la Menopausia.

Por Leticia Brando(*)
A sus 58 años, la conocida como la “nietísima” por la prensa rosa, está casada hace más de tres años con José Campos, empresario, 13 años menor que ella y con él que ella ostenta pasárselo estupendamente en el terreno sexual porque ha confesado ser mejor amante ahora que hace 20 años. Mientras su abuelo, principal cultor de la censura, podría estar removiéndose de las cenizas ante su espontaneidad verbal, la otorgación de ese premio a Martínez-Bordiú ha venido a frivolizar en un tema importante. En realidad, la AEEM
buscaba prevenir para que las mujeres se controlen y recurran a la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), que sigue siendo una gran opción de tratamiento para erradicar los sofocos típicos de esta etapa. Pero como todo en España, parecía más importante polemizar sobre la actividad sexual de Carmen que tiene más atractivo que la propia menopausia.
En realidad, pocos sofocos estamos sintiendo los que vivimos este invierno 2010 en Barcelona o Madrid. También es cierto que estuvimos un poco mal acostumbrados. En vísperas del nuevo año, apenas sentíamos levemente una bajada de temperaturas pero sin ningún dramatismo. Aunque todo tiene su fin y también ese breve invierno otoñal, que nos permitía marchar por la vida en mangas de camisa. Los Reyes Magos han venido acompañados de menos regalos por la crisis y una ola de frío polar en toda España. La nueva década ha comenzado con grados bajo cero en Madrid, nieve suficiente en Ávila para tirarnos de los trineos, mientras que en Soria, se limpian las calles con máquinas para quitar los cúmulos de nieve. De todos modos, la nieve es bienvenida en las estaciones de esquí donde se esperan temperaturas de 10 bajo cero en zonas de montaña y una cota de nieve de hasta 5 centímetros de espesor. Sin contar, el sufrimiento de los comerciantes que pese a rebajar sus precios como se estila en esta época, ven un descenso de los consumidores, que prefieren quedarse encerrados en el calor de sus casas y otros prefieren directamente no gastar. Mientras tanto, el clima produce retrasos o cancelaciones de vuelos en los aeropuertos, cortes en carreteras y corazones helados de esperar el autobús, el sueldo y el encuentro de la media naranja. Porque el frío lo que hace es replegar más a los hombres y mujeres, aparentemente felices por estar solteros, sin compromisos, ni obligaciones familiares. El frío disminuye las posibilidades de diálogo porque la epidemia de gripe está a la vuelta de la esquina. En realidad, lo que provoca el invierno es una inevitable alusión al hogar cálido y acogedor que nos han inculcado el cine, la literatura y la sociedad. En invierno, la llegada al hogar silencioso, helado y vacío acrecienta la melancolía sobre el pasado de glorias amorosas. Aunque en esta sociedad de emociones efímeras, nada es eterno y la nostalgia se vuelve un espejismo cuando en abril arremeten los primeros soles.
(*) Licenciada en psicología, coach y autora del libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado. La hipermodernidad y las consecuencias de los cambios de roles”(ya editado en España y de próxima edición en la zona del Mercosur)