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Mejorando el trabajo en equipo y la comunicación con la confianza

Los dejo con un artículo que escribí para el Observatorio Europeo de Coaching en el marco de las próximas Jornadas de Coaching en Santiago Compostela.

Aunque muchas personas sigan creyendo que el coaching es una disciplina nueva, podríamos decir que es un asunto milenario ya que encuentra sus raíces en el arte de la mayéutica de Sócrates y en los diálogos de Platón. En ese dialogo con el cliente, es esperable que el coach sepa preguntar y se muestre carente de prejuicios y de opiniones que contaminen la ruta y el plan de acción del cliente.  Quizá por ignorancia de las bases del coaching o por una mala difusión o ejercicio de la disciplina, muchas empresas siguen contratando a coaches para que les den consejos y soluciones sobre lo que deben hacer. Pero esa no es la tarea del coach, ya que no es un consejero ni un consultor. Tan sólo es un guía que acompaña en los procesos de cambio, en la mejora del liderazgo, en el fomento de las habilidades comunicativas y en la gestión del trabajo en equipo, por citar algunos ámbitos de actuación.

Pensando que el 11 y 12 de octubre de 2012 se celebrarán las  IV XornadasInternacionais de Coaching con el lema “Construyendo nuestra mejor versión”, considero que este es el momento para que todos los coaches tratemos de dar nuestra mejor versión para el mundo que se avecina. El abandono del ego y la omnipotencia es imprescindible para versionarnos de forma correcta. Sólo dejando el ego y el falso orgullo, podremos colaborar para crear equipos eficaces, promover liderazgos resonantes y la retroalimentación del cliente. En relación a nuestra mejor versión, quiero referirme a dos temas que trabajo mucho en el último tiempo. Uno es el trabajo en equipo y otro se refiere a las habilidades comunicativas para hablar en público.

En referencia al primer tema, quizá debamos comenzar distinguiendo entre grupo y equipo. En el grupo, hay intereses comunes mientras que en el equipo suele haber objetivos comunes y globales. Por lo tanto, en los equipos efectivos hay claridad de metas,  un líder que sabe dirigir y motivar y ante los problemas, las soluciones suelen darse de forma rápida. Cuando el equipo es inefectivo, hay ausencia de objetivos y metas poco claras y muchas veces se fomenta la competencia en vez de la cooperación. Entonces las primeras preguntas que se le hace a un líder que reconoce inefectividad en su equipo son: ¿qué necesitas cambiar y qué vas a hacer para lograrlo? ¿cuáles son los puntos fuertes y débiles de los miembros del equipo? ¿cómo son las reuniones? ¿cómo son las conversaciones que tienes con tu equipo?

Más allá de las respuestas que surjan, es usual que la confianza aparezca como un requisito esencial para mejorar el trabajo en equipo. La confianza es un valor que se puede relacionar con la identidad, con el quién eres pero también se vincula con la capacidad de producir resultados. Cuando los equipos están motivados, suelen tener un líder creíble y convincente.

El líder genera confianza cuando transmite y comunica de una forma clara, respetuosa y transparente. Y todas estas características también las necesitamos cuando hablamos en público. Contrariamente a creer que hablamos bien en público cuando somos graciosos, elevamos e impostamos la voz al estilo predicador norteamericano y utilizamos una presentación novedosa, nada de eso tiene que ver con las habilidades que podemos potenciar mediante el coaching. Tras varios años dando cursos a empresarios y profesionales donde imparto técnicas de coaching y  PNL para hablar en público, aprendí que el mejor orador no es el que tiene la mejor voz, ni el mejor físico, ni el mejor powerpoint, ni el que cuenta las mejores anécdotas. El mejor orador suele ser el que demuestra verdadero interés en el público que tiene presente. Recuerdo que hace unos años conocí a un autor de libros de desarrollo personal, considerado uno de los conferenciantes más cotizados de España. Ciertamente, este señor tiene una voz bonita, su dicción es buena, maneja los tonos y tiene un rostro atractivo. Invitada por un colega, tuve la oportunidad de verlo en acción durante su presencia en una conferencia en Barcelona. El tan venerado conferenciante llegó media hora tarde, luego tuvo su móvil encendido durante toda la disertación y contestaba mensajes mientras hablaban los otros dos panelistas. Pero mi sorpresa fue mayor cuando hizo preguntas al público y rápidamente las respondía, denotando un desinterés sobre lo que sus espectadores podían devolverle. Sin ánimo de juzgarlo, pensé que había tenido un mal día pero luego me sirvió esa exposición para darme cuenta que la destreza para hablar en público poco tiene que ver con una voz bonita y un discurso elaborado. Como bien lo estableció el profesor Albert Mehrabian de la Universidad de California, el impacto y la credibilidad de una presentación se derivan del lenguaje corporal del comunicador(55%), seguido de su tono de voz(38%) y luego de sus palabras(7%).

Con este énfasis en el lenguaje corporal, muchos coaches que hablan en público suelen actuar sus conferencias como si estuvieran en un gran teatro.  Sin duda, cada vez que hablamos en público, hacemos una interpretación pero no somos actores. Esa es la confusión que tienen muchos oradores: creer que están en un teatro. La sala de conferencias o auditorio no es un lugar para actuar personajes sino para interpretar de la mejor manera eso que digo. Podemos tener una bonita voz y un discurso ampuloso y elaborado pero si el oyente es consciente que el orador no lo siente, ni lo escribió ni lo cree, entonces será una conferencia técnicamente correcta pero vacía en cuanto a la transmisión de la verdad. Porque ni la perfección ni los discursos extensos nos hacen ser creíbles como oradores.

Por tanto, las palabras tienen un peso muy ligero en la fuerza total de una conferencia o exposición. Aun así, podemos encontrar oradores que elaboran discursos extensísimos con citas a diversos autores, a sus libros, teorías sobre la vida y casi no contactan con su público, que es el que en definitiva está escuchando su mensaje y el principal destinatario. Para comunicar de forma efectiva, debo emitir mi mensaje pensando en el receptor y ese es el primer paso para sintonizar con mi público y lograr que mi discurso no se lo lleve el viento. Esta sintonía sólo es posible si trabajo la confianza en mí mismo y el control emocional, que implica reconocer mis emociones y dirigirlas de forma efectiva.  Un orador honesto, que confía en lo que dice y demuestra interés en su auditorio conecta por la verdad y promueve el aprendizaje, tan necesario en estos tiempos vertiginosos.

Y para finalizar comparto una conferencia sobre confianza que di hace unos meses en Barcelona:

De la amistad líquida de Paris a la amistad sincera en Santiago de Compostela

Mientras los políticos se debaten para hacer creer a la gente que alguien sacará a España de la crisis, además de la ausencia de liderazgo, crece la era del vacío. Basta ver un programa que emite la MTV española. Se trata de un reality donde Paris Hilton busca a su mejor amiga. En ella, la multimillonaria realiza distintas pruebas para encontrar  a su mejor amiga siguiendo criterios como la vestimenta, el maquillaje, los cambios de look y la rapidez de unas y otras para conspirar y contarle a Paris las posibles traiciones de alguna. El programa expone  la desorientación en la que están inmersas algunas jóvenes de la sociedad estadounidense. Si pensamos que este programa se vende a todo el mundo, entonces se deduce que la superficialidad es algo que cotiza bien en el mercado de las emociones. Afortunadamente el mundo es amplio y contrariando esta visión donde se privilegia el lujo, la ostentación y las rivalidades varias entre mujeres, hay otros caminos.

Algo de eso pude experimentar en las XIC 2011 Jornadas Internacionales de Coaching en Santiago de Compostela. Este año el lema era “Superando límites” y contó con un workshop magistral de Robert Dilts. Durante dos días, Santiago de Compostela recibió a más de doscientas personas, muchos que trabajan y otros que quieren trabajar en coaching. Lo principal del encuentro fue comprobar una vez más que la unión, la comunicación, la cooperación, la generosidad son asuntos mucho más poderosos y que están presentes en esta era del vacío. Realizar un workshop con Robert Dilts y luego irte de tapas con él y su mujer Deborah Bacon Dilts no es algo que ocurra todos los días. Tampoco ocurre todos los días conocer a Pedro Amador, Laura Lozano y Yolanda Rocha. Ellos también demostraron sus valores y unas creencias enriquecedoras. Las jornadas fueron una oportunidad para que muchos coaches nos reencontráramos, nos conectáramos y pensemos posibles proyectos futuros. También aproveché la oportunidad  para entrevistarlos a todos para un documental sobre coaching que estoy ideando con mi amigo Silvio Raij. Además de entrevistar a Robert Dilts y a Deborah Bacon Dilts, que hizo un taller sobre los 5 ritmos de Gabrielle Roth que fue muy movilizante, también dieron su opinión Daniel Álvarez, director de Q Coach, Alicia Aradilla, cultora de la gestión apreciativa, Inma Capo, maestra de PNL, Pedro Amador, creador de Autocoaching,  Hilde Jaspaert, experta en Mind mapping. También a Dani Cerqueiro, director de Galinus, que ha experimentado el coaching y formó parte de una mesa redonda donde cautivó a muchos presentes.

Catedral de Santiago de Compostela, Galicia.

Junto a esta entrega de conocimientos de ellos, me dejé envolver por la carga positiva y energética de Santiago. La ciudad es el destino final de los peregrinos que deciden hacer el camino de Santiago. Su catedral es un monumento histórico magnífico y poderoso, que se comenzó a construir en 1075 y recibe la visita de miles de personas cada año. Es usual el abrazo a la estatua del apóstol y las personas observando los botafumeiros que cuelgan desde los techos altísimos. Si una persona busca consuelo de penas del corazón, puede recurrir a la fe católica para construir esperanza. Pero si la persona es atea y agnóstica y sólo cree en el poder individual, también puede sentirse energizado por el halo espiritual de esta ciudad. Porque la gracia de Santiago no está meramente en los muros de su catedral. Más bien, el encanto está dado por la magia de su gente, que hace que cultiven la solidaridad y la generosidad, no como una obligación ni un deber sino simplemente porque les da la gana. Una anécdota graciosa me ocurrió un día cuando cenaba con mi mentor de sueños en el restaurante Dezaseis. Pregunté si la dorada venía con espinas y la camarera me comenta que sí pero que iba a convencer a los chicos de la cocina para que me la limpiaran. Del dicho al hecho. Regresa con su estilo amable y risueño para decirme que mi pedido había sido concedido. De sólo pensar ese pedido en Barcelona, sería inadmisible porque exceptuando que te esté atendiendo el propietario del restaurante, los camareros contratados ponen poco empeño en atender de forma educada y respetuosa.

En suma, no sé si será la lluvia que cae y canta sin parar o si es su condición de albergue a peregrinos pero el pueblo de Santiago se te mete en el corazón y en el alma. Todo el tiempo, los gallegos están buscando las formas de ayudarte y hacerte pasar el momento más grato posible. En Santiago de Compostela, no vi a nadie expresar incomodidad cuando le preguntas por una calle. Hasta pueden acompañarte hasta tu destino. Tampoco nadie se siente invadido si le dices tus intenciones de quedarte a vivir en su tierra. Al contrario, les brilla la mirada y la sonrisa se les ensancha. Ellos elaboran su pan, cocinan sus patatas, condimentan su pulpo gallego, derrochan hospitalidad en las casas de xantar y sonríen honestamente siempre que te acercas a hablarles. Todo eso en apenas tres días de Jornadas de coaching con gente que cultiva el ser antes que el tener. Contrariamente a Paris Hilton, mis colegas de las Xornadas de Coaching y los habitantes de Santiago no buscan a su mejor amigo porque hace tiempo saben que todo el que se acerca puede ser amigo. También saben que eso no es bueno ni malo. Más bien es maravilloso.